Real o virtual… ¿tú qué prefieres?

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Corría el ecuador de la década de los noventa cuando comenzaron a surgir los primeros equipos de realidad virtual y cuando empezamos a escuchar que más allá de la realidad que vivíamos se empezaba a jugar con ese otro tipo de realidad: la virtual. Desde entonces hasta ahora, el uso del término virtual se ha hecho mucho más extenso y el vocablo como tal nos resulta del todo familiar, pese a que sea más que probable que no hayamos visto ni experimentado ningún episodio de ese otro tipo de realidad, casi real, tan solo virtual.

Centrándonos en su definición, se entiende como virtual a todo aquello que tiene una existencia aparente y para nada real… lo que los más viejos del lugar definirían algo así como el Casi, pero no; es decir, una realidad que te permite percibirla como si fuera real, valga la redundancia, pero que no deja de ser una mera simulación, mejor o peor conseguida, pero simulación, al fin y al cabo.

Cascos, gafas, cabinas y otro tipo de artilugios más o menos avanzados se han ido desarrollando a lo largo de los años con la intención de conseguir que algo imaginario, de ficción, se llegue a percibir como real, como fruto sin duda de los avances tecnológicos en una era donde el afán por llegar más allá de la realidad parece que empieza a ser una obsesión o como mínimo, un objetivo.

Es como si no nos bastase con lo real y fuese preciso ir más allá, poniéndonos en situaciones que no seríamos capaces de vivir en carne y hueso o ir hasta lugares donde tal vez jamás llegaremos a estar. Así, saltar en paracaídas a miles de metros del suelo sobre el Desierto de Atacama, hacer puenting en el mismo Cañón del Colorado, navegar por el Bósforo a bordo de un velero o pilotar un Fórmula 1 en el circuito de Mónaco, son algunas de esas realidades cuyo lado virtual nos pueden acercar de la manera más real de lo que jamás lleguemos a estarlo en nuestra vida.

Me pregunto, con el paso del tiempo, hasta dónde evolucionará, hasta donde llegará, esa realidad virtual y me da miedo imaginar la de cosas que se pueden ofrecer de manera irreal, siempre que haya clientela potencial dispuesta a ello que así lo demande. Me refiero, obviamente, a las relaciones personales y como este invento del futuro, muy presente ya, puede llegar a sustituir el roce y el tacto de dos cuerpos erizados, que se huelen y se respiran, gracias a la ciencia puesta al servicio de los avances ilimitados… mejor no pensarlo.

Al margen de avances y opciones que nos puede ofrecer la realidad virtual y de esas suposiciones y cábalas, existe una realidad que ya se está empezando a escuchar dentro del mundo que nos une a todos lo que nos encontramos por este blog. Sí, el mundo del running está empezando a dar sus primeros pasos, virtuales, dentro de esa otra realidad, la del día a día.

Fue precisamente hace unas semanas cuando escuché con asombro que ya existen maratones que ofrecen la oportunidad de participar en ellos de manera virtual y que esa realidad, la virtual, se va a convertir a la vuelta de cuatro días en una práctica cada vez más extendida entre aficionados a este deporte, en general, y entre los runners más empedernidos, en particular, de manera que correrán desde la cinta de su gimnasio o desde esos lugares por los que corren de manera habitual y estarán virtualmente corriendo en cualquier rincón del planeta que ofrezca esa posibilidad.

¿Es muy probable que ese sea el futuro?, tal vez… ¿se va a convertir en una práctica totalmente extendida?, no digo que no… ¿podremos tener medallas de finisher de cualquier carrera sin tan siquiera haber salido de nuestra ciudad?, seguro… pero a mí que me perdonen, pero yo tengo que sentir con mis cinco sentidos y alguno más, si lo hubiera, dónde me encuentro:

Necesito ver al resto de corredores hacer su ritual antes de empezar a correr y mirar sus caras de agotamiento y felicidad al cruzar el arco de meta; necesito oler los nervios, el sudor, el miedo e incluso la ilusión por completar la carrera; necesito oír las palabras de ánimo entre quienes vamos a correr y los aplausos del público al pasar; necesito sentir cómo se eriza mi piel en la cuenta atrás que da paso al comienzo y como se moja mi camiseta por el agua derramada en cada avituallamiento; y necesito tener el sabor del agotamiento en la garganta tras llegar exhausto a la meta.

Sí, tal vez exagero pero que me perdonen, porque no soy un corredor de kilómetros, sino de sensaciones, de todas esas que te acompañan cada vez que corres allá por donde lo haces. Por eso, para mí, no hay realidad virtual que valga, capaz de sustituir el placer de correr esta o esa carrera y nada como ese escalofrío que te recorre la piel cuando el día antes te acercas al lugar donde te esperará un gran arco con la palabra Meta, o cuando ves pintada sobre el asfalto esa línea que seguirás como un autómata… no, no hay nada que sustituya eso.

Lo repito una vez más, que me perdonen, pero reconozco que soy un estúpido romántico que necesita alimentarse de todo cuando rodea a una carrera y desde aquí, sentado frente a mi ordenador me viene a la cabeza mi debut en medio maratón, en Santa Pola, allá por el año 2003, mi debut en maratón, en Barcelona en 2010 o mi último maratón, en Berlín en 2015… mi piel se sigue erizando, los recuerdos afloran a mi memoria y no puedo evitar emocionarme, como tampoco puedo evitar el preguntarme cómo sería tener la medalla de haber corrido cualquiera de esas carreras desde al lado de mi casa… lo siento, que me perdonen, pero no.

Y por último, dejando ese componente emocional, si nos fijamos en el aspecto puramente deportivo, ¿qué validez se le puede otorgar a la realización de un maratón o cualquier otra prueba si se permite que esta se haga por etapas o en diferentes momentos, donde se vayan acumulando kilómetros parciales que al final sumarán la distancia objetivo? Sí, tal vez sea una parte muy importante del futuro de este deporte e incluso seguro que mi nefasta cualidad de visionario vuelva a colarse por el retrete, pero no lo veo… nuevamente lo siento, que me perdonen, pero no.

Y tú, si hablamos de correr, ¿qué prefieres?:

¿real o virtual?

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¿Real o virtual?…

La realidad virtual tal vez tenga sentido cuando se busque experimentar una sensación desconocida sin movernos de sillón, pero cuando sea algo ya conocido, como correr, ¿hasta dónde tiene sentido cambiar lo real por virtual?, ¿crees que será igual correr una prueba de manera presencial que hacerlo virtualmente? Anímate, deja tu punto de vista y si te ha parecido interesante este post, compártelo. Muchas gracias.

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4 comentarios a Real o virtual… ¿tú qué prefieres?

  • Fernando Murcia  dice:

    No tiene que perdonarte nadie, ¿cómo iba a ser lo mismo correr el maratón de Nueva York por la mota del río Segura que por las calles de Manhattan? Claro que no.

    • Paco Molina  dice:

      ¡Hola, querido Fernando! Alegría, gran alegría, “verte” por aquí y sobre todo, recibir tus palabras… tus dos renglones son el mejor resumen. Como siempre, acertado y certero.

      Muchas gracias por tu comentario y ya sabes dónde tienes tu casa. Un abrazo.

      Paco.-

      • Fernando Murcia  dice:

        Es la falta de tiempo, que no de ganas de visitarte, lo que me tiene alejado de esta casa. Como casi siempre, prescindimos de lo importante cuando nos impera lo necesario.

        • Paco Molina  dice:

          ¡Hola, de nuevo, Fernando! Sé que tu menor presencia escrita no se debe a una falta de atención, sino como fruto del día a día que nos lleva y nos gobierna, haciendo que falten horas… lo necesario siempre debe ser lo primero, después otras cosas, porque eso sí que es de verdad importante. En cualquier caso y aunque solo sea cuando lo necesario te deje un hueco, sabes que siempre eres y será bienvenido.

          Como siempre, gracias por estar. Un abrazo.

          Paco.-

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