Natural (II): prestando atención

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El que no haya nada como una imagen para captar nuestra atención, es algo en lo que todos estaremos de acuerdo y fue precisamente una imagen, o mejor dicho media docena de imágenes, las que quedaron grabadas no solo en mi retina, sino también en mi mente, tras haber tomado conciencia de lo que es o debe ser una carrera, una zancada natural.

Si en mi post de la semana pasada me referí de manera muy sencilla sobre cómo debe ser una carrera natural y qué aspectos están presentes en ella, esta semana pongo toda mi atención en un test que nos ayude a analizar nuestra forma de correr y subrayar aquellos posibles errores o defectos que podemos estar cometiendo. Este test tiene un carácter biomecánico y el mismo no consiste en hacer un estudio de nuestra pisada, algo que por error así suponía yo, sino en poner toda la atención en cómo se comporta todo nuestro cuerpo durante la práctica de la carrera, del running.

Aspectos como el ángulo de entrada y de salida de nuestras piernas en el momento del impacto con el suelo, antes y después del mismo, la presión que ejerce nuestro cuerpo cada vez que los pies entran en contacto con dicho suelo, la cadencia de la zancada, la inclinación que debe mantener nuestro tronco en el preciso momento en el que se produce el contacto del cuerpo con el suelo y cómo no, la parte de nuestro pie que incide directamente con la superficie sobre la que corremos, son todos ellos objeto de atención y de estudio durante una sesión de análisis biomecánico de la manera de correr.

Algo tantas veces repetido, algo tantas veces leído y por supuesto, también algo que todos tenemos muy claro sobre cómo debe ser una zancada quedó fulminado en poco más de cinco minutos. Ese tiempo fue el que necesitó el profesional en la materia para dejar al desnudo todas las carencias, todas las faltas y todos los defectos de mi zancada. Cinco minutos en los que me grabó mientras corría sobre una cinta y que sirvieron para llamar mi atención en grado máximo. Yo, con más de 14 años metido en este bendito mundo del running y con miles de kilómetros en mis piernas, me veía como un claro ejemplo de cómo no se debe correr, así sin más.

Pero ese análisis no finalizó con esa aplastante demostración, por supuesto que no, ya que un estudio biomecánico va más allá de ver qué errores cometemos al correr y también pone el foco de atención en dónde puede estar el origen de nuestra defectuosa manera de correr. Así no sólo nos ayudará a saber cómo debemos correr para hacerlo bien, sino que busca el origen de aquello desequilibrios de carácter neuronal y que hacen que nuestro cuerpo no mantenga una correcta forma de correr.

Esos desequilibrios son el resultado de nuestro hábito de vida, de nuestro día y nos condicionan a la hora de desarrollar completa y correctamente toda la musculatura y coordinación de nuestro cuerpo. Si la semana pasada dije que todos los niños corren de manera perfecta y que el paso del tiempo nos lleva a ir adquiriendo una deficiente forma de correr, esta vez añado que la movilidad, la agilidad y la flexibilidad de ciertas partes de nuestro organismo se ven mermadas también con ese paso del tiempo y el efecto sobre nuestra zancada es total.

Os pondré un simple ejemplo que os ayudará a ver de qué manera nuestro cuerpo se acostumbra a la manera de vivir que le marcamos y cómo pierde parte de sus capacidades. Poneos de pie sobre una alfombra o toalla y despojaos de vuestros calcetines; así, de pie y mirando vuestras extremidades inferiores, esas que nos permiten estar erguidos y en perfecto equilibrio, reparar en vuestros dedos y haced el siguiente ejercicio:

Levantad vuestro dedo pulgar manteniendo el resto de dedos fijos en el suelo, hacedlo lo más alto que podáis y a continuación hacedlo al revés, esto es, mantened vuestro dedo pulgar en el suelo y levantad los otros cuatro. Haced esto de manera lenta y de manera alterna pasáis de un pie al otro… ¿qué tal, bien?

Lo más probable es que os haya pasado lo mismo que me sucedió a mí y hayáis sentido con total impotencia cómo ese simple ejercicio se puede convertir en una misión imposible. Si ha sido así no os preocupéis, ni tampoco os asustéis, es muy normal y aunque no lo creáis podéis ser capaces de hacer ese ejercicio con total eficiencia si ejercitáis y educáis vuestro cuerpo para ello. Simplemente es un ejemplo y junto a este hay un buen puñado más de test que ayudan a saber cómo debemos educar, reeducar, nuestro cuerpo para superar todos aquellos desequilibrios que influyen en nuestro organismo y condicionan nuestra carrera.

Todo ese análisis va encaminado en una sola dirección y que no es otra sino aquella que nos ayude a trabajar y fortalecer nuestro cuerpo, junto con la fundamental fase de educación de aquellos movimientos que intervienen en la carrera y que con el paso del tiempo hemos dejado completamente olvidados, hasta el punto de creer que jamás llegamos a controlarlos por completo, sin darnos cuenta que cuando éramos unos niños sí que lo hacíamos… pero claro, eso queda muy lejos, ¿verdad?

Descubiertos nuestros errores y qué causas son las que influyen de manera directa en ellos, viene una nueva fase, aquella donde debemos poner atención al proceso que nos llevará a reeducarnos deportivamente hablando e intentar que nuestro cuerpo vaya asimilando en la práctica toda la teoría que ha aprendido, porque sí, es cierto que una imagen vale más que mil palabras, como he dicho al comienzo, pero igualmente es tan cierto o más aquella expresión que nos dice:

El movimiento se demuestra andando

Y ahora toca ponerse manos a la obra y hacer precisamente eso andar o mejor dicho, correr, pero haciéndolo bien y desde cero.

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Natural (II): prestando atención

Esa tercera fase será la que abordaré en mi próximo post y con la que espero seguir contando con vuestra atención. Seguro que tienes alguna pregunta o por tu experiencia puedes aportar algo a este tema, anímate y participa, y si te ha parecido interesante este post, compártelo. Muchas gracias.

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