XIV Travesía a nado Puerto de la Torre – Pilar de la Horadada (Alicante)

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Cartel de la prueba (Fuente: web de la prueba)

Lugar: La Torre – Pilar de la Horadada (Alicante)

Día: 22 de junio de 2018

Hora: 10,00 horas

Distancia: 2.000 m.

Organizada por: Club Natación CMD Horadada

Recorrido: la salida y meta se encontraban en la Playa del Puerto de la Torre, superado el primer espigón. La travesía se iniciaba adentrándose en el mar hasta la línea de boyas, que delimitan la zona de baño, donde se encontraba la primera boya de la prueba, que debía pasarse dejándola a la derecha del sentido del nado. Desde esa primera boya y con sentido de la travesía en dirección a la Playa de las Villas, se continuaba en paralelo a la línea descrita del límite para bañistas, hasta alcanzar la segunda y más alejada de las boyas de la prueba, que se superaba también dejándola a la derecha. Desde ese punto de iniciaba el camino de retorno, con la línea de nado más cercana a la costa, debiéndose superar las dos últimas boyas puestas por la organización antes de llegar a meta. La primera de esas dos referencias se pasaba por su izquierda, mientras que la última, cercana al punto de llegada, debía sobrepasarse pasando por su lado derecho. Desde último punto hasta el arco de meta, la distancia era prácticamente testimonial.

Organización y atenciones: experimentada y sobria, sin alardes innecesarios y con todo aquello que debe esperarse de una prueba de estas características, esto es, rigor, seriedad y cercanía, al mismo tiempo.

Los casi tres lustros que se llevan organizando la prueba le confieren el respeto y la importancia que se merece, máxime cuando hablamos de una disciplina que ahora empieza a tener un mayor auge entre los nadadores, que disfrutan de una oferta en travesías que hasta hace cuatro días era prácticamente inexistente.

Una ordenada y atenta recogida de dorsales, claridad en todas las indicaciones relativas al punto de salida y el recorrido de la travesía, una megafonía que no dejó de repetir recomendaciones y prohibiciones a tener en cuenta durante el transcurso de la prueba, un atento servicio de voluntarios, que subidos en canoas, kayak y motos acuáticas ayudaron a evitar que la desorientación hiciese a los nadadores desviarse de la trayectoria marcada. Todo eso, sin olvidarme del sencillo, pero efectivo servicio de guardarropa y el control del tiempo, mediante chip con cinta atada al tobillo. La prueba, además, también contó con travesías para los más pequeños, permitiendo así el fomento de esta sana actividad entre los jóvenes. Por último, hay que sumar la tradicional e imprescindible entrega de trofeos y un post carrera en el que no faltó abundante fruta, a base de sandía, así como botellines de agua fresca, frutos secos y barritas energéticas. En resumen, una buena prueba.

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Entrega de dorsales

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Guardarropa de la prueba (Foto: www.lineadesalida.net)

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Trofeos de la prueba

Un aspecto que ensombreció todo ese buen trabajo, fue el excesivo retraso que se acumuló desde el primer momento, lo que llevó a que las pruebas menores comenzaran más tarde de lo previsto, llegando a acumular en la prueba absoluta un total de 60’ de demora. Como en cualquier evento deportivo, la puntualidad es una máxima y esta es una premisa que debe intentar cumplirse a rajatabla, sobre todo por el respeto hacia los participantes y el público asistente, de ahí que, si un retraso es algo no deseado, el que este llegue a alcanzar la hora es del todo imperdonable.

Bolsa del corredor: inexistente. En el momento de la entrega del chip, únicamente se recibía el gorro de baño con el número de dorsal rotulado y voluntarios de la organización marcaban sobre los brazos y la espalda de los nadadores su número asignado.

Podio: Mario Cuenca García, de la categoría Absoluta y perteneciente al Club UCAM CN Fuensanta, fue el ganador masculino, con un tiempo oficial de 22’46”, llegando en segundo y tercer lugar respectivamente: Roberto Oliver García (con un tiempo oficial de 22’58” – Júnior, del Club Murcia San Jorge) y Enrique Corbalán Herna (con un tiempo oficial de 23’23” – Absoluto y perteneciente al Club UCAM CN Fuensanta).

Entre las féminas, Trinity Solera, de la categoría Júnior y perteneciente al Tritones Murcia Sport Club, fue la ganadora de la prueba con un tiempo oficial de 24’53”, llegando en segundo y tercer lugar respectivamente: Eimy Arteaga Vargas (con un tiempo oficial de 24’57” – Júnior, del Club Natación Marina Cartagena) y Sheila Gómez Muñoz (con un tiempo oficial de 25’28” – Júnior, también del Club Natación Marina Cartagena).

Muy personal: la novedad y la incertidumbre de enfrentarme por primera vez a una prueba donde dejaba las zapatillas a un lado, en favor del bañador, era todo un aliciente, aunque mentiría si no confieso que tenía respeto y algo de temor ante de la duda de si sería capaz o no de cubrir con garantías la distancia marcada de los 2.000 m. De esa manera, cambiaba asfalto por agua, algo que llevo alternando un par de veces por semana, durante más de diez años, pero siempre de manera muy suave y como complemento para aliviar y tonificar la musculatura de mis piernas, tan acostumbradas a kilómetros y kilómetros.

La mañana despertó encapotada, con mayoritaria presencia de nubes, pero sin peligro alguno de mal tiempo en el horizonte. Humedad y calor se sentían desde primera hora, algo que no me preocupaba lo más mínimo y sí el estado que podía presentar el mar en esa mañana de julio. Así, nada más llegar a La Torre de la Horadada, me apresuré en comprobar el estado del acuoso medio y con alivio y agrado pude comprobar que presentaba un estado tranquilo, con ausencia de oleaje, que pudiese entorpecer el nado…

Esto empieza bien –pensé.

Nada más llegar a la zona de la retirada de dorsales, sobre las 9:15 horas, busqué con cierto nerviosismo el número que me habían sido asignado para mi debut naútico: el 122

Bonito número, me gusta –pensé, nuevamente.

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El 122 (Foto: Pepe Perea)

Apenas unos instantes después y sin haber retirado aún mi kit de la travesía (gorro + chip-tobillero), me encontré con Nacho Tortosa, amigo de muchos años, compañeros de carrera universitaria y uno de los dos culpables de que me encontrase allí, no en vano, compartimos piscina un par de mañanas en el mismo centro deportivo, donde me suele contar sus experiencias en este deporte (largas travesías, como Tabarca- Santa Pola, figuran a sus espaldas), permitiéndome de esa manera conocer más aspectos de esta disciplina y al mismo tiempo contagiarme de una pasión que se transmite.

Con los dorsales recogidos y nuestra piel marcada con rotulador indeleble, que permitía leer los dígitos asignados, nos fuimos en tranquila conversación hasta la zona de salida, para esperar a que llegase la hora del inicio de la prueba. La mañana me reservaba una alegría, la presencia de un buen amigo, incondicional y tan auténtico como querido: el Gran Pepe Perea, conocido en el habiente runnero como La Leyenda. Un apodo con el que se autobautizó hace tiempo, recibiendo desde el principio la acogida de todos sus incondicionales seguidores. Junto a él, otro buen tipo y amigo, Patrick Carpena, que al igual que yo, iba a debutar en una travesía, siendo un asiduo de las carreras populares.

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Arco de salida y meta (Foto: www.lineadesalida.net)

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Con Pepe Perea, Nacho Tortosa y Patrick Carpena

La espera pasaba tranquila, los nadadores poco a poco iban llegando al punto de salida y las dos pruebas de las categorías inferiores comenzaron a celebrarse. Era el momento de prepararse y zambullirse en el agua, para evaluar su temperatura y dar algunas brazadas que, sin llegar a considerarse calentamiento, sirvieron como preludio de un comienzo que se alargaría en el tiempo algo más de lo previsto.

Mientras tanto, durante la espera, entretenida conversación con Nacho, Pepe y Patrick, repasando carreras y recordando alguna que otra anécdota. La hora de iba a acercando y los nervios, tímidos, casi inexistentes, apenas llegaban a hacerse notar y sí un pequeño respeto por saber si sería capaz de afrontar con garantías la distancia que me esperaba.

Algún que otro chapuzón otro después por fin me encontré con el otro culpable de mi presencia allí: Fernando Murcia. Él fue, sin duda, el primero en darme ese pequeño empujón que necesitaba, haciéndome superar así la timidez, que no miedo, de aventurarme en semejante empresa. Más allá del confín de la piscina, suelo nadar en las calmadas aguas del Mar Menor y salir fuera de ellas siempre se me había hecho un pelín cuesta arriba, hasta esa mañana, en la que ya no había marcha atrás. Junto a Fernando, la alegría de encontrarme también con otra pareja runnera incansable, la formada por Salva López e Inma Marín (el primero vería la prueba desde la orilla, la segunda lo haría de manera activa, como participante).

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Con Nacho Tortosa, Patrick Carpena, Fernando Murcia e Inma Marín (Foto: Pepe Perea)

Por megafonía se anunció que tan solo faltaban 10′ para el inicio de la travesía y se dieron las indicaciones oportunas del recorrido que se debía seguir, advirtiendo que llevásemos cuidado, ya que en el interior el mar presentaba una fuerza que desde la orilla no se apreciaba, por lo que recomendaban reservarse para la segunda parte de la prueba y no pagar en exceso el esfuerzo inicial. Tras eso, poco más que esperar, salvo que las manecillas del reloj llegasen a su hora y diese comienzo la travesía.

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Con Fernando Murcia, Pepe Perea y Patrick Carpena (Foto: Pepe Perea)

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“¿Hasta dónde habrá que llegar?” (Foto: Pepe Perea)

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“Hasta aquella boya del final…” (Foto: Pepe Perea)

Llegado el momento, me quedé en la parte final del grupo de nadadores que estábamos listos para comenzar a nadar. Como buen novato, mi posición estaba ahí atrás, era algo que sabía con antelación y así lo hice. Los motivos, tan sencillos como estos:

No estorbar, ni entorpecer el ímpetu que con toda seguridad imprimiría el resto de nadadores; evitar el contagio de la emoción del momento y dejarme llevar, comenzando a un ritmo mayor del recomendado; seguir la estela de los participantes adelantados me ayudaría a saber la dirección que debía mantener; y, por último, intentar disfrutar, en la medida de lo posible de mi primera experiencia, como nadador, en medio del mar.

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Instantes previos a la salida (Foto: www.lineadesalida.net)

No hubo silbato, sirena o pitido que indicara el comienzo y a la voz de “Ya”, todos los participantes cambiamos nuestra posición vertical por esa otra más parecida a la horizontal, moviendo brazos y piernas de manera acompasada. Comenzamos a nadar.

En apenas unos segundos pude contemplar el elevado ritmo de nado de los primeros participantes y como comenzaron a distanciarse en pocos segundos. Mis primeras brazadas eran serenas, sin tensión, sin nervios, como si de una salida en solitario se tratara, pero bastaba con sacar mi cabeza y dirigir mi vista al frente para comprobar que no estaba, ni mucho menos, en soledad.

El agua de esos primeros metros estaba turbia, carente de visibilidad, pero bastaron unos pocos metros para comenzar a vislumbrar el fondo marino… arena, algas y algún que otro pez despistado, y desconcertado, quizá, por la presencia de tantos agitadores que parecían decididos a alterar la calma de su hábitat.

La primera boya tardó en llegar un poco más de lo esperado, al menos así me lo pareció y una vez a su lado, mientras la sorteaba, me pareció bastante más grande de lo que había imaginado. A mi lado algún que otro participante, nadaba en paralelo a mí, por delante la inmensa mayoría y por detrás…

Iré cerrando el pelotón, seguro –pensé.

El tramo hasta la segunda boya, y más alejada, la que marcaba el ecuador de la prueba, era la parte que más me preocupaba y con un ritmo cada vez más confiado fui avanzando en un mar que, efectivamente, se mostraba más movido de lo que aparentaba. Arena, algas, algún que otro pez despistado y la lamentable huella de nuestra especie, en forma de resto no reciclable, dormido en un fondo que no debía estar más allá de los 5,00 m de profundidad: una botella de plástico, unas gafas de sol…

Si seguimos a este paso, no dejaremos sitio para deseos, sueños y esas otras emociones que tantas canciones han puesto aquí dentro –volví a pensar.

Cada varias brazadas, aprovechaba para otear a lo lejos y corregir mi posición, que prácticamente se mantenía bien alineada con el punto de referencia que marcaba el segundo hito de la prueba. Me sentía a gusto, nadaba sin pretensiones de tiempo, ni ritmo y cada vez me encontraba más cómodo.

El viraje en la segunda de las boyas no solo suponía encarar la dirección de regreso, sino que también fue el comienzo de la parte más difícil de la travesía. El sentido de la marea era perpendicular al de la macha y por mi particular manera de nadar, en la que solo saco mi cabeza al lado derecho para tomar aire, me veía con frecuencia azotado por las olas que parecían empeñadas en dificultar mi avance, obligándome a respirar con una frecuencia mayor.

Durante esa segunda parte, aumenté mi ritmo de nado, pero no dejé de seguir absorto, ensimismado, siéndome ajeno a dónde me encontraba… arena, algas y algún que otro pez despitado.

Atrás quedó la tercera boya y poco después atravesé una parte de ese segundo tramo en el que la presencia de una elevación del fondo posibilitaba que pudiese rozar con la mano dicha superficie, compuesta de un terreno rocoso cuajado de vegetación marina. La transparencia, la nitidez, era total y tan solo echaba en falta la tonalidad que otorgan los rayos del sol al penetrar bajo la superficie, pero esa mañana este se mostraba algo reticente y apenas nos regalaba su presencia durante breves instantes.

Y entre tanto, casi sin darme cuenta, se produjo mi paso por la cuarta y última de las boyas; el arco de meta se veía próximo y la evidencia de estar a punto de completar la distancia hizo que me esforzase durante ese último tramo. Mis brazadas y mi aleteo de piernas eran más intensos, más contundentes y sentía como avanzaba de manera más rápida, pese al azote de las olas. La claridad del agua comenzó a disminuir, indicándome de manera inequívoca que me estaba acercando a la orilla y por extensión, al final de mi travesía. Pocos metros después puse pie en tierra y comencé a caminar hacia la orilla, donde el arco de meta me esperaba igual que yo me sentía: sereno.

Ahí estaba, antes que ninguno, Pepe Perea, que me regaló la primera instantánea del momento, y un poco detrás se encontraba Fernando Murcia quien, con un gesto afable y su característica sonrisa me dio la enhorabuena en la distancia. Miré hacia los dígitos del control del tiempo, que se ocultaban tras otro nadador que posaba para una foto. Ese reloj marcaba algunos segundos más de los 41′, quedando el crono oficial, una vez que atravesé la manta de control de tiempo, en los 42’01”, ocupando el puesto 165º de la general y el 42º de mi categoría (Master+40, en esta ocasión), de un total de 185 nadadores que completamos la distancia.

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Llegada a meta (Foto: Pepe Perea)

Sí, fui consciente, era un tiempo modesto, muy modesto, pero que me hizo sentir satisfecho, al haber completado esos 2.000 m. en un tiempo inferior al que había imaginado, más cercano a los 50′. Allí también estaba Nacho Tortosa, esperando mi salida, interesado por saber qué tal me había ido, qué tal me había sentido. Mis palabras se limitaron a un escueto y concluyente:

Me ha encantado la experiencia, Nacho.

Tras recoger mi mochila y en compañía de Pepe, Fernando, Nacho, Inma y Salva, nos fuimos hacia la zona de post carrera, donde charlamos distendidamente, disfrutando de una rica sandía fresca y del ambiente que siempre se respira en eventos donde el deporte, la natación en este caso, es el protagonista.

De camino a casa y más allá del buen sabor de boca que llevaba, tuve claro que volveré a echarme al mar, para tomar la salida en más travesías e intentar disfrutar tanto o más como esa mañana lo acababa de hacer.

La próxima carrera será este próximo sábado, en la que de nuevo vuelvo a atarme las zapatillas, como no podía ser de otra manera. En esta ocasión correré en la nueva edición de una carrera que es toda una clásica del verano: la Pinatar Full Moon Race, que este año llega ya a su quinta edición. Allí estaré.

Y tú, ¿participaste también en esta travesía?, si es así ¿qué te pareció? Tal vez participaste en otra prueba diferente a ésta, si quieres puedes compartir tu experiencia, anímate, con tu comentario nos enriquecemos. Muchas gracias.

(Aquí puedes consultar la clasificación completa de la prueba de 6K celebrada: XIV Travesía a nado Puerto de la Torre – Pilar de la Horadada)

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4 comentarios a XIV Travesía a nado Puerto de la Torre – Pilar de la Horadada (Alicante)

  • Fernando Murcai  dice:

    Buenos días, Paco.
    Un gustazo tremendo y hasta diría que un enorme honor, haber compartido contigo esos momentos previos y posteriores a tu “primera vez” en un tipo de competición deportiva. Me atrevo a decir que tu tiempo no está mal para nada, en absoluto. ¿se puede mejorar? por supuesto, creo que es parte de lo bonito que tiene la natación, que siempre se puede mejorar, y no dependiendo de condiciones físicas, que también, sino mejorando la técnica, la cual cobra una especial transcendencia en este deporte.
    La piscina tiene su encanto, las series, las repeticiones, a unos pocos raros nos gusta y nos motiva sentirnos “hamsters” dando vueltas a la rueda… pero sin duda el mar tiene muchísimo encanto, nos atrae precisamente por lo ajenos que nos sentimos en él, no es nuestro medio pero tal vez por eso podemos llegar a sentirnos más nosotros que en seco. El domingo no esaba el mar tan apacible como parecía desde la orilla, sin duda alguna, pero te dejo una frase muy recurrente entre nadadores en aguas abiertas: “Ningún mar en calma hizo experto a un nadador” (si la original dice marinero, pero la podemos adaptar)

    Un abrazo, Paco.

    • Paco Molina  dice:

      ¡Hola, Fernando! Ese gustazo fue mutuo y me sentí como un niño en su primer día de algo que le gusta: ilusionado y emocionado. Como bien dices fue mi “primera vez” y tener la oportunidad de hacerlo junto a ti le dio aún más valor, por la amistad y el aprecio que te tengo, y por los años y las veces que hemos coincido corriendo. Yo, reconozco, que de técnica y de mejora a medio o largo plazo voy muy justito, pero es algo que tengo asumido y que no me importa, ya que como siempre he manifestado nadar es mi complemento ideal para aliviar los excesos y las secuelas de la carrera de fondo. En cuanto a lo del mar o piscina, lo tengo muy claro, yo me quedo con la primera opción y coincido plenamente contigo cuando dices “…nos atrae precisamente por lo ajenos que nos sentimos en él, no es nuestro medio pero tal vez por eso podemos llegar a sentirnos más nosotros que en seco”.

      En definitiva, sé que nunca olvidaré mi debut en este deporte, como tampoco olvidaré la compañía de esa primera vez y espero, deseo, que volvamos a compartir momentos como ese, bien en agua o sobre el asfalto. Y por cierto, no lo he dicho, para mí fue todo un honor tenerte de padrino en ese bautismo.

      Muchas gracias por leerme y compartir tus pensamientos en este rincón.
      Un fuerte abrazo.

      Paco.-

  • Evaristo  dice:

    Enhorabuena Titan.
    Un mar de kilometros te esperan si tu quieres.
    Te aconsejo la TIMONCAP 3,5 km en Cabo de Palos para Octubre, la hago junto a ti. Jajaja.El entorno es precioso. No te favorece al nadar en sentido contrario a las agujas del reloj y tu respirar solo de derechas. Yo respiro solo de izquierdas por lo que yo sere tu referencia solo por esta vez.
    De tiempo modesto nada es muy bueno.
    Lo que no es normal es nadar al ritmo que nadan los que llegan primero jajaja.
    Recuerda que el ultimo es el que mas aplausos se lleva. Lo digo por experiencia.Visualiza la proxima.
    Y vente al mundo del agua es mucho mas limpio y sudas menos.jajaja
    Te quiero mucho
    Hervie

    • Paco Molina  dice:

      ¡Querido amigo!, ¡cuánto me habría gustado verte allí esa mañana!, no solo por el tiempo, excesivo tiempo que hace que no nos hemos visto, sino sobre todo por haberme dado la oportunidad de haber podido decir que había hecho una travesía contigo. Aún recuerdo cuando me contaste que empezabas a nadar y cómo me quedaba maravillado escuchando tu pasión por esta disciplina, por eso no puede evitar acordarme de ti cuando me zambullí y comencé a nadar. Como has leído en mi crónica, quedé encantado y repetiré experiencia, no sé si en esa TIMONCAP que me recomiendas (3,5K lo veo para un verdadero Titán, como tú… yo no paso de un simple salmonete, jajajajaja), pero seguro que en alguna otra sí. Sea en la que sea, espero que pueda tenerte cerca y hacer esa travesía juntos y contarle a todos que ese tipo que está a mi lado, ese que tiene un brazo como mi muslo, es mi amigo Hervie, el único y auténtico Hervie… y yo un tío con mucha suerte por tenerte a mi lado.

      Me pensaré lo de irme para el mundo del agua, pero ya te adelanto que el asfalto es muy adictivo, así que mientras tanto te animo a que echemos unos kilómetros juntos al trote, hasta que llegue esa travesía 😉

      Muchas gracias por enriquecer este rincón con tu presencia; me emocionas, cartagenero y sabes cuánto te quiero.

      Un abrazo muy fuerte.

      Paco.-

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