Puntos de vista y otras gaitas (y IV): “Evolución o revolución”

post_evolución

La Evolución de las Especies de Charles Darwin, publicada allá por el año 1859, es sin duda una de las obras más importantes dentro del conocimiento humano y supuso un gran impacto, no exento de polémica, en la sociedad de finales del siglo XIX y también a lo largo del XX. De ella se extrae la evidencia, aunque no se diga explícitamente, que los seres humanos somos descendientes directos del mono, dejando en las antípodas la religiosa, peregrina, pueril y muy respetable teoría de la serpiente y la manzana.

Guste o no, me resulta difícil creer que hoy en día aún haya quien dude de esa evolución y no sea capaz de reconocer en los primates a nuestros antepasados más lejanos, pero antepasados al fin y al cabo. Lógicamente me estoy refiriendo a cientos, miles, millones de años atrás, en los que dejamos de mecernos entre las ramas de los árboles y vimos en el suelo un nuevo mundo por explorar. La evolución siguió su lento pero imparable camino y aquello de ir siempre a cuatro patas, agachados y arrastrando las manos dio paso a un caminar únicamente sobre las extremidades posteriores, erguidos y hechos todos unos señores… de ahí a descubrir el fuego, inventar la rueda, conquistar el espacio y manejar un smartphone con una sola mano ha sido un suspiro.

No, no frunzáis el ceño, esto no es una clase de antropología y esta breve introducción solamente ha sido la manera de presentar mi cuarta y última entrega de los puntos de vista y otras gaitas que rodean al mundo del running y con la espero arrancar vuestros comentarios: evolución, simple evolución, lógica evolución. Llevemos ahora esa evolución al plano deportivo, al plano runnero.

Todos tuvimos un día, el primer día, en el que decidimos salir a correr. Para unos hará más tiempo, para otros menos; unos tal vez lo hicimos en solitario, otros quizá nos hicimos acompañar de un grupo de corredores que ya tuviera algo de experiencia en eso de correr; para unos debió ser por convicción, para otros posiblemente tan solo fue por simple curiosidad; en cualquier caso, todos tuvimos ese primer día y si hemos continuado saliendo a correr hasta el día de hoy es porque de una manera u otra este deporte nos ha enganchado y pese a lo cansado y costoso que resulta, no dejamos de practicarlo, siendo una parte muy importante de nuestro día a día y, por extensión, de nuestra vida.

Lo lógico, a partir de ese primer día, de esa primera salida, es que nuestra evolución dentro del running haya sido progresiva, gradual, adaptando nuestro cuerpo a un deporte en el no existe un tiempo mínimo o máximo para practicarlo, como tampoco existe una hora o un lugar por donde ponerlo en práctica. De esa manera, tal y como recogí en unos de mis primeros post (hace ya casi tres años), lo normal es que comenzáramos alternando intervalos donde camináramos y trotáramos o si en nuestro caso contábamos con una preparación física acostumbrada la actividad deportiva, podíamos correr sin necesidad de intercalar tramos andando, eso sí, con una duración o una distancia pequeña, modesta, que poco a poco y de modo gradual iríamos aumentando.

Utilizando un símil evolutivo, esa fase inicial vendría a representar algo así como descender de nuestra cómoda rama, para desplazarnos por el suelo y regresar a nuestro hábitat habitual. Ese primer impulso representaría esa decisión de salir a correr, sin más y cada pequeño avance deportivo podríamos identificarlo como un paso en nuestra ancestral evolución de primate a humano. Eso vendría a ser simplemente: evolución.

Hasta aquí, a pesar de lo burda de la comparación establecida, podríamos aceptar la moraleja que se extrae de la misma y que vendría a ser algo así como:

Toda evolución para que sea definitiva requiere no solo de tiempo, para adaptarse a ella, sino también de la certeza que asegure que ese nuevo paso es bueno, positivo, en la cadena evolutiva.

En definitiva, avanzamos para mejorar, siempre que realmente mejoremos. Sin embargo, dentro de esta exposición no ha aparecido en ningún momento el otro vocablo que también forma parte del título esta nueva entrada: Revolución.

Para referirme a él voy a hacerlo de la manera habitual que suelo utilizar y que no es otra que la de echar mano de nuestro rico y sabio Diccionario. Dentro de sus múltiples acepciones me quedo con la que aparece en cuarto lugar y que reza así:

Revolución: Cambio rápido y profundo en cualquier cosa

Una definición clara, que no necesita de explicación alguna, ¿cierto? A la misma yo añadiría que sin evolución no puede existir revolución y más allá de eso, me atrevería a decir que una revolución surge cuando se tiene la madurez suficiente para asimilarla, aceptarla y desarrollarla o ¿me podría decir alguien por qué la Revolución Industrial se produjo entre los siglos XVIII y XIX y no en el siglo XVI o por qué la Revolución Tecnológica está actualmente en plena efervescencia, en lugar de haber eclosionado en los años ’70? Sencillamente, porque todo tiene su momento y cualquier revolución también. Sí, las revoluciones son necesarias y para que sean efectivas requieren alimentarse de la propia evolución.

Deportivamente hablando y por si aún no os habéis dormido con tanta verborrea, decidme: ¿veis como una evolución normal que un corredor novel se enfrente en apenas cuatro salidas a una carrera del tipo 10K?, ¿consideráis que correr 21K debe ser algo normal y aquel que no lo haga debamos considerar que está lejos de ser un runner?, ¿pensáis que la llamada distancia reina, los 42K, es una prueba para repetir varias veces al año?, ¿creéis que las conocidas como ultras, son carreras a las que nos podemos aventurar con apenas experiencia? O ¿qué me decís de tener que estar corriendo a 3’50’’ el kilómetro y haciendo series de 1000 metros por debajo de 3’30’’ para ser todo un corredor?

Preguntas como estas y algunas más que a buen seguro os estarán pasando ahora mismo por vuestras cabezas podrían perfectamente ser motivo de discusión o debate y es que, no nos engañemos, con más frecuencia asistimos a cambios cada vez más rápidos y explosivos en corredores nada experimentados, poniendo en riesgo no solo algunos aspectos de su salud, sino quemando etapas de un deporte que a pesar de ser tan simplecorrer, ¿puede haber algo más simple?… necesita de su tiempo, no solo para hacerse a él, sino también para comprenderlo y amarlo, y todo lo que no sea llevar una evolución gradual no será positivo.

Como conclusión a este post os dejo una frase que resume mi experiencia en este hermoso deporte; ni mucho menos la pongo por acertada, pero sí porque con ella resume mi pasión por él:

Mi correr tuvo una lenta evolución,

muy lenta

y en ella maduró mi propia revolución.

post_evolución

Evolución o revolución

Evolución o revolución, ¿los consideras dos términos sinónimos o realmente existe entre ellos una gran diferencia? ¿Cuánto de evolutivo o revolucionario debe haber en nuestro comportamiento? El running, como parte de nuestra vida y de nuestro día a día, ¿piensas que ha evolucionado o revolucionado nuestra sociedad, o tal vez seamos los runners los que lo hemos hecho posible ese cambio? Anímate, deja tu punto de vista y si te ha parecido interesante este post, compártelo. Muchas gracias.

¡Comparte!

2 comentarios a Puntos de vista y otras gaitas (y IV): “Evolución o revolución”

  • Raul  dice:

    Buenas noches Paco, como este Post invita a dejarse llevar y tu empiezas con un poco de historia, yo empezare con una anecdota personal, aprovechando que hablamos de evolución y de Darwin, te diré que hace unos meses visite la universidad de Oxford, y uno de los lugares que son imprescindibles de visitar (ahora son la mayoría escenas de Harry Potter) es el edificio donde Darwin explico su teoría de la evolución, cuenta la leyenda que después de un exhausto debate, se marcharon todos a tomar unas pintas.

    Sobre el post creo que la velocidad de la vida en la que interactuamos nos lleva a buscar todos los limites, y estos muchas veces no tienen mucho sentido, dentro de las posibilidades correr un 10k con un mes de entreno puede ser hasta cómodo con el margen de 1:30 que suelen tener las carreras como cierre de la meta, lo que creo esta llegando a puntos de locura son los Ultras, de miles de km de distancia y desniveles de vértigo.

    Cada uno debe poner sus limites y conocer sus posibilidades antes de lanzarse a un reto, y sobre la distancia reina “la Maratón” solo diré que “una vez al año, no hace daño”.

    Un fuerte abrazo, y hasta tu próximo post.

    • Paco Molina  dice:

      ¡Hola, Raúl! Muchas gracias por asomarte una vez más a este rincón y por supuesto por regalarnos a todos un nuevo comentario. Interesante y hasta emocionante resultó tener la posibilidad de estar en el mismo lugar donde el gran Darwin, tantos años atrás, debatió y defendió esa importante teoría que nos explica de dónde venimos y ni que decir tiene que esa manera de dar por concluida aquella sesión fue la mejor decisión que pudieron tomar ;-))

      Centrándonos en el contenido del post, comparto contigo que por encima de todo no hay nada como saber cuál es y hasta dónde debemos llevar nuestro límite. Esa será la verdadera evolución que debamos llevar a cabo, siempre con sensatez y mesura, y si el tiempo y esa evolución nos lleva a correr un maratón al año (una buena dosis esa) o un ultra de 100K, que sea siempre de una manera paulatina y gradual, adaptando nuestro cuerpo y nuestra mente a semejante pruebas.

      Un placer contar con tus comentarios, gracias por ello nuevamente y ya sabes dónde tienes tu rincón. Un fuerte abrazo.

      Paco.-

Deja una respuesta