Marcando, que no llegando

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¿Por qué marcando la meta y no llegando a la meta?

Esta fue una de las preguntas que me hicieron el miércoles 29 de junio, durante la presentación de Piel de asfalto. La misma fue lanzada por un amigo, Pepe Perea y he de confesar que me produjo sorpresa y agrado al mismo tiempo. Nadie hasta la fecha me había hecho semejante pregunta, es más, creo que tampoco nadie se había parado nunca a pensar en la sutil diferencia que existe entre esos dos gerundios que pueden preceder a la palabra meta. Y es que no es lo mismo ir marcando que llegando, ¿por qué?, podéis preguntaros. Es muy sencillo, veréis…

Si decimos “llegando a la meta, claramente estamos haciendo referencia al final de un trayecto que nos pone a los pies del ansiado objetivo. En esa sentencia no se dice nada de cómo ha sido el camino que nos ha conducido hasta la meta, como tampoco importa el tiempo que nos ha llevado, ni si ha sido necesario emplear un mayor o menor esfuerzo hasta esa llegada. Simplemente sabemos que estamos llegando a meta, algo que no es poco ni mucho menos, ya que nos facilita al mismo tiempo la información más valiosa de cualquier empresa que acometamos: su consecución. Visto así, no parece que pueda haber nada mejor, ¿verdad?

Sin embargo, a pesar de lo dulce que siempre se puede considerar el paso por meta, no siempre tiene porqué ser así, sobre todo cuando esta no nos da el resultado esperado y es que hay una gran diferencia entre llegar a una meta, sin más, o llegar a ella consiguiendo un objetivo previamente marcado, algo así como ponerse una meta más allá de la propia meta en sí. En definitiva es lo que podría resumirse en el título que da nombre a este blog:

Marcando la meta

En ese marcando ponemos cota o valor concreto al registro que queremos alcanzar con nuestra meta soñada o simplemente buscamos alcanzarla, sin nada más allá. Indistintamente, ya sea con un propósito final u otro, lo más importante de ir marcando la meta no está en la meta en sí y sí en el camino que debemos recorrer y que nos llevará o no hasta ella. En ese peregrinar está el verdadero valor, el verdadero sentimiento que se encierra en esas tres palabras.

Cuando nos hacemos un propósito, ya sea a medio o largo plazo, nos estamos marcando una meta y eso representa tan solo el comienzo. A partir de ese momento debemos ser disciplinados y constantes en ese camino que nos conducirá hacia nuestra meta. El esfuerzo debe ser otra de las cualidades que deberemos cultivar en el trayecto y es que resulta evidente imaginar que una meta conseguida sin esfuerzo es una meta mal marcada, por lo que tan perjudicial es marcarse una meta por defecto, como por exceso, debiendo ser objetivos, sensatos y coherentes con nuestras posibilidades y nuestras capacidades.

No es necesario decir que en todas esas metas que vamos marcando, y a las que veladamente me refiero, el principal protagonista es nuestro amado running y toda esa rutina, disciplina, esfuerzo y demás, se debe ver materializada en entrenamientos constantes, con cargas y ritmos acorde con nuestra forma física y siempre manteniendo una motivación que nos conducirá hasta esa meta que vemos en el horizonte, como un cartel luminoso que ilumina la noche y que nos atrae casi de manera hipnótica, como polillas que volásemos en medio de la oscuridad que despide un día y da la bienvenida a otro nuevo.

Pero no solo en el hecho de ponernos las zapatillas y salir a hacer kilómetros vamos marcando una meta, no ni mucho menos, porque en nuestra vida, de alguna manera, también vamos marcando nuestra meta, aunque en este caso esa meta no vaya acompañada de un dorsal, ni de toda esa parafernalia que rodea a una carrera.

Así, desde que nacemos tenemos metas que conseguir y sin ser conscientes nos las vamos marcando: comenzar a andar, aprender a hablar, saber contar, ser capaces de comer solos… pequeñas metas, ligadas al aprendizaje y necesarias para nuestro desarrollo como seres humanos. Son las metas que nos marca la naturaleza, el sentido de la vida, por decirlo de alguna manera. Más tarde, años después, aparecen otras metas que vienen marcadas por nuestros mayores y que nos imponen para que podamos ir adquiriendo conocimientos que no solo nos harán ser personas, sino que también nos dotaran de inteligencia y sabiduría, necesarias para poder batirnos en la sociedad de la que formamos parte y de la que no tendremos conciencia hasta bastantes años más tarde.

Con el paso de los años no solo nos vamos haciendo mayores (impepinable afirmación), sino que también nos vamos marcando metas de manera voluntaria, sabedores que para llegar a ellas deberemos emplear tiempo y en mayor o menor medida esfuerzo y voluntad, ya que sin voluntad no hay metas que valgan, por mucho que nos marquemos lo que queramos. Y ese paso de los años no nos hará inmunes a ese ir marcando la meta y estas irán mutando, transformándose en función de ese paso del tiempo, pero siempre con el mismo germen, el mismo sentido:

el deseo de alcanzar aquello que nos propongamos.

Llegar a la meta es satisfactorio, gratificante y nos hace sentir radiantes, pero ninguno de esos sentimientos no tendrían el mismo sentido si previamente no nos la hemos marcado. Ahí es donde está la auténtica satisfacción, el verdadero premio, al ser capaces de ponernos un objetivo e ir tras él, con sus dificultades, con todo lo que ello conlleve, con momentos en los que dudemos de ser capaces de conseguirlo y momentos en los que nos creamos invencibles. Ese es el verdadero valor de marcando la meta:

el sabor y el disfrute del camino recorrido y si al final conseguimos nuestro objetivo bienvenido sea, pero si no es así, no debe importarnos, porque durante todo ese trayecto habremos crecido y habremos descubierto el auténtico valor de nuestra fuerza y de nuestra capacidad.

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Siempre marcando…

Ahora, por si os lo habíais preguntado, ya sabéis el porqué y el sentido que quiere transmitir Marcando la meta. Todos, de alguna manera, formamos parte de ella y todos, en mayor o menor medida marcamos y buscamos una meta cualquiera. No dejéis, no dejemos, de marcarnos metas, porque en su búsqueda está nuestro triunfo. Si te ha gustado este post compártelo. Muchas gracias.

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