Una de plantillas (con razón)

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– El niño necesita unas plantillas para corregir el defecto que tiene en el puente… – y problema solucionado, ¿verdad? Un problema menor que ni tan siquiera era considerado como tal muchos años atrás y que hoy es atendido y tratado como se merece, porque no debemos olvidar que, como animales bípedos que somos, ponemos en nuestras extremidades inferiores todo nuestro peso al caminar y son los pies los que en función de su apoyo con el suelo podrán generarnos problemas en nuestra columna y por extensión en todo nuestro cuerpo, sin mencionar que las plantas de nuestros pies es un extensa superficie donde se encuentran las terminaciones nerviosas de nuestro organismo y que por lo tanto debemos prestarle la atención que se merece.

Lógicamente podréis pensar que como buen corredor y dado el carácter runnero de este blog, lo normal es que este post trate sobre los procedimientos más adecuados para evaluar la necesidad o no del uso de plantillas, cómo deben ser éstas, su tiempo de uso, qué precios pueden tener o incluso qué materiales son los más indicados para la fabricación de unas plantillas, de unas cómodas y efectivas plantillas, ¿verdad? Pues no, a pesar de lo que os ha podido parecer al leer mis primeras palabras, no van por ahí los tiros, para nada. Os diré por qué…

Fue la pasada semana, mientras cenaba viendo el famoso programa nocturno que tiene por protagonistas a dos hormigas geniales, cuando su presentador doy paso a un invitado muy especial: un tipo cuya edad estaba bien entrada en la decena de los cuarenta, sin brazos de nacimiento y que tocaba la guitarra con sus dos únicas extremidades, la mismas con las que andaba, las mismas que nos ayudan a caminar y que para nosotros, considerados como normales, no tienen uso alguno más allá de cumplir esa función locomotriz.

Mark Goffeney, que así se llama el señor, es un músico de San Diego reconocido internacionalmente, cuya demostración dejó boquiabiertos a todos los presentes en el estudio y con toda seguridad a todos quienes en ese momento estábamos presenciando el programa. Verle tocar el instrumento de cuerda con sus dos pies tuvo un gran impacto visual, pero mucho más aún fue la lección de vida que se escondía detrás de aquella imagen. La lección de ser capaz de llevar una vida totalmente normal, a pesar de su falta de brazos, simplemente por el hecho de querer proponérselo…

“Sea lo que sea que quieras hacer, lo más importante es que tengas fuerza de voluntad”

Esas fueron sus palabras de despedida y ante las que nada más se puede añadir, sobre todo cuando quien las pronuncia lo hace tras haber llevado a cabo semejante demostración.

Y después de esa entrevista volví a pensar en las plantillas, en esa prótesis insignificante capaz de corregir y solucionar un problema en nuestros pies. Necesarias, por supuesto que sí y que debemos utilizar si con ellas corregimos una deficiencia física y mejoramos nuestra calidad de vida. Y de las plantillas, me fui a las gafas, de las gafas a un implante de muelas y seguí por una pierna ortopédica, una prótesis de cadera, una silla de ruedas, incluso una mano biónica y terminé en la cabeza, y más en concreto en lo que se cuece dentro de ella. Y dentro de ella, sencillamente, estamos nosotros.

Todo aquello que llevamos a cabo, todo lo que hacemos, requiere de ciertas dosis de voluntad y esfuerzo, en unos casos mayores o menores, dependiendo del grado de dificultad y del agrado que nos produzca. Correr es una de esas actividades que requiere de ambas cualidades, voluntad y esfuerzo, junto a otras que suelo repetir en tantas ocasiones, pero a las que ahora no me voy a referir (constancia, disciplina, etc.). De esta manera, coincidiréis conmigo en esta afirmación de Perogrullo: Corremos porque queremos (voluntad) y haciéndolo nos cansamos (esfuerzo), así de sencillo.

De esa manera, y volviendo al runrún que me daba vueltas, pensé que tal vez a la anterior frase entrecomillada del bueno de Mark Goffeney, faltaba añadirle algo y que si bien la fuerza de voluntad es fundamental, ésta también debe ir acompañada de una amiga inseparable y que no es otra que la motivación. Porque, ¿de qué nos sirve una fuerza de voluntad del tamaño de un elefante si ésta no se utiliza para conseguir algo que deseamos? Sencillamente, creo que para nada y será una buena motivación la encargada de mantener viva esa fuerza de voluntad, la que le dará sentido y la que, en definitiva, permitirá ver el resultado de esa cualidad, única como tantas en el ser humano y con la que es capaz de alcanzar todo aquello que se propone.

Lógicamente, la motivación de ese músico único debió ser enorme desde el día que nació y sólo junto a una fuerza de voluntad envidiable se puede llegar a entender lo que ha sido capaz de conseguir y sigue consiguiendo día a día. Metafóricamente, sin esa motivación habría sido como un potente barco que navegase y navegase sin parar en miedo del mar, pero sin un rumbo establecido, sin un faro al que apuntar su proa y que habría terminado gastando todo su combustible y quedado a merced de las olas.

Concediéndole a ese símil el carácter deportivo de este blog, la motivación es como ese arco de meta que deseamos cruzar con la satisfacción de haber conseguido nuestra mejor marca o simplemente de haber completado la distancia en liza y la fuerza de voluntad habrá tenido en ese fin el acicate que necesita para hacernos salir a correr cada día, siempre con esa meta en su horizonte. Sin embargo, la falta o la debilidad de alguna de estas dos compañeras inseparables provocará el fracaso de ambas.

Y cómo no, mi perorata no podía quedar en ese punto muerto y comprendí con claridad que cualquier carencia, defecto o tara física que tengamos puede ser solucionado con prótesis creadas para ello, como esas plantillas para nuestros pies, pero la ausencia de fuerza de voluntad o de motivación no atienden a ese sencillo remedio, no por supuesto que no. ¿Entonces?, me pregunté… entonces fue cuando caí en la cuenta que no quedará más remedio que echar mano de la razón. Nuestra razón será la única que nos dará los argumentos para seguir o abandonar, para empezar o nunca comenzar, ella deberá alimentar la chimenea de la motivación, echándole leña que avive su llama, concediendo así el calor que precisa la fuerza de voluntad.

Esos argumentos serán como meras plantillas de la razón, calzas imaginarias que deberemos usar cuando nuestra motivación ande lastimada o nuestra fuerza de voluntad se encuentre agotada. Todos, todos tenemos argumentos, motivos, razones que podemos usar como plantillas a medida y colocarlas bajo esos pies imaginarios que nos hacen movernos cada día, sin necesidad de llegar a ponerlos en el suelo. La vida está llena de esas razones, están ahí para alargar nuestros brazos y cogerlas… y si no tenemos brazos, siempre podemos cogerlas con los pies, porque sólo es cuestión de querer, de quererlo y de querernos.

Para caminar no sólo hacen falta unos pies, para saltar no sólo hacen falta unos pies, para correr no sólo hacen falta unos pies, pero sin ellos también lo podríamos hacer, ya que sólo es cuestión de motivación y fuerza de voluntad y si eso nos falla… si eso nos falla pongámosle plantillas a nuestra razón.

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Una de plantillas

Con plantillas o sin ellas, pero siempre con fuerza de voluntad y motivación llegaremos allá donde queramos, porque ellas son las mejores herramientas que puede tener nuestra razón. Si queremos correr, correremos, si queremos soñar, soñaremos y por supuesto, si queremos vivir, viviremos, sólo es cuestión de querer y para ello sólo tenemos que escuchar a nuestra razón… con plantillas o sin ellas. ¿Te ha gustado este post?, si es así anímate y deja tu opinión, y compártelo si crees que hay alguien a quien puede resultarle interesante. Muchas gracias.

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