Puntos de vista y otras gaitas (III): “Correr el riesgo”

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Últimamente parece que correr se ha convertido en un deporte de riesgo, o casi, al menos así parece entenderse a tenor de las opiniones vertidas en reportajes periodísticos recientes, donde analizan el boom de este deporte, así como su mediática influencia en los hábitos de vida de quienes lo practican, lo practicamos, y las ventajas y riegos que conllevan salir a la calle y echar a correr.

Sí, en esta ocasión y por tercera semana consecutiva, propongo un nuevo debate, con el que espero arrancar vuestra opinión al respecto y saber qué punto de vista os merece que el running sea considerado por algunos como un deporte de riesgo. Sin duda, el fallecimiento de un corredor siempre es una trágica noticia para el mundo del deporte, en general y mucho más aún para quienes corremos, no solo por el hecho de la empatía que siempre se produce entre miembros de una misma tribu (deportiva, en este caso), sino también por la siempre preocupante incertidumbre que genera la muerte en una persona físicamente sana y deportista.

Sin entrar en comparativas sobre el número de fallecidos al año entre el running y otros deportes o actividades, ya que eso es algo que siempre resulta desagradable por el tipo de información que se maneja en sí (además no se debe perder la perspectiva y ser conscientes que esos números hablan de personas), resulta más que suficiente con buscar cifras a este respecto y comprobar que correr para nada es un deporte de riesgo, si bien implica una actividad física en la que el corazón se somete a un ejercicio continuado generalmente a elevadas pulsaciones y con una presencia escasa de oxígeno (esfuerzo anaeróbico), no es una actividad de riesgo en sí misma, de alto riesgo, se sobreentiende.

Lógicamente, que no baste con decir que correr no nos pone en riesgo y punto, por supuesto que no, no seamos tan necios y menospreciemos el peligro que siempre entraña cualquier deporte, por el mero hecho de la parte física que lleva inherente. Por lo tanto, tomemos las medidas oportunas y cuidemos nuestra salud de manera apropiada, intentando desde el principio minimizar al máximo esos riesgos que van aparejados.

¿Y cómo minimizamos ese riesgo?, sencillo, muy sencillo: con los tantas veces repetidos consejos de salud, basados en la obligatoriedad de hacerse cada año una prueba de esfuerzo, junto con su correspondiente electrocardiograma, así como someternos a análisis de sangre rutinarios que nos arrojarán información muy importante sobre nuestra salud y que en el caso de llevar una vida deportivamente activa lo debe ser aún más.

Llegados a ese punto y como una medida que gradualmente debería ir imponiéndose, tal y como ya sucede en algunos países, no estaría de más que las organizaciones de las pruebas comenzasen a exigir a los participantes la presentación de algún tipo de certificado médico, con el que garantizar que el atleta en cuestión ha superado con éxito unas pruebas médicas y cuenta con una salud óptima para la realización de la actividad física a la que se va a exponer.

Además, cubierta la parcela médica que nos ayude a saber si estamos sanos como una manzana, tampoco debemos descuidar esa otra parcela que es tan importante o más y que se basa simple y llanamente en el sentido común. Un sentido que sin formar parte de los otros cinco que nos dota la naturaleza, es tan importante como aquellos y será fundamental para evitar exponernos a situaciones de sobreesfuerzo extremas que pongan en riesgo nuestra condición física… por simple y puro sentido.

Hechas esas peregrinas recomendaciones, vuelvo a centrarme en el eje sobre el que gira este post: ¿realmente se puede considerar que correr es un deporte de riesgo? Lo cierto es que me da cierto rubor escuchar esa afirmación, pero no es menos cierto que somos nosotros mismos los que, en algunas ocasiones, subestimamos el esfuerzo que realizamos y nos exponemos de manera innecesaria a situaciones que puedan rallar el límite, en las que simplemente “levantando un poco el pie” nos habríamos evitado algún susto que otro. Es esa pérdida de respeto o exceso de confianza que suele aparecer por falta de experiencia o paradójicamente, por exceso de la misma… sí, ahí de nuevo vuelve a aparecer nuestro sentido más común.

Lejos de todo eso y por pura estadística, la expansión del running ha hecho aumentar tanto el número de adeptos que la probabilidad de que salte a la luz pública alguna trágica noticia es lógicamente mayor, pero no por el hecho en sí de estar realizando una actividad de riesgo, sino por la inmensa cantidad de personas que cada día se ponen las zapatillas y se echan a correr… por escasos conocimientos que tengamos de matemáticas, comprenderemos que es algo de números, así de sencillo, ¿no?

También debemos tener en cuenta que existen otro tipo de peligros para quienes corremos, que sin necesidad de llegar a ser mortales, sí representan un riesgo para nuestra integridad. Me refiero al hecho de correr por zonas donde se comparte calzada con el tráfico rodado, así como hacerlo por zona de montaña; dos escenarios muy habituales dentro de este mundo y que demandarán la atención y precaución lógica que nos evitará exponernos a atropellos o a caídas por zonas con el firme irregular.

Sí, vale, sé lo que estáis pensando, también podemos tener torceduras, sobrecargas y lesiones de cualquier tipo, ¿verdad?, eso también son riesgos asociados con correr, pero ni mucho tienen la importancia suficiente como decir que somos practicantes de un deporte de riesgo, ni mucho menos. Por eso, tal vez haya llevado al extremo las consecuencias, las dañinas consecuencias de un deporte que se caracteriza especialmente por la mejora de la condición física de quien lo practica y por ser una sana actividad donde nos integramos con el medio que nos rodea, empapándonos de naturaleza, sea del tipo que sea (urbana, rural, marítima…) y estableciendo una especie de simbiosis con ella, donde los grandes beneficiados somos nosotros, los runners.

Sinceramente, creo que con sensatez y cordura el único riesgo que existe al correr es el de quedar enganchado a él, porque cuando ello sucede puedes darte por perdido, ya que tu vida a partir de ese instante habrá cambiado para siempre. Como tantas veces os he pedido, llamadme loco, exagerado, pero estoy completamente convencido que muchos de cuantos me leéis en estos momentos estáis tanto o más locos que yo y eso…

eso no lo pregunto, lo afirmo.

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Correr el riesgo

¿Cuánto de riesgo hay en correr?, ¿piensas que nos exponemos en exceso quienes nos ponemos las zapatillas para salir a hacer kilómetros gracias a las zancadas de nuestras piernas? ¿Crees que exigir unas pruebas médicas para participar en las pruebas puede ser una buena medida para “obligar” a todos los corredores a someterse a un control médico? Anímate, deja tu punto de vista y si te ha parecido interesante este post, compártelo. Muchas gracias.

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2 comentarios a Puntos de vista y otras gaitas (III): “Correr el riesgo”

  • Raul  dice:

    Muy buenas Paco, como siempre, has vuelto a realizar un comentario muy acertado y más que nunca necesario y afortunado.

    Como dice el refrán “en el pecado está la penitencia”, sabiendo que nosotros somos muy pecadores, que nos gusta desgastar zapatillas y aceptar cada reto que se pone por delante, sabemos que estamos más expuestos a sufrir algún que otro problema, nadie está libre de una sobrecarga, una torcedura o un susto, porque además compaginamos también otros deportes, lo que hace multiplicar el riesgo.

    Otro riesgo también podemos decir son los desplazamientos que realizamos a lo largo de la temporada, km de coche que nos llevan a competir.

    Aun sabiendo esto, seguiremos en la brecha (pero supervisados por profesionales).

    Como comencé a escribir, este es nuestro pecado.

    Saludos.

    • Paco Molina  dice:

      ¡Hola, Raúl! Muchas gracias por tu visita y por tu aportación a este nuevo post, con la que añades otro importante riesgo que también va unido a nuestro deporte del alma, pero sin que sin embargo pasa desapercibido: los kilómetros en carretera para llegar a nuestras carreras. Ese es un riego que llevamos aparejados en nuestro día a día y por supuesto, también en esto. Más a allá de eso, la frase que entrecomillas viene como anillo al dedo para resumir y asumir todo lo que va implícito cuando corremos, tanto lo bueno como lo malo: “En el pecado está la penitencia”, y así es, nuestro pecado, nuestro disfrute, tiene sus riesgos y por ello debemos estar supervisados por profesionales (para asegurarnos la parte médica) que estarán a nuestro lado siempre que nuestro sentido común nos guíe en cada uno de nuestros pasos.

      Un abrazo y gracias, una vez más, por tu participación, que espero se repita cada vez que lo estimes oportuno.

      Paco.-

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