V Pinatar Full Moon Race (San Pedro del Pinatar)

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Cartel de la carrera (Fuente: web de la prueba)

Lugar: San Pedro del Pinatar (Murcia)

Día: 28 de julio de 2018

Hora: 21,30 horas

Distancia: 7.500 m (distancia no homologada)

Organizada por: Concejalía de Deportes del Ayto. San Pedro del Pinatar y la Federación de Atletismo de la Región de Murcia y puntuable para la Running Challenge de la Región de Murcia.

Recorrido: la carrera tenía instalada su salida y meta en la Dársena Deportiva Marina de las Salinas, del Puerto de San Pedro del Pinatar, iniciándose el recorrido dirección a San Pedro del Pinatar, por la carretera que transita con las charcas del Parque Natural de las Salinas y los Arenales de San Pedro a un lado y a otro de la marcha, hasta desembocar en la carretera que conducía dirección a la provincia de Alicante, donde se giraba a la derecha nada más acceder a ella, dando paso a un camino de tierra donde se encontraba situado al inicio del mismo el tercer punto kilométrico y cuya longitud rondaba una distancia aproximada de algo más de un kilómetro. Tras esa parte de la carrera y con anterioridad a la parte de playa, esperaban varios cientos de metros de pavimento adoquinado, que precedido de una pasarela de madera era el preámbulo de las playas naturales de El Mojón y Torre Derribada, que se recorrían en su totalidad, hasta llegar nuevamente a los alrededores del Puerto de San Pedro, volviendo a entrar en la Dársena Deportiva y completar así una distancia inferior a la de años anteriores y que quedó registrada en unos 7,5K.

Bolsa del corredor: inexistente, como en todas las ediciones anteriores. No hubo bolsa del corredor, como tal y únicamente se recibía, en el momento de la retirada del dorsal, la tradicional camiseta conmemorativa de la carrera aquellos participantes que habían escogido la modalidad de inscripción en la que se recibía esta prenda, ya que se podía escoger la opción económica, que era sin camiseta o bien que la inscripción se hubiese formalizado dentro de la última semana, en cuyo caso solo existía la primera opción.

Organización y atenciones: los cinco años de vida de esta prueba evidencian su buena salud, pese a la paulatina pérdida de inscritos que va sufriendo año tras año, fruto del exceso de oferta de carreras dentro de calendario y no porque esta haya visto mermada su atención y organización en sí. La carrera de nuevo volvió a brillar gracias a la buena organización de siempre, cuidando y mimando, sin excesos, los detalles que debe tener una carrera, si se quiere que la misma deje un buen sabor de boca.

Como sucediera desde la primera edición, la prueba volvió a ser una de las puntuables dentro de la Running Challenge, confirmándola como una de las clásicas del verano. Se volvió a contar con una amplia zona de aparcamiento y un control del tráfico exquisito, por parte de la Policía Local, que con rigor cuidó que la interferencia entre vehículos y atletas fuera nula durante todo el tiempo que duró la celebración de la prueba, llegando a cortar el tráfico por completo antes y durante la carrera.

La organización se completó con una ágil recogida de dorsales, avituallamiento en el ecuador de la prueba, servicio de ambulancia y Protección Civil, un post carrera a base de bebidas y fruta, así como un cronometraje general (que no real), un servicio de megafonía cuyo maestro de ceremonias fue el inconfundible Gaspar Zamora, guardarropa, vestuarios y duchas y una variada oferta de bares y restaurantes donde poder recuperar fuerzas una vez finalizada la prueba, todo en un entorno deportivo-festivo y con el sabor inconfundible de esta bonita prueba. Sin olvidarse, como es habitual, de la obligatoria ceremonia de entrega de trofeos y la celebración de pruebas infantiles, por las que desde la organización se ha apostado desde la primera edición celebrada, allá por 2014.

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Salida de categorías menores (Foto: www.lineadesalida.net)

A pesar de la buena organización hubo algún detalle mejorable, como fue la ausencia de señalización de los puntos kilómetros, salvo que mi estado de concentración durante la carrera me impidiese reparar en ellos. Algo que también me sorprendió fue que con una semana de antelación para la celebración de la prueba ya no se pudiese formalizar la inscripción de la misma con la opción de recibir la camiseta conmemorativa y, por último, que de nuevo se volviese a cambiar el horario de salida, que casi ha contado con un cambio en cada edición. En mi opinión, la hora ideal para esta carrera son las 22:00 horas, puesto que de esta manera se garantizaría que el principal atractivo, el de la luna llena, luciese con todo su esplendor durante la totalidad del tiempo de la prueba.

Por último, repetir un pequeño apunte que siempre he demandado desde la primera edición: creo firmemente que la colocación de luz natural en el tramo de playa, a modo de antorchas o similar, dotaría a la prueba de un atractivo añadido que con toda seguridad sería alabado. Una iluminación más bien testimonial, no imprescindible para correr por esa zona, sino más bien como un reclamo más.

Podio: Zacarías Rqiq Iglesias, junior promesa del Club Rajaos Runners, fue el ganador masculino con un tiempo general de 25’37”, llegando en segundo y tercer lugar respectivamente: José Carlos Caparrós García (con un tiempo general de 26’03”– M35M del Club París Grupo Inmobiliario) y Bienvendo Ballester Martínez (con un tiempo general de 26’15” – junior promesa del 30740 Club Deportivo).

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Zacarías, ganador absoluto (Foto: www.lineadesalida.net)

En mujeres, la vencedora fue Mar Gómez Nicolás, M45F del Club Rajaos Runners, con un tiempo general de 31’53”, llegando en segundo y tercer lugar respectivamente: Beatriz Ríos Morata (con un tiempo real de 32’13” – M40F del Grupo Alcaraz) y Irma Lorena Duchi Gómez (con un tiempo general de 32’48” – M35F del Club Espuña Trail).

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Mar, ganadora absoluta (Foto: www.lineadesalida.net)

Muy personal: la del sábado representaba mi quinta participación en una prueba en lo que llevamos de año y al mismo tiempo mi cuarta presencia en las cinco ediciones que celebraba ya la Pinatar Full Moon Race. Llevar tan pocas carreras disputadas a la altura de la temporada en la que nos encontramos y que esa nueva participación fuera para hacerlo en un escenario como el de San Pedro, era un hecho lo suficientemente motivador para que mi presencia en ella a fuese todo un regalo.

Mi idea para la carrera en la que estaba a punto de participar era la entregarme a ella cuanto pudiese, con prudencia, pero sin escatimar en esfuerzo. No llevaba una marca que buscar, un tiempo que conseguir y sí, tan solo, entregarme a una carrera a la que adoro de manera gradual, yendo de menos a más e intentar que la sensación una vez concluida la carrera fuese la de satisfacción personal, por haber conseguido mi propósito.

Con ese diálogo interior llegué a la zona de salida, acompañado de las chicas de casa, que me dejaron para que recogiese el dorsal, emplazándonos para volver a vernos más tarde, cuando la carrera estuviese a punto de comenzar o ya hubiese terminado. Así, con mi particular punto de vista del mundo de este deporte llegué hasta el punto de recogida de dorsales y empecé a empaparme de un ambiente que, una vez que lo pruebas, no puedes dejar pasar, disfrutando tan solo con el hecho de sentirte rodeado de tanta gente que, como tú, lo sienten y viven.

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Recogida de dorsales, sábado tarde

Me sentía bien, sin tensión o nervios por la carrera que daría comienzo 90’ más tarde y las conversaciones con amigos que fui encontrándome hicieron que esa sensación se hiciese aún más placentera. La alegría que siempre da ver y hablar con amigos como…

José Romero o como recibir una inyección de vitalidad en vena; Mar Gómez o el sentimiento de toda una campeona, Juanfra y Fina García, y Miguel del Valle, imprescindibles si una carrera pretende ser de categoría, a la que no le faltará el vídeo que recoja lo mejor de ella; Ginesico Soto o por qué este deporte le debe tanto a él en nuestra Región; José Luis Molina o la sencillez de un tipo cuya grandeza es inversamente proporcional a su talla; Rául Griñán, al que siempre verás con una sonrisa en su rostro, esté corriendo o no; Pedro López o cómo ser un ejemplo de superación y empeño runnero; Antonio y Jose, mi pareja de corredores favoritos, siempre juntos y siempre entregados a correr; y otros tantos que con su saludo o una sonrisa te contagian el sentimiento de un deporte donde los kilómetros son la excusa perfecta para encontrarte contigo mismo, pese a estar rodeado de gente, de buen gente.

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Rodeado de Rajaos… con Paco Ballesta, Patrick Carpena, Mar Gómez y José Romero

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Con Ginés Soto y Ramón L. Antón (Foto: web de la prueba)

Tras presenciar las carreras de los más jóvenes y mezclar esas conversaciones con sensaciones, transcurrieron los 90’ y cuando el horizonte sacó la paleta de tonos rojizos, me acerqué hasta al arco de salida, para ponerme como uno más de que nos disponíamos a correr minutos más tarde. Estaba listo y con todo preparado, gracias a mi camiseta Fondista, mi inseparable gorra blanca, el frontal por aquello de alumbrar en el tramo de la playa y evitar algún tropezón inoportuno y, tras mucho tiempo, mis auriculares con música, para acompañarme en una carrera en la que buscaba aislarme de todo y de todos. Miré al cielo, respiré profundamente y escuché el pistoletazo de salidacorríamos.

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Instante de la salida (Foto: web de la prueba)

La música sonaba y mis piernas comenzaron su particular baile de zancadas. La recta de acceso al Puerto dio paso a la carretera del Parque Natural de las Salinas. Mi vista no pudo evitar mirar al horizonte e intentar atrapar en mi retina la belleza de un instante que se alargó durante todo el trayecto de dicha carretera. La brisa de la tarde convertida casi en noche dejaba una mezcla de caricias con diferente temperatura: la más cálida de la tierra y la fresca del mar. Mientras… corría.

La transición del Parque Natural hasta la zona del Mojón transcurría por un camino de zahorra, de firme algo irregular y una pendiente mayoritariamente positiva, que permitía imponer un mayor ritmo de carrera; ese tramo se encontraba situado a la espalda del complejo deportivo Pinatar Arena, que fue el centro neurálgico de esta prueba en sus dos primeras ediciones. Completada esa parte y antes de pisar la arena de la playa, un tramo adoquinado, donde se encontraba el avituallamiento de carrera, ofrecía una nutrida presencia de público, que con sus aplausos y ánimos daban un empujón para la parte menos fácil de la carrera.

Al primer contacto con la arena, encendí la luz de mi frontal para garantizar una pisada segura y tan rápido como pude dirigí mis zancadas hacia la orilla de la playa, donde el firme húmedo y compacto permitía un correr más seguro y menos costoso. La noche comenzaba a ganar casi todo el terreno a los últimos instantes de la tarde y con cierto desconcierto busqué esa luna que aparecía como protagonista en el bonito cartel de la prueba. El primer intento fue fallido y no la hallé, pero tras un nuevo intento la vi casi escondida, apenas mostraba una pequeña porción de ella tras el horizonte de un mar inmenso. Su todo anaranjado, propio de su despertar, indicaba que acababa de iniciar su ascenso y unos minutos después, sin cambiar de color, se dejó ver en su totalidad, lejos de ser la señora de la noche y de bañar con su luz a todos los que, un poco lunáticos, nos sentimos atraídos por ella.

Mi ritmo iba en aumento, el adelanto de corredores estaba siendo continuo y las escasas pretensiones iniciales para la carrera mejoraban, al verme capaz de mantener un esfuerzo continuado. Ese esfuerzo también iba en aumento, de la mano de una motivación que crecía con cada zancada. La música seguía sonando, mi luz iluminaba el camino y los pequeños giros que daba para buscar la mejor zona donde pisar parecían la banda sonora de un tramo que se acercaba a su final. De nuevo la recta del Puerto y por delante algo menos de un kilómetro para llegar a meta.

El ritmo en esa última parte fue aún mayor, buscando con ansia el arco de meta, vaciándome en esos cientos de metros que me separaban de la llegada. Sentía ganas de correr y de hacerlo rápido, con intensidad, como queriendo dejar atrás momentos difíciles de meses pasados… mi paso por meta se hizo cuando el cronómetro marcaba un tiempo real de 29’50”, ocupando el puesto 24º de la general y el 8º de mi categoría (M45), de un total de 542 corredores entrados en meta (casi 100 menos que en la edición del año anterior), con un ritmo medio de 3’58’’ min/Km. Contento, muy contento… paré mi música, recuperé el aliento y cogí un trozo de melón que me supo dulce, muy dulce, placenteramente dulce.

Agua y refresco para reponer líquidos y casi sin detenerme me fui en busca de las chicas de mi casa, que me esperaban junto al guardarropa para marcharnos a cenar… sus besos y sonrisas fue el mejor regalo y el broche de oro a una participación más en la que para mí es una de las carreras más bonitas que he corrido y que espero volver a correr muchos años más.

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Atardecer sobre el Parque Natural de la Salinas (Foto: web de la prueba)

La próxima cita está aún desierta y como he dicho en otras ocasiones, de momento tan solo toca correr como hasta ahora lo estoy haciendo, sin pretensiones, sin la obsesión por competir y tan solo con el objetivo de seguir entrenando e intentando que mi cuerpo y mis piernas sigan dándole a mi mente lo que le gusta y necesita: correr. El ritmo, el resultado, es lo de menos, a estas alturas lo importante tan solo es seguir, continuar.

Y tú, ¿participaste también en esta carrera?, si es así ¿qué te pareció? Tal vez participaste en otra prueba diferente a ésta, si quieres puedes compartir tu experiencia, anímate, con tu comentario nos enriquecemos todos. Muchas gracias.

(Aquí puedes consultar la clasificación completa de la prueba celebrada: V Pinatar Full Moon Race)

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