Una de trampas, tramposos, pícaros y… zapatillas

tramposos

El pasado fin de semana, con motivo de la celebración de la nueva edición del Medio Maratón de Madrid, volví a encontrarme con una demostración más del buen número de tramposos y astutos que moran en este país, hasta la fecha, llamado España. Un ejemplo que vino a sumarse a otro hecho del que tuve conocimiento tiempo atrás y cuyo origen se sitúa en el Maratón de Valencia, allá por el pasado mes de diciembre de 2018. Con esos dos apuntes es fácil deducir que hoy la cosa va de pillos o de listos.

Si algo que nos ha caracterizado a los españolitos de a pie, desde el principio de los tiempos, ha sido esa picaresca de la que siempre hemos hecho gala. Picaresca que quedó perfectamente retratada en el prolífico Siglo de Oro de nuestra literatura, donde nos encontramos con personajes universales como los de El Lazarillo de Tormes, Guzmán de Alfarache o el mismo Buscón, de Francisco de Quevedo. Quizá todo sea fruto de ese legado literario que nos precede o quizá simplemente sea una cualidad de nuestro gen ibérico, una característica, que a menudo se manifiesta como prueba evidente del descaro o la frescura de la que hacemos gala.

Sea como fuere, conviene hacer una clara diferenciación entre el pícaro, entendido como tal, y el tramposo o caradura. Aunque ambos términos se consideran sinónimos, el primero podremos clasificarlo como el listo o espabilado, mientras que al segundo lo aproximaremos más con el embustero, aquel que hace trampas en el juego.

Son precisamente las trampas de esos tramposos las que pongo de relieve, simplemente como una denuncia inofensiva de lo que no se debe permitir, aunque tal vez sea más correcto decir, que no se debe cometer; ya que si algo tiene el tramposo es que buscará todas las mañas posibles para burlar la legalidad y llevar a buen puerto sus maliciosas intenciones.

Nuestro día a día está lleno de trampas, tantas como tramposos, son aquellas como, por ejemplo:

Contar casillas de más en el parchís, copiar a la hora de hacer un examen, saltarse la cola del cine para sacar unas entradas, utilizar el transporte público sin pagar, simular accidentes para engañar a las compañías de seguros y de ahí en adelante hasta llegar a otras con unas cotas de desvergüenza más escandalosas.

Existen muchos más ejemplos, todos diferentes entre sí y cuyo objetivo es simplemente el de obtener un beneficio a costa de echarle morro al asunto, saltándose la normas y reglas que el orden normal nos dicta. Y dentro de tantas trampas, me quedo, como no podía ser de otra manera, con las que están relacionadas con nuestro querido deporte de correr, nuestro querido running. Entre ellas encontramos un pequeño ramillete bien conocidas por todos, pero no por ello, menos sonrojantes y denunciables. De todas ellas me quedo con la siguiente terna, clásicas entre la clásicas y conocidas por todos, pero cuyo final, en ocasiones, puede llegar a sorprender incluso a los propios tramposos. Son estas:

1.- El recorte como práctica habitual: ¿quién no ha presenciado en cualquier carrera a esos corredores que se suben a la acera aprovechando los cambios de dirección a 90° (lo que vienen siendo las esquinas vamos) para atajar parte del recorrido y recortar o sacar distancia al resto de participantes? Quizá sea una trampa de poca envergadura, pero en el cómputo global de la prueba os aseguro que se reducen un buen puñado de metros y, lógicamente, de segundos.

La anécdota:

En una prueba presencié, con tremendo dolor, como uno de esos recortadores ponía en serio peligro su potencial paternidad al arrollar un pivote metálico de los que a menudo vemos en las aceras para evitar el estacionamiento de vehículos en ellas. El golpe fue tal que dudo seriamente que siga practicado tan peligrosa y tramposa costumbre.

2.- Yo también soy finisher: la cada vez más habitual medalla de finisher, al completar una prueba, parece haberse convertido en una preciada recompensa, hasta el punto de llegar a ser pretendido por corredores que, sin haber completado la distancia, son capaces de recoger en zona de meta, mostrándose con una amplia sonrisa y sin rubor alguno, como merecedores de tal metal. Pero ser finisher no solo lleva implícita la consecución de esa medalla, sino también tener acceso y disfrutar de los obsequios y productos que se entregan en la llamada zona postcarrera.

La anécdota:

en más de una ocasión he compartido esa zona de llegada a meta con corredores y familiares de esos que disfrutaban, como si de participantes se tratasen, de bebidas, fruta y bocadillos a dos carrillos, mientras algunos eran capaces de mostrar, colgada de su pecho, una medalla de finisher idéntica a la de su orgulloso vástago.

3.- Correr por la jeta: el pagar y lucir un dorsal que nos acredite como legítimos corredores de una prueba es algo tan evidente que carece de explicación, de ahí que los haya tan avispados que son capaces de fotocopiar el dorsal de algún amigo con el único fin de ahorrarse unos eurillos y poner su mano, con total derecho y mucho morro, para beneficiarse de todo aquello que una carrera es capaz de ofrecer a los participantes.

La anécdota:

Algunas pruebas ofrecen, entre los corredores, premios con los que la organización obsequia a los mismos mediante el sorteo al que se tiene acceso gracias al número de dorsal. Lo sorprendente sucede cuando el agraciado con el premio estrella, consistente en un dorsal y viaje pagado para participar en un prestigioso maratón, resulta ser para uno de esos tramposos, descubriéndose el engaño y descalificando al corredor cómplice y por supuesto perdiendo el premio con el que había sido agraciado.

Son simples trampas, de mayor o menor importancia, pero en cualquier caso ahí están, para retratar a unos tramposos que, con completa naturalidad campan a sus anchas allá por donde pasan, casi siempre sin ser descubiertos; y es que no nos equivoquemos, el que es un tramposo lo es vestido de corto o de largo, con zapatillas o mocasines, ¿no os parece? Por cierto, las dos pruebas citadas en el párrafo de inicio de este post, hacen referencia al primer y tercer ejemplo de mi terna anécdotas recogidas.

tramposos

STOP, Tramposos

Y tú, seguro que habrás visto a numerosos tramposos dentro de nuestro querido deporte, ¿verdad? Anímate y cuenta tu experiencia y si te ha gustado este post, compártelo. Muchas gracias.

Deja una respuesta