Temida pereza (hoy no tengo ganas…)

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Ha empezado el otoño y con él el tiempo gris, las primeras lluvias y algo que suele ser muy habitual: la pereza. Si algo tiene el inicio de la nueva temporada y el cambio climatológico, es ese ramalazo perezoso que suele aparecer a las primeras de cambio. Pereza para levantarte de la cama, pereza de volver a la jornada de trabajo completa, pereza de empezar a estudiar de nuevo, pereza de cambiar la ropa del armario, pereza de limpiar toda la casa, pereza de volver a la rutina, perezahasta para hacer deporte, sí, incluso esa actividad puede verse contagiada.

Y hablando de hacer deporte, lógicamente debo referirme a esa pasión que nos une a tanta gente, como es: correr. También dentro del running aparece la temida pereza; no hay nada ni nadie que se le resista y seguro que a todos (cuando digo a todos, me refiero a todos, sin temor a equivocarme) nos habrá engatusado alguna vez con sus susurros, haciendo tambalear nuestras ganas de salir a echarle unos kilómetros a las piernas, ¿verdad?

Múltiples y variados son los motivos con los que puede jugar la pereza, esos con lo que poner a dar vueltas a nuestra cabeza, poniendo en peligro la sesión de entrenamiento del día. No voy a entrar a debatir tales motivos, puestos que éstos pueden ser tan variados, como curiosos, aunque sí voy a citar tres de los que pienso que pueden ser más “normales”:

Una climatología adversa, una jornada de trabajo intensa o las secuelas dejadas por un día de fiesta previo.

En cualquier caso, lo importante es ser conscientes de la lucha interna en la que nos vemos envueltos, donde nuestra mente se debate entre dejarse llevar por su parte débil o escuchar a su parte fuerte. Estamos ante lo que los gurús de la motivación suelen referirse como la “Teoría del elefante y el jinete” y que imagino que más de uno conoceréis.

En esa teoría, el primero de los dos protagonistas, el elefante, voluminoso y pesado, representa nuestro lado emocional y aporta la energía, por lo que intentará permanecer en su posición, esto es, será reticente a ponerse en movimiento y contrario a cumplir las órdenes que le mande el jinete que lo guía:

“Qué pereza salir ahora, no tengo ni pizca de ganas de moverme, me lo tomo de descanso; ya correré mañana, total porque hoy no salga…”

Por otro lado, el papel del segundo protagonista lo desempeña el jinete, quien representa nuestro lado racional y cuya lucha irá dirigida a hacer cumplir sus planes propuestos, es decir, buscará cuantos argumentos sean necesarios para convencer a su elefante para que se ponga en marcha y no se aferre a estar parado:

“Vamos, aunque sea un entreno más corto, para no perder el ritmo… para mover un poco las piernas, sudar… ¿y lo bien que me siento después?”

Son dos posiciones diametralmente opuestas y para conseguir que ese binomio funcione correctamente, para vencer esa pereza, bastará con poner focos, fijar objetivos que hagan al jinete tener claro hacia dónde se quiere dirigir y saber perfectamente cuales van a ser las recompensas que va a tener por conseguir esos objetivos. Eso hará que el elefante se sienta seguro, orgulloso y camine por la ruta marcada. ¿Y cómo hacer para allanar ese camino?, ¿qué hacer para que ambos marchen en armonía?, pues algo muy sencillo:

Marcarse hábitos

Esto hará que nuestra actividad deportiva se convierta en un comportamiento habitual, en una rutina que dejará “libre” al jinete, sin la carga que supone el estar continuamente guiando a su compañero y reduciendo al mínimo la aparición de perezosos pensamientos, que pueden mandar al traste toda la planificación.

Personalmente, mantengo una disciplina deportiva muy marcada, siendo constante en ella, con lo que consigo así que la aparición de esos momentos de “debilidad” sean muy escasos (pero los hay), manteniendo a raya la temida pereza. Y respecto a los focos y recompensas que suelo marcarme para hacer que esos dos amigos sigan la senda marcada, están los siguientes:

Focos: suelen estar relacionados con las distancias, el tiempo, el ritmo, las pulsaciones o una carrera, cuya presencia en el horizonte sea un faro fácil de seguir. Fijar cualquiera de esas variables e intentar mejorarlas es, sin duda, una ayuda indiscutible.

Recompensas: la más utilizada es la satisfacción personal de conseguir lo que te propones y ver cómo vas mejorando poquito a poco; lógicamente, superar los valores de las variables marcadas como focos es una inyección de moral, es como un gran terrón de azúcar que endulzará el paladar del paquidermo, animándolo a seguir adelante. Otra recompensa más global, pero que también ayuda mucho, es ver la evolución de la mejoría física que experimentamos con nuestra actividad deportiva.

Así que ya sabéis, entrenad muy bien a vuestro jinete para que maneje con mano firme en guante de seda el caminar de su enorme amigo, que con su paso lento conseguirá mantener alejada la molesta compañía de la pereza, que intentará aprovechar cualquier descuido para colarse y sembrar la discordia entre ambos.

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Vencer la pereza

¿Sueles tener muchos momentos de bajón?, ¿te marcas focos a modo de metas y piensas en las recompensas que puedes conseguir?, con nuestras experiencias todos aprendemos algo, si quieres dejar la tuyas… Muchas gracias.

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2 comentarios a Temida pereza (hoy no tengo ganas…)

  • Cristina  dice:

    Hola Paco:
    Tengo que admitir que hoy me sacaste una sonrisa con tu mencionada metáfora, con razón eso que decimos a veces, al menos yo, malfita pereza!! U otras veces, bendita pereza! Depende de el día y las circunstancias.
    Pero menos mal que tenemos nuestro lado Guerrero, por llamarlo de alguna manera , que nos hace recapacitar y decirnos interiormente, vengaaaa levanta y a entrenar que hoy toca ….!!
    Jajajaja!!
    Bueno que sigamos así marcadonoslameta no??
    Saludos y hasta la próxima .

    • Paco Molina  dice:

      ¡Hola, Cris! Creo que mantener la pereza a raya es una labor que debe ser entrenada, porque hay veces que sus palabras son tan dulces que pone en peligro nuestros propósitos, pero como bien dices, debemos sacar nuestro lado más guerrero y ¡zas!, darle una sacudida y dejarla a un lado.

      Muchas gracias, por tu comentario y sigue, no dejes de marcarte la meta, llegarás a ella, seguro ;-))

      Paco.-

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