Resiliencia

Resiliencia

Comencemos definiendo qué es resiliencia… sí, lo reconozco, hoy voy un poco a saco y la introducción de turno brilla por su ausencia, pero a lo que vamos, definamos qué es resiliencia:

1.- Capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o a un estado o situación adversos.

2.- Capacidad de un material, mecanismo o sistema para recuperar su estado inicial cuando ha cesado la perturbación a la que había estado sometido.

Ampliando un poco más la primera definición de nuestro Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, podemos decir que es la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas… eso es:

Resiliencia

La primera vez que escuché este término fue durante mis estudios de segundo curso de ingeniería, concretamente al referirse a la cualidad del acero para recuperar su forma tras cesar un esfuerzo al que se encontrara sometido… todo muy técnico, lo sé. Más allá de eso, jamás había vuelto a escuchar este vocablo, creyendo firmemente que el mismo solo estaba unido a esa única acepción. Error, por mi parte, debido sin duda al gran desconocimiento que solemos atesorar, pese a creernos muy letrados.

Sin embargo y sin saber por qué, esa resiliencia se ha ido cruzando en mi camino últimamente, en forma de testimonios de personas que aluden a ella para contar su experiencia de superación ante muy diferentes situaciones, así como también para adjetivar a deportistas capaces de resistir condiciones muy adversas y alcanzar objetivos, metas, no sin mucho esfuerzo, lógicamente… resiliencia.

Sí, ya ha aparecido el deporte y más en concreto asoma nuestro deporte, nuestro running… al que cada vez más me gusta llamarlo tan solo correr y estoy dejando en desuso esa anglosajona expresión… nuestro correr. Quienes, como yo, practicáis la carrera conoceréis de primera mano las sensaciones y las situaciones que pasan por las piernas y la cabeza de un corredor cuando está, cuando estamos, en pleno esfuerzo.

No importa que estemos midiéndonos a una distancia corta o larga, porque pese a existir una gran diferencia entre ambas, en cuanto al tiempo que debemos estar corriendo de refiere, lo cierto es que tan dura puede ser una modalidad como la otra y solo dependerá de nuestro espíritu competitivo y de nuestro afán de superación. Si en una distancia corta el tiempo de sufrimiento es breve, este requiere de un esfuerzo más intenso, casi máximo; en una distancia larga, ese sufrimiento será mucho más moderado pero más duradero y por lo tanto más dilatado.

Tanto en un caso como en el otro se requiere de unas buenas condiciones físicas, obviamente, así como de una óptima preparación psíquica, siendo la combinación de ambas lo que nos dará un mayor o menor éxito en las pruebas a las que nos midamos… pero antes de seguir, dejadme que le vuelva a echar un vistazo a esa última explicación que define nuestra protagonista de hoy, pese a que no aparezca recogida como tal en nuestro Diccionario:

Capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas.

Es evidente que la resiliencia está referida al poder de superación del ser humano en toda su extensión y yo, como es lógico, la estoy llevando a nuestro territorio, a nuestro campo. Por eso comprenderéis que como corredores, si queremos superarnos un poquito más cada día, debemos ser muchas cosas, como por ejemplo: disciplinados, constantes, competitivos (con nosotros mismos) y sí, claro que sí, también debemos ser resilientes.

Un corredor resiliente será capaz de mantener y superar una situación extrema mientras corre, siempre que le acompañe el físico, como es lógico, de ahí que la parte física y psíquica estén íntimamente unidas y no podamos separarlas, como siempre he dicho.

Cuando corremos somos nosotros quienes ponemos nuestro límite, quienes marcamos nuestro umbral de sufrimiento, más allá de esa preparación físicacorrer más o menos rápido, correr mayor o menor distancia, correr más o menos rápido en una mayor o menor distancia… nosotros nos marcamos esos niveles y conforme vayamos entrenando nuestra resiliencia podremos correr un poquito más rápido, un poquito más lejos y también que velocidad y distancia se den la mano para aumentar juntas.

De acuerdo, lo sé, sé que muchos estaréis pensando que nuestra resiliencia tal vez podamos compararla con el antaño sacrificio de toda la vida, ese al que oíamos referirse a nuestros padres o a nuestros abuelos, cuando decían aquello de:

Te ganarás el pan con el sudor de tu frente.

Aquí no vamos a ganarnos pan alguno y nuestra frente estará casi permanentemente sudando, mientras hagamos kilómetros y kilómetros, pero qué gran verdad encierra esa vieja sentencia:

En nuestro esfuerzo está nuestra recompensa y en nuestra capacidad de sufrimiento, de superación, el camino hacia el éxito.

Recordad, si hablamos de correr, podemos enfrentarnos a situaciones cuyo límite solo pongamos nosotros, las mismas de las que podremos salir con nuestra capacidad de superación y sufrimiento. Seamos resilientes, superémonos un poquito más, pero siempre desde la cordura y el sentido común… más allá de esas carreras, no olvidéis que la vida es la carrera más importante y esta, tarde o temprano, nos llevará a situaciones donde con toda seguridad nos pondrá al límite, nos pondrá ante situaciones no buscadas, de las que saldremos airosos y fortalecidos gracias a nuestra capacidad de:

Resiliencia.

Resiliencia

Seamos resilientes…

 

Seamos fuertes, lleguemos un poquito más allá y hagamos de la resiliencia una nueva amiga… ¿crees que es una cualidad que debemos tener lo corredores? Anímate, deja tu punto de vista y te ha gustado este post, compártelo. Muchas gracias.

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