Supersticiones y otras manías

manías

Que el Hombre (como término referido a la especie humana) es un animal que desde siempre ha demostrado apego a las supersticiones y manías, así como al uso de talismanes, es una afirmación que a nadie pilla por sorpresa. Ahí están las creencias a los diferentes dioses de la Grecia Antigua, que no eran más que supersticiones que vestían con las deidades más variopintas para poder justificar aquello que se escapaba a su control, a su conocimiento y con lo que pretendían dar respuesta a lo desconocido.

Pueblos como el egipcio o el romano, por mencionar algunos, también se apoyaron en sus propios dioses para buscar una explicación a muchas preguntas sin resolver. Dioses egipcios como Anubis, Isis, Ra o romanos como Saturno, Minerva, Baco, tenían su propia “cartera”, como si de Ministros de Estado se trataran y a ellos se les atribuía milagros o se les pedía explicaciones.

Sí, quizá esté cometiendo una enorme aberración al comparar religión con superstición, lo sé y lo asumo, pero la línea que separa ambos términos es muy delgada y hasta cierto punto las supersticiones pueden considerarse como una cuasi religión en la que no se profesa el culto a ningún dios, a ningún ser superior. Así, encontrar el famoso trébol de cuatro hojas, pasar bajo una escalera o mirar fijamente a los ojos a un gato negro, mientras cacareas como una gallina a la pata coja, pueden desencadenar suertes muy dispares.

Dejando la religión a un lado, lo que está claro es que en mayor o menor medida, todos o casi todos tenemos manías o supersticiones con las que, en algunas ocasiones, buscamos atraer o esquivar la buena o mala suerte, mientras que otras veces las utilizamos para reforzar nuestra confianza, algo así como una manera irracional de hacernos más fuertes y creer más en nosotros.

Es precisamente en eso de tener una mayor fe en nosotros, en lo de hacernos más fuertes, donde los runners presentamos un amplio abanico de manías que van con nosotros cada vez que nos enfrentamos a una carrera… y que nadie me diga que no, porque no me lo creería. En mayor o menor medida todo corredor tiene su pequeño amuleto, ese que lo hace sentirse más fuerte cuando se pone las zapatillas y se dispone a “jugársela”, intentando batirse a él mismo.

¿Cuántos no tenemos una determinada camiseta, reservada exclusivamente para las carreras?, esa con la que no sólo nos vemos más favorecidos, sino con la que corremos más cómodos y hasta nuestra piel parece sentirse acariciada y animada sólo con sentir su tacto. ¿Quién no tiene una gorra con la que cree sentirse un guerrero a punto de entrar en una contienda?, esa que será como una especie de paraguas que lo protegerá y lo hará más fuerte. ¿Cuántos son los que tienen un par de zapatillas, sólo para las pruebas y con las que sus zancadas son más alegres, más largas, más veloces?, e incluso ¿quién usará una ropa interior reservada para esos momentos donde se enfrenta a sí mismo?, “sujetando” así sus vergüenzas con esa prenda que le da una seguridad íntima y secreta.

Dejando la ropa a un lado, hay otros aspectos que también son de vital importancia para que todo esté en “su sitio”, las estrellas estén alineadas y nada pueda influir de manera negativa en nuestra carrera. Así, por ejemplo, ¿qué me decís de esa cena fetiche de la noche antes?, ésta no sólo cargará nuestras reservas para el día siguiente, sino que alimentará nuestra motivación. Ese desayuno especial, compuesto de alimentos con los que sabemos que nuestro cuerpo no nos jugará una mala pasada. O el café, una hora antes que tomar la salida, que nos ayudará a “soltar” nuestro estómago, asegurándonos que iremos ligeros de “equipaje” para la carrera.

Y si echamos la vista hacia los complementos, esos que son casi venerados… gorras, viseras, cintas para el pelo, muñequeras, gafas de sol, pulseras, pañuelos, etc. Además de cumplir su misión, su verdadero poder está en ser prendas con las que completamos todo nuestro “disfraz” de runner, con ellas estamos ya totalmente preparados para echar a correr y al mismo tiempo estaremos haciendo un guiño a nuestras manías.

Tal vez puedan parecer tonterías, exageraciones, pero los que corremos no somos una especie cualquiera, somos especiales y como tal, tenemos nuestras rarezas y manías, esas con las que nos sentimos identificados, con las que alimentamos esas pequeñas supersticiones y con las que somos felices, como niños que estrenan su juguete el Día de Reyes. Y hablando de niños, ¿sabéis qué le ocurre a un niño cuando otro niño le quita, le rompe o le pierde su juguete?, sí, llora y se pone triste, ¿verdad? Pues como niños que somos, que nadie nos “toque” ninguno de nuestros amuletos, porque por ellos somos capaces de morder.

Bueno, quizá no llegue la sangre al río, pero dile a otro runner, momentos antes de empezar la carrera, que te deje su gorra y que tú le dejas la tuya… tal vez no acierte a responder, porque lo habrás dejado tan descolocado que hasta sus piernas pueden quedar temblando:

“Jo, no, mi gorra no, es mi tesooooooooooro”

Si estás sonriendo en estos momentos, puede ser porque eres de los que disfruta haciendo kilómetros y seguro que tendrás alguna de estas u otras manías para vencer a tus supersticiones, o tal vez pueda deberse a que nunca has corrido, ni piensas hacerlo en tu vida y estas palabras te han servido para comprender un poco más lo que pasa por nuestras cabezas, por nuestras locas y especiales cabezas.

manías

Supersticiones y otras manías

¡Comparte!

Un comentario a Supersticiones y otras manías

  • Cristina  dice:

    Hola Paco:
    Ostrassss!!! Que razón tienes con este tema eh!!
    Vaya que es cierto , nuestra gorra o nuestra camiseta eso en una carrera es sagrado ….. Jsjaja, me alegra leerlo y saber que no soy la única que tiene dichas manías jiji…
    Besos y recuerdos .

Deja una respuesta