Motivos de sobra

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Cuando tenemos motivos no hay nada que pueda frenarnos, nada que pueda evitar que lleguemos o consigamos aquello que nos hayamos propuesto, en definitiva no hay nada que nos detenga. Basta con tener un motivo para ponernos en marcha, pero si carecemos de él, ¡ay!, entonces no nos moveremos bajo ningún concepto, fijo que no.

¿Y a cuento de qué viene ahora esto de los motivos?, ¿qué sentido tiene o hasta dónde pretendo llegar con esos motivos, que a tenor de título, parecen sobrar? Sinceramente, no lo sé exactamente y todo me vino a la cabeza la pasada semana, mientras escuchaba de manera involuntaria (prometo que no estaba dentro de mis planes ejercer el espionaje popular) una conversación entre varios amigos, con una edad que debía sobrepasar la cincuentena y que, con un elevado tono de voz, casi vociferaban sobre temas deportivos y más concretamente de los motivos por los que un día habían comenzado a practicar la carrera continua, el famoso running, como todo el mundo lo conoce ahora.

– Debe usted practicar carrera continua – me dijo el doctor nada más darme los análisis de sangre. – ¿La carrera qué?, doctor, ¿eso qué es? – le pregunté yo totalmente perdido.

Running, haga usted running, ¿lo tiene claro? – me dijo de manera concluyente.

– Coño Emilio, pareces de pueblo, jodeta, la carrera continua era el footing de toda la vida, que ahora se llama así, running – le habló en tono seguro el amigo que estaba a su derecha

– Ya, ya lo sé, claro, el running, sí, sí… mi hijo mayor lo hace, mi nuera lo hace y hasta mi mujer está empezando a salir a andar también y dice que en unos meses empieza a correr – intervino el tercero de los hombres en cuestión, que hasta ese momento había estado callado.

– Fueron los resultados del dichoso análisis de sangre, los que al tener el colesterol alto y los triglicéridos esos, que no sé lo que son, también algo idos de madre, por lo que me dijo que debía comprarme unas zapatillas y empezar a salir a andar… vamos no me jodas – se quejaba con vehemencia.

– Pues si ha dicho que salgas, sales y punto – le espetó el amigo más cercano.

Me alejé de ellos y aquella conversación quedó inconclusa para mí, pero a buen seguro siguió siendo el tema principal de debate de aquellos tres amigos y mi cabeza no pudo dejar de darle algunas vueltas a las palabras de aquellos hombres. Había sido el resultado de un análisis de sangre el motivo que había puesto en el camino del running a aquel señor que parecía poco convencido.

Sin embargo, no llegué a saber qué motivos debían tener también la esposa, el hijo y la nuera de aquel señor en cuestión, pero algo me hizo pensar que es muy probable que no tuviera nada que ver con ese que le había servido de pistoletazo de salida en una afición que puse en seria duda. Seguro que fueran los motivos que fueran ésos serían diferentes, pero sobre todo y lo más importante, si esos motivos eran propios, si eran parte de sus argumentos por mantener esa actividad física, seguro que servirían para hacerlos correr, de lo contrario, tampoco llegarían a ningún lado.

Lógicamente, no basta con que alguien nos diga, nos recomiende o nos intente ver todas las virtudes y beneficios que tiene este cansado y esforzado deporte de hacer kilómetros y kilómetros, como si no costara. No, no basta con ello, porque si nosotros mismos no somos capaces de tener nuestros propios motivos, de poco o nada van a servir los intentos por convencernos.

Para unos la salud puede ser un motivo con el suficiente peso argumental para hacer aquello que nos aconsejen; para otros el motivo tal vez sea más bien físico, y el simple hecho de querer perder algo de peso puede hacerlo poner en marcha y comenzar a dar zancadas; también están los que apagan la colilla de su último cigarro casi al mismo tiempo que entran en una tienda para comprarse su primer par de zapatillas, buscando en ellas el vehículo perfecto que les permita culminar con éxito su propósito de una vida alejado del humo; como también están los que lo hacen por el simple motivo de sumarse a una moda cada vez más extendida y de la que también quieren formar parte… en definitiva son motivos, muchos iguales, repetidos, pero todos con el carácter particular que lo hará ser diferente de un persona a otra.

Casualidades de la vida, de camino a casa en el coche puse la radio y sonaba una famosa canción del gran Sabina que dice aquello de…

No abuses de mi inspiración,

no acuses a mi corazón

tan maltrecho y ajado

que está cerrado por derribo.

Por las arrugas de mi voz

se filtra la desolación

de saber que estos son

los últimos versos que te escribo,

para decir ‘condiós’ a los dos

nos sobran los motivos.

No pude evitar seguir dándole vueltas a los motivos… estaba claro que el día iba de motivos. Pero, ¿hasta qué punto pueden llegar a sobrarnos los motivos cuando nos referimos al running?, fue la pregunta que me formulé en silencio, mientras terminaba de escuchar la voz rota y castigada de Joaquín Sabina.

En mi mente apareció aquel motivo inicial que un día tuve, el cual me hizo comenzar a practicar este deporte, y al mismo tiempo se asomaron esos otros motivos que poco a poco han ido llegando, con el paso del tiempo y se han hecho su sitio, desplazando, hasta dejar sin validez alguna aquella causa primitiva. Fue el motivo que sirvió para que mi cuerpo y mi cabeza decidiesen unirse deportivamente hablando y hoy, años después he descubierto que existen un buen puñado de nuevos motivos que sólo necesitaban ser descubiertos, teniendo el pleno convencimiento, como dice la canción del maestro de Úbeda, que a mí también

me sobran los motivos.

Y es que correr me ha regalado motivos de sobra para seguir a su lado, muchos, muchos motivos y de todos ellos me quedo con ese que me permite…

sentir al mismo tiempo la libertad y la soledad, a partes iguales.

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Motivos, motivos, motivos…

Seguro que para ti también hay motivos de sobra, ¿cuáles son esos motivos que te hacen salir a correr cada día o cuál fue ese motivo que un día te hizo empezar a practicar este deporte? Anímate, comparte tu experiencia. Muchas gracias.

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2 comentarios a Motivos de sobra

  • marisa  dice:

    La primera vez fue una oposición( tenía 18 años), después la pérdida de kilos tras la maternidad (tenía 30 años), y actualmente ( y puesto que kilos no pierdo…,jaja) me planteo realmente cuales han sido los motivos todos estos años. Una buena reflexión la de tu post, no se muy bien cuales son los motivos, quizás superarme a mi misma, respirar el aire que me falta, huir o reencontrarme con mi alma. No se los motivos, pero no puedo pasar muchos días sin correr, aunque sea lento.

    Un saludo, reflexionaré sobre ello la próxima vez que me calce las zapatillas.

    • Paco Molina  dice:

      ¡Hola, Marisa! Muchas gracias por asomarte por este rincón, tu rincón, y dejar el comentario con tu propia experiencia. Como bien dices, fueron muy diferentes los motivos que te engancharon a este deporte, según la época en la que te encontrabas, aunque en todos los casos el germen, el secreto, la raíz de ello está en tu propias palabras: “… quizá superarme a mí misma, respirar el aire que me falta, huir o reencontrarme con mi alma…”, bonitos y profundos argumentos, motivos en definitiva, que te hacen volver una y otra vez a ponerte las zapatillas. Tal vez, sólo tal vez, nuestros motivos sean simplemente la excusa para conseguir precisamente eso que tú dices y que tanto anhelamos los que corremos, como es sentirnos libres, encontrarnos con nosotros mismos y superarnos.

      Gracias, nuevamente, Marisa y disculpa mi retraso en dar contestación a tu amable y acertado comentario.

      Saludos.

      Paco.-

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