No, a tope no

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Hoy vengo a tope, aunque bien mirado no es la de ir a tope la sensación que quiero dar precisamente, sino todo lo contrario. Hace unos días, hablando con una amiga, me decía que cada vez que salía a correr lo hacía a tope, a fuego, a saco, a toda pastilla… como queráis decirlo, pero que al final viene a ser lo mismo: salir a correr lo más rápido posible. Sus palabras me hicieron mirar hacia atrás en el tiempo y no pude evitar verme a mí mismo, cuando esa misma sensación de querer salir siempre a tope era la que me guiaba.

Está claro que a todos los corredores nos pasa antes o después, todos atravesamos un momento de nuestra vida deportiva en la que creemos que salir a entrenar implica hacerlo a tope, intentando dar lo máximo posible en cada entrenamiento. Es normal hasta cierto punto, y de hecho lo veo como una evolución natural dentro de la trayectoria de un corredor. Solemos comenzar con una etapa de iniciación donde lo que más importa es ser capaces de ir aumentando el tiempo corriendo, para pasar después a aumentar la distancia. En ambos casos buscamos que las dos variables sean crecientes y con el paso del tiempo y la adquisición de cierta confianza en nosotros mismos, junto a la inevitable y necesaria mejora física, vamos buscando que una de ellas crezca más que la otra o dicho de otra manera: queremos correr más en menos tiempo, que viene a ser lo mismo que pretender ir ganando en velocidad.

A partir de entonces es cuando ponerse las zapatillas y salir a correr parece que solo tiene sentido si nos vaciamos en cada entreno y eso de hacer un rodaje a un ritmo más lento da la impresión de ser algo del todo improductivo y carente de sentido. Es esa época en la que el salir a corre a tope sigue dando sus frutos y vemos como vamos evolucionando en nuestro rendimiento, bajando tiempos y marcando ritmos más altos, y si además hemos adquirido esa adictiva costumbre de apuntarnos a carreras, observamos cómo vamos mejorando posiciones una tras otra, de manera gradual y habitual. Pero no nos equivoquemos, ir a tope no es lo ideal, claro que no.

Y de repente, un día, nos damos cuenta de que por más a tope que vayamos no conseguimos ir más rápidos y lo que es más significativo, comenzamos a cansarnos, no solo física sino también mentalmente; siendo ese segundo cansancio el que nos toca aún más y es que, por mucho que lo deseemos, no podemos mantener siempre ese querer correr lo más rápido posible. Puede que esa luz la descubramos por nosotros mismos, puede que sea fruto de las conversaciones con otros amigos runners con más experiencia o tal vez sea gracias a los conocimientos de un entrenador, que nos abra los ojos y nos haga ver que ir siempre a tope no es lo idóneo.

Comienza entonces una etapa en la que aprendes que los resultados, la mejora de tu rendimiento, van más asociados a los entrenamientos regidos con sensatez y cabeza, siempre partiendo de la base que el esfuerzo y el sufrimiento deben estar como principio, pero sin la necesidad de llegar a cotas extremas de estos. Digamos que debemos entregarnos a nuestro deporte, poner todo de nuestra parte y lo que vulgarmente se dice apretarnos pero sin llegar a ese nivel de asfixia física, como si nos fuera la vida en cada entreno, como si no valiese otra cosa que ese ir a tope.

De esta manera, con independencia de la naturaleza de los entrenamientos que realicemos, debemos hacer de la moderación y la cordura, aliadas con las que persigamos mejorar nuestro estatus como corredores, pero sin olvidar que mejoraremos sin esa costumbre que se puede instalar en nuestra rutina de entrenar siempre a tope. Por ello, ya sean rodajes de duración media o larga, series de distintas distancia o sesiones de fuerza, nada nos será más fructífero que el trabajar umbrales físicos altos, pero sin llegar al límite y siempre sin olvidar que entrenamientos basados en tiradas a bajas frecuencias cardiacas son perfectos para asimilar esos otros entrenos donde nos solicitemos más (series, principalmente), ayudándonos además a quemar más grasas de nuestro organismo.

Por lo tanto, el mensaje de esta semana es muy simple y se centra tan solo en rechazar esa práctica de salir a entrenar siempre a tope, sin olvidar que por encima de todo debemos disfrutar y no perder de vista dónde está la realidad, sufriendo, sí, pero disfrutando, como sabiendo también dónde estamos nosotros y hacia dónde dirigimos nuestros pasos, sin más.

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¿A tope?

Y tú, ¿estás en esa fase de ir a tope o ya has pasado por ella? Anímate, deja tu punto de vista y si te ha gustado este post, compártelo. Muchas gracias.

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