Un globo, dos globos, tres globos…

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Seguro que a muchos de vosotros os ha venido a la cabeza aquella canción infantil que empezaba como el título de este post y continuaba diciendo aquello de:

la luna es un globo que se me escapó…

la Tierra es un globo donde vivo yo.

Claro que para los más jóvenes es muy probable que tanto el título, como la continuación de esa canción y esos globos en particular les puede sonar a chino mandarín o a otro idioma de comprensión igual o más difícil.

El globo de esa canción era el protagonista de la sintonía de cabecera de un programa destinado al público infantil y juvenil, que emitía Televisión Española allá por la década de los setenta. En él se incluían dibujos animados, series, concursos, sin descuidar aspectos educativos en reportajes donde se podían aprender multitud de cosas. Era una época en la que no habían canales televisivos exclusivamente infantiles, capaces de emitir las veinticuatro horas del día, tal y como sucede ahora y por entonces aquel espacio era el único destinado a los más pequeños de la casa, donde un globo, un simple globo era el protagonista.

Está bien, admito que por mis palabras se puede vislumbrar claramente esa añoranza y recuerdo a aquella época, en cierta medida creo que es normal, porque todos en mayor o menor medida recordamos con nostalgia y cariño aquellos días en los que éramos pequeños, pequeños de verdad, inocentemente pequeños. Sin embargo, no quiero hacer de este post un viaje a nuestra infancia, aunque sí establecer una similitud entre la figura de aquel globo y la de otro globo, que a pesar de la distancia que los separan, tienen mucho en común.

Un globo, es algo tan sencillo y simple como un material elástico en cuyo interior contiene gas (helio, para que le permita ascender) y que lo mantiene erguido apuntando al cielo de manera permanente, claro que también los hay de agua, pero esos no vuelan. Los hay a cientos, a miles, a millones y algunos son:

lisos, transparentes, opacos, de uno o múltiples colores, estampados, con forma de corazón, de cerdito o de un gigante balón; los hay para niños, para niñas, para quienes cumplen años, para quienes celebran su Primera Comunión, para la novia que se convierte en esposa o para el torero tras su primera ovación; atados a la muñeca de un niño, sujetos en la valla de una casa, cogidos a una veleta en lo alto de un tejado o anclados al suelo por el peso de unas piedras que les impiden su vuelo… todos son globos, simples globos.

Y entre tanto y tanto globo está ese otro sobre el que se rotula un tiempo, una marca, una referencia, una guía. Es ese globo que se deja ver en muchas carreras y que dentro del mundo del running se conoce familiarmente como autobús. Sí, también existe ese tipo de globo y todos, todos los habréis visto en carreras en las que hayáis participado o en las que tal vez sólo hayáis asistido como público.

Son los globos que marcan los tiempos dentro de una prueba, esos que ayudan a todo corredor que lo desee a mantener un ritmo durante el transcurso de la misma sin necesidad de tener que ir preguntándose en cada kilómetro si está manteniendo la velocidad necesaria para alcanzar su marca prevista. De esa manera, gracias a ese globo de referencia, sólo hay que limitarse a correr, sin más y preocuparse de ir haciendo frente a la carrera dentro de las posibilidades de cada uno.

La elección del globo adecuado es vital para obtener un buen resultado en la carrera, por lo que es fundamental saber dónde tenemos nuestro límite, siendo objetivos sobre cuál es nuestro tiempo y cuál es nuestro ritmo óptimo. De nada sirve subirnos a un autobús con un ritmo por encima del nuestro, puesto que ello arruinará nuestras pretensiones y tarde o temprano veremos marchar ese globo, perdiéndose poco a poco en la distancia. Obviamente, un error similar cometeremos al pegarnos a un globo que marque un ritmo inferior al nuestro, haciéndonos perder un tiempo muy valioso, que luego será imposible de recuperar.

Mucho más importante es la responsabilidad de todo aquel corredor que porta ese globo, con un tiempo predefinido y que deberá conducir con cabeza y confianza las zancadas de cuantos participantes decidan unirse a él, no en vano tiene en su manos, o mejor dicho en sus piernas, un ritmo que ha de mantener constante a lo largo de toda la carrera, tomando la precaución de cuidar los altibajos y evitar a toda costa unos cambios de ritmo que pueden provocar el descuelgue de parte de esos corredores que ponen en él sus esperanzas de conseguir el tiempo deseado.

Pero ojo, no quiero que mis palabras se tomen como la necesidad que existe de pegarse a un globo, cuando participamos en una prueba, ni mucho menos. La mayoría de corredores no precisan o no les gusta subirse a ninguno de esos autobuses aerostáticos, por lo que ellos mismos marcan su propio ritmo, pero sí es cierto que la posibilidad de contar con ese servicio en una prueba facilita a otros muchos el mantener un ritmo de carrera, sobre todo en aquellos con menos experiencia o que tal vez estén acostumbrados a correr en grupo, junto a otros corredores que lleven el mismo ritmo que el suyo.

En definitiva es un uso más para un globo, pero que va mucho más allá de ese tiempo que lleva impreso, porque de ese hilo, atado a la muñeca o a la cintura del corredor que lo porta y que lo condena a estar cerca del suelo, donde todos pueden verlo, penden ilusiones, deseos, sueños en forma de kilómetros y que esperan ver cumplidos, como recompensa a todo un silencioso trabajo de entrenamiento, de preparación y que ha empujado a quien se pone sus zapatillas y el dorsal, a situarse junto a su sombra, para hacer de él su faro, su guía, el horizonte de su meta.

Quizá, por todo eso, cada vez que participo en una carrera me gusta fijarme en los corredores que llevan esos globos y de todos cuantos se pegan a él, formando una especie de séquito, de legión, que lo siguen como si de un líder se tratara… igual como hace muchos años, cada tarde, sentado frente al televisor ponía mi atención en la pequeña pantalla, donde unos dibujos animados cantaban aquella canción y sin darme cuenta me asía a unos globos que me llevaban a imaginar y a soñar.

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Un globo, dos globos, tres globos…

¿Eres de los corredores a los que le gusta, en una carrera, seguir a un globo cuyo tiempo previsto está dentro de tus planes o simplemente prefieres ir a tu ritmo?, ¿crees que subirse a ese autobús es una garantía de éxito o prefieres no poner en manos de nadie todo tu trabajo realizado, y que te ha posibilitado poder tomar la salida de una prueba? En cualquier caso, seguro que has visto estos globos y te has fijado en ellos. Anímate y deja tu punto de vista en este tema y si te ha parecido interesante este post, compártelo. Muchas gracias.

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