XIX Medio Maratón Ciudad de Orihuela (Alicante)

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Cartel de la prueba (Fuente: web Club Tragamillas)

Lugar: Orihuela (Alicante)

Día: 12 de febrero de 2017

Hora: 10,30 horas

Distancia: 21.097 m (distancia homologada por la R.F.E.A.), junto a esta también se celebró la II Edición del 8K Gran Premio Caja Rural Central

Organizada por: Club Atletismo Tragamillas

Recorrido: presentó pequeñas variaciones sobre el tradicional recorrido que venía repitiéndose desde hace años. La principal novedad radicó en la salida en dirección contraria a la que se tomaba años atrás, para evitar el embotellamiento de corredores que se producía en los primeros metros de la prueba. Esto hacía que la prueba variara acertadamente el orden de las calles por las que se corría, sin perder la esencia de la carrera, que no es otra que la de hacer un tour por la hermosa capital oriolana, mostrando con orgullo el patrimonio cultural y artístico de un casco urbano de gran belleza y recogimiento, sin olvidar la riqueza natural de su inigualable palmeral.

Un recorrido de norte a sur de la ciudad, cuya salida y meta, situadas junto a la Glorieta Gabriel Miró volvió a ser el centro neurálgico por el que se pasaba en dos ocasiones durante la prueba, conformando así las tres vueltas de las que constaba el trazado, acumulando un desnivel que rozaba el nulo y que resultaba de la combinación de pequeños tramos de subida y bajada, sobre todo en los tres kilómetros que precedían al paso por meta de las dos pruebas organizadas, de 8K y 21K.

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Arco de salida (Foto: Club Tragamillas)

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Arcos de llegada a meta (Foto: Club Tragamillas)

Organización y atenciones: rellenar este apartado resulta muy sencillo cuando se trata de una prueba celebrada en Orihuela y cuyo club organizador que hay detrás de esta no es otro que el Club Tragamillas. Quienes hemos participado alguna vez en ella sabemos en primera persona las virtudes de una carrera hecha con el cariño, la dedicación y el empeño que ponen en ella tanto los organizadores como los propios vecinos de Orihuela, que año tras año se vuelca con esta carrera, que viven como suya.

Resulta poco original por mi parte repetir lo mismo que llevo destacando cada año que tengo la fortuna de correr esta prueba, pero al mismo tiempo resulta imperdonable obviar lo mucho y bueno de ella, que hacen, edición tras edición, que sea un rotundo éxito. Éxito por el numeroso y entregado voluntariado, éxito por una señalización minuciosa tanto en carrera como de todo lo que rodeaba a ella, éxito por la perfecta entrega de dorsales y la correspondiente bolsa del corredor, éxito por los avituallamientos durante la carrera y el generoso post carrera, éxito por un servicio de cronometraje impecable con varias lecturas de paso intermedias (hasta cinco tiempos, más el de entrada en meta), éxito por todos los servicios desplegados en torno a la salida y meta, donde estaban a la mano el guardarropa, la carpa para recibir un masaje fisioterapéutico, una pequeña feria del corredor, sin descuidar, por supuesto, el servicio de duchas y un despliegue policial y médico, a cargo de Cruz Roja, que contó con dos ambulancias en dicha zona cero e incluso un hospital de campaña, junto a otra ambulancia que siguió el recorrido de la prueba.

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Hospital de campaña (Foto: Club Tragamillas)

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Batukada zona de salida (Foto: Club Tragamillas)

A tenor de todo esto se comprende perfectamente por qué esta prueba vuelve a ser todo un éxito cada año. Un año, que por cierto esta vez ha visto entrar en meta a 967 corredores, para la distancia de medio maratón y 558 atletas, para la distancia de 8K. Una cifras algo menores que las del año pasado, sobre todo en la distancia larga, que ha visto mermada la participación en casi 200 corredores, sin duda por la fuerte oferta de carreras que cada fin de semana se celebran y que están haciendo que el número se corredores se reparta entre unas y otras. En cualquier caso, Orihuela volverá a ser un éxito el año que viene y con toda seguridad volverá a albergar un nutrido número de corredores y espectadores, que volverán, volveremos, a disfrutar de la experiencia, el rigor y las ganas de hacer las cosas bien de sus organizadores.

Bolsa del corredor: generosa, como en ediciones anteriores, estaba compuesta por la tradicional camiseta técnica y una taza, ambas conmemorativas con el nombre e imagen del Club Organizador, junto con un bote de cerveza con limón, una malla de naranjas, un par de muestras para reponer energía tras el esfuerzo de la prueba, formadas por frutos secos y una barrita energética natural a base de frutas, y varios folletos publicitarios promocionales, todo ello contenido en la usual habitual pequeña bolsa impermeable tipo petate. Al terminar la prueba, cada corredor entrado en meta recibía una toalla, en la que no podía faltar la imagen del Club Tragamillas y una medalla conmemorativa de la carrera.

Podio: Mohamed Boucetta, Veterano A del grupo Playas de Castellón, fue el ganador masculino con un tiempo oficial de 1h09’49”, llegando en segundo y tercer lugar respectivamente: Nicolás Alejandro Tucci (con un tiempo oficial de 1h12’08” – Sénior del equipo Fend Cami Mislata) y Alex García Carrillo (con un tiempo oficial de 1h12′:33” – Sénior de primer año).

Entre las féminas, Wafiya Benali, Sénior del C.A. Nogalte Puerto Lumbreras, fue la ganadora de la prueba con un tiempo oficial de 1h17’41”, llegando en segundo y tercer lugar respectivamente: Marthe Katrine Myhre (con un tiempo oficial de 1h21’16” – de categoría Sénior) y Candi García Tejero (con un tiempo oficial de 1h22’09” – de categoría Veterana A.

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Podio masculino (Foto: Club Tragamillas)

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Podio femenino (Foto: Club Tragamillas)

Muy personal: un nuevo domingo para ponerme un dorsal, el tercero en lo que va de año ya… ahí es nada. En esta ocasión estuve acompañado de mi amigo Ángel Cánovas, del Club Ranero Corre y llegamos a Orihuela poco después de las nueve y media de la mañana, tras un ameno trayecto con el gran Manolo García poniendo la música de fondo a nuestra conversación y sin la prisa de tener que recoger un dorsal que ya el día anterior se había encargado de recoger Ángel.

Una mañana gris con presagio de lluvia y viento acogía la nueva edición de uno de los mejores medios maratones de la zona, el de Orihuela. Sin embargo, ese temor se convirtió en una mañana ideal para correr, con la temperatura fresca, que no fría, y con apenas algo de viento que en ningún momento dificultó la carrera. En definitiva, el tiempo acompañaba, que era lo importante.

Tras dejar el coche en uno de los aparcamientos perfectamente habilitados para ello, nos dirigimos hasta la zona de salida, donde ya se concentraba gran cantidad de los corredores que tomaríamos la salida. Orihuela olía a running, se respiraba a este deporte por los cuatro costados y el numeroso público empezaba a calentar el ambiente, mientras quienes íbamos a participar minutos más tarde comenzábamos ese otro calentamiento, tan necesario para preparar nuestra musculatura de cara la carrera que estaba próxima a comenzar.

Las calles próximas a la Glorieta Gabriel Miró se llenaban de corredores en un sentido y otro, unos en solitario, otros en grupos más o menos numerosos, que interrumpían su calentamiento para saludar a amigos y conocidos, como hice en mi caso cuando vi al bueno de Francis Florenciano, con el que siempre es un placer coincidir. El colorido que se veía sobre el asfalto era el reflejo de los numerosos clubes que se habían dado cita para no perderse la cita con la tierra del inmortal Miguel Hernández y la evidencia del tirón que tiene Orihuela cuando se trata de correr.

El calentamiento se esfumó casi por arte de magia y antes de lo imaginado nos encontrábamos amontonados a un lado de la línea de salida, bajo un arco hinchable que indicaba la zona desde donde partiría la prueba. A un lado estaba Miguel Serrano, un amigo y compañero de Fondistas que me acompañaría durante toda la prueba, para marcarme el ritmo de una carrera que esperaba completar en torno a una hora y veinticuatro o veinticinco minutos. Y a otro lado estaba toda una campeona y un referente del running en nuestra Región y alrededores, la incombustible Mercedes Merino, cuya grandeza deportiva está a la altura de una sencillez y humildad dignas de alabar. La conversación con ella, minutos antes de poner nuestros corazones a trabajar, son las que te regala esta pasión llamada correr.

Habían pasado 365 días, mejor dicho 366 días (teniendo en cuenta que el año pasado fue bisiesto) y de nuevo volvía a estar a punto de correr un medio maratón. Todo este tiempo transcurrido no se resume en un párrafo, por lo que de todo ese año escribiré más adelante, cuando realmente comprenda que he completado un período dentro de este deporte, muy diferente al vivido anteriormente y que comprendo que ha sido tan necesario e importante como todos los vividos a lo largo de los 15 años que llevo unido a él.

Un minuto pasaba de las diez y media de la mañana cuando Francisco Belmonte, presidente del Club Tragamillas, indicó el comienzo de la prueba y con ese inicio casi dos mil pares de piernas se pusieron en marcha… la carrera comenzaba.

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Pistoletazo de salida (Foto: Club Tragamillas)

Desde el primer metro Miguel fue a mi lado, marcando un ritmo cuyo objetivo final era el de alcanzar el tiempo fijado. Los primeros kilómetros fueron más rápidos de lo que me había propuesto, pero bien es cierto que los iba asimilando bien, con el esfuerzo lógico, pero sin notarlo en exceso. Su conversación y atención, me acompañaban en cada zancada, marcando con maestría el camino que debíamos seguir.

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Con Miguel Serrano, en carrera (Foto: Footer Trotter)

A pesar de llevar una compañía de lujo no podía evitar sentirme extraño, puesto que a lo largo de todos los años que llevo corriendo era la primera vez que me marcaban el ritmo de carrera. Tal vez por eso no supe dosificar bien mis fuerzas y levantar un poco el pie, dándome por completo en la primera mitad de la carrera y lógicamente acabar pagándolo. La lectura de mi participación en la carrera tuvo tres etapas bien diferenciadas:

– La primera hasta el 10K donde corrí sin reservar nada, marcando un ritmo en torno a 3’55’’, con alegría en la zancada y adelantando a cuantos corredores nos encontrábamos al paso;

– La segunda parte entre los kilómetros 10-15K donde empecé a acusar el esfuerzo, perdiendo la diferencia de segundos que había bajado de los 4’00’’, marcando un crono de 1h00’09’’ en el paso por el kilómetro 15;

– La tercera parte y última, la más dura, donde se me fueron 10’’ en cada kilómetro que me hicieron perder todo el trabajo de la primera parte y lo que fue peor, sufrir como hacía tiempo que no sufría. Fue en ese último tramo donde le insistí a Miguel que no hipotecase toda la carrera por ir conmigo y marcase un tiempo que a mi lado ya iba muy superior al que podía haber conseguido. Convencido de mis palabras y unos metros antes del 17K, tomó la delantera y me enfrenté a ese último tramo con la reserva de gasolina bajo mínimos y un único propósito: no pasar de 25’ por encima de la hora.

En mi mente el recuerdo de los amigos con los que me había ido cruzando a lo largo de la carrera en cada cambio de sentido y cuyos ánimos habían servido de empuje, tanto para ellos, como para mí. Patrick Carpena, Pepe Perea y Rafa Candela de Simplemente Runners y José Antonio Abellán, Tolín Mayor, Javier Orenes, Cipriano Sánchez y Jesús de San Pedro de mis Fondistas, entre otros.

La carrera estaba casi hecha, aunque aún restaban los dos últimos kilómetros, que compartí con Joaquín Navalón, un corredor de Crevillente, que vino a evidenciar el espíritu y la grandeza de este deporte, en el que corredores que no se conocen son capaces de aliarse solo para ayudarse unos a otros. Así el paso por meta se produjo cuando mi cronómetro marcaba un tiempo real de 1h25’36’’ y un tiempo oficial de 1h25’41’’, ocupando el puesto 103º de la general y el 11º de mi categoría (Veterano C), de un total de 967 corredores que terminamos la carrera, con un ritmo medio de 4’04’’ min/Km. Un resultado que pese a todo considero muy positivo y que me ayuda a tener los pies en el suelo y ser consciente de dónde estoy y donde queda el tiempo conseguido en mi participación del año anterior, que hoy por hoy es una meta en un horizonte muy, muy lejano.

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Camino de meta kilómetro 20 (Foto: Footer Trotter)

Con la medalla que me acreditaba como finisher de la prueba repuse líquidos en la generosa zona de post carrera, donde tuve la oportunidad de abrazar y hablar con uno de los grandes de este deporte, Paco Sánchez Gálvez, al que siempre es un placer y una satisfacción ver.

El regreso a casa, nuevamente con Ángel al volante y Manolo García haciendo más ameno el viaje, sirvió para comentar la prueba que acabábamos de realizar y para emplazarnos de cara a la próxima carrera: será este fin de semana en la vecina Alcantarilla, que por cuarto año organiza su Carrera de la Base Aérea y donde 14K nos esperan para poner a prueba, de nuevo, las piernas y ver cómo ha sido el balance tras un año sin correr un medio maratón.

Y cómo no, agradecer a J. Pablo Tudela (Footer Trotter) sus fotografías y generosidad, sin las cuales no serían iguales las carreras, y al Club Tragamillas por la amplia oferta fotográfica dispensada. Y para terminar, os dejo unos versos extraídos de las famosas Nanas de la cebolla de Miguel Hernández, unido para siempre a la capital de la Vega Baja, unido para siempre a Orihuela

[…]

Desperté de ser niño.

Nunca despiertes.

Triste llevo la boca.

Ríete siempre.

Siempre en la cuna,

defendiendo la risa

pluma por pluma.

[…]

Y tú, ¿participaste también en esta carrera?, si es así ¿qué te pareció? Tal vez participaste en otra prueba diferente a ésta, si quieres puedes compartir tu experiencia, anímate, con tu comentario nos enriquecemos. Muchas gracias.

(Aquí puedes consultar la clasificación completa de la prueba celebrada: XIX Medio Maratón Ciudad de Orihuela)

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