Marcando la meta rumbo a Sevilla: Noviembre…

post_sevilla_03 (noviembre)

Noviembre tal vez sea, para mí, uno de esos meses del año que siempre he considerado de tránsito, de mero trámite entre acontecimientos que suceden antes o después de él. No me preguntéis por qué, pero es así y cada año es ese mes en el que siento como si la rutina y la monotonía hiciesen valer aún más su nombre y las percibo más anodinas que nunca… manías que tiene uno, como diría aquel.

Quizá por eso, noviembre se presentaba ante mí como un mes, deportivamente hablando, en el que la novedad y el comienzo de la preparación hacia el maratón de Sevilla habían dejado de tener ese componente que tienen todos los principios, como sí parecieron acompañar a los dos meses anteriores. En este caso era diferente, con noviembre esa preparación, ese camino, comenzaba a sentirlos en un grado de avance que distaba de la ilusión que siempre acompaña a todo comienzo y al mismo tiempo encontraba aún mucha distancia del punto de llegada y por lo tanto tampoco percibía el efecto llamada que siempre te invade cuando estás llegando allá donde te propones.

Es algo así como si todos los días fuesen miércoles, día central de la semana por excelencia y el que estar un paso por delante o por detrás cambia radicalmente la percepción que tiene uno de la semana, ¿no os parece? Ese era mi noviembre y así se presentaba en mi horizonte. Un mes con un poquito más de carga de kilómetros y en el que los entrenamientos que aguardaban por delante presentaban un punto más de exigencia. El camino no se ponía cuesta arriba, para nada, pero sí sentía esa sensación de compromiso, conmigo mismo, para estar ahí donde debía estar y entregarme cada día en la preparación de la cita sevillana.

Por delante, como cada semana, cinco días de entrenamiento y otros dos de suaves y cortas sesiones de piscina, que tan bien le sientan a mi musculatura y a mi mente, para descargar ambas de zancadas preñadas de kilómetros, ritmos, cuestas, series y demás. Y junto a ese menú diario preestablecido, noviembre también brindaba la oportunidad de medir el estado de forma gracias a la participación en dos carreras, de diez y catorce kilómetros, como prueba de toque que permitiese evaluar la capacidad del cuerpo para ser capaz de dar un punto más que en un entreno normal y otra capacidad aún más importante, la de asimilación y recuperación del cuerpo en general, y de las piernas en particular.

Con todo eso, noviembre traía un mensaje bien claro, sin titubeos, directo y sin adornos: tocaba ponerse el traje de faena de verdad y así, dejando el traje de los domingos colgado en un lado del armario, me entregué por completo a su demanda, que será en definitiva el mismo traje que deberé lucir hasta que llegue el momento de hacer las maletas, para partir rumbo a Sevilla… pero para ese día aún queda mucho, mucho por hacer y por pasar.

Así, día a día, entreno a entreno, kilómetro a kilómetro, no ha cambiado mi forma de ver al bueno de noviembre, de sentirlo, de entenderlo, pero sí me ha permitido dar un paso más hacia la meta marcada y seguir pensando y soñando. Y fundamental, como está siendo desde el comienzo, ha vuelto a ser la compañía de esos otros locos unidos en esta aventura. Ellos, mis compañeros de club, son los que hacen posible que las tardes-noches de los martes y jueves en la pista sean una auténtica delicia, compartiendo esfuerzo y ganas, entre risas y bromas que ayudan y mucho.

Por todo eso, el ya recordado noviembre, el extinto noviembre ha sido dulce, como el título de aquella romántica película; noviembre anodino, gris, silencioso, pero dulcedulce por:

Haber dejado buenas sensaciones, por regar el huerto de mis ilusiones, por alimentar sin exceso mis ganas, por regalarme la dosis justa de confianza, por ayudarme a no dejar de ver la realidad y hacer que la prudencia y la paciencia sigan siendo esas dos compañeras que nunca deben faltar… sí, ha sido un noviembre dulce.

Noviembre ha sido el tercer mes de un camino al que le aguardan algo menos de tres meses más y con él ha quedado atrás el ecuador, esa línea imaginaria temporal de una variable que solo sabe caminar hacia delante y que me empuja a cómo debo seguir: hacia delante. Caminando, que no mirando, porque mirar más allá de donde pueden llegar nuestros pies es siempre una torpeza, que tan solo nos puede conceder una esperanza ficticia y una realidad distorsionada. Sin embargo y pese a que de nada sirva, mirar las huellas de nuestro camino no nos garantizará nada, pero sí nos ayudará para saber que ese rastro es el reflejo de nuestro deseo, de aquello por lo que caminamos, de aquello hacia lo que nos dirigimos y de todo cuanto hemos puesto en él.

Mi paladar comienza un nuevo mes con ese sabor dulce, el dejado por él, por noviembresin empalago, sin empacho, pero dulce, sutil y leve sabor dulce que tal vez se pierda por el camino o tal vez perdure en mi boca, como recuerdo de los kilómetros de un mes que, pese a no concederle protagonismo, me ha regalado mucho más de lo que había imaginado. Pero esto no termina aquí, ni mucho menos, toca seguir y espero que tu sabor, querido noviembre, explote en mi boca la mañana del próximo 25 de febrero en…

Sevilla

(¿Por qué no soñar?)

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Noviembre… dulce.

Noviembre me ha permitido acercarme un paso más a Sevilla y seguir pensando en su maratón. Quizá eres de los que esto de un maratón lo vea como algo que nunca irá contigo o quizá eres de los que se han embarcado alguna que otra vez en el viaje hacia esa experiencia y como tal conoces esas sensaciones de las que hablo e incluso tienes otras muy distintas, puesto que no todos somos iguales. Sea en un caso u otro, anímate y deja tu punto de vista de cómo “ves” tú un maratón y si te ha parecido interesante este post, compártelo. Muchas gracias.

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