Una de vacaciones

post vacaciones

Resulta indiscutible que el principal objetivo, perseguido por cualquier período de vacaciones, sea el de aportar el merecido descanso que todos precisamos, sobre todo después de un largo e interminable curso, comenzado allá por el mes de septiembre del año anterior y es que, no nos equivoquemos, los años se miden de otoño a otoño, por mucho que el almanaque se empeñe en ponernos a enero como el primogénito de los meses del año.

Como consecuencia de esa división natural del tiempo laboral, es comprensible que las vacaciones veraniegas sean lo más parecido a cruzar una línea de meta, tras habernos quedado exhaustos y vacíos de fuerza a lo largo de una invisible carrera de fondo cuyo premio parece escribirse con atractivas letras que, de manera figurada y sobre un enorme arco hinchable, nos anima y empuja, al leer esa palabra mágica:

Vacaciones

Y sí, pasas bajo ese arco imaginario, respiras hondo y una placentera sensación de bienestar te embarga desde el primer minuto, dibujando una sonrisa en tu rostro directamente proporcional al tiempo que resta para la finalización de ese idílico estado emocional, que se interrumpe de manera brusca el primer día que nuestras vacaciones se consumen de la misma manera que lo hace la cera de una vela. Pero no seamos negativos, disfrutemos del dulce sabor de esas vacaciones, que ya tendremos tiempo de deprimirnos cuando llegue el fatídico día del fin de esos días de despreocupación ocupacional.

Días de playa, campo o monte, viajes, siestas, museos, senderismo, largas sobremesas, noches de fiesta, amaneceres y puestas de sol, mercadillos bajo un sol de justicia, bañadores y crema protectora, paellas a la orilla del mar, mosquitos, tardes de cine, melocotón y sandía fresca, paseos en bicicleta, granizado de limón… descanso, libertad… vacaciones.

Nada que todos no sepamos, nada que todos no hayamos experimentado de manera más o menos parecida, empleando ese tiempo de asueto en aquello que nos llena y nos reconforta, que nos alimenta y nos da vida. Desde un punto de vista deportivo, runnero para más señas, en muchas ocasiones, esas vacaciones suelen entenderse de dos maneras diferentes, a saber: concebirlas como un período de descanso completo o como una etapa de relajación, donde se levante el pie, pero sigamos ejercitando nuestro cuerpo.

Es entonces cuando nuestras vacaciones pueden convertirse en un arma de doble filo y por qué, os preguntaréis. Muy sencillo, con frecuencia, tras un período de descanso o de desconexión, el corredor puede experimentar cierto desconcierto, cierto vacío, algo así como una falta de motivación para volver a engancharse, mostrando apatía o falta de apetito en cuanto a lo que a correr se refiere.

Volviendo al plano laboral, algo así a lo que acabo de referirme es lo que hace años se ha puesto de moda en denominar como síndrome postvacacional, ocupando espacios en informativos y programas televisivos donde las recomendaciones más pueriles y simples sirven para llevar de la mano al depresivo trabajador que ha consumido ya sus ansiadas vacaciones. De manera que, por similitud, también deberían apiadarse de nosotros, runners, y facilitarnos algunos de esos simples consejos para volver a tirarnos a las calles a correr como gamos y hacer kilómetros como si no costara.

Pero mientras que esa petición, lanzada al viento, llega a las redacciones de noticias y deciden hacer algo por nuestro gremio, voy a tomarme la libertad de dejaros un puñado de consejos que son los que cada año me administro en pequeñas dosis, de manera gradual, hasta volver a coger esa rutina corredora que protagonizaba mi día a día. Para ello, nada tan sencillo como:

– Fijarse una meta a medio o largo plazo (algo tan de Perogrullo que me tomo la libertad de no desarrollar);

– Llevar a cabo entrenamientos variados, combinando entrenos de carrera con fuerza y ejercicios de fortalecimiento de extremidades (superiores e inferiores);

– Progresiva carga de kilómetros, que nos dará física y mentalmente una adaptación gradual a nuestro cuerpo.

Visualizarnos como corredores: saber dónde estamos, qué perseguimos de cara a la nueva temporada.

Esas cuatro pinceladas nos deben hacer comprender que somos deportistas populares, estableciendo límites que no nos comprometan hasta el punto de hacer que nuestro deporte se convierta casi una asignatura obligada. Corremos porque nos gusta, porque queremos y disfrutamos con ello, pero seamos cabales y no sobrepasemos esa delgada e invisible línea que separa lo normal de lo que no lo es. Por eso, es posible que ahora, tras ese período de vacaciones, sea un buen momento para planteárselo.

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Vacaciones.

Y tú, ¿eres de los que en tus vacaciones cuelgas las zapatillas o te relajas, pero sin dejar de correr? De alguna manera, las vacaciones es el paso previo a la pretemporada. Comparte tu experiencia, deja tu punto de vista y si te ha gustado este post, compártelo. Muchas gracias.

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