XLII Maratón de Berlín

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El sueño berlinés, la Puerta… del cielo (Foto: Quique Quiñonero)

Lugar: Berlín

Día: 27 de septiembre de 2015

Hora: 9,00 horas

Distancia: 42.195 m

Patrocinador Oficial: BMW (Bayerische Motoren Werke), tal y como aparece reflejado en el nombre oficial de la prueba – BMW Berlín Marathon

Recorrido: la salida estaba situada en la Avenida 17 de Junio, que disecciona como si de un magistral bisturí se tratara el imponente Tiergarten, un inmenso parque cuya superficie es aproximadamente de 210 hectáreas, a la altura del monumental Reichstag (Parlamento Alemán), teniendo la imponente Puerta de Brandenburgo a su espalda y la esbelta Columna de la Victoria de frente, al final de la citada avenida. A partir de ahí, el recorrido era toda una delicia, convirtiendo la prueba en todo un tour por la capital alemana; así se transitaba por lugares tan famosos como la Avenida Friedrichstrasse, la zona de Alexanderplatz, con su moderna y emblemática Torre de Televisión de368 m de altura, la Avenida Karl Marx, dejando a un lado la Isla de los Museos, la zona de Kreuzberg donde se encuentra el barrio turco, la Avenida Groebenstrasse, por donde se situaba el ecuador de la prueba, para continuar entonces por calles de barrios residenciales al suroeste de la ciudad, hasta llegar a la Fehrberliner Platz, donde se daba paso al último cuarto de la prueba, totalmente céntrico, pasando por la Postdammer Platz y la Calle Leipziger, entre otros lugares, hasta llegar al famoso bulevar de Unter den Linden (“Bajo los Tilos”), que terminaba a los pies de la Puerta de Brandenburgo, donde tras cruzarla, a varias centenas de metros, se encontraba la línea de meta.

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Recorrido de la prueba

Bolsa del corredor: escasa, contenía una pequeña esponja, una pulsera de caucho conmemorativa de la prueba, un llavero de goma de uno de los copatrocinadores, unas muestras gratuitas de snack y suplemento energético, algún folleto publicitario y la revista oficial con el programa del maratón, todo ello en el interior de un petate de plástico que serviría de bolsa para dejar en consigna el día siguiente, durante la celebración de la prueba. Se echó en falta y mucho, la tradicional camiseta conmemorativa de la prueba, que siempre suele entregarse y que en esta ocasión se podía comprar en el stand de la marca deportiva que patrocinaba la carrera, así como otras prendas deportivas, todas ellas marcadas con la inscripción de la edición actual de la prueba.

Organización y atenciones: hablar de este apartado en una carrera como ésta, que tiene el prestigio de formar parte de una de las seis mejores maratones del mundo (los conocidos como World Marathon Major, que lo forman: Nueva York, Chicago, Boston, Londres, Berlín y Tokio), puede resultar a priori innecesario, puesto que se presume que todo cuanto rodea a esta prueba debe llevar inherente la calificación de sobresaliente. Aún así y siguiendo con el esquema habitual de cada una de mis crónicas, voy a referirme a ello, puesto que a pesar de presuponerse que todo cuanto rodea este maratón debe ser excelente, no está demás destacar aquello que desde mi punto de vista fue más significativo, así como algún punto susceptible de ser mejorado.

Comenzaré por la recogida de dorsales, que como toda gran carrera estaba abrigada por la correspondiente y tradicional Feria del Corredor, que desde los últimos años viene celebrándose en las instalaciones del antiguo Aeropuerto de Tempelholf, en la parte central de la ciudad. Un edificio de grandes dimensiones, que estuvo en funcionamiento desde la década de los años 20, hasta finales de octubre de 2008, y que en la actualidad representa el mayor parque público de la ciudad. En su interior se respiraba el mundo del running por los cuatro costados, como es lógico, con decenas de stand de famosas marcas deportivas, tanto de ropa, como de alimentos y complementos, ofreciendo productos atractivos a los visitantes, aunque éstos no tuvieran unos precios que resultaran igual de interesantes. En su parte exterior, la que daba acceso a las antiguas pistas de vuelo, el ambiente era sensacional, con puestos de comida, bebida, celebración de pruebas infantiles, globos aerostáticos e incluso algún ejemplar de aviones antiguos para deleitar a los más nostálgicos.

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Aeropuerto de Tempelholf (Recogida de dorsales & Feria del Corredor )

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Aeropuerto de Tempelholf (exteriores de la Feria del Corredor)

Al margen de todo ese marco incomparable, la recogida en sí de los dorsales era muy ágil y dinámica, con la particularidad de poder recogerse el mismo en cualquiera de los numerosos puntos dispuestos para ello, puesto que dichos dorsales eran impresos al momento, tras la presentación de la correspondiente acreditación como corredor y algún documento que diera fe de nuestra identidad. Significativo fue que sólo los corredores eran quienes podíamos acceder a esta parte, evitando así la acumulación de acompañantes que hubieran masificado y ralentizado esta labor. Quiero subrayar el hecho de disponer de los dorsales al instante, puesto que ello facilitó que cualquier incidencia o cambio en cualquier de ellos pudiera ser atendida y subsanada al momento.

Centrándome en el día de la prueba, la salida es siempre un momento clave en el correcto desarrollo de una carrera y este caso, en el que más de 40.000 almas nos concentramos en torno a ella, aún más, por lo que debían estar cubiertas las necesidades de guardarropa, aseos portátiles, así como contar con un despliegue de voluntarios capaz de atender y resolver las dudas a tantos corredores, sin olvidar de disponer de unas eficaces indicaciones respecto a los correspondientes cajones de salida, que distribuirían de manera ordenada toda la marea humana para su lugar antes del pistoletazo de salida. Evidentemente, todo esto estaba perfectamente cubierto, como era de prever.

Ya en carrera, la señalización del recorrido venía marcada a lo largo de los 42.195 m sobre el propio asfalto, algo habitual en los grandes maratones, utilizando para ello tres líneas discontinuas de color azul que no sólo indicaban la trayectoria a seguir, sino que también ayudaba a saber hacia dónde se iban a producir los giros en cada momento, pudiendo anticiparse a los mismos siguiendo su trazado. Ni que decir tiene que el corte del tráfico a los largo de toda la carrera era total, sin más y la animación fue sencillamente magistral, amenizando y poniendo música casi en cada kilómetro con grupos musicales de todo tipo, desde pop-rock, pasando por bandas de música, grupo de tubas, batucadas, solistas, equipos de megafonía con altavoces y algún que otro grupo de majorettes. Y si a eso se suma un recorrido donde la presencia de público era una constante y que el mismo no dejaba de animar, aplaudir, gritar y vitorear, el resultado es prácticamente inmejorable.

Como no podía ser de otra manera, el seguimiento fotográfico durante toda la prueba, realizado por cientos de fotógrafos acreditados de la organización, captando momentos y momentos de todos los corredores, fue de sombrerazo y el despliegue en la zona de meta, con cámaras por todos lados para no perder detalle, pantalla gigante emitiendo en directo, unos graderíos a reventar, globos, lonas conmemorativas, música y una megafonía de primera, tenía todos los elementos necesarios para emocionar a todos los finisher que llegábamos victoriosos a completar la distancia reina.

También en carrera, la prueba tuvo un punto débil, bastante mejorable y que no me pareció propio para uno de los seis mejores maratones del mundo. Estoy refiriéndome a los avituallamientos, que si bien fueron numerosos y suficientes, creo que fueron algo cortos en cuanto a su longitud y además deberían haber estado situados a ambos lados del recorrido, como sí sucediera en el primero de ellos. De esa manera se habrían evitado, sobre todo cuando pasó el grueso de la carrera, que todos los atletas tuvieran que desplazarse a un lado, produciéndose una aglutinación de corredores innecesaria, habiéndoles ahorrado el hecho de tener que pasar por algunos de esos avituallamientos sin poder reponer líquidos.

Hubo también otro hecho que no estuvo a la altura de un maratón como éste, y fue la espera y aglomeración que se produjo de los corredores entrados en meta por debajo de las tres horas y que debimos esperar hasta las 12:15 aproximadamente, hora en la que al fin se produjo la apertura del vallado que permitía el acceso a la inmensa zona de césped, frente al Reichstag, donde se podía descansar tras recoger las bolsas dejadas en el guardarropa horas antes y disfrutar de alguna de las cervezas sin alcohol que repartían gratuitamente en un amplio stand destinado a ello.

Dos pequeños lunares que no restan brillo a este gran maratón, que como es lógico contó con la tradicional y obligada Pasta Party el día previo a la carrera y otra posterior, la tarde-noche del domingo y denominada Marathon Party Running, donde los participantes interesados podían celebrar y disfrutar, ya sin nervios, de una carrera imposible de olvidar.

Podio: Eliud Kipchoge, perteneciente a la categoría M30 y nacionalidad keniana, fue el ganador masculino con un tiempo oficial de 2h:04’:00’’, llegando en segundo y tercer lugar respectivamente, el keniano de categoría H Eliud Kiptanui (con un tiempo oficial de 2h:05’:21’’) y el etíope Feyisa Lilesa, también de categoría H (con un tiempo oficial de 2h:06’:57’’).

En mujeres, la vencedora fue Gladys Cherono, encuadrada dentro de la categoría W30 y nacionalidad keniana, con un tiempo oficial de 2h:19′:25”, llegando en segundo y tercer lugar respectivamente: las dos etíopes en categoríaH: Aberu Kebede (con un tiempo oficial de 2h:20′:48”) y Maseret Hailu (con un tiempo oficial de 2h:24′:33”).

Muy personal: ¡Cuántas cosa que contar, cuantas emociones vividas!, pero esta carrera no comenzó el pasado domingo, día 27, sino que lo hizo bastante tiempo atrás, tanto como…

En noviembre del año pasado, durante la celebración del cumpleaños sorpresa de unos buenos amigos. Allí estaba Nacho Tomás, al que conocía escasamente de alguna que otra carrera. Él casi acababa de quitarse las zapatillas de correr el Maratón de Nueva York (su primer maratón) y yo había hecho lo propio, pero del Maratón de Valencia. Nacho, junto a Antonio Rentero habían creado meses atrás una Asociación Deportiva, llamada NYC2014M, para la organización de ese sueño americano y en su locura habían planeado un nuevo maratón: el de Berlín.

Quien conoce a Nacho se da cuenta a la primera de su vitalidad, de su optimismo y del entusiasmo que pone en todo aquello que hace. Ni que decir tiene que cinco minutos de conversación me convencieron para dar el “Sí” a esa aventura y en el horizonte, en un horizonte muy, muy lejano, apareció una palabra: BERLÍN y el germen de la ilusión y las ganas quedaron plantados en mí… la decisión estaba tomada.

En enero se celebró una primera reunión para establecer las bases del viaje y conocer a todos los interesados que íbamos a formar parte del grupo de maratonianos que iríamos en septiembre a la capital alemana. Allí habían caras conocidas y algún amigo que otro, pero sobre todo había nervios por la decisión que se había tomado, en unos porque iba a ser su debut en la gran distancia y para otros porque un maratón siempre es una prueba que debe ser respetada. Se sentaron las bases, los plazos y las cantidades a pagar y se puso en marcha el reloj de la cuenta atrás.

Llegó junio y con él, tras dos semanas de descanso que pusieron el fin a mi temporada anterior, comenzó mi preparación para la gran cita; por delante quedaban cuatro meses de entrenamientos y cómo no, cuatro meses donde aquellas semillas enterradas en noviembre comenzaban a brotar muy tímidamente. Por aquel entonces, Nacho Tomás y Antonio Rentero ya habían conseguido reunir a un grupo de patrocinadores que nos acompañarían hasta nuestro maratón, poniendo en ello una aportación económica, en algunos casos, o sus servicios gratuitos a nuestra disposición, para facilitarnos este viaje. Esos patrocinadores han sido:

RENAULT HERRERO Y LÓPEZ, S.A. – HOSPITAL MESA DEL CASTILLO – SUPERMERCADOS COVIRAN LOS GARRES – CUÍDATE FISIOTERAPIA Y ESTÉTICA – INFORGES – MOBEL – NOVATUR – N7

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Parte del grupo, en el mes de julio… nuestra Catedral nos contemplaba (Foto: web NYC2014M)

Los meses fueron pasando, el verano se empeñó en hacer que la preparación del maratón resultara aún más dura de lo que ya suele ser de por sí y regaló días y días con temperaturas y grados de humedad ante los que sólo podías enfrentarte si entrenabas antes del amanecer o después de anochecer. En cualquier caso, era lo que tocaba, no valía lamentarse y la fecha cada vez se iba acercando más, despacio, pero cada vez estaba un poquito más cerca.

En el camino, a tan sólo dos semanas de la cita, Virtu, mi compañera de viaje, mi mujer, mi amiga, embarcada como acompañante en este sueño se cayó del mismo por motivos laborales y su lugar fue ocupado por Brigi, mi hermana, mi protectora y siempre incondicional, que no dudó en dar el paso al frente y casi sin tiempo para digerirlo se vio sentada a mi lado, la mañana del viernes 25, subida en un autobús que nos llevaba a todo el grupo a Alicante, para volar hasta Berlín. Un grupo al que apenas conocía y que estaba formado por:

Alejandro Arana, Sabas Baños, Diana Cardo, Pablo Cantero, Fernando Hidalgo, Antonio Iniesta, Antonio Fernández, Rubén Lax, Paco Liaño, Javier Lucas, Quique Quiñonero, Antonio Rentero, Antonio Sánchez, Nacho Tomás, junto con Marcos García y Xabier Losada, un madrileño y un gallego que veríamos ya en Alemania.

El viaje ya había empezado y todo estaba aún por suceder… por fin pisábamos suelo alemán. La tarde noche del viernes y todo el sábado fue poco a poco calando en cada uno de nosotros, haciéndonos cómplices de todo cuanto nos había costado llegar hasta allí. Unos con más kilómetros en sus piernas, algunos con molestas e inoportunas lesiones que no les había permitido prepararse tal y como hubieran deseado y todos con un mismo objetivo: completar la distancia, guiñarle el ojo al maratón y vencerlo. Inevitablemente el running era el tema principal en torno al cual giraban casi todas las conversaciones y todos hablábamos de carreras en las que habíamos participado, del tiempo que esperábamos hacer, de aquello que tomaríamos en carrera para no desfallecer, de las manías que cada uno tenía, de qué tomaríamos para desayunar o de qué zapatillas nos pondríamos para correr.

Sí, aunque era el running el que nos había puesto a todos en el mismo camino, aunque este deporte nos había juntado por azar, se fue creando un ambiente a nuestro alrededor más propio de quien se conoce de toda la vida, con una confianza y una cercanía que surgieron de manera espontánea.

El sábado dio para un tempranero entrenamiento por la zona de salida del día siguiente, para la recogida de dorsales, para una visita al histórico Muro de Berlín y a algún que otro lugar turístico, para una foto delante de la Puerta de Brandenburgo, a la que todos miramos con ojos ilusionados y así, poco a poco el día se fue consumiendo, haciendo que los nervios fueran apareciendo en cada uno y deseando que todo cuanto habíamos dejado atrás tuviera su recompensa al día siguiente.

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“Nacho” y “Paco” en nuestros dorsales… incidencia resuelta (Foto: Nacho Tomás)

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El grupo al completo la tarde antes de la carrera (Foto: web NYC2014M)

Y llegó el gran día, con una temperatura que rondaba alrededor de los 7˚C. En el cielo, sol con algo de nubes y en el horizonte él, esperando majestuoso el inicio, para concedernos su gloria, no exenta de sufrimiento y de esfuerzo. Él es el juez, quien concede y quien ejecuta:

Sr. Maratón.

Los alrededores de la zona que acogían toda la prueba era un hervidero de gente, que transitaban de aquí para allá. Camisetas de mil colores, dorsales, zapatillas, bolsas de basura colocadas a modo de abrigo para evitar el frío de la mañana, sonrisas, caras concentradas, gorras, mallas, cinturones cargados de geles, auriculares, cronómetros puestos a cero… antes de entrar al recinto y dirigirme a mi cajón de salida, me abracé y deseé suerte uno por uno a todos los que 48 horas atrás eran casi unos desconocidos y que en tan breve espacio de tiempo se habían convertido en compañeros y amigos, y con los que no pude evitar emocionarme. Cada uno teníamos nuestra propia carrera y el momento había llegado.

Los minutos volaron y como en un sueño me vi dentro de la zona que me correspondía para tomar la salida, junto a mí Marcos García y a escasos metros el arco de salida. Por megafonía sonaba el Bolero de Ravel, sobre el que se escuchaba el mensaje de bienvenida al maratón en decenas de idiomas. Por mi cabeza pasaron fugaz tantos días de esfuerzo, de sacrificio, tantas horas de soledad, tantos pensamientos, tantas ilusiones puestas en esa cita, que en un minuto estaba a punto de comenzar. Marcos y yo no abrazamos, a ambos se nos notaba nerviosos, como al resto de los cuarenta mil soñadores que esperábamos el momento de la salida.

5, 4, 3, 2, 1… mi piel se erizó por última vez y mis piernas comenzaron a correr: el momento había llegado y descrucé unos dedos que habían estado entrelazados durante los últimos cuatro meses, para poder tener la suerte de llegar precisamente a ese momento. Desde el principio dejé a mi cabeza que tomase la riendas de la carrera y evité dejarme llevar por la euforia de los primeros kilómetros, para no correr a un ritmo más elevado del que debiese y que tal vez podía terminar pagando.

La planificación de mi carrera era sencilla y se resumía en mantener el mismo ritmo hasta pasar por el medio maratón, a partir del cual intentaría conservar ese mismo ritmo o si por el contrario notaba más cansancio del esperado, bajar la marcha de carrera algunos segundos, para conservar fuerzas de cara al tramo final de la carrera, que es donde se suele pasar factura.

Los kilómetros iban pasando con comodidad, sin duda gracias al gentío que se agolpaba animando, que era toda una inyección de ánimo. Ánimo que se venía arriba cada vez que veía alguna bandera de España, a la que señalaba, saludaba y levantaba mis brazos para conseguir los aplausos y los gritos en la lengua madre. A eso se añadían las actuaciones musicales, las manos tendidas de niños que esperaban chocar las de los corredores y Berlín que iba pasando, ante mis ojos, tan bonita y serena.

El medio maratón llegó y todo marchaba según lo previsto, el ritmo estaba siendo el planeado y las fuerzas no daban señales de poder pasar factura, por lo que decidí continuar con la misma táctica. En cada avituallamiento hacía una breve reposición de líquidos, sin dejarme uno y en los puntos kilométricos 15 y 30 tomé las provisiones que llevaba para evitar una excesiva bajada de azúcares.

Ya me encontraba en el último tercio de la prueba y en varias ocasiones rondó por mi cabeza la posibilidad de alcanzar el tiempo que me había marcado, pero rápidamente lo borré, lo aparté por completo, porque aún quedaba lo más duro y no quería que una falsa euforia se convirtiera en una torpeza que terminara pagando. Así, seguí concentrado en mi objetivo y no prestando atención a algún pinchazo que otro en la zona de mi isquio izquierdo y gemelo derecho…

no, ahora no es el momento, esperad, en cuanto crucemos quejaros cuanto queráis, pero ahora no por favor, ahora no, sigamos corriendo.

Pasaron el 37, 38, 39 y llegó el 40… había perdido unos segundos en esos últimos kilómetros y con las piernas ya muy cansadas saqué de mi corazón la fuerza para aumentar el ritmo en esos últimos 2.195 metros. Miré mi antebrazo izquierdo y vi sus nombres escritos:

Mar – Rocío

Me acordé de los dorsales que llevaba guardados en mi maleta, esos que me hicieron para llevarme a Berlín y mis piernas aumentaron el ritmo, mis ojos se humedecieron y en mi cabeza resonó un:

¡Vamos, hostias!

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Tres dorsales, un mismo número… una misma ilusión

Esos dos kilómetros fueron increíbles, inolvidables y el paso bajo la Puerta de Brandenbrugo lo más parecido a tocar el cielo; no podía ocultar mi sonrisa, mi emoción, mis lágrimas y la satisfacción de ver que estaba a punto de terminar mi sexto maratón y con el objetivo previsto al alcance de mi mano. Como en las veces anteriores miré el marcador y vi que volvía a mejorar mi tiempo… volví mirar al cielo, abrí mis brazos una vez más y en esta ocasión saqué la lengua, para rozar mis labios, en un gesto con el que intentaba contener unas lágrimas que habían encontrado un camino difícil de cerrar. Sí, volvía a tener esa sensación, mezcla de alegría, de rabia, de satisfacción, de felicidad y de fuerza, por poder cruzar esa línea de meta con la que tanto y tanto había soñado.

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La meta…

Ese momento, el de mi llegada en meta, se produjo cuando el cronómetro marcaba un tiempo oficial de 2h:49′:05” ocupando el puesto 676º de la general y el 132º de mi categoría (M40), de un total de 36.823 corredores que terminamos la prueba, con un ritmo medio de carrera de 4:00 min/Km. Por tercera vez había bajado del umbral de las tres horas y ese tiempo que acababa de conseguir mejoraba en algo más de 8’ mi mejor marca personal, conseguida en Valencia, precisamente en ese maratón del que casi llevaba aún las zapatillas puestas, aquel día que Nacho Tomás me habló de este sueño… gracias por haberlo hecho, Nacho.

Instantes después, una chica me colgó la medalla que acreditaba que había terminado la prueba y como si de un círculo se tratase cerró aquello que había comenzado tiempo atrás. En ese momento le di las gracias a él, al Maratón, por haber sido generoso conmigo y haberme permitido, nuevamente, poder saborear su lado más dulce y haber disfrutado de su mejor versión.

Ya en la zona de descanso, sobre la amplia explanada de césped donde los corredores que ya habían terminado comenzaban a tumbarse y cambiarse, miré por si veía entre ellos a alguno de mis compañeros, de mis amigos, que pudiese haber terminado… y como si formara parte de un guión escrito, vi a Nacho, grité su nombre para que me viera y nos acercamos. Estaba exultante y su cara así lo demostraba, había conseguido hacer un tiempo mejor de lo que pensaba y nos abrazamos, satisfechos ambos y emocionados por nuestros triunfos…

Después vimos a Marcos, al gran Marcos, que con un tiempo de otro planeta también había conseguido mejorar su marca, entrando en meta en la soledad destinada sólo a los campeones. Las emociones estaban a flor de piel y la felicidad era máxima, sin duda estaba, estábamos, ante un momento inolvidable.

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Con Marcos y Nacho… metas conseguidas (Foto: Marcos García)

Como inolvidable fue esperar en el hotel la llegada del resto del grupo y comprobar uno por uno que todos habíamos conseguido terminar la carrera y todos, todos, estábamos satisfechos y felices. Al margen de tiempos y de ritmos, lo importante es tener la fuerza, el pundonor y el coraje de enfrentarse a esta distancia y vencerla y entre todos no había ni una sola derrota, todos habíamos cruzado bajo la Puerta de Brandenburgo, todos nos habíamos coronado en Berlín como maratonianos y todos nos merecíamos una buena recompensa.

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El Muro de Berlín (el único “muro” que vimos)

Esa recompensa vino en forma de un suculento y delicioso codillo y de su correspondiente jarra de cerveza, durante la comida y en forma de la tradicional Bratwurst alemana y mucha más cerveza, durante la noche, disfrutando de la famosa Oktoberfest (la Fiesta de la Cerveza) en plena Alexanderplatz, donde dimos rienda suelta a los nervios de días atrás y pusimos sobre los bancos corridos de madera el mejor repertorio de cánticos, vítores, brindis y abrazos, compartiendo y contagiando un estado de ánimo que se volvía aún más feliz al vernos todos con esa medalla que colgaba de nuestros cuellos y evidenciaba lo que esa mañana habíamos logrado y ante lo que únicamente cabe decir:

“¡¡Chuffa!!”

Y GRACIAS a todos, AMIGOS, por hacer que este maratón haya sido INCREÍBLE

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El brindis de la victoria (Foto: Quique Quiñonero)

Fue el colofón a una carrera, a un viaje y a una experiencia inolvidable, que irá para siempre unida a Berlín y a su maratón y que todos deseamos tenga su continuidad en próximos maratones. Por lo pronto ya hay una cita sobre la mesa: Tokio 2018… ahí queda eso.

Y para terminar esta extensa crónica, no quiero hacerlo sin nombrar al Tour Operador que ha hecho posible este magnífico viaje y que no es otro que el experimentado MARATHINEZ TOURS, todo un seguro para este tipo de viajes y que se conoce como nadie este mundo del running, no en vano su dueño, Luis Hita Hita, atesora en su piernas la friolera de 99 maratones, al que también acompaña Lidia, su maratoniana hija. Sin duda todo un referente y una apuesta segura para viajar corriendo.

De igual manera, no quiero olvidarme de las sufridoras acompañantes que nos siguieron en cada kilómetro, buscándonos para animarnos, así como aguantando las manías de unos locos de esto de hacer kilómetros, ellas son: Mari Carmen, Rocío, Rita, Angélica, Marta y Lali, mujeres de Quique, Javi, Fernando, Antonio Sánchez, Xabier y madre de Diana, respectivamente; sin olvidarme de Brigi, mi hermana, que tuvo que aguantar estoicamente todos mis nervios e impertinencias. Y por supuesto, los benjamines del grupo, Antonio y Álvaro, hijos de Antonio Sánchez y Angélica, que rodeándose de semejantes compañías es posible que no tarden en ponerse las zapatillas en breve (su padre sabrá lo que hace…).

Así también, quiero recordar y dejar un abrazo a Marimar Román y José Maciá, que apuntados a esta aventura debieron bajar del barco antes de comenzar la travesía, pero que a buen seguro volverán subirse a él para las próximas citas.

Y lejos de allí, lejos de Berlín, lejos de cuantos hemos quedado unidos para siempre gracias a su maratón, debo agradecer la labor de tres personas, sin las que no habría podido cruzar esa meta tal y como la crucé. Ellos son: Alfonso Martínez, mi entrenador, al que estoy ligado desde el año pasado y ha sabido prepararme perfectamente para esta cita; y Sergio y Laura, de Fisioterapia Gaya, dos magos de las manos y de las agujas, que han mantenido a raya mis dolencias en lumbares, pubis, isquio, gemelos, tobillo… en definitiva un cuadro, pero que tocando las teclas precisas me han permitido llegar en perfectas condiciones. Gracias.

Como punto final, agradecer a todos los que de una manera u otra me habéis demostrado vuestro cariño, y ya fuere con una palabra o con un gesto me habéis mandado ánimos, gracias a los cuales he podido conseguir esta meta, una más en el camino, pero no la última, porque aún quedan

muchos kilómetros por hacer, mucho por correr.

Y tú, ¿participaste también en esta carrera o has participado en ella en alguna otra edición?, si es así ¿qué te pareció? Tal vez corriste este fin de semana en otra prueba diferente a ésta, si quieres puedes compartir tu experiencia, anímate, con tu comentario nos enriquecemos todos. Muchas gracias.

(Aquí puedes consultar la clasificación completa: XLII Maratón de Berlín)

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2 comentarios a XLII Maratón de Berlín

  • Fernando Murcia  dice:

    ENHORABUENA, Paco, una vez más. Ya sabes lo que me gusta comentar por aquí, creo que es el sitio propicio para hacerlo. No he podido leer con el detenimiento que merece este post tan especial hasta hace brevisimos instantes, y aún emocionado por tu preciso relato de lo que viviste te escribo estas pocas y torpes palabras.

    Sin ánimo de ser repetitivo tengo que volverte a decir que eres, al menos par amí, toda una fuente de inspiración y motivación. Ritmos y marcas aparte (siempre habrá quien las pueda superar)tu constancia y determinación es lo que más admiro de ti.

    Nos tuviste a unos cuantos muy pendientes de esa cita con el Sr. Maratón y no te imaginas lo que nos alegró saber que habías cumplido tus expectativas.

    Vuelvo, nunca serán pocas, a darte la enhorabuena y espero que sigas marcandonos tu meta y nosotros te podamos acompañar.

    Un abrazo.

    Fernando.

    • Paco Molina  dice:

      ¡Hola, Fernando! Gracias, como siempre, por dejarme uno más de tus comentarios, esos que preñas de amables y cariñosas palabras, y que no sólo me alimentan el alma, sino que me animan e ilusionan a seguir compartiendo mis “delirios” con todos los que soléis asomaros por este rincón cada semana. Me emociona saber que algunos de vosotros estuvísteis pendientes de mí ante esa gran cita de Berlín (al menos así la considero yo, una gran cita) y me consta de ello, por las evidentes muestras que me hicistéis llegar, en forma de ánimos y palabras de aliento. Por ti mismo sabes qué es y qué supone preparse un maratón (si no estoy equivocado llevamos los mismos o casi los mismos corridos) y todo cuanto pones durante meses para llegar a enfrentarte a él en las mejores circunstancias, de ahí que superar toda esa preparación en condiciones y correrlo finalmente ya es una suerte en sí mismo y si encima tienes la fortuna de que todo salga bien, entonces te sientes la persona más feliz del mundo (o casi).

      Saber que con mi humilde día a día, con mi trabajo en este deporte, soy fuente de motivación para ti, es mucho, mucho más de lo que jamás habría llegado a imaginar y ello no sólo me ruboriza, sino que al mismo tiempo me refuerza en mi filosofía, esa que he repetido en más de una ocasión, esa que bien has destacado tú en alguno de tus comentarios y que no es otra que la misma de tantos y tantos que cada día salimos a correr, y que yo resumo en: disciplina, constancia, esfuerzo, confianza y paciencia (porque con trabajo y paciencia todo llega).

      Berlín ha sido inolvidable, por todo cuanto caminé hasta llegar allí, por el viaje en sí y por la generosidad que ese día tuvo el Sr. Maratón conmigo, dejándome recoger un fruto que tantas veces es esquivo, a pesar de haber trabajado por ello. En breve, en tan sólo una semana, tú te enfrentarás a él aquí, en Murcia, y con tu admirable fuerza de voluntad y tesón conseguirás coronarte como maratoniano una vez más… y ahí estaré, animándote e intentando devolver parte del cariño y del afecto que siempre me demuestras en tus palabras: ¡¡Vamos, Fernando, vamos tío grande!!

      Un fuerte abrazo.

      Paco.-

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