XIV Cross de la Artillería (Cartagena)

Lugar: Cartagena (Murcia)

Día: 22 de noviembre de 2015

Hora: 11,30 horas

Distancia: 14.000 m. Al margen de esta prueba, se disputaron otras tres con independencia de la misma: la Milla, el Cross (6.000 m.) y el Canicross (5.000 m.)

Organizada por: Asociación Deportiva “Cross de Artillería”, con el apoyo del Excmo. Ayuntamiento de Cartagena.

cartagena_1

Recorrido de la carrera (Fuente: web de la prueba)

Recorrido: tanto la salida como la meta estaban instaladas en la céntrica Avenida de Alfonso XII, junto al Puerto de la ciudad, concretamente a la altura de la caseta de Turismo. El itinerario partía de ese punto, rumbo a la Cuesta del Batel y de ahí transitaba por Plaza Bastarreche, Calle San Diego, la Plaza López Pinto, hasta llegar a Calos III, siguiendo por Calle Rosa de los Vientos y Tolosa Latour, para cruzar a continuación el puente del Barrio de la Concepción y tomar la carretera de la Algameca, dejando ésta a la altura de Navantia y bordeando estos astilleros, en la falda de Monte Galeras, por la carretera que conducía directamente al Faro de Navidad, donde tras un giro de 180˚ se volvía en sentido contrario hasta alcanzar nuevamente la puerta de Navantia, donde en vez de coger la carretera de la Algameca, se continuaba por el otro margen de la rambla, junto a la pared del Arsenal, hasta llegar otra vez a Tolosa Latour y de ahí a las céntricas calles Carmen, Puerta de Murcia, Aire, Cañón y por Calle General Ordóñez acceder a la Muralla del Mar, el frente de la Universidad y por Adarve de la Artillería, San Diego y Gisbert, desembocar nuevamente en la Avenida Alfonso XII, que conducía directamente al arco de llegada.

Bolsa del corredor: correcta, si bien podría decirse que estuvo un punto por encima de lo que vienen ofreciendo habitualmente las pruebas. Por un lado, en el momento de la retirada del dorsal se hacía entrega de dos camisetas conmemorativas de la prueba, dentro del típico petate que ya es todo un clásico en estos eventos y por otro lado, una vez terminada la carrera, se recibía una segunda bolsa que estaba compuesta de un botellín de agua, una bebida isotónica, un bote de bebida a base de limón y té, una barrita de cereales, un bote pequeño de pimentón dulce, un bolígrafo, unas muestras gratuitas de crema deportiva y suplementos alimenticios, un par de vales descuentos y varios folletos publicitarios.

Organización y atenciones: este apartado, con el propio recorrido en sí, es sin ninguna duda el punto fuerte de esta prueba. Y lo es por tener el nutrido número de voluntarios que estuvo dispuesto a lo largo de toda la carrera, tanto de carácter civil (perfectamente ataviados con su chaleco de color naranja que los hacía perfectamente identificables), como de carácter militar (su uniforme era muestra inequívoca y permitía vislumbrar su presencia con antelación al punto donde se encontraban); lo es por la perfecta señalización y el corte total del tráfico en la zona de la carrera; lo es por el diligente servicio de entrega de dorsales y guardarropa desplegado en la zona de salida; y también lo es por el ágil y organizado montaje de la zona post carrera, donde se podía reponer líquidos y recoger la segunda bolsa del corredor con total comodidad. Y todo sea dicho, con la mezcla justa de rigor, profesionalidad y amabilidad: FELICIDADES.

Otro aspecto que también considero acertado y que no quiero dejar pasar por alto, fue el hecho de facilitar la recogida de dorsales lejos de Cartagena. Esto demuestra claramente que la organización es conocedora del gran número de corredores de fuera de Cartagena que acuden a esta prueba, facilitando esa posibilidad y consiguiendo despejar a un buen número de participantes que engrosarían la cola de recogida del dorsal la misma mañana de la prueba.

También merece un aplauso el hecho de organizar pruebas para categorías inferiores y hacer que los más pequeños sean protagonistas de este tipo de celebraciones deportivas, promoviendo de esa manera la participación y el disfrute en familia. Y una prueba, el Canicross, que no había visto en ninguna de las carreras en las que había participado hasta ahora, en la que los corredores tenían la oportunidad de poder tomar la salida con su perro. Una carrera donde el atleta y su mascota corrían al unísono y cuya unión, complicidad, amor y respeto iba más allá de ese dorsal que los identificaba.

Y sí, por supuesto, todo estaba amenizado y animado por un buen servicio de megafonía, de esos que no sabes si te hacen contagiarte del ambiente, del buen ambiente, o si es el ambiente el que hace contagiar al speaker… es igual, en cualquier caso, también estuvo a la altura. Y entre tanto bueno, el servicio de cronometraje tampoco podía ser menos, puesto que el mismo se hizo mediante lectura de chip desechable pegado en el propio dorsal, y además se efectuó un control de paso intermedio de los corredores en el punto más alejado y que representaba casi el ecuador de la prueba, algo que debería ser así siempre, pero que lamentablemente no lo es.

Pero como toda carrera, ésta también tuvo sus puntos flojos, los cuales seguro que la organización tomará buena nota de cara a próximas ediciones. Éstos tienen relación con el número de voluntarios, que a pesar de haber dicho anteriormente que fue nutrido, sí que pecó en dos aspectos que sin llegar a catalogarse como negros, deberían mejorarse. Fueron:

Entrega de dorsales y guardarropa en zona de salida: ambos servicios se realizaron de manera eficiente y eficaz, pero debe tenerse en cuenta que en una prueba con más de 4.000 participantes es muy probable que se produzca una aglomeración en los instantes previos al inicio de las pruebas, por lo que se debería disponer de un espacio mayor o de más voluntarios realizando ese servicio, lo cual agilizaría y reduciría el tiempo de espera a los corredores, así como se evitarían los innecesarios nervios que aparecen al echarse la hora de salida encima y verse aún haciendo cola.

Avituallamiento en carrera: para la gran cantidad de participantes en la prueba, estos puntos deberían haber sido más extensos en distancia, sobre todo por estar dispuestos en una zona estrecha y con poco tiempo para anticiparse a la recogida de agua, lo que habría ayudado a evitar aglomeraciones; de igual manera, contar con un mayor número de voluntarios para dispensar ese agua a los corredores, que a toda luces me pareció insuficiente y que en mayor número también ayudarían a este servicio.

Por último, me tomo la libertad de dejar un pequeño consejo, encaminado a evitar posibles incidencias en el servicio de guardarropa. La manera de proceder que se siguió fue la de entregar una pegatina con un número identificativo igual al registrado en otra pegatina que se pegaba en la mochila o bolsa que cada uno de los corredores dejábamos para su custodia. Lógicamente la opción más razonable, cuando uno está a punto de iniciar una carrera y recibe una pegatina que debe conservar para poder recuperar su bolsa al final de la misma, es pegarla en el propio dorsal, pero se corre el riesgo de que ésta pueda despegarse y tener un pequeño problema en la recuperación de sus enseres, por lo que una solución muy sencilla es la de rotular a mano una pegatina en blanco, por parte de los voluntarios del guardarropa, con el número de dorsal de aquel corredor que deposita su bolsa y así la retirada de ella resultará tan sencilla como volver a mostrar su dorsal y para dejar constancia de que dicho participante ya ha retirado su bolsa del depósito bastará con hacer una marca con un rotulador sobre el propio dorsal.

Podio: Alberto González Conesa, sénior del Club Skechers Go Run – C.A. Nogalte, fue el ganador masculino con un tiempo oficial de 45′:48”, llegando en segundo y tercer lugar respectivamente: José Carlos Caparrós García (con un tiempo oficial de 46′:17” – veterano A del C.A. Mandarache) y Juan Ramón García Gen (con un tiempo oficial de 46′:18” – veterano A del C.A. Mandarache). En mujeres, la vencedora fue Rachael Rozhdestvenskaya, sénior del C.A. Mandarache, con un tiempo oficial de 58′:34”, llegando en segundo y tercer lugar respectivamente: Marta Casares Ruíz (con un tiempo oficial de 1h:00′:32” – sénior Independiente) y Nuria Cajuela Cobeño (con un tiempo oficial de 1h:01′:36” – veterana B del Club Paquetazos Drill Team).

Muy personal: mi participación en esta prueba vino promovida por los ánimos de mi amigo Dani Matas, al que he tenido la suerte de conocer gracias a este bendito deporte, así como ser conocedor del prestigio que esta prueba viene arrastrando desde hace años, no en vano está totalmente consolidada y es considerada como una de las pruebas preferidas dentro del calendario regional de carreras populares.

Junto a esos dos hechos se une uno por encima de ambos y que pone un fuerte componente sentimental, como pocas veces me ha sucedido. Cartagena, atractiva en sí mismo por ser una milenaria ciudad, con siglos de historia y tradiciones como pocas, también fue mi segunda casa, durante aquellos años en los que cursé mis estudios de ingeniería técnica y en los que el destino me sirvió en bandeja la amistad de unos compañeros de carrera que desde entonces se colaron en mi corazón para siempre y con los que a día de hoy, tras más de veinte años transcurridos, siento y quiero como entonces.

Dejando las emociones personales de años atrás, llegué a Cartagena acompañado, muy bien acompañado, del motivador Dani Matas y Luis Hilario, otro amigo cosechado también gracias al running. Con algo menos de una hora para la salida de la prueba conseguimos aparcar nuestro vehículo cerca de Plaza de España y desde ahí emprendimos la marcha a pié hasta la zona del Puerto, donde se encontraba el núcleo de la prueba. El simple paseo hasta allí, por Calle del Carmen, fue ya toda una delicia y presenciar el ambientazo que se respiraba en toda la zona de salida me hizo comprender al instante del porqué de la fama de una prueba que ni siquiera había comenzado aún.

cartagena_7

Con dos cracks, todo un lujo: Dani Matas y Luis Hilario (Foto: Luis Hilario)

Sólo restaban cuarenta y cinco minutos para que diera comienzo la carrera y antes de cambiarme me vi con un amigo al que conocí en persona por primera vez y al que entregué con todo mi agradecimiento una camiseta que me había solicitado, de esas que llevan grabadas el nombre de este blog, de mi blog. José Avilés, un cartagenero de la tierra al que puede estrechar la mano y entablar una breve pero cordial conversación, suficiente para apreciar el carácter y la amabilidad de otro apasionado de este deporte.

cartagena_6

Con José Avilés, “Marcando la meta”

Tras despedirme de él, llevé a cabo mi ritual con el que me preparo para cada carrera y tras dejar mi mochila en la carpa destinada a hacer las funciones de guardarropía, me vi con mi amigo, mi compañero, mi pareja de baile de las carreras: Alejandro Sánchez. Lo buscaba con interés para realizar juntos el calentamiento de carrera y ya permanecer uno al lado del otro de cara al inicio de la prueba, en la que nuevamente correríamos juntos.

Entre los participantes, se veían caras de primer nivel, como Alberto González Conesa y David Sánchez Romero, con el que tuve la oportunidad de cruzar unas palabras antes de la salida y comprobar una vez más la sencillez y la naturalidad que un campeón puede llegar a tener. Otros amigos y conocidos a los que me alegré de ver y saludar, también durante el calentamiento fueron José Romero Sánchez, Fernando José Molina Morazo y dos de los compañeros de nuestro grupo SR, Francisco José Dólera Martínez y Juan González Candelas.

Y así, con la sensación de no haber aterrizado aún en el suelo y con la impresión de ir en volandas por el ambiente y por la emoción de correr por primera vez en mi recordada Cartagena, nos situamos bajo el arco de salida. Notaba cómo se aceleraban mis pulsaciones y cómo se elevaba mi temperatura, a pesar de hacer una fría y ventosa, muy ventosa mañana, con un cielo azul precioso y alguna pequeña nube que ponía alguna que otra nota de color blanco.

cartagena_3

Bajo el arco de salida, esperando el inicio (Foto: Manuel Acosta)

La cuenta atrás que marcaba el inicio de la carrera culminó con la sorda detonación provocada por el cañonazo disparado por un auténtico cañón Schneider mod. 1926, disparado por soldados ataviados con traje militar de época y que provocó el instantáneo correr de todos quienes estábamos deseando comenzar la prueba. La carrera acaba de comenzar

cartagena_10

Cañonazo de salida (Foto: Footer Trotter)

cartagena_2

Primeros metros de la carrera (Foto: Diario La Opinión)

Por el perfil y las características del recorrido imaginaba que ésta iba a ser algo dura, además teniendo en cuenta el fuerte viento que hacía su presencia de manera continua, por lo que establecer un ritmo de carrera de 3’50’’ el kilómetro parecía un sensato planteamiento que se intentaría mantener. Sin embargo, las piernas parecieron contagiarse por la emoción de verse por calles donde habían deambulado tantos años atrás, pero que ahora se mostraban mucho más bonitas y mejor cuidadas. Así, el ritmo de carrera pasó a un segundo plano y sin mirar más allá de todo cuanto desfilaba a mi alrededor, decidí que había llegado hasta allí para correr y darle a Cartagena todo cuanto mis fuerzas me permitieran.

cartagena_4

Monte Galeras y al final, casi perdido, el Faro de Navidad

La carretera a la famosa Algameca era la frontera entre la ciudad y la naturaleza, la línea que separaba lo urbano de lo portuario y por la falda del Monte Galeras, con un casi continuo sube y baja, no exento de dureza, fuimos acercándonos al Faro de Navidad, siempre juntos Alejandro y yo. Cartagena frente a nosotros, mostrando un perfil que jamás había tenido la oportunidad de ver hasta ese momento, preciosa y serena, y ese faro a ras de mar que parecía esconderse detrás de cada curva, detrás de cada giro. Coqueto, impasible y callado, presenciaba la llegada de todos quienes corríamos por superarnos a nosotros mismos, bordeándolo y dándole la espalda mientras nuestras piernas nos alejaba de él nuevamente, buscando otra vez la serpenteante carretera que en ese caso nos regalaba la fuerza de un viento que parecía empeñado en no dejarnos avanzar, como si quisiera impedir que con nuestra marcha dejásemos huérfano a ese faro cuyo nombre parece sacado de un cuento… de Navidad.

cartagena_5

Llegando al Faro de Navidad (Foto: Footer Trotter)

El regreso hacia la ciudad se hacía duro, los kilómetros iban pasando y la pared del Arsenal nos empujó hasta la Calle del Carmen… sentí como si la piedra del Cabezo que viste su suelo fuera una infinita alfombra donde las zancadas de mis piernas no costaban esfuerzo alguno. Correr por ella y por la Puerta de Murcia fue como soñar despierto, alcanzando el cénit cuando el paso por la Calle Aire permitió contemplar durante unos segundos la fachada de la ruinosa Catedral de Santa María la Vieja, construida sobre el Anfiteatro Romano, justo antes de perderla de vista al girar a la derecha por la Calle Cañón y seguir rumbo a la Muralla del Mar.

A esas alturas de la carrera apenas restaba algo menos de dos kilómetros y la subida de la Calle Gisbert, junto a la nueva sede la Universidad, era el último escollo antes de llegar nuevamente hasta la Avenida Alfonso XII, donde esperaba la línea de llegada. Y fue precisamente ahí, al llegar a esa avenida cuando los gritos de ánimo del cartagenero más murciano que conozco hicieron erizar mi piel. Ahí me esperaba uno de esos amigos que aquella otra carrera, la de ingeniería, me regaló para siempre; un tipo único que se ganó el corazón de aquel grupo de murcianos que llegamos hasta allí con la idea de conseguir un título que nos permitiese ganarnos la vida el día de mañana y al que a día de hoy queremos y apreciamos como si de un hermano se tratase. Infinitas gracias, Evaristo y familia.

Fue el broche de oro a una carrera emocionante, cargada de sentimientos, exhausta, donde las fuerzas se habían agotado casi por completo y en la que el paso bajo el arco de meta se produjo cuando el cronómetro marcaba un tiempo oficial de 51′:58”, ocupando el puesto 31º de la general y el 6º de mi categoría (veterano B), de un total de 1.368 corredores entrados en meta, con un ritmo medio de carrera de 3:42 min/Km. Un paso que efectué 1’’ por detrás de mi querido Alejandro, que ocupó el puesto 30º de la general. Contento, contentos, muy contentos ambos por la carrera que acabábamos de realizar, fruto de lo cual nos abrazamos y nos felicitamos por haber corrido una vez más codo con codo.

cartagena_9

Llegando a meta, tras los pasos de Alejandro (Foto: Fco. Hernández)

cartagena_8

Las caras de la satisfacción, tras la carrera (Foto: Inés Borrero)

Terminada la prueba llegó el habitual análisis de la carrera, los comentarios de esto o aquello, el saber cómo le había ido al resto de amigos y el disfrutar, ya sin nervios algunos, de un ambiente deportivo con sabor a fiesta por los cuatro costados. En esta ocasión, animado por Dani, me enfundé mi camiseta de “Marcando la meta” y al llegar a casa, reposando y saboreando todo lo vivido comprendí que en Cartagena no podía haber corrido con otra camiseta que no fuera esa, porque ella representa el inicio de muchas metas que han marcado en cierta medida mi vida.

El año que viene volveré a estar allí, volveré a correr por sus calles, volveré a darle la vuelta al Faro de Navidad, volveré a disfrutar de su ambiente y volveré a ver lo bonita y cambiada que luce Cartagena de aquella otra que conocí tantos años atrás y que desde entonces siempre ha ido e irá dentro de .

La próxima parada será en Torre Pacheco, en la nueva edición de su Medio Maratón, con el que pongo el punto final a esta distancia por este año y donde espero poder disfrutar una vez más de esta carrera. Será el domingo 13 de diciembre y estaré, nuevamente, acompañado de Alejandro Sánchez, como no podía ser de otra manera.

Y tú, ¿participaste también en esta carrera?, si es así ¿qué te pareció? Tal vez participaste en otra prueba diferente a ésta, si quieres puedes compartir tu experiencia, anímate, con tu comentario aprendemos todos. Muchas gracias.

(Aquí puedes consultar la clasificación completa de la prueba: XIV Cross de la Artillería)

¡Comparte!

4 comentarios a XIV Cross de la Artillería (Cartagena)

  • Hervie  dice:

    La fortaleza de Navidad se construyó para defender el interior del puerto de Cartagena, la ciudad y, sobre todo, el Arsenal, del ataque de una flota enemiga. Su relativo buen estado de conservación, nos permite que hoy se pueda contemplar un excelente ejemplo de una batería costera construida en la década de 1860.
    Fue diseñada por ingenieros militares españoles con un sobrio estilo neoclásico y unas sólidas líneas constructivas que resaltan su imagen de poder, su amenazante presencia, a los buques que entran por la bocana cartagenera.Se encuentra enclavado en una de las puntas que delimitan la entrada al puerto de Cartagena., declarado Bien de Interés Cultural por la Disposición Adicional Segunda de la Ley 16/1985, de 25 de junio del Patrimonio Histórico Español.

    …Queridismo Paco;
    Esperaba ansioso tu crónica sobre mi amada Ciudad.
    Me encanta que tu segunda casa sea Cartagena como lo es para mi Murcia. Aquellos maravillosos años que pasamos en la Politécnica son los que recuerdo perfectamente con mezcla de momentos de nervios antes de los exámenes difícilmente repetibles. Pero con momentos de diversión increíbles. Yo que tenia mi casa allí me lo pasaba en grande deambulando de piso en piso de estudiantes ” murcianos”. Había gente que me decía no te juntes con los murcianos pero hice caso a mi Padre que me dijo tu juntate con los mas listos. Hay hermane entre otros con mi Caste, mi Marquin, mi Arce, mi debilidad Paquitin y por supuesto mi Gomi( para el resto de gente= tu).

    Animo a toda la buena gente de Murcia a conocer los fantásticos lugares que tiene esta ciudad y que vea como ha cambiado en pocos años.

    OS quiero, te quiero y como te dije en la carrera; “Que cojones tienes”
    Un abrazo. Evaristo y familia.

    • Paco Molina  dice:

      Admirado y querido Evaristo, gracias por dejarme, por dejarnos, ese fantástico apunte histórico de tu amada Cartagena, con el que no sólo me has enseñado algo que no conocía, sino también por querer compartir con todos parte de su historia, de vuestra historia. ¿Y qué decir de tus palabras, acerca de aquellos años de universidad?… has conseguido erizar mi piel y hacerme sentir la emoción de recordar imágenes e instantes de “aquellos maravillosos años”, como tú los has definido. Suele decirse que lo normal es que uno no sea capaz de apreciar lo que está viviendo en su presente hasta años después, cuando el paso del tiempo y la perspectiva de la distancia le permite percatarse de lo que entonces vivió y eso es lo que a mí me sucedió con esa época y todo lo que la rodea, porque no ha sido hasta muchos años después cuando realmente he tenido conciencia de ello.

      Me lo has demandado en varias ocasiones, así como el gran Gonza y más pronto que tarde “buscaré” la manera de dejar un post donde pueda recordar algunos de esos momentos que vivimos entonces y que jamás se borrarán de nuestro recuerdo. Grandes… Caste, Marcos, Antoñico, Paquitín, Tú, y algún otro que hicieron que a pesar de estar en un agujero, entre apuntes con interminables operaciones matemáticas, teoremas indescifrables, corolarios (corolarios… jamás supe por qué demonios se tenían que llamar “colorarios” y no “conclusión” o “análisis final”, ¡qué puñetas!), fórmulas y cientos de conceptos técnicos, a pesar de todo eso, disfrutamos e hicimos que, vuelvo a repetir tus palabras, aquellos fueran unos “maravillosos años”.

      Te quiero, amigo, y mucho y hablando de cojones… el año que viene algo me dice que tú también estarás bajo el arco de salida de la carrera que protagoniza este post y sino, al tiempo.

      Un fuerte abrazo y muchas gracias por seguirme cada semana.

      Paco.-

  • david sanchez romero  dice:

    Gran carrera Paco, como se pagaba la última cuesta.

    En Pacheco nos vemos.

    • Paco Molina  dice:

      ¡Hola, David! Muchas gracias por tu comentario… sí, la verdad es que la última cuesta era matadora, sobre todo después de las anteriores y “gracias” a ese viento que se encargó de hacerlas un poquico más duras. Felicidades por tu quinto puesto y por el podio en tu categoría, como siempre en lo más alto (como debe ser). Fue todo un placer verte y espero volver a charlar juntos un ratico en Pacheco.

      Un abrazo y gracias por asomarte por este rincón.

      Paco.-

Deja una respuesta