¿Por qué?

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¿Por qué?, esta fue la pregunta lanzada al aire, con la que prácticamente dio comienzo la charla a la que asistí hace una semana, donde un conocido escalador y montañero nos contagió a todos los presente de su pasión por ese deporte, contando anécdotas y vivencias de su larga trayectoria en ese mundo.

Una charla con la que no sólo buscaba acaparar la atención de cuantos lo escuchábamos, sino también motivar y darnos ese “punch”, que fuese un incentivo en aquello con lo que cada cual se siente identificado, sea de carácter deportivo, laboral o social. En resumen, provocar una reacción en nuestro pensamiento, que nos hiciese salir de nuestra área de confort y preguntarnos precisamente eso: ¿Por qué?

Pero ¿por qué?… ¿qué?, podéis preguntaros en este preciso instante, ¿verdad? Sinceramente, para mí no importa ese ¿Por qué… qué?, no importa tanto qué es lo que nos preguntemos, como el hecho de formularnos la pregunta en sí. Dicho de otra manera, el paso verdaderamente importante, lo que sí nos puede hacer cambiar nuestra actitud, nuestro pensamiento, nuestro comportamiento, es precisamente ser capaces de plantearnos esa duda.

Ese ¿Por qué? es como esa puerta ante la que nos plantamos delante, sin tener la más remota idea de lo que puede esconder tras de sí. Puede que tras ella se abra todo un universo de respuestas, encadenadas una tras otra, o simplemente puede que nos encontremos con el más absoluto de los vacíos, pero jamás llegaremos a saberlo si no somos capaces de girar la llave que la libera de su condena y abrirla.

Por eso no radica todo en ese ¿Por qué?, ¿qué más da la pregunta, si es a partir de ella cuando seremos capaces de descubrimos y crecer? Sí, lo acepto, todo comienzo debe ser reconocido y es merecedor de su posición de privilegio, por lo que representa en sí, pero cuando transcurre el tiempo ya casi ninguno recordamos cuál fue esa primera pregunta, como tampoco nadie es capaz de enumerar la de puertas que siguieron a aquella primera, que nos hizo adentrarnos en un mundo que no conocíamos.

Es con el paso del tiempo, esa incansable variable que avanza sin cesar en su monótono paso, cuando pierde todo su sentido aquel ¿Por qué? y es la fotografía que marca nuestro momento actual, esa que podemos ver por donde aparece abierto el álbum de nuestros días, donde se ve dónde nos encontramos, hasta dónde hemos llegado, quedando en blanco las siguientes páginas donde seguirá escribiéndose nuestra historia.

Así, atendiendo a este razonamiento y mirando de reojo a esa afición que nos une, apuesto todo mi reino a que todos sabéis por qué un día comenzasteis a correr, sí, seguro que todos lo recordáis, estoy seguro, segurísimo. Un día empezasteis a correr, tal vez preguntándoos por qué lo hacíais o simplemente os iniciasteis en ello, sin haceros esa pregunta, pero siendo conscientes de tener un buen motivo para hacerlo.

Atravesasteis aquella primera puerta y entrasteis en un mundo totalmente nuevo, donde por mucho que os hubieran dicho teníais que ir descubriendo por vosotros mismos qué había en él. Pero no, no voy ahora a enumerar ahora cómo son los comienzos dentro del running, en primer lugar porque seguro que no son iguales para todos nosotros y en segundo lugar, porque no importan esos motivos, no, este post no importan.

Fue la respuesta a ese ¿Por qué? que hoy podemos hacernos, y que tal vez tantas veces nos han podido preguntar, la que da sentido y pone la alfombra sobre un suelo que salimos a dar zancadas día tras día. Un suelo que sembramos de kilómetros, con el único objetivo de seguir alimentando una pasión que nos enganchó sin darnos cuenta, tiempo atrás, y que nos tiene a sus pies desde entonces.

El ser humano, como único ser racional, siempre ha buscado explicaciones de todo cuanto le ha rodeado, poniendo interrogantes y respuestas a cada paso, atormentándose con cada incógnita y felicitándose por el hallazgo de cada solución. Todo, todo debe atender a una explicación y todo debe estar justificado. Las cosas no suceden sin un porqué y es precisamente esa duda la que jamás dejaremos de preguntarnos.

Sin embargo, realmente es necesario poner esa cota del ¿Por qué? a un sentimiento, a un deseo, a un sueño… a una pasión. Cuán necesario es preguntarnos eso, si existen cosas que no se pueden explicar, si existen comportamientos que no entienden de preguntas, ni mucho menos de respuestas. ¿Creéis que es necesario explicar los motivos que mueven una pasión?, ¿de verdad os parece imprescindible saber por qué? No, si tu pasión te hace ser más grande, más fuerte, más seguro y más consciente de quién eres, no, por supuesto que no es necesario hacerse esa pregunta, aunque en tu interior haya decenas o centenas de motivos con los que dar respuesta a ese insolente ¿Por qué?.

De esa manera, no importa, qué más da que se lance o no al aire esa pregunta, ¿qué más da? Lo realmente importante es tener motivos, argumentos, que justifiquen, alimenten nuestra vida y no dejar de mirar con ojos hambrientos aquello que nos hace movernos día a día. No, no hay una pregunta más genérica, ni más amplia que un ¿Por qué? soltado a la cara del que escucha, y será sólo él, con su respuesta el que dará el sentido a dicha pregunta, haciéndola cambiar cuantas veces quiera, con argumentos que se alejen o se aproximen de los primeros.

El punto final de aquella charla concluyó con una respuesta a esa pregunta inicial que había servido para dar comienzo a la misma:

¿Por qué? – volvió a preguntar – Y, ¿por qué no? – nos preguntó a todos.

En su caso, obviamente, esa pregunta iba referida a su pasión por la montaña, como la misma puede referirse a esa pasión que tengamos cada uno. Y no importa que escalemos montañas, que conduzcamos un Fórmula 1 a más de trescientos kilómetros por hora, que saltemos desde doscientos metros de altura con una simple cuerda como lazo de unión con nuestra vida, o que seamos capaces de correr cinco, diez, veinte, cuarenta, cincuenta o cien kilómetros, claro que no, porque al final todo se reduce a una pasión y en todos los casos esa pregunta importará un bledo.

Por todo lo dicho, yo no voy a concluir poniendo una respuesta como punto final a mis palabras, ni lanzando otra nueva pregunta sobre la primera, claro que no, porque como he dicho, no es la contestación en sí donde radica la importancia de esa pregunta, sino en su propia esencia, en ella misma y en ser capaces de tener motivos y respuestas a ella, sin necesidad de hacérnosla.

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¿Por qué?

¿Cuántas veces te has preguntado por qué?, ¿realmente crees que la importancia de esa pregunta nace en ella o en el hecho de llegar a planteárnosla? Tal vez todo esto sea simple palabrerío o puede que tras él se encierre el sentido de nuestro comportamiento. Deja tu punto de vista y si te ha parecido interesante este post, compártelo. Muchas gracias.

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2 comentarios a ¿Por qué?

  • Fernando Murcia  dice:

    Muy buenas querido Paco, ante tu pregunta, de si nos ha parecido interesante no la del por qué, decirte que mucho. Has sabido llevarme antes de haberlo leído a la misma conclusión que el autor de la charla (lo cual dice mucho y bueno de tu relato) ¿por qué no? o con algún matiz, “porque si”. Porque sin lugar a dudas me merece la pena, aunque no esté llamado a esto, aunque no se me de bien.
    En este sentido si creo que sea necesario darle cierta explicación a los motivos que mueven a una pasión, pero dicha explicación siempre deberá ser interna, incluso moviendose más en el terreno de las sensaciones o los sentimientos que de las razones puras. Nunca por supuesto en motivos ajenos a uno mismo.

    Enhorabuena, una vez más, por tu magnífica entrada a este gran blog, otra pasión que alimentas con idéntica constancia y clase que el correr. Tienes toda mi admiración.

    • Paco Molina  dice:

      ¡Hola, amigo Fernando! Como siempre, comenzaré mis palabras dándote las gracias por ser un fiel lector de este rincón y por dejar, una vez más, uno de tus acertados y amables comentarios. Muy bueno el viraje que das a la conclusión de la charla a la que asistí: “¿Por qué sí?”, bien es cierto que casi parece ser la misma con la que finalizó su exposición, pero hay un matiz muy, muy importante que las hace ser completamente contrapuestas. Si una parece incitar a intertarlo (¿Por qué no?), la otra parece llamar a lo contrario (¿Por qué sí?)… de cualquier manera, en ambos casos es una pregunta que sólo nosotros podemos formularnos y la respuesta será la que nos sirva para explicar de la manera más convincente aquello que decidamos hacer. Y sí, efectivamente, en el caso de tu pregunta sí que deben darse argumentos o motivos que den respuesta a la misma, aunque éstos “sólo” sean internos… “sólo, ¿he dicho sólo?”, pues son precisamentes, esos “sólos internos” los más importantes y los que nos harán movernos en un sentido u otro.

      Y por último, añadir una cosa, son comentarios como los tuyos y saberme “leído” (me basta con una persona), lo que me anima, me mueve y me ilusiona a seguir dejando una pequeña huella de los pensamientos, argumentos, sentimientos, e historias que hay dentro de mí y que con tanto gusto comparto con quienes os asomáis.

      Muchas gracias, de nuevo, Fernando y ten presente una cosa, tu admiración es mi admiración, total y absoluta.
      Un fuerte abrazo.

      Paco.-

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