XXVII Medio Maratón Villa de Santa Pola (XXV Campeonato de España)

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Atardecer en Santa Pola, el día antes de la prueba (Foto: Brigi Molina)

Lugar: Santa Pola (Alicante)

Día: 24 de enero de 2015

Hora: 10,30 horas

Distancia: 21.097 m (distancia homologada por la RFEA/AIMS)

Organizada por: Club Atletismo Santa Pola.

Recorrido: como es tradicional, la salida y meta se encontraban situadas en la céntrica Avda. Pérez Ojeda, junto al Puerto Pesquero y a escasos metros del Ayuntamiento y del Castillo. Inicialmente se ponía rumbo hacia la parte más oriental de Santa Pola, hasta el kilómetro tres y medio aproximadamente, que se volvía con dirección a la zona de salida, donde se transitaba por parte del Puerto y se continuaba por la Avda. Santiago Bernabeu, antes de recorrer el Paseo Marítimo Vicealmirante Blanco García, que representaba el punto más occidental de la carrera, para volver con dirección al centro urbano, una vez sobrepasado ya el punto kilométrico diez. Otra vez la Avda. Santiago Bernabeu servía de comienzo para conducir a los corredores en ese peregrinar hacia el Este de la Villa, discurriendo por la Calle Almirante García, donde se pasaba junto al Castillo, siguiendo por la Calle Ramón y Cajal y la Avda. Blasco Ibánez, que se recorría en ambos sentidos, una vez alcanzado el arco del kilómetro dieciocho. Desde ese punto sólo restaba el último tramo de la carrera, que circulaba por la citada Avda. Blasco Ibáñez, Avda. Valencia, Avda. Granada y finalmente la inicial Avda. Pérez Ojeda, donde esperaba la meta. Un recorrido que es ya todo un clásico y sobradamente conocido para tantos de los habituales participantes de la prueba.

Organización y atenciones: sobresaliente. Con ese adjetivo podría resumir este apartado y es que cuando una prueba roza la perfección todo cuanto en ella tiene lugar sólo puede calificarse únicamente de una manera y es precisamente así: sobresaliente. Fue ese mismo adjetivo el que utilicé en mi crónica del año anterior y en esta ocasión lo vuelvo a hacer, como también vuelvo a repetir, sin rubor alguno, los diez puntos con los que recogí las virtudes y fortalezas de esta brillante prueba, los cuales son:

1.- Mentalidad y conciencia por servir, atender y agradar al corredor, no sólo por parte de una legión de voluntarios, con edades que abarcaban desde lo más jóvenes hasta los adultos más cercanos a esa mal llamada “tercera edad”, sino también por parte de una población que se vuelca y se entrega a esta fiesta deportiva.

2.- Perfecta señalización de todos los puntos de interés necesarios para el corredor, empezando por la zona de aparcamiento, nada más entrar en el pueblo, así como la zona de recogida de dorsales, guardarropa, zona de calentamiento y aseos portátiles, y terminando por los posteriores servicios post-carrera de avituallamiento, masajes y duchas.

3.- Amplio despliegue de vehículos para el seguimiento y control de carrera, que garantizaron en todo momento un control exhaustivo de la prueba, al contar con un amplio número de motocicletas de la organización, junto con un perfecto servicio policial, que prestó su cobertura en el control del tráfico, así como la presencia de un despliegue médico dotado de ambulancia e incluso un puesto de Cruz Roja en zona de meta.

4.- Cronometraje perfecto, a cargo de Championchip, con toma de tiempos intermedios cada 5Km, con independencia del control de salida y meta. Un sistema, además, cuyo resultado de la prueba se notificaron de manera personalizada a cada corredor entrado en meta, mediante un mensaje de SMS (informando del tiempo conseguido, así como su clasificación en la general y en su categoría, sin necesidad de tener que consular el listado posterior de la carrera), amén de ser la empresa de cronometraje que más rápidamente facilita y lista en papel los resultados de la prueba, permitiendo de esa manera la consulta casi inmediata de los corredores que iban terminado la carrera.

5.- Puestos de avituallamientos intermedios correctamente dispuestos y atendidos en número y en extensión, para facilitar la reposición de líquidos durante la marcha de los corredores en la prueba, así como un par de puestos de esponjas empapadas en agua, para mitigar el sofoco producido por el esfuerzo a aquellos atletas que lo necesitasen. Todo ello rematado con una zona post-carrera adecuadamente acotada y señalizada, en la que se disponía de un completo servicio de avituallamiento compuesto por fruta, agua, bebida isotónica, refrescos y cerveza.

6.- Sistema de megafonía a la altura de un gran speaker como el que cada año contagia con su entusiasmo a todos los presentes, alternando comentarios de ánimo con información muy acertada, deportivamente hablando, en la que se iban facilitando datos de la prueba de años anteriores, así como de los deportistas presentes en la prueba cuyo palmarés los hacían serios candidatos a ganar la carrera. Y todo, acompañado de la mejor música.

7.- Una animación durante la carrera abundante, formada por diversos grupos con música en directo, varios puntos de megafonía con música, múltiples grupos de batucadas y el tradicional y clásico grupo de gaiteros que nunca puede faltar a esta cita.

8.- Una página web con un despliegue de información impecable y un continuo servicio de atención al corredor, plasmado en continuos correos electrónicos, donde se informaba de todo lo necesario para disfrutar de la prueba y evitar cualquier duda que siempre puede surgir cuando se va a una carrera. Detallada descripción de todos los servicios que ofrecía la prueba, entre los que se podían encontrar la mini maratón para los más pequeños, que se celebraba la tarde del sábado, así como la oportunidad de ir publicando los tiempos de quien así lo quisiese en su muro de Facebook durante el transcurso de la carrera o incluso el seguimiento de la misma en vivo.

9.- La posibilidad de donar material deportivo, como zapatillas y ropa técnica de running en buen estado, para entregar durante el viaje al Maratón de Awasa en Etiopía, gracias a la colaboración de esta prueba con la Asociación Runners for Ethiopia, encargada de esa iniciativa

10.- Una extensa oferta de trofeos, donde se incluía una suculenta dotación económica para aquel corredor que lograse batir el récord de la prueba, así como otros premios en metálico para los cinco primeros clasificados, junto a los primeros atletas nacionales, locales, equipos y los tres primeros clasificados de cada categoría.

Al margen de ese decálogo, que bien podría servir como mandamientos para todo aquel que esté interesado en organizar una prueba como Dios manda, hay algo que sigue caracterizando y que difícilmente pueda conseguirse así como así a la hora de pretender organizar una carrera como esta. Me refiero al sentimiento que se respira en toda esta villa alicantina y que hace identificarse a su gente con su medio maratón. Eso es algo que se transmite, algo que se contagia y se evidencia en cada uno de los voluntarios que participan en la prueba, ya sea dispensando agua en un avituallamiento, como en la entrega de dorsales, dando la medalla que acredita haber terminado la prueba, en el guardarropa, poniendo vallas o simplemente controlando el paso de los corredores a los cajones de salida.

Eso es algo difícil de conseguir y si además se cuenta con la experiencia, el rigor y la profesionalidad de un club organizador al frente de todo eso, el resultado sólo puede ser como he comenzado a decir: sobresaliente. Pero siempre, siempre, con una cercanía, un trato y un cariño que no pasa desapercibido, haciendo sentir a uno, a pesar de la enorme dimensión que desde hace años ya tiene la prueba, como si se encontrara en familia.

No obstante, como en toda carrera siempre hay algún “pero” y en ésta, aunque pueda considerarse menor, no quiero pasarlo por alto. Concretamente me refiero a la posibilidad que se ofrecía de grabar la medalla recién conseguida, nada más terminar la carrera, gracias al servicio puesto para tal fin. Sin duda fue una posibilidad que muchos de los finisher pudieron aprovechar para plasmar la evidencia de una marca recién conseguida y que con toda seguridad sería el fruto de un largo esfuerzo, para lo cual sólo debían abonar previamente la cantidad de 5,00 euros, sacando el ticket de rigor. Esto es algo que no termino de comprender, no el hecho en sí de cobrar este servicio y el precio del mismo, algo que podría ser más o menos discutido, sino que no logro comprender cómo se pretendía cobrar a un corredor, recién entrado en meta prácticamente y que casi con toda seguridad carecía de dinero alguno y que en caso de querer tener ese premio se viera en la obligación de tener que llegar hasta el lugar donde se encontraban sus pertenencias y que en el caso de Santa Pola, casi con toda seguridad, debía ser en el aparcamiento habilitado en la entrada a la localidad, a mucha distancia de allí, por lo que el resultado creo que fue muy lógico: desistir de la idea de grabar la medalla. Sinceramente, me pregunto cuántos corredores se grabaron su medalla…

Bolsa del corredor: estaba formada por la tradicional camiseta técnica conmemorativa de la prueba, una bolsa de sal de mesa de 500 gr y un libro conmemorativo de la presente edición, todo lo cual se podía guardar en una pequeña bolsa a modo de petate. Junto a esos obsequios, una vez entrado en meta, cada corredor recibíamos la clásica toalla de esta prueba, la anterior mencionada medalla, como premio por haber completado la distancia, un par de artículos de bollería industrial, una barrita energética, un botellín de agua y otro de bebida isotónica, junto con el resto de productos que se deseasen coger en la amplia zona de reposición de líquidos.

Podio: el keniano Morris Munene Gachaga, categoría Promesas, fue el ganador masculino con un tiempo oficial de 1:01′:02”, quedándose a 47” de haber igualado el récord de la prueba, conseguido en la anterior edición; llegaron en segundo y tercer lugar respectivamente: el también keniano Jacob Kibet Kendagor (con un tiempo oficial de 1:01′:26” – Sénior) y el atleta de Uganda Ben Somikwo (con un tiempo oficial de 1:01′:52” – Promesas), siendo Javier Guerra Polo el primer español en entrar en meta, que lo hizo en quinta posición (con un tiempo oficial de 1:02′:22” – Sénior). En mujeres, la vencedora fue la atleta de Kenia Polline Wanjiku, Sénior, con un tiempo oficial de 1:10’25”, llegando en segundo y tercer lugar respectivamente: la cántabra Paula González Berodia (con un tiempo oficial de 1:11′:04” – Sénior) y la argelina Souad Aït Salem (con un tiempo oficial de 1:11′:09” – Veterana A F-35).

Muy personal: tras el cierre del año 2015, tocaba estrenar el nuevo año deportivamente hablando y como hiciera en 2003 por primera vez, Santa Pola esperaba para ello. En esta ocasión me acerqué hasta allí la tarde del viernes para retirar el dorsal, visitar la Feria del Corredor y evitar, en la medida de lo posible, la gran aglomeración de corredores y público que se preveía el día de la prueba, tal y como así sucedió.

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Recogida de dorsales

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Feria del Corredor

Por todo mundo es sabido que el medio maratón de Santa Pola es todo un acontecimiento, por algo se ha ganado por méritos propios el ser uno de los medios maratones más importantes de todo el Levante, cuando no el más importante, siendo al mismo tiempo uno de los mejores de cuantos se celebran en España, no sólo por el número de deportistas inscritos, sino por contar con una concienzuda y experimentada Organización, como he destacado anteriormente, y por tener un ambiente digno de las grandes citas de este deporte, sólo comparable en nuestro país al que se respira en grandes ciudades como Madrid, Barcelona, Valencia o Sevilla, entre otras.

En esta edición, la vigésimo séptima, se añadía además un aliciente que daba más relevancia a la prueba, ya que la misma albergaba la XXV Edición del Campeonato de España de Medio Maratón. De esa manera, era de presagiar que los mejores corredores del panorama nacional e internacional se iban a dejar ver en la nueva cita de esa villa marinera. Así, allí estuvieron los atletas nacionales Javi Guerra, Jesús España, Martín Fiz, Paula González Berodia, Alessandra Aguilar y Marta Silvestre, por citar algunos, junto a un nutrido grupo de figuras de este deporte a nivel regional y autonómico, que ofrecieron todo un espectáculo, como demuestra que entraran en meta cerca de 200 atletas con un tiempo por debajo de 1:15′:00”.

Al margen de multitudes, de números uno y de tiempos de otra galaxia, estábamos los miles de corredores, que en número superior a 9.500 fuimos llegando a Santa Pola, como si de un peregrinar se tratara, para tomar nuestra salida y hacer, cada uno, nuestra carrera particular. Entre ellos estábamos Sito Barroso, Alfonso Serna, Ángel Cánovas y yo, que emprendimos juntos nuestro viaje desde Murcia con destino a la localidad alicantina. Cada uno con su propia meta y con el denominador común de una ilusión que se reflejaba en nuestros rostros.

Sobre las 9:15 llegamos a Santa Pola y a partir de ese momento comenzó el goteo, casi continuo de amigos y conocidos a los que tuve la suerte de ver y saludar. Entre esos amigos estuvieron Sabas Baños (buena gente donde los haya, al que el destino me unió en la aventura berlinesa de un maratón que permanecerá para siempre en nuestro recuerdo), Mariano Moreno (triatlela, en lo deportivo y un habitual de tantas pruebas, con el que charlar siempre es un disfrute), Paco Sánchez (un portento físico, compañero y atleta con mayúsculas, todo un ejemplo a seguir, que acudió a Santa Pola como espectador), Francis Florenciano (otro corredor inmenso, cuyo estado de forma es envidiable y con un trato casi familiar), José Millán (la prueba evidente de lo que podemos conseguir con dedicación y constancia, a pesar de lesiones y parones), Rafa Candela (un runner cuyo amor por este deporte viene de largo y que tras diversas épocas de idas y venidas ha regresado para quedarse) y Fernando Murcia (corredor de nacimiento, de esos que nunca dejará de serlo, corra o no, aunque conociéndolo jamás dejará de hacerlo).

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Con Sabas Baños (Foto: Sabas Baños)

En lo climatológico, el día había amanecido espectacular, con una temperatura próxima a los 10˚C, un cielo que se mostraba completamente azul y que se había quitado de un plumazo cualquier atisbo de nubes para poder permitir al sol presenciar sin impedimento alguno el espectáculo de color que esa mañana íbamos a ofrecer todos cuantos participábamos en la prueba.

El caminar hasta la zona de la salida fue lo más parecido a una romería, donde los romeros en este caso íbamos vestidos de corto, con gorra, gafas de sol, zapatillas, auriculares y cualquier otro complemento necesario para la carrera o que simplemente hacen de talismán. El sonido del speaker se iba percibiendo cada vez con más claridad y los grandes arcos de globos evidenciaron algo que ya sabíamos: eso era Santa Pola. Los cajones de salida perfectamente señalizados y delimitados, todo escrupulosamente preparado y al gentío de corredores y de público se le unía una legión de voluntarios, cada uno con su cometido aprendido.

Allí nos esperaba mi hermana y José Luis, para hacer de improvisados guardarropas y desearnos toda la suerte del mundo para esa pequeña batalla a la que nos íbamos a medir, que no era otra cosa que nosotros contra nosotros mismos, como siempre es este deporte: nuestra lucha por superarnos y ganarle al tiempo un segundo que nos permita decirnos que hemos logrado dar un paso más adelante.

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Con Brigi y José Luis (instantes antes de la salida)

Los cuatro jinetes (Sito, Alfonso, Ángel y yo) estábamos listos, comenzamos el calentamiento y poco después nos despedimos, deseándonos una feliz carrera y confiando que cada uno consiguiera alcanzar esa pequeña meta que ese día rondaba en nuestra cabeza. Ese período de calentamiento se hizo corto, demasiadamente corto y con poco más de diez minutos me vi entre la muchedumbre de corredores que, impacientes, esperábamos con nervios la salida, esa salida que en Santa Pola siempre, siempre es puntual, exquisitamente puntual.

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Con Sito, Ángel y Alfonso (Foto: Brigi Molina)

En ese instante, recordé mi primera participación en esta carrera, la que fue mi debut en la distancia de los 21K y los nervios que tuve entonces. En esta ocasión, con muchas carreras y kilómetros en mis piernas, seguía teniendo esos nervios, desde el día anterior los tenía y como aquella vez confiaba en poder alcanzar mi objetivo. Entonces simplemente quería terminar la carrera y lo hice, con un tiempo de una hora, treinta y siete minutos y no recuerdo cuántos segundos y en esta ocasión, mientras aguardaba el pistoletazo que marcara el inicio, esperaba poder conseguir mi mejor marca personal (MMP) en esta distancia… “¿Y qué mejor lugar que Santa Pola para hacerlo?”… pensaba.

La prueba dio comienzo y como es habitual en esta carrera, se hizo muy complicado poder correr con comodidad los primeros metros, los primeros kilómetros… en mi mente estaba grabado un ritmo próximo a los 3’45’’ por kilómetro y el paso por el primero de ellos me marcó un crono de 4’00’’, lo que evidenció no sólo lo lenta que había resultado la salida, sino que ya llevaba un déficit de tiempo y no podía descuidarme si no quería que fueran sumándose segundos que posteriormente me iban a costar arañar.

Mis piernas comenzaron a aumentar el ritmo, pero sin hacerlo en exceso, puesto que ello podría pagarlo a lo largo de la carrera, cuando pasado el ecuador los kilómetros empiezan a hacer mella en ellas. Mi mente se centró en su trabajo y kilómetro a kilómetro fui marcando pasos intermedios que evidenciaban que estaba corriendo en tiempos dentro de los previstos, de cara a conseguir mi objetivo.

El paso por la zona de contrameta y la zona del puerto, abarrotada de público, fue lo más parecido a correr en volandas y antes de llegar al punto kilométrico 8 me encontré con los gritos de ánimo de mi amigo Pepe Perea, cuya emoción me hizo no sólo erizar la piel, sino que fue como si me hubiesen empujado con una fuerza que pareció no desaparecer, zancada tras zancada. Llegó el 9 y el 10 y de nuevo volvía a correr con el Mar Mediterráneo a mi derecha, sereno, precioso, callado, para no distraer mi concentración; ese mar que baña y mima a Santa Pola cada día y que la hace tan bonita, tan hermosa

Sobrepasado el kilómetro 13 de nuevo llegaba hacia el núcleo de población, donde otra vez volvería a encontrar el calor de un público entregado con la prueba. De frente venían cientos, miles de corredores en sentido contrario y entre ellos un nuevo grito, esta vez de Sergio Payá, otro corredor, otro amigo, que me volvió a dar otro pequeño empujón. Con él llegué al punto kilométrico 14 y un vistazo a mi cronómetro me dijo que estaba “ahí-ahí”, con posibilidad de alcanzar lo que había ido a buscar, pero cuyo resultado final dependería de ese último tercio de la prueba.

Fueron unos metros después cuando un nuevo grito de ánimo, esta vez de mi amigo José Luis Piqueras, el que me ayudó a correr un pelín más rápido y comprender que Santa Pola merecía que estuviese allí para morir, figurada y deportivamente hablando y eso era lo que tocaba hacer en lo que faltaba por llegar a meta. A partir de ese momento fue como pasar a otra dimensión, fue como subir un escalón más en el sufrimiento y dar todo cuanto me quedaba dentro.

Poco antes del paso por el kilómetro 15 recogí los gritos de mi hermana y José Luis, y algo después del paso de ese kilómetro me llevé en el bolsillo el gesto de “Vamos” de Alfonso Martínez (mi entrenador), con lo que ya tenía todo cuanto necesitaba para afrontar lo que restaba. Esos últimos kilómetros parecieron más cortos de lo normal y el arco con un 20 que me pareció enorme me hizo darme cuenta de algo que llevaba haciendo casi desde el principio de la carrera: apretar los dientes. No sé cuál fue mi ritmo de ese último kilómetro, pero sólo sé que miré el tiempo que llevaba y supe que tenía al alcance de mi mano conseguir una marca con la que había soñado tantas veces y para ello sólo tenía que seguir haciendo lo que había hecho hasta ese momento: correr“joder, corre, corre”, me dije.

Alcancé el último tramo de la carrera, donde se agolpaban cientos y cientos de personas, tomé una leve curva a la derecha, un giro a la izquierda (José Luis de nuevo animando), otro giro más a la derecha y por fin la recta que conducía a meta. Un amplio pasillo con la Gloria al final se abrió ante mí, eché un vistazo a mi antebrazo donde “Mar y Rocío” me habían ido dando ánimos en varios momentos de la carrera y la llegada a meta se produjo cuando el cronómetro marcaba un tiempo general de 1:20′:22” y un tiempo real de 1:19’:48’’, ocupando el puesto 458º de la general y el 80 de mi categoría (veterano B), de un total de 8.014 corredores que terminamos la carrera, con un ritmo medio de carrera de 3:49 min/Km.

No pude evitarlo, de mis ojos se escaparon unas lágrimas de satisfacción, fruto de haber conseguido lo que me había propuesto y con lo que llevaba tiempo soñando, una nueva marca personal en esta distancia, pero con la recompensa de haberlo hecho por debajo de 1:20’:00’’. Santa Pola había vuelto a ser generosa conmigo, me había permitido escribir una página más en mi modesto y particular currículo deportivo, exento de triunfos, exento de premios, exento de aplausos, pero repleto de esa satisfacción personal que supone superarse un poquito más cada día.

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Recién entrado en meta (Foto: Javi Martínez)

Minutos después, tras la habitual y necesaria reposición de líquidos, nos volvimos a juntar Sito, Alfonso, Ángel y yo, y con agrado pude comprobar que también ellos habían conseguido alcanzar su meta marcada, por lo que la satisfacción fue aún mayor, ya que si hay algo que tiene este deporte es que permite que hayan tantos ganadores como participantes y las victorias de los amigos se reciben como propias. Poco más quedaba hacer ya en la preciosa Santa Pola y con la moral por las nubes emprendimos el viaje de regreso a casa, durante el cual pude comprobar una vez más las personas, las buenas personas, que este deporte me ha permitido conocer, como esos tres amigos con los que disfruté no sólo del trayecto que separa Murcia de Santa Pola, sino también de la confianza, la amabilidad, la sencillez y la cordialidad que los caracteriza.

La próxima cita será de nuevo un medio maratón, en esta ocasión el que celebra la ciudad de Orihuela el domingo 14 de febrero, al que de nuevo acudiré para tomar la salida en una de las pruebas que también cuenta con una gran Organización, a cargo del Club de Atletismo Tragamillas. Para entonces espero que ya esté recuperado de su lesión mi compañero y amigo de “batallas”, Alejandro Sánchez, al que le deseo una pronta recuperación.

Y cómo no, esta crónica quedaría vacía si no termino mis palabras dando las gracias a todos los que con sus ánimos me ayudaron a alcanzar esa pequeña meta. GRACIAS a: Brigi y José Luis, Pepe Perea, José Luis Piqueras, Alfonso Martínez y por su puesto a Santa Pola, porque fue allí donde debuté en esta distancia y desde aquel día nunca he dejado de sentirme unido a ella…

hasta el año que viene.

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El trofeo (para el recuerdo)

Y tú, ¿participaste también en esta gran carrera o en alguna de las múltiples celebradas este fin de semana?, ¿quieres dejar tus impresiones de ella? Anímate, de esa manera todos conocemos más pruebas. Muchas gracias.

(Para consultar la clasificación completa: XXVII Medio Maratón Santa Pola)

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2 comentarios a XXVII Medio Maratón Villa de Santa Pola (XXV Campeonato de España)

  • Jordi Madrid  dice:

    Gran crónica. Santa Pola es espectacular siempre. Enhorabuena por la marca. Coincidiremos en Orihuela:) Saludos

    • Paco Molina  dice:

      ¡Hola, Jordi! Muchas gracias por asomarte por este rincón y por tus palabras. Sin duda Santa Pola es un valor seguro siempre, por lo que asitir a ella, ya sea como corredor o como espectador, es todo un espetáculo. Espero poder saludarte personalmente en Orihuela, mientras tanto, sigamos corriendo.

      Saludos.

      Paco.-

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