Soledad

soledad

Existen muchos y variados tipos de soledad, desde aquella que se elige voluntariamente, hasta aquella que te regala la vida, sin habérsela pedido y sin saber por qué. Hay soledades perennes y otras caducas, como los árboles, cuyas hojas nos producen el oxígeno respiramos cada día. Momentos de soledad necesarios, para encontrarse a uno mismo y momentos de soledad amargamente insoportables, en los que uno no desearía saber ni quién es.

También existen soledades ampliamente reconocibles y otras que no somos capaces de vislumbrar, ancladas en personas cuyo silencio interior esconde una soledad muy alejada del aspecto exterior que muestra. Soledades tanto en niños como en mayores, momentos que beneficiosamente o no, nos hacen encontrarnos con nosotros mismos.

Y entre tanta soledad, dentro de todas las soledades con las que estoy dotando a este post, está la del corredor de fondo y más en concreto la del maratoniano. Esa es una soledad que comienza en el preciso instante que decides que vas a enfrentarse a su distancia. Sin saberlo acabas de echarle el brazo por encima y ella, tan callada como magnética, te va abrazando lentamente, sin que puedas darte cuenta y quedas atrapado en ella.

Correr un maratón no es solamente enfrentarse a su distancia, no es calzarse las zapatillas y no dejar de correr durante poco más de cuarenta kilómetros. Correr un maratón son meses de entrenamiento, en los que sumarás muchos más kilómetros de los que recorrerás el día que te enfrentes a él. Son muchas horas de pensamientos, de dudas, de temores, de ilusiones… horas de soledad.

Vas preparando tus piernas con una rutina semanal cargada de kilómetros, de manera que garantice que el día de la gran cita éstas respondan como es debido y estén a la altura de lo esperado. Y sin darte cuenta, esa soledad que te acompaña mientras entrenas se va dejando notar: al principio sólo se asoma mientras corres, pero poco a poco empieza a visitarte en momentos en lo que ya no vas vestido de corto…

Cuando estás en la cama, incapaz de conciliar el sueño; cuando conduces de camino al trabajo, sin ser capaz de escuchar las noticias del informativo; cuando haces la cena, sin saber si has añadido sal a la ensalada… son momentos en los que esa soledad se asoma para saludarte, instantes en los que te recuerda la cita que tienes y donde te susurra que estará a tu lado desde la primera zancada, una tras otra, hasta la última.

No importa que corras junto a miles o junto a decenas de corredores, no importa, porque desde el principio todo estamos solos, teniéndonos solamente a nosotros mismos. Se libran tantas batallas como participantes nos enfrentamos a él, con el mismo objetivo, completar su distancia y él, el maratón, con su canto de sirenas nos atrae hipnotizados hasta la línea de salida y nos pone a sus pies.

Ese gran día toda tu ilusión, tus deseos y tus miedos se agolpan en la cabeza a partes iguales y ella, vestida de gala, se encarga de poner orden entre semejante mezcla de sensaciones. Ahí está, a tu lado, preparada para acompañarte y es entonces cuando se convierte en tu mejor aliada, tu mejor amiga, porque ella, sólo ella es la que te ha acompañado durante todas esas horas en las que has entrenado para llegar hasta ahí.

Y comienzas a correr, empiezan los primeros minutos y deja que sean tus ilusiones las que te acompañen… pasan los minutos, los kilómetros y es entonces cuando da paso a tus deseos, que impetuosos te aceleran el ritmo… siguen cayendo los minutos y los kilómetros empiezan a pesar, es cuando los miedos resuenan en tu cabeza y ella, como una madre protectora, te sacude para que recuerdes todo cuanto has luchado para estar ahí, todo cuanto has sacrificado por llegar hasta ese momento y entonces descubres porqué ha estado a tu lado todas esas veces que no podías comprender.

Y sacas fuerzas de donde no parece haber, sigues corriendo y llegas, cruzas la línea de llegada, alcanzas tu meta y miras a tu alrededor: algunos extenuados, otro no, pero todos sonríen, se felicitan, se abrazan y tú la buscas a ella, pero no la encuentras, parece haberse marchado, como queriendo que disfrutes de ese momento, de tu momento. La vuelves a buscar, pero no está…

Con tu medalla colgada del cuello, la mirada perdida y sereno, caminas alejándote del lugar donde has vuelto a hacerte maratoniano; sólo se oye un leve murmullo lejano y notas que alguien te rodea por el hombro, giras la cabeza sorprendido y la ves, ahí está, es ELLA:

“He querido dejarte sólo esta vez, para que saborearas tu triunfo y escondida me he sentido orgullosa de ti”.

Es entonces cuando ya no puedes reprimir más tus emociones y rompes a llorar; te aferras con fuerza a ella, a tu SOLEDAD, la única amiga que de verdad te comprende y que ha estado contigo desde aquel instante en el que decidiste correr un maratón.

“Gracias por estar a mi lado, gracias por acompañarme, soledad”.

La foto que acompaño a mis palabras es la ganadora de la segunda edición del Concurso Fotográfico del Maratón de Sevilla 2014, cuyo autor es Juan José González López y que lleva por título: “La soledad del campeón”. Una foto GENIAL, sin duda alguna y que ha servido de punto de partida para este relato breve.

La soledad del maratoniano comienza en el preciso instante que decides enfrentarse a su distancia. Soledad, magnética soledad.

Si te ha gustado este relato breve o te has sentido reflejado en alguna parte de él, házmelo saber y compártelo. Muchas gracias.

.

¡Comparte!

4 comentarios a Soledad

  • Nuria  dice:

    Me ha encantado, sorprendida, muy sorprendida. Espero leer muchos más.

    • Paco Molina  dice:

      ¡Hola, Nuria!

      Muchas gracias por asormarte por “Marcando la Meta” y bienvenida. Me alegro que te haya gustado y espero poder contar con tus visitas de manera habitual, significará que tu pasión por este deporte continúa. Te animo mucho a seguir haciendo kilómetros, pero tranquila, sin prisas, lo bonito de ir haciendo kilómetros poco a poco es que los vas disfrutando, saboreando y van dejando un poso que no es fácil disolver.

      Encantado de contar con tu presencia y un fuerte abrazo… ¡¡corre y difruta!!

  • Cristina  dice:

    Hola paco :
    Estoy empezando a engancharme a estos pequeños pero fascinantes post.
    Decirte que ha sido muy lindo lo leído en este pequeño argumento y que tal lo dices para mi también lo es ya que en nuestros km a solas es la única que nos acompaña.(En la soledad no te pierdas tu solo, sino búscate a ti mismo)Espero hayas leído el libro ??chao.

    • Paco Molina  dice:

      ¡Hola, Cristina! Me alegra mucho que te haya gustado este post; creo que sólo los que corremos sabemos, en toda su extensión, lo que significa para nosotros la soledad, este tipo de soledad. Gracias por recomendarme ese libro, no lo conocía y haré por localizarlo, siguiendo tu amable consejo.

      Un abrazo y muchas gracias por tus palabras. Saludos.

      Paco.-

Deja una respuesta