XVI Cross de la Artillería – Cartagena (Murcia)

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Cartel de la prueba (Autor: Cristóbal Aguiló Domínguez)

Lugar: Cartagena (Murcia)

Día: 19 de noviembre de 2017

Hora: 11,30 horas

Distancia: 14.000 m. Al margen de esta prueba, se disputaron otras tres con independencia de la misma: la Milla, el Cross (6.000 m.) y el Canicross (5.000 m.)

Organizada por: Asociación Deportiva “Cross de Artillería”, con el apoyo del Excmo. Ayuntamiento de Cartagena.

Recorrido: todo un clásico ya, tanto la salida como la meta estaban instaladas en la céntrica Avenida de Alfonso XII, junto al Puerto de la ciudad, concretamente a la altura de la caseta de Turismo. El itinerario partía de ese punto, rumbo a la Cuesta del Batel y de ahí transitaba por Plaza Bastarreche, Calle San Diego, la Plaza López Pinto, hasta llegar a Calos III, siguiendo por Calle Rosa de los Vientos y Tolosa Latour, para cruzar a continuación el puente del Barrio de la Concepción y tomar la carretera de la Algameca, dejando ésta a la altura de Navantia y bordeando estos astilleros, en la falda de Monte Galeras, por la carretera que conducía directamente al Faro de Navidad, donde tras un giro de 180˚ se volvía en sentido contrario hasta alcanzar nuevamente la puerta de Navantia, donde en vez de coger la carretera de la Algameca, se continuaba por el otro margen de la rambla, junto a la pared del Arsenal, hasta llegar otra vez a Tolosa Latour y de ahí a las céntricas calles Carmen, Puerta de Murcia, Aire, Cañón y por Calle General Ordóñez acceder a la Muralla del Mar, el frente de la Universidad y por Adarve de la Artillería, San Diego y Gisbert, desembocar nuevamente en la Avenida Alfonso XII, que conducía directamente al arco de llegada.

Organización y atenciones: como viene haciendo cada año, edición tras edición y con la de ayer ya van dieciséis, la Organización de esta prueba volvió a sacar a la calle todo un amplio despliegue de medios y personal, con el firme propósito de hacer que Cartagena viviese un nuevo día de fiesta en torno a este deporte.

Comenzaré destacando el extenso y eficiente voluntariado, formado por personal civil y militar, que no faltó en cualquier punto de la carrera que pudiese entrañar alguna confusión para los corredores, así como tampoco anduvo escaso en puntos sensibles donde siempre se pudiesen aglutinar un mayor número de participantes, como por ejemplo en la entrega de dorsales, guardarropa y avituallamientos, que estuvieron cubiertos a la perfección. Aplaudible también fue la señalización, rigurosa durante todo el recorrido y que durante los tres primeros kilómetros compartió trazado con el Cross de 6K, ofreciendo una clara diferenciación para los corredores de una y otra prueba.

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Carpa de recogida de dorsales y guardarropía

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Servicios portátiles

Otra seña de identidad de este cross fue el afán por hacer de su prueba un punto de unión y participación para toda la familia, como demostró el hecho de organizar el abanico de carreras paralelas a la del Faro de Navidad. Con ellas no solo se incentiva la participación de los más pequeños, sino que además fomenta los vínculos entre padres e hijos, reforzando relaciones, de la misma manera que también permite la compenetración y el cariño entre atletas y sus mascotas caninas, gracias a la organización de esa modalidad que debería ponerse más de moda: el canicross.

Sumó calidad a la prueba otro aspecto como el estupendo servicio de megafonía, que puso música y ánimo a todos los presentes, junto a un speaker como Gaspar Zamora, con experiencia contrastada en este tipo de eventos. También ayudó el servicio de cronometraje, realizado mediante lectura de chip desechable sobre el dorsal, que contó también con una lectura de control de paso intermedio, situado en el punto más alejado del recorrido, concretamente junto al Faro de Navidad. Y a todo eso hay que añadir la buena página web habilitada de la prueba, con información puntual y detallada de la misma.

Por contra, como ya pude comprobar en mi anterior participación de 2015, eché en falta una mejor gestión de los dos puntos de avituallamiento en carrera, que volvieron a ser escasos, desde el punto de vista de extensión de los mismos, al tener una distancia corta y que a buen seguro originó alguna que otra aglomeración cuando pasó el grueso de los participantes. Como es lógico, un avituallamiento más largo implicará más voluntarios, algo que con toda seguridad no será inconveniente alguno, viendo la cantidad de efectivos de los que se dispusieron en toda la prueba.

La anécdota, un pequeño imprevisto que no puede permitirse una prueba como esta, fue el hecho de quedarse sin imperdibles durante la entrega de dorsales a los participantes, tal y como sucedió en esta ocasión. Un detalle apenas sin importancia que presentó más de un quebradero de cabeza a un buen número de corredores, que tuvieron que recurrir, por ejemplo, a las socorridas tiendas de todo a 1 euro (o casi) para comprar una caja de estos pequeños accesorios.

Un último apunte, que me costó trabajo aceptar, fue que no hubiese duchas habilitadas una vez terminada la prueba, facilitando así el aseo de los corredores que lo deseasen. A una prueba con el extenso número de servicios ofrecidos y con la calidad de los mismos, no puede faltarle ese último detalle.

No obstante, lejos de anécdotas o pequeños detalles, que con toda seguridad la Organización tomará muy buena nota de cara a futuras ediciones, sería una torpeza por mi parte no concluir este apartado alabando y aplaudiendo el resultado de esta prueba, considerada con toda justicia como la mejor de Cartagena y una de las mejores de nuestra Región, en la que se mezclan, a partes iguales rigor, ilusión, profesionalidad y amabilidad: ENHORABUENA.

Bolsa del corredor: podemos considerarla como doble, ya que por un lado, en el momento de la retirada del dorsal se hacía entrega de dos camisetas conmemorativas de la prueba y por otro lado, una vez terminada la carrera, se recibía una segunda bolsa que estaba compuesta de un botellín de agua, una bebida isotónica, un brik pequeño de zumo, una barrita de cereales, tres sobres variados de muestras de pimentón, un bolígrafo, unas muestras gratuitas de crema deportiva y suplementos alimenticios y varios folletos publicitarios.

Podio: Iván Hernández Illán, Sénior e integrante del Club Mobel Automenor Running, fue el ganador masculino con un tiempo oficial de 45’01”, llegando en segundo y tercer lugar respectivamente: Raúl Guevara Castellar (con un tiempo oficial de 45’13” – Veterano A del Club Mandarache Cartagena) y Juan Ramón García Gen (con un tiempo oficial de 45’23” – Veterano A también del Club Mandarache Cartagena).

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Cuadro de honor marculina (Fuente: web de la prueba)

Entre las féminas, Wafiya Benali, Veterana A del Club Mandarache Cartagena, fue la ganadora de la prueba con un tiempo oficial de 51’26”, llegando en segundo y tercer lugar respectivamente: María Isabel Pelegrín Esparza (con un tiempo oficial de 56’31” – Sénior, del Club Mobel Automenor Running) y Beatriz Ríos Morata (con un tiempo oficial de 57’10” – Veterana B del Grupo Alcaraz).

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Cuadro de honor femenino (Fuente: web de la Prueba)

Muy personal: Cartagena volvía a salir a mi encuentro dos años después, tras mi participación en este cross en el año 2015 y como sucediera entonces sentí aquellas ganas por correr en la ciudad que fue mi casa durante mis años de universidad a principios de los noventa, cuando la imagen de la Ciudad Portuaria era tan distinta a que luce, bella, ahora.

Quizá por ese sentimentalismo de años atrás o porque hacía mucho tiempo que no me desplazaba solo a una prueba, decidí que era una buena oportunidad para disfrutar de la soledad (curiosa soledad esa de estar rodeado de gente por todos lados) del corredor que llega al escenario de la carrera que poco más tarde disputará.

Se cumplía justamente una semana de mi participación en la magnífica prueba de Caravaca y en esta ocasión acudía con todos los ánimos para hacer una buena carrera, dentro de mis posibilidades, pero con el hándicap de no acusar en exceso el gripazo que atravesaba desde hacía dos días, lo mismos que llevaba tomando antibiótico para mejorar mi salud cuanto antes.

Nada más salir de casa sonó la primera canción de la mañana en el reproductor del coche: los irlandeses capitaneados por Bono cantaban a todo volumen que era un bonito día y yo, contagiado con ellos, desafinaba sin vergüenza mientras mi mano derecha metía una marcha más larga al motor… la mañana era espectacular y el cielo, azul, solo hacía presagiar que era un día bonito.

Al llegar a Cartagena evidencié lo mismo que poco más de media hora había pensado: el día también era precioso allí y me reafirmé en mi pensamiento: era un bonito día. De camino hacia la zona donde se encontraba el centro neurálgico de la prueba fui recreándome mirando a corredores, solitarios unos, en pareja otros. Miré a familiares que acompañaban, a niños que caminaban juntos a sus padres y a padres que caminaban juntos a sus pequeños, que llevaban un dorsal que cubría todo su pecho, para la carrera que disputarían rato más tarde.

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Carreras de los más pequeños

La Avenida Alfonso XII olía a este deporte, al de correr, y poco a poco me acercaba al punto donde se encontraba el arco que marcaba la zona desde donde saldrían las carreras de los mayores. A un lado, bajo la sombra de un frondoso ficus, majestuoso e impasible, se encontraba el viejo cañón encargado de dar la salida a cada una de las carreras con su sorda e inconfundible detonación.

La megafonía de la prueba era ya perfectamente audible y el cielo se mostraba cuajado de estrellas, las que contaban y cantaban los integrantes de la banda del amigo Chris Martin… el día había empezado bonito y ahora su cielo se preñaba de estrellasEsto pinta bien muy bien –pensé y al mismo tiempo fotografié al bélico protagonista que daría la salida.

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Listo para disparar…

De ese estado de ensimismamiento me sacó de un plumazo el bueno de Víctor Moreno, compañero y amigo de club que había ido hasta allí, para correr junto a su familia la carrera del Cross de 6K. Un rato de agradable conversación, unas fotos y una despedida momentánea hasta vernos más tarde. Él se dirigía a tomar un café y yo a recoger mi dorsal.

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Con Víctor Moreno y familia (Foto: Víctor Moreno)

Cerca de la carpa de la recogida de dorsales tuve la alegría de saludar a Bernardo Domínguez, Director Técnico de la prueba y Cabo Mayor, bajo el que recae cada año toda la organización de la prueba y la responsabilidad de cuanto, bueno y malo, pase en ella. A Bernardo podría encasillarlo como un primo político muy lejano y casualidades de la vida, es amigo nacido gracias al compañerismo de colegio de nuestros hijos.

La recogida del dorsal fue rápida, cómoda y con la tranquilidad y la serenidad que da el ir con tiempo de sobra. A continuación, me recreé, sin prisa alguna, en esa especie de ritual que hago antes de cada carrera, consistente en cambiarme de ropa y poner los pantalones, camiseta y gorra que llevaré durante la prueba. Para ello elegí un banco corrido de granito, cercano al mar, desde el que, a lo lejos, podía ver el protagonista de la carrera: el Faro de Navidad. El mar estaba insultantemente atractivo y el faro, a lo lejos, se erigía sobre él rompiendo la línea del horizonte… sí, a esas alturas de la mañana ya no tenía la menor duda: era un bonito día.

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El Faro de Navidad

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El dorsal

Poco antes de comenzar mi calentamiento y tras haber dejado mi mochila en la carpa de guardarropía me acerqué a saludar a Pruden Pelegrín, un Runtritonero que junto al resto de compañeros se fotografiaban antes de la carrera. Pruden, como ya he comentado en alguna que otra crónica, es un amigo de la familia y una gran persona, de esas cuya presencia siempre te deja dibujada una sonrisa en el rostro.

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Con Pruden Pelegrín (Foto: Pruden Pelegrín)

Y llegó el momento del calentamiento, y cómo no, ahí estaban mis compañeros de club, los rojos Fondistas que poco a poco fuimos saliendo al paso y haciendo piña antes de tomar la salida, momento en el que entonces cada uno iría al ritmo que le correspondiese. En esta ocasión nos dimos cita en Cartagena:

Víctor Moreno, José Antonio Abellán. José Hellín, Jesús Cantón, Alejandro Sánchez, Raúl Sánchez, Emilio Puente, Nacho Fernández, Vicente Sánchez y nuevamente, como mero espectador y animador, el míster, David Sánchez.

Durante ese calentamiento tuve ocasión de cruzarme con algunos de los grandes corredores que se habían dado cita esa mañana y que con toda seguridad se encontrarían en cabeza de carrera, luchando por la victoria. Allí estaban: Raúl Guevara, Antonio Martínez e Iván Hernández, quien sería, este último, el vencedor absoluto de la carrera.

El comienzo de la prueba no se hizo esperar y cuando apenas pasaban unos segundos de las once y media de la mañana el bélico protagonista dejó escapar su bocanada de pólvora y todos cuantos nos apretujábamos tras la línea de salida dimos rienda suelta a nuestro impulso contenido y empezamos a correr. El Cross de la Artillería volvía a estar en marcha, un año más.

En mi cabeza un propósito, intentar correr a un ritmo de 4’00’’, claro que todo iba a depender de cómo se comportase mi cuerpo a la congestión y a la medicación de días atrás. El primer kilómetro, como suele ser habitual, salió más rápido de lo previsto, rozando casi los 3’45’’ por lo que regulé el ritmo para no pagar el exceso y contener unas fuerzas que esperaba administrar de la mejor manera a lo largo de los trece kilómetros que aún restaban de carrera.

A diferencia de las dos carreras anteriores, en las que la alianza con mi compañero Carlos me permitió relajarme y no mirar el cronómetro para controlar el ritmo, corría solo y el hecho de controlar mi ritmo adquiría la importancia necesaria, procurando mantenerme en unos tiempos parciales que me garantizasen la siempre tan deseada progresión de menos a más que debe llevarse en toda prueba. Los kilómetros pasaban y estos iban dejando la evidencia de estar corriendo en un ritmo continuo, con los lógicos altibajos al pasar por la zona de pendiente ascendente en el tramo del recorrido que bordeaba el mar, camino del Faro de Navidad, allá por los puntos kilométricos 6 y 7.

Mi respiración, acelerada por el esfuerzo, no daba señales de acusar el catarro y mis piernas pedían alegría, por lo que continué manteniendo el ritmo en la misma tónica de los primeros kilómetros. La llegada al punto donde la carrera alcanzaba su parte más alejada de la línea de salida, el Faro de Navidad, me hizo volver a prometerme algo que ya me propuse en mi anterior participación: visitar este precioso rincón y contemplar con calma desde ese punto las hermosas vistas de la milenaria CartagenaPero será otro día –me dije.

Por delante quedaba desandar el camino recorrido y volver a llegar al centro urbano cartagenero. Esperaba, de nuevo el tramo de subidas y bajadas tras la zona de los astilleros, el tránsito junto al muro del Arsenal y alcanzar la parte urbana, bulliciosa y animada sobre todo en calles como Carmen y Puertas de Murcia. La jornada dominical acompañaba y la gente se había echado a la calle para disfrutar de ese bonito día… de nuevo, un bonito día.

A esas alturas de la carrera ya había sobrepasado el kilómetro 11 y mi ritmo seguía manteniéndose en los mismos tiempos, esto es, rondando los 3’50’’ en cada kilómetro completado. El paso de corredores había sido lento, pero casi continuo, con la excepción de dos corredores a los que me había unido un par de kilómetros antes aprovechando el buen ritmo que marcaban, viendo en ellos una oportunidad para mantener mis intereses en ese último tramo de carrera.

El paso junto al Teatro Romano fue la señal que marcó el último escollo de la carrera, que culminó con la cuesta de la Universidad Politécnica, punto a partir del cual tan solo había que dejarse caer en los poco más de 1.000 m que restaban para alcanzar la línea de llegada. En esos últimos metros decidí que era el momento de entregarlo todo y vaciar sobre el asfalto el resto de mis fuerzas.

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Llegando a meta (Foto: Diario La Opinión de Murcia)

La entrada en la Avenida Alfonso XII, fue el preámbulo del final de la prueba, que a lo lejos y con los ecos del sonido se fue acercando en cada zancada. Ahí ya no importaba el ritmo, no importaba el tiempo, no importaba la posición, tan solo correr, alcanzar la línea de llegada y sentir, una vez más, que había dado cuanto podía. El paso bajo el arco de meta se produjo cuando el cronómetro marcaba un tiempo oficial de 53′:33”, ocupando el puesto 44º de la general y el 11º de mi categoría (veterano B), de un total de 1.154 corredores entrados en meta, con un ritmo medio de carrera de 3:49 min/Km

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Vacío (Foto: Javier Martínez, de JPFoto)

Me sentí exhausto, me sentí contento y una vez más sentí esa sensación de felicidad que te desborda cada vez que completas una carrera, cada vez que intentas superarte, sin importar si has sido capaz o no de conseguirlo.

¿Contento?, sí, contento, porque evidencia el trabajo que se va haciendo y el rumbo del camino que se va andando, pero ¿satisfecho?, no, porque en mi anterior participación marqué un tiempo 90’’ menor que en esta ocasión… claro que por aquel entonces no tenía la misma forma física que ahora y quién sabe si eso pertenece tan solo a un pasado al que resultará imposible igualar.

Tras el esfuerzo, tocó recuperar aire, tomar fruta, reponer líquidos y charlar con amigos, como siempre, sobre cómo había ido la carrera. El tiempo empleado en esta ocasión fue breve, dado que el horario de la carrera había sido tardío y aún me quedaba cambiarme y regresar a casa, por lo que me apresuré a recoger mi mochila de la carpa de guardarropía. Fue allí, esperando mi turno, cuando me llevé una de esas pequeñas alegrías que le dan sentido a este blog y a esta ilusión por escribir, cada semana, en esta ventana virtual a la que algunos os asomáis. Diego Agulló era el corredor que había tras de mí y que tan amablemente se pronunció como un seguidor de estas crónicas y de cuanto dejo aquí escrito. Gracias, Diego, gracias por leerme y gracias por compartirlo conmigo.

Aún con una sonrisa en mi rostro me cambié de ropa y compartí impresiones con mis queridos amigos Alejandro Sánchez y Juanjo Gracia, antes de emprender mi camino hacia donde tenía aparcado mi coche. Durante ese trayecto, un último amigo en el camino, Dani Pineda, un corredor de los que no pasan inadvertidos, no solo por su físico, sino por su excelente calidad. Hacía mucho tiempo que no lo veía y me alegré de saber que nuevamente volvía a estar ahí.

De camino a casa, se completó el CD que iba escuchado y de nuevo sonó la canción con la que había emprendido el camino a Cartagena… no había duda: era un bonito día.

Mi próxima carrera será ya en el mes de diciembre, posiblemente en el Medio Maratón de Torre Pacheco o en cualquier otra, ahora es lo que menos importa y sí seguir con la misma rutina de entrenamientos y ejercicios. Hasta entonces, pues…

Y tú, ¿participaste también en esta carrera?, si es así ¿qué te pareció? Tal vez participaste en otra prueba diferente a ésta, si quieres puedes compartir tu experiencia, anímate, con tu comentario nos enriquecemos. Muchas gracias.

(Aquí puedes consultar la clasificación completa esta carrera y del resto de las celebradas durante toda la prueba: XVI Cross de la Artillería)

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