Sin rumbo

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No necesitamos ser un barco para tener marcado un rumbo en nuestra carta de navegación, no, no es necesario. De igual manera, tampoco precisamos de un GPS que nos indique si debemos girar a la izquierda o mantenernos en el carril de la derecha. Tal vez podamos agradecer la indicación de alguna señal vertical que, sin llegar a determinar nuestro rumbo, sí que nos ayude a saber qué nos vamos a encontrar al final de ese camino que elijamos, pero serán nuestros pasos, guiados por nuestra determinación o nuestra intuición, los que realmente pongan el piloto automático de ese rumbo que nos llevará hasta donde creemos o, quién sabe, quizá nos haga desembarcar en un puerto inesperado.

Sin ser brújulas (una torpe comparación), vamos siguiendo un rumbo desde el día que nacemos, ayudados por nuestros padres, nuestros amigos y cuantas personas, queridas y menos queridas, se cruzan en nuestro camino, junto a nuestras propias decisiones, haciendo de todo el conjunto la consecuencia o el resultado de una trayectoria imaginaria, que nos conduce a lo largo del tiempo. Así, lejos de ser brújulas (repito, de nuevo), debemos marcarle el norte a nuestros pasos, sin cansarnos por ello y hacer como si un irreal campo magnético ejerciera su influjo positivo sobre nosotros.

Puede que esté perdiendo el tiempo al escribir sobre una sentencia tan aplastantemente lógica como es la de tener un rumbo marcado, un rumbo acertado, pero sin embargo en algunas ocasiones éste puede darnos la espalda y hacer que toda nuestra vida dé la vuelta por completo: una decisión desacertada, un error involuntario, una falta de convicción o un golpe de suerte, de mala suerte, entre otros motivos. En definitiva, una influencia sobre ese campo magnético que nos gobierna y de repente, ¡zas!, nos vemos caminando por una senda que jamás habríamos imaginado.

Sí, reconozco que probablemente me esté dejando llevar nuevamente por mi lado más filosófico, por esa parte más alejada de mi razón analítica y práctica, tal vez porque en el fondo me gusta y disfruto divagando entre ideas con las que doy vueltas y vueltas a mi timón, virando mi rumbo en cualquier dirección, pero que una vez finalizado esa especie de juego, deja mi proa en el mismo punto donde me la había encontrado antes de empezar con ese inútil, aunque divertido, juego del cambio de rumbo.

Y es precisamente el rumbo, uno cualquiera deportivamente hablando, el que siempre me acompaña cada vez que salgo a correr, fijando de antemano el recorrido que van a seguir mis pasos, permitiéndome de esa manera hacer un cálculo aproximado del tiempo y la distancia que voy a recorrer, así como los lugares por los que voy a pasar. Cierto, muchos pensaréis que de esa manera resto encanto a salir a correr simplemente por el hecho de salir a correr, sin preocuparse del camino elegido, ni del tiempo que vamos a estar en ello, pero la disciplina de mis entrenamientos y mi forma de ser no me permiten hacerlo de otra manera.

Tal vez por eso, recibo con una mayor satisfacción el poder correr en lugares con los que me encuentro gracias a una escapa de uno o dos días. Es el conocido placer del turismo runnero, que no sólo te permite conocer y disfrutar de aquellos sitios que visitas, pero de una manera más cercana, sino que además te aporta, al menos en mi caso, ese placer que otorga el correr sin tener un rumbo definido y además sin saber qué es aquello con lo que te vas a encontrar durante esa salida.

Haciendo uso de la burda y desgastada metáfora entre la vida y el running, somos corredores de fondo en la carrera de la vida, lo queramos o no, nos guste o no y ese ir “sin rumbo viene a representar una escapada, realizar un alto en el camino y salir de la monotonía que marca nuestro día a día, no sólo en nuestras relaciones profesionales y personales, sino también en el aspecto deportivo. El rumbo no se pierde, no se altera, no llegas a desviarte de él, pero disfrutas saliéndote del mismo durante días o simplemente horas. Respiras aire fresco, dejas de masticar por un tiempo ese clima que te envuelve cada día y sientes en cuerpo y alma el placer que te concede ese viraje controlado en el rumbo de tu vida.

Somos seres racionales, mayoritariamente disciplinados, ordenados y capaces de vivir en una sana armonía (sí, estoy siendo muy cándido en esas creencias, pero tal vez sea mejor pensar así), sujetos a reglas y leyes impuestas, unas, y sometidos a normas y principios propios, otros, que en su conjunto nos ayudan e influyen en ese rumbo que mantenemos, de ahí que todo aquello que nos permita aflojar un poco las riendas del corsé con el que nos lleva cogidos la vida supone un bálsamo y un disfrute.

Y entre los disfrutes, esos que nos hacen olvidar rumbos y caminos, podrán entrar tantas y tantas cosas como personas habitamos en nuestro planeta y lo que para unos puede representar el mejor de los placeres, para otros tal vez suponga todo lo contrario. Sin embargo, para muchos miles, para muchos millones de quienes despertamos cada día en esta misma casa, el running es una de las válvulas de escape que nos permite saltar de nuestro barco en marcha y volver a subirnos en él más tarde, tras habernos dejado engatusar por el hechizo de este deporte y cuyo rumbo nos deja en su camino metas, logros, triunfos o lo que es lo mismo, satisfacciones, simples y grandes satisfacciones.

Por último, y para no marearos con tanto cambio de rumbo, decidme, ¿qué sentido tiene seguir un rumbo cualquiera si el fin en sí mismo no es el de hacernos sentir simplemente felices, si no lo seguimos con el objetivo de conseguir alcanzar algo que deseamos? Efectivamente, ninguno… no tiene ningún sentido, por eso, si nuestro rumbo no nos hace sentirnos así debemos cambiar ese rumbo, pero sobre todo y por encima debemos tener muy claro que nunca, nunca, debemos ir:

sin rumbo.

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Sin rumbo

Y a ti, ¿te gusta correr con un rumbo marcado o eres de los que prefieren atarse las zapatillas y salir a correr?, ¿consideras que este deporte es un vehículo perfecto para acompañarnos en el rumbo de nuestro día a día o no deja de ser simplemente eso, un deporte? Anímate y deja tu punto de vista, y si te ha parecido interesante este post, compártelo. Muchas gracias.

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