Vértigo

vértigo

Vértigo, al margen de ser el título de una de las célebres películas del genial director de cine Alfred Hitchcock, es un trastorno del sentido del equilibrio de una persona, caracterizado por presentar cierta sensación de movimiento circular del cuerpo o de los objetos que rodean. También puede definirse como una turbación, repentina y pasajera, del juicio y por último, como el apresuramiento anormal de la actividad de una persona o conjunto de éstas.

Imagino que todos habréis echado en falta la definición por excelencia de vértigo, que no es otra que la que hace referencia a esa sensación de inseguridad y miedo a precipitarse desde una altura… vamos, ese cosquilleo en el estómago que aparece cuando nos asomamos al vacío, como si fuéramos a caernos de manera irremediable y que nos hace mantenerlos alejados del borde de un balcón, acantilado, etc., para sentirnos seguros y salvo.

Lógicamente, estoy cometiendo adrede la torpeza de referirme al vértigo como algo generalizado, cuando todos sabemos que eso no es así y lo que para algunos es una incómoda situación de inseguridad y miedo, para otros es una sensación totalmente desconocida e inexplicable, que no pueden llegar a comprender esa fobia a precipitarse desde una altura en la que se encuentran sobradamente seguros y protegidos. Pero es precisamente eso, una fobia y éstas afectan de forma indistinta y de muy diversas maneras a quienes las padecen.

Pero sigamos con el vértigo, no en vano es el protagonista de este post… otro uso que suele darse a este término, a pesar de no estar incluido como definición en nuestro Diccionario de la Real Academia de la Lengua (imprescindible y que tanto me gusta consultar), es esa sensación de vacío, de manera metafórica, que va precedida a la toma de una decisión, ante la que nos mostremos inseguros, dubitativos o temerosos, bien por falta de confianza en nosotros mismos o simplemente por desconocimiento ante algo nuevo a lo que enfrentarnos.

Y es esa sensación de vértigo, ese sentirse al borde de un precipicio imaginario, la que suele asaltarnos a un runner cuando decidimos medirnos a una distancia por primera vez, sin más, o cuando, con el paso del tiempo, tomamos la decisión de enfrentarnos a nuevas distancia, a nuevos retos. No importa que seamos un novato en lo del correr o que nuestras piernas lleven más kilómetros que el Talgo Madrid-Murcia, porque cada vez que decidimos subir un peldaño más en nuestra escalera imaginaria, esa que nos lleva poquito a poco a tocar el cielo y sentirnos como pequeños dioses, sentimos esa sensación de estar asomándonos a un precipicio de esos que pone los vellos de punta sólo con pensar en echarle un ojo.

Vale, de acuerdo, es posible que esté exagerando el hecho en sí y que le esté dando demasiado dramatismo, pero decidme si no habéis sentido internamente ese temor a no ser capaces de poder completar una distancia previamente planeada. Tomar la decisión de inscribirnos en una carrera y desatarse nuestra batalla interior, es todo uno, en la que nos preguntamos si quizá no estaremos siendo demasiados confiados en nuestras posibilidades y quizá vayamos de manera irremediable al borde de un abismo que nos puede hacer caer en el fracaso y en el más absoluto de los ridículos: “Ostras, ¿no serán muchos kilómetros?, ¿estaré preparado?, ¿cómo debo entrenarme para esa carrera?…

Esas y otras muchas preguntas por el estilo comienzan a rondar por nuestra cabeza cuando subimos alguno de esos peldaños que he comentado anteriormente. Lógico es pensar que esta sensación de vértigo o miedo, no ocurre cada vez que nos apuntamos a una carrera, ¡faltaría más!, pero sí que nos viene a visitar cuando damos un salto en las distancias habituales a las que nos solemos enfrentar, igual que apareció, cómo no, aquel día muy lejano para muchos, lejano para otros tantos, cercano para muchos también y reciente para los nuevos amantes de este hermoso deporte.

Recuerdo cuando me inscribí por primera vez en una carrera y cómo sentí un runrún que daba vueltas en mi azotea, al tiempo que provocaba nervios en mi estómago, ante el temor de no ser capaz de completar la distancia. Lógicamente hice algo que hace todo novato antes de una prueba: asegurarme de correr esa distancia por mi cuenta, en mi preparación, para saber que iba a ser capaz de poder lograrlo. Esto es algo que todos, todos, hemos hecho y que es inevitable, en parte por necesitar ir ganando una confianza que nos dará el tiempo y los kilómetros y en parte para perder esa sensación de vértigo o miedo al fracaso.

¿Fracaso?, ¿por segunda vez alguien ha dicho fracaso?… ¿pero es que estamos locos?, ¿fracaso de qué, a qué? Vale que tengamos ese vértigo a enfrentarnos a algo “nuevo”, pero jamás debe rondar por nuestra cabeza la palabra fracaso, jamás. Fracaso no es tener el arrojo de ponerse un dorsal y empezar a correr con el firme propósito de completar una distancia, fracaso no es haber entrenado para llegar con garantías a ponerse precisamente ese dorsal, fracaso no es tomar la decisión de apuntarse a una prueba y decirte: “Sí, voy a hacer esa carrera, por supuesto que nada de eso es un fracaso y ¿sabéis por qué?, porque fracaso es:

Poner mil y una excusas, que al final sólo evidencian que no somos capaces de comprometernos con nosotros mismos.

El vértigo a enfrentarnos a una distancia por primera vez no debe tener nunca a sus espaldas conceptos como fracaso o ridículo y de igual manera que con terapia de consiguen vencer todo tipo de fobias, en el running los kilómetros y nuestra mentalidad son parte fundamental e imprescindible para superar ese miedo al vacío, ese vértigo.

Y con todo esto sólo quiero compartir la conversación que tuve con un buen amigo, con el que hace un par de días comentábamos precisamente ese miedo al fracaso o a hacer el ridículo en una carrera, y que yo he unido bajo el vocablo de vértigo. Se lo dije a él y queda dicho aquí, cada vez que nos ponemos unas zapatillas y nos medimos en una carrera estamos dándole un puntapié a esos miedos y sin darnos cuenta nos estamos poniendo al borde de un vacío imaginario, en el que el vértigo está rotulado sobre un arco hinchable con la palabra:

META

vértigo

Vértigo

Por todos los corredores novatos que se van a enfrentar a su primera carrera, por su valor, su coraje y su valía, y por todos aquellos que cada vez se superan en distancias mayores, sin prestar la menor atención al vértigo que produce el ir aumentando los kilómetros a completar. Si te ha gustado este post, compártelo. Muchas gracias.

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