Silencio… de nuevo silencio

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El silencio es, junto a la soledad, una de las características que acompaña a la actividad de correr, aunque bien es cierto que ninguna de las dos son condición indispensable que deban estar presentes mientras practicamos dicho deporte. Dicho de otra manera, el silencio forma parte de correr, de la misma manera que la soledad, pero no tienen porqué ser necesarias en la práctica de esta actividad deportiva.

Hablar o escribir, en este caso, de silencio, soledad y correr, es algo que ya está muy manido, y es un recurso tantas veces utilizado que no voy a caer en ese tópico, así que no temáis. Sin embargo, sí quiero escribir sobre él, sobre ese compañero que siempre está con nosotros, sin importar o no que estemos solos o rodeados de gente, ni si a nuestro alrededor se está produciendo el mayor de los estruendos o el más mudo de los sonidos. Ahí, estará: el silencio.

Para estar en silencio no precisamos rodearnos físicamente de él, bastará con ser capaces de abstraernos del lugar o del instante en el que nos encontremos y hacer del silencio nuestro aliado, convirtiéndolo en el único protagonista.

Vivimos en un mundo rodeado de sonidos, de demasiados sonidos, de manifestaciones sonoras que nos bombardean de forma constante, sin darnos cuenta, hasta el punto de sentirnos extraños o asfixiados cuando nos vemos en situaciones en las que el silencio brota de manera espontánea, gracias a la desaparición de cualquier sonido. Silencio que invita al silencio, que te contagia y te empuja a dejarte invadir por él.

Fuimos engendrados en silencio, en el silencio de un útero materno, ajeno a las manifestaciones sonoras que se produjeron más allá de su cavidad en un momento donde el éxtasis, el amor y las emociones se entremezclaron con saliva y otros fluidos corporales. Tras ese instante se sucedieron meses de silencio, con la percepción de sonidos amortiguados por el efecto pantalla de tejidos y órganos, hasta el día en el que cambiamos la oscuridad por luz y como si de una tremenda llamada de auxilio se tratara rompimos en pedazos el silencio que precedió a nuestro alumbramiento. Acabábamos de nacer.

Silencio para que durmiéramos, silencio para que nada nos perturbase, silencio como parte imprescindible de nuestros primeros pasos en la vida, como si nadie se diese cuenta de que todo a nuestro alrededor era, y es, excesiva y normalmente ruidoso. Por eso, aprendimos a vivir de espaldas al silencio y a entenderlo solo como esa parte necesaria que surge cuando necesitamos descansar o cuando necesitamos escuchar.

Pero el silencio está presente mucho más allá y en él mismo se puede escuchar lo que expresa sin necesidad de ser percibido…

silencio en la espera, en el dolor, en la vergüenza, en el miedo, en la sorpresa, en la mirada, en el beso, en el odio, en la alegría, en todo cuanto podamos imaginar, porque el silencio forma parte de todo aquello que nos rodea. Pone banda sonora muda a imágenes, recuerdos, deseos, sin necesidad de hacerse notar.

Necesario silencio, objeto de respeto y educación, amigo inseparable de nuestra vida que sabe esperar su momento y colarse dentro de nosotros poco a poco, cambiando palabras por pensamientos. Contagiando la necesidad de escucharnos a nosotros mismos y de omitir tanto cuanto se oye a nuestro alrededor, tanto como no necesitamos escuchar.

Es el silencio, mi silencio, el mismo que tantas veces me espera en medio del camino cuando salgo a correr. Él, se pone a mi lado, otorgándome su serenidad, su discreción y me hace sentir invisible, ajeno a lo que me rodea, mientras corro y por un instante siento como si volviese a estar dentro de aquel útero que un día anidó mi vida

Silencio

No grites, no chilles, no llores,

guarda silencio,

no te hagas oír,

no te quedes callado.

Habla,

dime qué quieres,

quién eres,

de dónde vienes.

Escucha lo que te voy a decir,

¿qué piensas?

Habla,

no te quedes callado,

pero guarda silencio

y

déjate morir,

en silencio,

siempre en silencio,

¿o era vivir?,

¿acaso importa eso?

Que el silencio no te falte nunca.

Hoy los kilómetros, quizá, me han jugado una mala pasada o quizá han dado al silencio, por primera vez, la voz que necesitaba, contagiándome y dejando en estas palabras el sentido de mi sinsentido, ese que tantas veces me acompaña mientras corro. Silencio, fiel compañero, generoso escudero a lo largo de kilómetros y kilómetros

Cuántas veces lo buscamos, cuántas veces nos lo imponen, cuántas veces lo perdemos… silencio, tan solo silencio.

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Silencio

Por segunda vez he escrito sobre él, tal vez porque son muchas las horas que paso con él. Y para ti, ¿qué es o cómo entiendes ese silencio?, deja tu punto de vista y si te ha parecido interesante este post, compártelo. Muchas gracias.

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2 comentarios a Silencio… de nuevo silencio

  • Mar  dice:

    Necesario,a veces buscado,el que más se disfruta y necesita,otras veces impuesto, el q más cuesta guardar….pero sin duda 9 bonito sonido shhhhhh…..silencio!!

    • Paco Molina  dice:

      ¡Hola, Mar! Regalazo tus palabras para este post y tu presencia por este rincón, gracias mil. Como bien dices, el silencio es un bonito sonido y quienes practicamos la carrera de fondo lo convertimos, sin darnos cuenta, en un amigo tan necesario, como inseparable. Que no siempre es tan agradable, cierto, puesto que a veces no es buscado y nos golpea como un bofetón, cuando menos lo esperamos, pero en definitiva es él, el silencio y conocerlo y comprenderlo, es amarlo y buscarlo.

      Encantado de tenerte por aquí, Mar, gracias repetidas. Besos y abrazos.

      Paco.-

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