XXIII Subida a la Fuente del Sapo – El Algar (Cartagena)

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Cartel de la prueba (Fuente: web de la prueba)

Lugar: El Algar (Cartagena)

Día: 27 de agosto de 2016

Hora: 19,00 horas

Distancia: 9,55K (distancia no homologada) – Prueba puntuable dentro de la Liga Running Challenge

Organizada por: CD El Algar en colaboración con la Concejalía de Deportes del Excmo. Ayto. de Cartagena.

Recorrido: tenía la salida situada en la Avenida Filipinas, casi a la altura de la Plaza D. José María Serrano, donde se encontraba situada la meta de la prueba. Entre ambos puntos, el circuito presentaba una combinación variada de superficies, mayoritariamente de pista de tierra en casi todo el recorrido, pero que también ofrecía asfalto (en la zona del núcleo urbano, coincidente con los primeros y últimos metros de la prueba) y piedra (en zona de subida, a partir del punto kilométrico 4), todo ello entre la citada localidad cartagenera de El Algar y el cercano paraje de la Fuente del Sapo. Un recorrido que hasta el kilómetro 6 era ascendente, combinado con alguna bajada, que lo hacía más llevadero, pero no por ello menos exigente y que presentaba su mayor pendiente nada más rebasar el punto kilométrico 5. Superado ese tramo, el último tercio de la prueba era un descenso continuado hasta el arco de meta.

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Perfil de la prueba (Fuente: web de la prueba)

Organización y atenciones: veterana y experimentada organización, que tras XXIII ediciones puede considerarse sin miedo a equivocarnos como una de las pruebas que están dentro de las más longevas de la provincia de Murcia, además de haber sido la pionera entre las carreras de trail de nuestra Región. Carrera que desde el año 1988 ha ido presentando variaciones, tanto en el recorrido en sí, como en la distancia total, siempre con el único afán de buscar el mayor atractivo posible, combinando los caminos rurales con aquellos de una mayor dureza y así sacar partido a la singularidad del relieve que circunda al pueblo.

Ese es sin duda el plato fuerte de esta carrera: contar con un entorno que confiere a la prueba el título de única y que junto a una organización sencilla, sin alardes y correcta, hace que en su conjunto pase con buena nota y siga contando como la prueba elegida para decir adiós a un verano que termina en la zona costera pocos días después.

Otro punto fuerte de esta prueba es, sin duda, su cuidada página web, donde se puede encontrar numerosa, variada y puntual información de la prueba y que demuestra cómo vive El Algar la celebración de esta carrera, de su carrera. Un hecho que se vio reflejado en la buena acogida por los numerosos vecinos que poblaron las calles para asistir al evento deportivo.

La prueba contó con los tradicionales y necesarios servicios de cualquier prueba, empezando por una flexible entrega de dorsales, que comenzó el día anterior en un famosos grandes almacenes de la vecina Cartagena y terminó la misma tarde la prueba, pasando por el casi obligatorio cronometraje mediante chip, una correcta señalización (aunque algo rudimentaria en algunos tramos) del recorrido, perfecta cobertura policial controlando el tráfico rodado de vehículos que pudiesen entorpecer la prueba, así como el obligatorio servicio de ambulancia y avituallamiento durante y tras la carrera, junto con la habilitación de duchas tras la carrera y la habitual entrega de premios, sin olvidar, cómo no, la celebración de carreras para categorías inferiores y que siempre es un encanto presenciar. Todo en una línea adecuada, sin adornos innecesarios, con sobriedad, pero efectivo al mismo tiempo.

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Recogida de dorsales (Foto: Línea de Salida)

Recomendable de cara a futuras ediciones sería habilitar un segundo punto de avituallamiento en carrera, dada la alta probabilidad de sufrir altas temperaturas y que sin duda ayudaría a los participantes a paliar los efectos del calor. En ese aspecto y desde un punto de vista ecológico y logístico, tampoco estaría de más la ubicación de pequeños contenedores en los metros posteriores a ese avituallamiento en carrera, que facilitaría sin lugar a dudas que los corredores depositen en ellos los botellines de agua dispensados, evitando de esa manera la siembra de envases de plástico que en esta ocasión quedaron diseminados por los márgenes de esa zona del recorrido y que posteriormente debieron recoger los de los voluntarios de la prueba.

Otra recomendación a tener en cuenta es la posibilidad de ampliar la zona postcarrera, que resultó algo escasa y se vio claramente desbordada por la acumulación de corredores entrados en meta, junto a los que se sumaron amigos y familiares. Una zona postcarrera donde se pudo degustar un sabroso melón y reponer líquidos a base de agua y refrescos, algo escasos estos últimos.

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Postcarrera (Foto: Javier Martínez)

En definitiva y salvo esas pequeñas reseñar hechas, la prueba refleja que tras ella hay una experimentada organización, sabedora de contar con una prueba cuya fama cosechada no ha sido de manera gratuita, sino ganada año a año y todo ello con la sencillez como base del buen trabajo, al menos tal y como así se pudo percibir.

Bolsa del corredor: en el momento de la retirada del dorsal únicamente se recibía este, junto con el chip que debía colocarse en la zapatilla, para el control del tiempo en carrera y una vez entrado en meta, lo que comúnmente se ha dado en llamar finisher, se recibía la bolsa propiamente dicha, que incluía una camiseta técnica conmemorativa de la prueba, junto con dos muestras de suplementos vitamínicos y un par de folletos publicitarios. Sin duda una bolsa escasa, muy escasa, y que sin duda refleja a las claras que esta no es el motivo principal que atrae a los corredores cada año a correr esta prueba.

Podio: Iván Hernández, sénior del Skerchers Perfomance, fue el ganador masculino con un tiempo general de 33′:16”, llegando en segundo y tercer lugar respectivamente: José Carlos Caparrós García (con un tiempo general de 33′:24” – Veterano A del Club Atletismo Mandarache) y Antonio Lorente Murcia (con un tiempo general de 34′:24” – Sénior del Club Atletisme Crevillent). En mujeres, la vencedora fue Carmen Evangelista Zamora, Veterana A del Cex Cartagena, con un tiempo general de 43′:17”, llegando en segundo y tercer lugar respectivamente Beatriz Ríos Morata (con un tiempo general de 43′:18” – Veterana A, Independiente) y Mercedes Merino (con un tiempo general de 44′:01” – Veterana B del club Fondistas de Alcantarilla).

Muy personal: el último sábado de agosto amaneció con el firme propósito de dejar bien alto el listón de jornada puramente veraniega, con ausencia de nubes en el cielo, escasez de viento y una temperatura elevada. En definitiva, era un día de los bien llamados de verano y que hacía presagiar una carrera calurosa, muy calurosa, y que en la mañana regaló una jornada ideal para disfrutar del mar, en compañía de familia y amigos, tal y como así fue; una velada, sin duda, perfecta para el ocio y la diversión, pero no muy apropiada para disputar una prueba a media tarde, por aquello de la ausencia de descanso y lo que ello conlleva.

En cualquier caso, lo importante era que al fin había llegado el día, la tarde que tocaba ir a buscar a ese famoso sapo, responsable de dar nombre a una fuente y por extensión a una carrera de la que siempre había oído hablar bien. Había pasado algo más de un año desde que el verano pasado me dijera que iría a correr la siguiente edición de esta prueba y allí estaba, acompañado de mi buen amigo Alfonso Serna, camino de El Algar, donde esta pequeña localidad nos esperaba con los brazos abiertos y donde sus calles se encontraban ávidas por llenarse de corredores ilusionados.

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Con Alfonso Serna… listos para la carrera.

Unas calles en las que ya comenzaban a verse corredores calentando a falta de algo más de 30’ para que llegase la hora prevista a la que debía dar comienzo la prueba. Y entre esos corredores muchos amigos, muchas caras conocidas; parecía como si nadie hubiese querido perderse la ocasión de estar allí, a ver si así y entre todos consiguiésemos al fin verle la cara a ese misterioso sapo.

Allí estaban el gran Pepe Perea y Patrick Carpena, los primeros en darme la bienvenida, miembros de mis queridos SR (Simplemente Runners) y que con una numerosa presencia pusieron el color azul a la prueba. Entre ellos se encontraban: Kannon Ramírez, Juan González y Amaya Amor, Pedro Escudero, Gaby Lozano, Fran Dólera, Juan Carlos García, Pedro López, Daniel Martínez, Moisés Martínez y Cristina Romero… siempre con el espíritu, la ilusión y las ganas que son el santo y seña de esta gran familia, de la que soy y siempre seré uno más.

Gratificante fue, como siempre, saludar después de mucho tiempo a Juan Antonio Laborda, así como a José Romero, José Antonio Sánchez, Fabián Martín, Fernando José Molina, J. Pablo Tudela (que cambió su cámara de fotos por un dorsal), Raúl Griñán, el bueno de Manolo Tortosa y estrechar por primera vez la mano de Pedro Serna y Tolín Mayor, dos representantes del Club Fondistas de Alcantarilla, que tampoco quisieron perderse la carrera.

Las pruebas de los más pequeños fue, una vez más, la evidencia más clara del futuro que tiene este deporte y bastó con ver sus caras y sus pequeños cuerpos, nerviosos y listos en la línea de salida, para saber que en los próximos años veremos buenos corredores… y buenas corredoras, ya que también son cada vez más las féminas que participan en un terreno que hace años parecía poblado solo por hombres.

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Salida categorías inferiores (Foto: Policlínica Neurofisio)

Y así, entre saludos y conversaciones breves, realicé un calentamiento casi fugaz, con tiempo apenas para romper a sudar que me llevó hasta el arco de salida, donde nos agolpamos, para esperar el inicio de la prueba, que vino precedido por el homenaje que la organización de la prueba dio a Rafael Lorente, entregándole el Sapo de Honor; Rafael es un jugador de fútbol del equipo CD El Algar, que el pasado 19 de junio sufrió un paro cardiaco durante la disputa de un partido con su club y que hoy se encuentra ya recuperado del tremendo susto.

Tras el emotivo momento y como preámbulo del pistoletazo de salida, sonó un clásico, el Where the street have no name, de los geniales U2, que puso la nota musical previa al inicio de la prueba y que sirvió para acelerar aún más unos corazones que esperábamos ansiosos el sonido de la detonación que nos puso en marcha…

“Pum”… corre que te pillo –pensé.

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Instantes previos a la salida (Foto: Javier Martínez)

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Salida de la prueba (Foto: Línea de Salida)

Los metros iniciales, con pendiente descendente, hicieron que la carrera comenzara aún más vertiginosa, al sumarse ese aspecto al ímpetu con el que siempre se arranca el inicio de toda prueba. Un espejismo de poco más de cien metros que con dos giros a derecha y uno a izquierda nos hacía pasar nuevamente bajo el arco de salida, esta vez en sentido contrario y ya con la pendiente cambiada, que de manera prácticamente constantemente y con distintos porcentajes de inclinación se mantendría hasta el punto kilométrico 6.

A diferencia de otras pruebas no presté atención al ritmo que iba marcando, al ser consciente que el perfil de la carrera me haría variar bastante el mismo, además de saber que me había metido en un terreno tan diferente al de las carreras a las que estoy acostumbrado y en las que el asfalto predomina en la totalidad de sus recorridos; por dicho motivo mi rendimiento era incógnita para mí, a no tener la menor idea de cómo aguantarían mis piernas ese subibaja y además hacerlo por tramos tan variados como la tierra, la tierra con piedras sueltas y la piedra pura y dura.

Abandonado el asfalto, allá por el punto kilométrico 2, comenzaron pequeñas subidas y bajadas, sobre piedras sueltas que me hacían prestar la máxima atención sobre el firme para evitar alguna inoportuna torcedura. Acusaba el efecto del calor y los cambios en la pendiente no parecían castigar mis piernas en exceso, hasta entonces, permitiéndome adelantar a otros corredores; la respiración acelerada, iba bien controlaba y con algún que otro vistazo a lo lejos podía hacerme una idea de lo que venía más adelante, al ver la hilera de los participantes que me precedían.

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En carrea, junto a Fabián Martín (Foto: Manuel Lorente)

Entre los puntos kilométricos 4 y 5 la carrera ofrecía un tramo donde las piernas ya comenzaron a ponerse a prueba, al elevarse la pendiente y hacerlo además sobre una parte totalmente formada de piedra, que presentaba una gran belleza… una belleza casi lunática. Los tonos marrones intensos, junto con la superficie de la piedra, arrugada, irregular, parecía haber sido hecha gracias a unos moldes imaginaros que un día así la estamparon:

Precioso… pero jodé, cómo se está pegando –volví a pensar.

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Zona de piedra, kilómetro 4 (Fuente: web de la prueba)

A esas altura de la carrera y cuando apenas restaba un kilómetro para superar lo más duro, miré a mi alrededor, como lo había hecho anteriormente en diversos puntos de la prueba y me empapé de la aridez del entorno, solitario, casi inhóspito en algún punto, que dotaba de un atractivo muy especial a todo ese paraje. La carrera seguía…

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En modo subida (Foto: Footer Trotter)

Mis pulsaciones debían andar casi por las nubes, casi como hasta donde parecían llevarnos las dos últimas subidas, entre los kilómetros 5 y 6. Dos acusadas subidas en las que mis piernas bajaron casi al mínimo su zancada, sin dejar en correr en ningún momento, soportando la quemazón provocada por el esfuerzo y sorteando al mismo tiempo las piedras de la pequeña senda en la que se había convertido el recorrido.

Dios Santo, ¿cuándo comienza y la bajada?… –me pregunté casi agónico.

Y ahí, rebasado el kilómetro 6, al fin estaba la bajada, la segunda bajada en la que ya no habría que volver a subir otra pendiente como las superadas…

Menuda bajada, ¡mi madre! –me asusté.

Para cualquier experimentado corredor de trail imagino que esa bajada no dejará de ser una bajada más o menos pronunciada y poco más, pero para un asfaltero como yo (tal y como dirían mis amigos Fernando Murcia y Ginés Soto) aquella pendiente descendente tan acusada me puso los pelos de punta, por su inclinación, por su escasa anchura, por la continua presencia de piedras y por estar levemente peraltada hacia el lado donde podías darte de bruces, monte a través. Extremé la precaución, contuve mis piernas que querían dejarse llevar de manera descontrolada y aguanté para volver a aumentar el ritmo una vez que el recorrido me lo permitiese.

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En modo bajada (Foto: Javier Martínez)

Restaban los últimos kilómetros de la prueba y a pesar de ser los que podrían considerarse como los más cómodos, los más fáciles, fueron los que supusieron un mayor desgaste para mí, fruto del esfuerzo realizado en todo el tramo anterior, por lo que noté como mis piernas no podían mantener un ritmo alegre de carrera, tal y como cabía esperar, fruto de lo cual me vi adelantado por varios corredores a los que yo habría sobrepasado en la primera mitad de la prueba. Durante esa parte del recorrido volvieron a repetirse los tramos de tierra con piedras sueltas y de nuevo vuelta al asfalto, que ponía rumbo de manera directa hasta el arco de llegada.

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En carrera (Foto: Automenor)

La gran presencia de público en ese tramo final de la carrera me hizo aumentar el ritmo, como cualquier corredor que se encuentra a punto de completar la distancia, sobre todo por el grito de ánimo de un amigo virtual que saludé antes de comenzar la prueba y al que lamentablemente no pregunté su nombre: gracias, amigo. Así, mi paso bajo el arco de meta se produjo cuando el cronómetro marcaba un tiempo general de 40’35’’, entrando en el puesto 54º de la general y el 24º de la categoría (Veterano A, en esta ocasión), de un total de 557 corredores que terminamos la carrera, con un ritmo medio de 4’14’’ min/Km. Un resultado que me dejó contento, muy contento, al entender que había completado dignamente una carrera considerada como exigente.

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Llegando a meta (Foto: Línea de Salida)

Tras el esfuerzo, la deseada y necesaria reposición de líquidos, intercambio de opiniones y comentarios de la prueba entre corredores, así como mi felicitación a Mercedes Merino por su tercera posición en la carrera y es que no hay prueba en la que Mercedes no se suba al cajón. Allí también tuve la suerte de coincidir y charlar con Angel Ros, fisioterapeuta y osteópata de referencia, conocido por tanta y tanta gente, fruto de su excelente trabajo. Con el cuerpo aún regado en sudor, el pertinente cambio de ropa y regreso de vuelta a casa, en distendida charla con Alfonso y planificando carreras en las que con todas seguridad volveremos a coincidir.

Sin duda fue una buena carrera, aunque me fui con cierto amargo sabor de boca, porque a pesar del esfuerzo, a pesar de haber mirado por allá y por acá y a pesar de haber subido tan arriba, no conseguí ver a ese famoso sapo, ni su fuente, así que tal vez sea cuestión de volver el año que viene, por si entonces se deja ver…

Por último, como es habitual, GRACIAS a Javier Martínez, Footer Trotter (Pablo en esta ocasión estuvo dándole a la zapatilla), Línea de Salida, la web de la Subida a la Fuente del Sapo, Manuel Lorente, Policlínica Neurofisio y Automenor, por sus fotografías, con las cuales acompaño esta crónica.

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J. Pablo Tudela (Foto: Footer Trotter)

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Javier Martínez (Foto: Footer Trotter)

La próxima cita será este domingo 4 de septiembre, en la localidad de Fuente Librilla, donde se celebra la III Edición de un Cross con algo más de 11K y cuya organización, encabezada por Tolín Mayor, me ha invitado a que asista a él acompañado de mi Piel de asfalto, para acercar mi libro a todos lo que acudan al mimo y donde sortearán dos ejemplares entre los participantes, al margen de las dos unidades que regalaré a los ganadores absolutos, masculino y femenina, de la prueba.

Y tú, ¿participaste también en esta carrera o en alguna de las múltiples celebradas este fin de semana?, ¿quieres dejar tus impresiones de ella? Anímate, de esa manera todos conocemos más pruebas. Muchas gracias.

(Aquí puedes consultar la clasificación completa: XXIII Subida a la Fuente del Sapo)

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