Síntomas que padece un runner

post_runner

El título de hoy no deja lugar a dudas: este es un post para un runner, se mire por donde se mire y el mismo puede considerarse como una segunda parte de otra entrada que publiqué allá por el mes de junio de 2014 y que bajo el título Comportamientos que delatan a un runner, recopilaba una docena de rasgos que de manera indiscutible van asociados a quienes tenemos la costumbre, la sana y loca costumbre, de ponernos unas zapatillas y salir a correr.

Transcurridos unos dos años y medio, y con muchas horas durante las cuales mis piernas han recorrido algunos miles de kilómetros más, he creído oportuno hacer un decálogo de otros tantos síntomas que evidenciarán si tú, sí, sí, tú, tú que estás leyendo esto en este preciso instante eres un runner más o si aún no has llegado a engordar la cada vez más numerosa lista de deportistas que formamos parte de la gran familia de corredores… de runners.

Convertirse en un runner es una tarea bastante sencilla a priori y bastará con comprarse un par de zapatillas, algunos pantalones y camisetas de tejido técnico y poco más… y salir a correr, claro, ¡qué puñetas! A esa escueta lista se podrán ir añadiendo complementos más o menos necesarios, más o menos sofisticados, que iremos adquiriendo de manera gradual conforme vayamos adentrándonos cada vez más en este apasionante mundo y así, un día, más o menos temprano o más o menos tardío, empezaremos a dar muestras más que evidentes de habernos convertido en todo un runner, en un runner más.

Sí, ese cambio no será ajeno a nosotros y seremos perfectamente conscientes de nuestra metamorfosis, es más, procuraremos que esta sea percibida con total claridad por amigos y familiares, ante los que no solo no disimularemos, sino que daremos señales más que evidentes de nuestro nuevo YO y esbozaremos una satisfecha sonrisa interior, mientras en silencio pensamos para nuestros adentros: Sí, soy runner.

Ser runner no equivale a ser un superhéroe, por lo que no te dota de una fuerza sobrenatural; tampoco te hace ser más alto, ni más guapo, pero sí que te hace sentir francamente bien y la sensación, la placentera sensación que te embarga mientras corres traspasa más allá de ese momento puramente físico, haciéndote disfrutar hasta cotas muy altas en los momentos que siguen a su práctica.

Pero no nos perdamos en innecesarias exaltaciones runneras y dejemos las bondades y beneficios de este deporte para otro momento, ya que ahora simplemente voy a enumerar una decena de rasgos que evidenciarán si, además de salir a correr, somos o no un runner o dicho de otra manera qué hay en nosotros que el resto del mundo mundial puede ver con total claridad y tener la certeza que nos hemos convertido en un miembro más de este deportivo colectivo.

Lee con atención la siguiente lista y si al terminarla te has visto reflejado al menos en la mitad de ella, no hay duda, estás infectado por el virus que está haciendo estragos en la última década y salvo que se trate de un contagio pasajero, que también pudiera darse, te has convertido en un runner. Descubramos algunos de esos síntomas:

1.- El cronómetro: complemento inicialmente destinado a marcar el tiempo, pero con el que además se pueden saber las pulsaciones, distancia recorrida y calorías consumidas mientras realizas la actividad física. Un runner es muy probable que lo lleve puesto las 24 horas del día, no en vano también ayuda a saber datos tan imprescindibles como el total de pasos dados durante toda la jornada e incluso las horas de descanso efectivas, todo ello con un diseño de lo más atractivo y que queda tan bien ya se vaya vestido de manera informal o incluso con traje y corbata… no se farda con el peluco, ni nada:

Sssshhhh, ssshhhhh, ¿te digo la hora?… es que soy un runner.

2.- Fotografías: en la casa de un runner seguro que hay al menos una fotografía en la que se le puede ver vestido de corto, ya sea en plena carrera o antes de ella. Dentro de este apartado hay fotos que no pueden faltar en el álbum de un runner, ya estén expuestas a la vista o no, como esas en las que suele aparecer mostrando un dorsal, cruzando una línea de meta, acompañado de otros colegas y cómo no, una de las más preciadas, esa en la que se le puede ver con la medalla de finisher colgada de su cuello o mordiéndola, a lo Rafa Nadal.

3.- Viajando por el mundo: un runner programará muchos viajes, sino todos, en función de carreras que se marque como objetivo y así hará turismo por aquí y por allá, dentro o fuera del territorio nacional, con la excusa de ponerse un dorsal y correr por las calles de esta o aquella ciudad. Sin duda, una manera perfecta de combinar dos pasiones perfectamente complementarias.

4.- Las pulseras: el caucho o incluso la tela, son dos de los materiales habituales para hacer pulseras, muchas de las cuales suelen llevar grabaciones conmemorativas de carreras disputadas o frases motivadoras, que con mucha frecuencia lucen muchos runners como un símbolo en sus muñecas. Son la evidencia de su participación en una prueba y la manera discreta de mostrar con orgullo su paso por ella o simplemente su pertenencia esta deportiva tribu… así del antiguo “+Que hoy –Que mañana” tan sentido, hemos pasado al “Where is the limit?” en un plisplás.

5.- Hablando otro idioma: expresiones como series (y no televisivas), cambios de ritmo (y no de baile), umbral aeróbico o anaeróbico, legua, milla, ultra (y no de fútbol), pronador, supinador, geles (y no para ducharse), aminoácidos; test como el de Cooper o el de Course-Navette o abreviaturas como K1, K2, K3, 5K, 10K, 21K100K, dejan de ser algo desconocido para quien está familiarizado con el deporte de las zapas, por lo que si conoces el significado que se esconde tras ellas es muy probable que estés muy cerca de ser un runner, si no lo eres ya.

6.- De televisión y otras lecturas: tragarse la retransmisión deportiva de un maratón sin pestañear e incluso comentar el desarrollo del mismo, como si de un partido de fútbol se tratase, es una señal que evidencia que ahí, sentado frente al televisor, hay un runner. Si además nos encontramos con algún libro de cabecera, leído últimamente, en el que figure algún título donde el deporte de correr está presente en cierta manera, entonces la evidencia se refuerza aún más, eso sin mirar la posibilidad de ser un asiduo lector a alguna que otra revista especializada en running… eso ya es de manual.

7.- Atracción física: que una persona del sexo contrario al nuestro sea más atractiva por el simple hecho de ser un runner es algo que no escapa a nadie y lejos de leyendas urbanas o historias similares, a un corredor le atraerá mucho más una chica runner que otra que no lo sea y de igual manera les sucederá a ellas también. ¿O qué me decís de conversaciones como esta?…

Ricardo está muy bien, tiene unos ojazos, está estudiando derecho…

Vale, tía, mi Sergio es algo más normalito, ya, pero es un runner… si lo vieras correr

8.- Camisetas: cuando las camisetas conmemorativas de carreras dejan de ser una novedad y empiezan a apilarse dentro del armario con total descuido, llega ese día en el que descubres con asombro cómo es posible que se hayan acumulado en semejante número. Eso se debe sí o sí a la cantidad de pruebas realizadas o bien que, por arte de magia, estas empezaron un día a multiplicarse casi de manera milagrosa, como sucediera con los bíblicos panes y peces. No nos engañemos, si no tienes un armario rebosante de camisetas, aún no eres un runner.

9.- Las RRSS: si en nuestro perfil de algunas de las famosas redes sociales no aparece una instantánea nuestra vestidos de guisa runnera, no se puede ver la foto de algún entrenamiento realizado o no figura el cartel de alguna carrera a celebrar en breve y donde por supuesto vayamos a participar, no nos engañemos, aún no estamos a la altura de ser todo un runner. Basta con mirar los muros personales de todos los que practicamos este deporte para darnos cuenta de una evidencia que no se puede ocultar…

Sí, nena, me dijo que era un runner y en su Face solo hay fotos de perros, coches antiguos y puestas de sol.

¿Pero ese no era el que vimos corriendo con mallas largas en pleno mes de agosto?

El mismo… no lo vi yo muy claro entonces.

10.- Sábado, sabadete: cuando el protagonismo de las noches de los sábados deja de ser el que era y en nuestra mente están los kilómetros de la mañana siguiente, ¡cuidado!, te has metido de lleno en la boca del lobo… del lobo runnero. Claro que, dada la amplia oferta de pruebas que existe hoy en día, siempre puedes apuntarte a una carrera a celebrar la tarde noche del mismo sábado y de esa manera poder correr en todos los sentidos (ups).

Terminado este decálogo, revisa ahora tus síntomas y respóndete a ti mismo si ya eres un runner o si por el contrario aún falta para que el contagio sea completo; puedes hacer dos cosas, vacunarte para evitar esa infección o salir disparado a la calle, corriendo lógicamente, y pasear tu enfermedad sin disimulo. Dejando a un lado la exageración y la ironía, la gran verdad es que todos esos rasgos están presentes, en mayor o medida, entre quienes practicamos este apasionante deporte y lejos de disimularlo nos mostramos orgullosos de demostrarlo a los cuatro vientos, ¿o no?:

Sí, yo también soy un runner.

post_runner

Síntomas que padece un runner

Existen muchos más síntomas de esta sana enfermedad y seguro que puedes añadir alguno más a las que hoy he dejado aquí recogidos, sumándose de esa manera a aquella docena que ya destaqué años atrás. Anímate, deja tu comentario y destaca ese rasgo que a mí se me ha pasado por alto; y si te ha parecido interesante este post, compártelo. Muchas gracias.

¡Comparte!

Deja una respuesta