Una conversación de ascensor

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No siempre una conversación puede resultar interesante, pero es cierto que de alguna manera en toda conversación siempre podemos sacar una conclusión más o menos provechosa, más o menos válida. Sea para bueno o para malo, lo cierto es que soy de los que le gusta prestar atención cuando entablo una conversación y ahondando un poco más en el tema, os diré que me siento más a gusto escuchando que hablando, entre otras cosas porque creo que es atendiendo al otro interlocutor, con independencia de estar más o menos de acuerdo con lo que escuchemos, cuando aprendemos y nos vamos enriqueciendo con más conocimientos y puntos de vista, con los que te puedes sentir identificado o no, repito.

Fue precisamente en una conversación totalmente casual, de esas que forman parte de nuestro día a día y que a priori no debe dejar un recuerdo más allá del breve instante que perdura en nuestra mente tras haberla finalizado, no ocupando tiempo, ni espacio alguno en nuestra memoria, pero que sin embargo protagoniza mis palabras de este post. Dicha conversación se inició en el garaje de la comunidad en la que vivo y la misma la entablé con Gustavo, un vecino de los pocos con los que cruzas palabras que van más allá de los típicos y protocolarios comentarios del tipo: “vaya un calor que hace hoy”, “menos más que ya estamos a jueves… como se va pegando la semana” o la siempre socorrida pregunta educada que dice aquello de “¿todo bien?”.

Gustavo es de mi quinta, concretamente un año menor que yo y entre sus aficiones también figura el running, algo que sin duda nos ha hecho ser afines desde bastante tiempo atrás, por lo que en muchas de las ocasiones en las que nos encontramos suele ser frecuente el intercambio de impresiones o puntos de vista respecto a este deporte. Un deporte que practica su hijo y del que él se confiesa, sin necesidad de decirlo (basta con ver el entusiasmo que se desprenden de sus palabras), un apasionado y que en más de una ocasión me ha sorprendido por el conocimiento y el seguimiento que hace de las competiciones que se celebran a nivel nacional e internacional.

En esta ocasión la conversación se inició con nuestras opiniones sobre la reciente San Silvestre murciana, celebrada días atrás, y los escasos minutos que hay en el breve paseo en ascensor desde el sótano a la planta donde tiene su vivienda, se vieron prorrogados por la alegría que me produjo el escucharle decir:

– Paco, esta semana empiezo a correr. He tomado la decisión y voy a empezar poco a poco, sin grandes tiempos, ni ritmos altos, pero con constancia.

Como podéis imaginar, me alegró escuchar esa declaración de intenciones, ese propósito y coincidiréis conmigo que para cualquiera de nosotros, practicantes y amantes de esto de correr, escuchar que alguien nos dice que va a empezar a hacer eso precisamente, correr, no sólo nos produce una gran alegría, sino que nos hace sentirnos un poco más identificados y cercanos a él.

Mis palabras, sin duda, fueron de ánimo, de alegría, pero preferí callar y dejar que hablara él, por ese pequeño defecto que he comentado antes de gustarme escuchar a los demás y por querer saber cuáles iban a ser sus objetivos o metas marcados a corto plazo, si es que los tenía en ese planteamiento inicial que lo iba a llevar a darle a lo de gastar suela.

– No sé si este año correré o no alguna carrera, no tengo prisa – me dijo – porque mi objetivo está marcado para febrero del año que viene, del 2017, en Orihuela, donde que quiero hacer mi primer medio maratón. Y si antes hago alguna, bien, vale, alguna corta… pero para esa es para la que quiero prepararme estos trece meses. Quiero perder peso y nada, ir poco a poco

Mi dedo oprimía el botón que evitaba el cierre de las puertas del ascensor, dentro del que me encontraba ya solo, con Gustavo hablándome y mirándome desde el rellano de la escalera, compartiendo con la generosidad y la amabilidad que le caracteriza una ilusión que me contagió al instante. Tras un par de minutos más de conversación nos despedimos y el aparato elevador puso distancia de por medio entre ambos… me resultó curiosa esa extraña sensación que se tiene cuando tras el cierre automático de las puertas de un ascensor parece como si de repente nos alejáramos mucho, muchísimo, de donde acabamos de estar y lo ridículamente absurda que en realidad es esa percepción (¿no os ha pasado?, seguro que sí).

Llegué a casa aún con el recuerdo de la conversación que acababa de mantener y el mismo quedó diluido por la rutina y los quehaceres de lo que restaba de día, pero sin embargo, días después y cómo no, mientras hacía uno de mis entrenamientos, me volvió a la cabeza esa conversación de aquella tarde y me di cuenta qué diferentes somos las personas y nuestro comportamiento ante una misma situación. Me explico…

A lo largo de los cerca de catorce años que llevo practicando este deporte, he conocido y he visto a gente que sin apenas haber empezado a correr se han animado enseguida a tomar parte en una carrera, de igual manera como también he tenido la oportunidad de conocer a esos otros que raramente suelen participar en una prueba y para los que correr no va unido a nada de cuanto rodea este deporte hoy día. Amigos que sin llegar casi a haberse atado las zapatillas han corrido un medio maratón en apenas unos meses y no satisfechos con eso han dejado su huella en la distancia de los 42K, como si de una conquista o un reto personal se tratase.

Pero creo que no sólo me ocurre a mí, porque no me equivoco al decir que todos tenemos amigos, familiares o conocidos que de la noche a la mañana se atiborran a kilómetros semana tras semana, se apuntan a carreras y carreras y se vuelven unos asiduos de las pruebas populares, convirtiendo los domingos en un día por y para correr, pero a ser posible rodeados de gente y con un dorsal en su pecho.

Tal vez por eso, por ese desmesurado boom que rodea al running, ese propósito de mi querido vecino de querer llegar a correr un medio maratón en un plazo de algo más de un año y la premisa de ir poco a poco fue algo que no sólo me sorprendió, sino con lo que me identifiqué, porque fue un tiempo similar a ese el que transcurrió desde el día que decidí que me iba a convertir en un practicante de la carrera de fondo y la participación en mis primeros veintiún kilómetros.

No quiero decir, ni mucho menos, que todos debamos seguir un mismo patrón de comportamiento a la hora de participar de este deporte, Dios me libre, ni que éste deba ser más o menos lento, ni más o menos ambicioso, pero sí que soy partidario de ir paso a paso, de ir recorriendo el camino poco a poco, disfrutando del trayecto e ir aprendiendo y descubriendo tanto cuanto rodea al running y tanto cuanto hay de él en nuestro día a día, en nuestra vida, porque como suelo decir a menudo, la vida es una carrera de fondo y no hay nada como hacerla poco a poco, sin detenerse, pero también sin tener prisa por llegar a la meta.

Sí, tal vez fue sólo esa conversación de ascensor la que me sirvió para escribir estas palabras, pero confío, espero y deseo que también sea el comienzo de muchos, muchos kilómetros de un nuevo runner… y sí, de nuevo sí, llamadme romántico o clásico, pero soy de los que piensa que aquello que cala poco a poco queda para siempre, ¿o no?

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En el ascensor… hablando de correr

¿Eres de los que compartes mi punto de vista y vas poco a poco en este deporte o crees sin embargo que debe darse rienda suelta a las ganas y lanzarse de lleno a correr todo cuanto nos plazca? ¿Ves también necesario una frecuente participación en carreras para sentirse como un miembro más de la tribu urbana que salimos a correr? Anímate y deja tu punto de vista y si crees que te ha parecido interesante este post, compártelo. Muchas gracias.

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