Marcando la meta rumbo a Sevilla: Octubre…

post_sevilla_02 (octubre)

Recuerdo, no hace tantos años, cuando octubre era el mes que representaba no solo el cambio real de estación, el tránsito de verano a invierno, sino que también marcaba el paso de la luz a la noche, recogido en el cambio de horario que se producía la madrugada del domingo siguiente a la entrada de la estación otoñal, aún en septiembre. Era como guardar todos los enseres y recuerdos del verano, y dar comienzo a la nueva estación… era la bienvenida a un nuevo curso escolar, desde un punto de vista académico o la pretemporada, desde un punto de vista deportivo.

Otros años, cuando uno de los principales objetivos de la temporada runnera se encontraron encuadrados antes de finalizar el año, esa pretemporada no estuvo identificada con el mes de octubre, ni con el otoño, ni con nada parecido. Fueron los años de los maratones de Murcia, Valencia y Berlín, que me obligaron a iniciar ese comienzo de temporada en plena época estival, quedando muy lejos octubre y su ansiado otoño.

Sin embargo, este año sí, por exigencias del guion, la pretemporada iniciada en el mes de septiembre se ha visto continuada con el romántico octubre. Si el último mes del verano fue el del trabajo de fuerza casi en exclusividad, octubre ha traído los primeros días de entrenamientos con series. Por un lado, series en cuestas, para seguir trabajando la fuerza y series en pista, para trabajar el otro aspecto fundamental en la preparación: la velocidad.

Más allá de esa modalidad de entrenos, octubre ha supuesto la continuidad de las salidas de kilometrajes largos las mañanas de los domingos, aumentando paulatinamente el tiempo de rodaje de las mismas. Al mismo tiempo, también se ha abierto una puerta que permanecía cerrada desde el pasado mes de junio: la participación en pruebas y el hecho de ponerse un dorsal nuevamente, proporcionando un día más de calidad dentro de los entrenamientos de la semana. Ese dorsal me lo coloqué el último domingo de octubre y la cita, en una clásica como el Medio Maratón de Hellín.

Y durante el transcurso de estos treinta y un días, la inevitable mirada hacia la embrujadora Sevilla, imaginando y soñando con una cita que aún se encuentra insultantemente lejos en el calendario y en la que da miedo pensar, por aquello de no gafar una ilusión que cada día se va cimentando en el trabajo y la ganas que, como si de un novato se tratase, me motivan y animan en el despertar de cada mañana. Como motivación y ánimo, mucho ánimo, proporciona ser un peón más de ese tablero de ajedrez teñido de rojo, rojo Fondista, en el que correr es la excusa perfecta para reunirnos un puñado de corredores en cuyas cabezas soñamos con la entrada al Estadio de la Cartuja, el próximo 25 de febrero.

Sí, octubre ha sido un buen mes, el segundo de los más de cinco de preparación ha dejado un buen poso, su sabor de boca no ha sido amargo, pese a dejar inoportunas o indeseadas molestias musculares que han merecido la atención necesaria y los cuidados imprescindibles de un compañero de viaje recomendable para cualquier corredor y que se vuelve inseparable en este tipo de aventuras. Por supuesto, me estoy refiriendo a ese amigo llamado fisio, al que le entregamos nuestras piernas, de manera figurada, depositando toda la confianza para que nos mantenga en forma, en forma sana, nuestra musculatura y nuestras articulaciones, que en mayor o menor medida se van viendo afectadas como consecuencia del aumento del volumen de los entrenamientos.

En resumen, octubre ha pasado tal y como debía pasar, ni más ni menos, sin grandes fiestas, con continuidad en la línea de trabajo iniciada el mes anterior y con ese romanticismo que le caracteriza. El traje de faena no solo está puesto, sino que se está adaptado al cuerpo y va cogiendo las hechuras necesarias para una temporada recién iniciada. Como he dicho antes, casi resulta inapropiado, incluso imperdonable, pensar en Sevilla y en su maratón, pero sé que en la mente de muchos de los que estamos dentro de ese reto resuenan, a veces, cantos de sirena que nos hacen soñar y perder un poco la conciencia en favor de esa ilusión que deseamos alcanzar por las calles de la ciudad que nace cada día a orillas del Guadalquivir.

Y como complemento a todo este trabajo y todas esas ganas, otro pequeño trabajo en sombra, de ese que no se ve y que tan solo está destinado a cuidar y mantener la salud de mi débil zona lumbar: los ejercicios diarios de estiramientos y fortalecimiento de esa parte de mi anatomía, que se ha visto resentida en más de una ocasión, regalándome el obligado período de reposo para recuperar el exceso acumulado. Tan solo es una parte más de mi rutina diaria, aceptada y asimilada como imprescindible, gracias a la cual me permite continuar corriendo cada día y cómo no, seguir soñando con nuevas metas.

Una hoja se ha caído ya del almanaque y por delante quedan más de cuatro meses de preparación, ni más ni menos… cuatro meses donde se repite la misma perorata: trabajo, disciplina y cordura, y entre tanto dejaremos que alguna vez que otra los pensamientos se adelanten al tiempo y echen un ojo a ese último domingo de febrero, intentando ver qué sucederá ese día. Pase lo que pase una cosa sí que está clara, ese día será el día de Sevilla y su maratón; allí estaré y me encantaría que, a través de estos meses, vinieses prendido a mí… no te oí decírmelo, pero te lo pregunto otra vez:

¿Te vienes conmigo, me acompañas?

Dos meses cumplidos, dos meses descontados… cada día es un día más o un día menos. Octubre, romántico, expiró y tras él, el resto… ellos, los kilómetros, saben los que son y esperan, pacientes, a ser entrenados, ser corridos y seguir el camino hacia ese horizonte de acento andaluz, ecos de palmas, luz y color, ese color especial…

Sevilla

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Octubre… romántico, octubre.

Y tú, ¿también corres este maratón o tienes otro distinto en tu punto de mira? Anímate, comparte tu experiencia y si te gustado este post, compártelo. Te espero el próximo jueves 7 de diciembre, en la tercera entrega de este viaje rumbo a Sevilla. Muchas gracias.

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