XXXIV Maratón de Valencia

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Itinerario de la prueba (Info: Maratón Valencia)

Lugar: Valencia

Día: 16 de noviembre de 2014

Hora: 9,00 horas

Distancia: 42.195 m

Organizada por: S.D. Correcaminos y el Ayuntamiento de Valencia.

Recorrido: la salida, situada a los pies del Puente de Monteolivete, en pleno corazón de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, era punto de unión junto a la prueba de 10K, que se disputaba de forma paralela al maratón. Un maratón que permitía hacer un recorrido turístico por toda la ciudad y que comenzada su periplo rumbo a la Playa de las Arenas, pudiendo contemplarse de camino el bonito Edificio del Reloj (siglo XX), de estilo Neoclásico, y que elegantemente preside la entrada al Puerto de Valencia. Tras él se asomaron otros monumentos que tampoco quisieron perderse el peregrinar de los miles de atletas y que salpicaron de belleza, historia y elegancia el itinerario, como fueron: la Catedral (siglos XIII-XVIII) y su inseparable Miguelete (siglos XIV-XV), el monumental Ayuntamiento (mediados siglo XVIII), las inconfundibles Torres de Cuart (mediados siglo XV), la modernista Estación del Norte (principios siglo XX), la Plaza de Toros (finales siglo XIX), la Puerta del Mar (es un Monumento a los Caídos en la Guerra Civil Española) y para terminar el imponente complejo donde se tomó la salida y que tenía situada la meta junto al Museo de las Ciencias Príncipe Felipe (finales siglo XX), concretamente sobre el agua que forma una lámina azul que aumenta aún más la belleza del entorno, en una de las llegadas más bonitas para una carrera y de la que Valencia puede presumir con todo orgullo.

Bolsa del corredor: correcta, sin ser excesiva en cuanto a obsequios y dejando de manifiesto algo que viene siendo una tónica general en la mayoría de las carreras y que no es ni más ni menos que el tenernos acostumbrados a los participantes a bolsas escasas en cuanto a atenciones y numerosas en cuanto a folletos publicitarios. Aún así, ésta estuvo formada por la tradicional camiseta técnica conmemorativa de la prueba con un diseño que me pareció muy atractivo y de una marca de ropa deportiva de calidad, una bolsa pequeña a modo de petate, un ejemplar de la revista oficial de la prueba, junto con unas muestras gratuitas de sales de magnesio para el baño y patatas fritas, un paquete de chicles, un paquete de tiritas, diversos folletos publicitarios, un ejemplar de otra revista deportiva y el clásico ticket para poder degustar un plato de arroz en la Paella Party (que en Valencia sustituye al habitual plato de pasta de la archifamosa Pasta Party).

Esa bolsa se podía recoger, junto con el dorsal, los días previos a la prueba (viernes y sábado) y el mismo día de la prueba, una vez finalizada la carrera, cada corredor recibimos una segunda bolsa, formada en este caso por una bolsa de clementinas, unos caquis Persimón, tres piezas variadas de dulces industriales, un botellín de agua, una bebida isotónica y dejo para el final, no por ser menos importante, sino todo lo contrario, la preciada medalla que todo finisher lucimos satisfechos de nuestro cuello tras cruzar la línea de meta.

Organización y atenciones: acumular treinta y cuatro ediciones y ser una gran capital como Valencia son dos premisas que sólo podían conducir a una conclusión: la organización debía ser buena. Y efectivamente, la organización no fue buena, fue magnífica y eso no sólo se mide en algunos aspectos, sino en todos. Buena señalización e información, espacios bien diferenciados e independientes para cada zona (entrega de dorsales, feria del corredor, animación…), atención y amabilidad, sistema de cronometraje meticuloso, habilitación de servicios portátiles en número suficiente, un voluntariado abundante y comprometido, cobertura policial y médica numerosa, animación constante a lo largo de todo el recorrido, puestos de avituallamiento extensos y bien provistos, zonas de refresco en carrera, duchas y un aspecto más que no tiene que ver con la organización, pero que de alguna manera puede considerarse como una extensión de la misma: me refiero al público, a los ciudadanos de calle, que asistieron a presenciar la carrera en masa.

Aún así, creo que nada, ni nadie es perfecto y un par de ”contras” son los que puedo poner en este apartado: el primero de ellos es la recomendación de utilizar un sistema de señalización de puntos kilométricos en altura, a modo de banderola o similar, ya que la elevada participación de corredores impedía ver en muchos casos el paso por dichos puntos, al estar limitada esa señalización a un cartel a ras de suelo y en un lateral del recorrido. Y en segundo lugar, la posibilidad de entregar a cada corredor, una vez llegado a meta, una sábana o manta térmica, con la que poder evitar la fuerte bajada de temperatura que se produce al terminar la prueba, máxime cuando la presencia de aire, como sucedió en esta edición, puede hacer más intensa esa sensación térmica y sufrir alguna que otra “tirititera” (dicho vulgarmente). No obstante, estos dos “contras”, entre tantos “pros” no desmerecen, ni deslucen un ápice esta MAGNÍFICA PRUEBA.

Podio: Jacob Kibet C. Kendagor, categoría Senior de nacionalidad keniana e Independiente, fue el ganador masculino con un tiempo oficial de 2h:08’:39’’, llegando en segundo y tercer lugar respectivamente, los también kenianos en categoría Senior e Independientes: Samuel Kiplimo Kosguei (con un tiempo oficial de 2h:09’:10’’) y Francis Kipkorir Kiprop (con un tiempo oficial de 2h:09’:22’’).

En mujeres, la vencedora fue Beata Nandja Naigambo, categoría Senior de nacionalidad namibiana e Independiente, con un tiempo oficial de 2h:30′:54”, llegando en segundo y tercer lugar respectivamente: las dos kenianas en categoría Senior e Independientes: Pamela Rotich (con un tiempo oficial de 2h:31′:20”) y Edna Kimaiyo (con un tiempo oficial de 2h:31′:35”).

Muy personal: por quinta vez me enfrentaba a un maratón. Habían transcurrido unos cinco meses desde que puse la vista en Valencia y cerca de tres meses desde que había formalizado mi inscripción; tres meses en los que en el horizonte comenzó a vislumbrarse la palabra META, pitada en colores azules, iluminada por rayos de sol que le otorgaban unos tonos y un brillo que me hacían recordar al gran Sorolla, con el aire pintando pequeñas crestas de espuma blanca en un mar impaciente.

Llegué a Valencia la tarde noche del viernes, por aquello de estar descansado más allá de las veinticuatro horas previas a la carrera y porque también quería hacer un entreno suave la mañana de sábado, sirviendo al mismo tiempo como toma de contacto con la ciudad, en el plano puramente deportivo… aunque tal vez ello respondía más a una pequeña manía, ayudando de esa manera a estar más concentrado de cara al día de la prueba.

El entreno no lo hice en solitario, gracias al poder de las redes sociales, sino acompañado de dos amigos virtuales que pasaron a ser reales: Andrés, de Martos (Jaén) y Josete, del mismo Valencia. Dos amantes de esta bendita locura del running, dos personas cordiales, cercanas y amables, con las que compartí 30’ de entreno y conversación agradable y distendida, en el antiguo cauce del Turia a su paso por la capital valenciana.

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Animación la mañana de sábado (música en directo)

A mediodía me dirigí al Punto Cero de la prueba, donde se podía recoger tanto el dorsal, como la bolsa del corredor, visitar la Feria del Corredor, escuchar música tocada en directo, disfrutar de un ambiente donde se respiraba maratón por los cuatro costados y contemplar la atractiva recta que, sobre el agua, daba acceso a una meta que a pesar de verse tan cerca, se encontraba tremendamente lejos.

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Pasarela de meta: un sueño

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Entrega de dorsales (Museo de las Ciencias Príncipe Felipe)

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El muro de los ánimos (Feria del Corredor)

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Con Sete, en la puerta de la Feria del Corredor

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La Paella Party

Cerca de las dos de la tarde opté por degustar un plato de paella gracias al ticket obsequiado para la Paella Party e intentar despejar mis pensamientos que una y otra vez pensaban en la cita del día siguiente. A esa hora el aire había decidido seriamente ser el protagonista de la jornada y el presagio de una carrera ventosa no hacía sino aumentar mi preocupación para el día siguiente.

Una vez satisfecha la necesidad alimenticia decidí que lo mejor era caminar, alejarme de allí e intentar distraer mi mente, haciéndole olvidar por un rato lo que no dejaba de pensar una y otra vez, una y otra vez. Así, caminé cerca de dos horas, algo no muy aconsejable para unas piernas que debían estar descansadas para el día siguiente, pero ello me ayudó a mantener la atención puesta en pequeñas imágenes que aparecían ante mis ojos y que, por momentos, me hacían olvidar todo o “casi” todo.

Ya en el hotel tuve la gran alegría de encontrarme con Ana Castillo, la capitana de Guerreras Running, que junto a parte de sus chicas había ido a correr el 10K y también se alojaban allí y que con su buen rollo, vitalidad y simpatía me ayudaron a liberar tensión y a olvidar por un buen rato lo que me había llevado hasta Valencia. Junto a ellas les acompañaba Javi Martínez, que además de ser una gran persona, sencilla y humilde, es también el fotógrafo deportivo de referencia en Murcia y es que su capacidad innata para captar el momento no es algo que se aprenda, sino que es algo con lo que se nace y a Javi le sucede eso.

Y tras una cena a base de pasta se acabó el día, el sábado se escapó de las manos y el domingo, con su paso lento, pero inapelable se hizo hueco y se sentó frente a mí, esperando el momento de la verdad… el día amaneció soleado, con una temperatura fresca, que no fría y con el aire del día anterior dormido profundamente o al menos eso parecía, quién sabía. Tras el desayuno, ultimar todos los detalles y poner mis “pinturas” de guerra, que amablemente me pintó la Guerrera Pilar Galera:

Brazo derecho: @marcandolameta (una ilusión)

Brazo izquierdo (ese que está cerca del corazón): MAR – ROCÍO – MURCIA (mis dos hijas y mi ciudad)

Gorra, dorsal, reloj, crema hidratante para las rozaduras, gafas de sol, MP3, respirar hondo… “una foto con vosotras, chicas”, “mucha suerte, Guerreras, disfrutad”… escuchar sus gritos de ánimo mientras me alejaba, música de fondo, el speaker que daba los buenos días, cientos, miles de corredores, el gemelo izquierdo que molestaba, los nervios a flor de piel y en la mente sólo una idea: “que empiece ya, por favor, que empiece ya”. Las nueve de la mañana y por fin el pistoletazo de salida: de repente era como si hubiesen apagado la luz de la sala y la película acabara de…

“Comenzar”

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Salida de la prueba (Foto: Maratón Valencia)

Mis piernas comenzaron a moverse, como las de las más de veinte mil personas que nos dimos cita para hacer una misma cosa: correr. Y mi mente se abrió paso autoritaria, poniendo orden en mis pensamientos, calmando los nervios y alejando los miedos; cogió el control del mando y fue dando las pautas que había estado planeando días atrás. Marcó de manera casi marcial el ritmo de cada kilómetro, con controles cada 5K y cada 10K. Todo marchaba bien, incluso en el paso por los kilómetros conseguía arañar algunos segundos. Algo de agua y bebida isotónica en los puestos de avituallamiento, de manera alterna y sin perdonar uno.

La presencia y el ánimo de la gente hacía aún más fácil la carrera y los distintos grupos de batukada hacían aumentar el ritmo de las zancadas a golpe de tambor. Valencia se presentaba hermosa, acogedora, cariñosa y me contagiaba en cada kilómetro: grupos de espectadores disfrazados, otros con pancartas, algunos con potentes altavoces por los que se escuchaba música que invitaba, como no, a correr y todos, todos, empujando y animando.

El tiempo pasaba y la distancia aumentaba: se había superado el 21K y a pesar de quedar “solamente” la segunda parte, esa en la que empieza de verdad el maratón, mi mente continuaba llevando las riendas con mano firme y mis piernas obedecían y respondían sumisamente, no sin ausencia de alguna que otra molestia; molestia que rápidamente se intentaba borrar, puesto que lo único válido entonces era seguir haciendo aquello por lo que había ido hasta allí: correr, había que seguir corriendo.

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Una línea de 42.195 m

De vez en cuando miraba esa línea azul que marcaba el camino a seguir, ese camino que me llevaba a la meta y que por momentos me hacía emocionar, llevándome a una euforia y optimismo que no eran propios del momento y que sólo podían hacer empañar el trabajo que mi mente estaba haciendo de manera tan brillante… “sigue, vamos, aún quedan doce kilómetros, ahora toca apretar los dientes, llegar al cuarenta y dejarse caer, sigue así, vamos”… es parte de ese monólogo interior que resonaba en mi cabeza.

“Vamos Paco”

Escuchar ese grito de alguien que no te conoce, al que no has podido siquiera llegar a ver su cara y que de manera espontánea te anima sólo por ver escrito tu nombre en el dorsal que luces, es algo indescriptible. Te da una fuerza y un empuje que no sabes de dónde sale, pero sale. Con cada “Vamos Paco”, levantaba mi dedo pulgar, a modo de gratitud, era mi manera silenciosa de decir que su ánimo no tenía precio. Los kilómetros iban cayendo y el público, muy numeroso prácticamente en toda la carrera, se hacía cada vez más y más multitudinario.

Mi parcial de los últimos 10K (del 30 al 40) me habían hecho perder unos 50’’ sobre la previsión marcada y de alguna manera había gastado los segundos de reserva que había ganado durante los primeros 30K. El cansancio había pasado factura a mis piernas, pero aún así se habían comportado de manera satisfactoria y ya sólo quedaban los dos últimos kilómetros e internar que la pérdida de segundos no aumentara.

“Del 40 al cielo”

Al ver el cartel del kilómetro 40 puse mi cronómetro nuevamente a cero, consciente de que poco importaba ya, puesto que no volvería a mirarlo hasta el final. En ese punto de la carrera el público apenas dejaba un pasillo para nuestro paso y los gritos, los ánimos, pitos, vítores, palmas y demás eran continuos. Mis piernas parecía como si acabaran de tomar la salida, mis pulsaciones se elevaron por encima de ese umbral que te dice que es el permitido y el subidón de adrenalina fue el mayor que he experimentado en mi vida.

Delante de mí dos corredores, a unos cincuenta metros, iban jaleando a la gente para que gritaran, haciendo movimientos con sus brazos y el griterío de la gente se volvía electrizante. Mi mente soltó las rienda y me dijo: “hazlo”… los imité, perdí la compostura y me dejé llevar por el momento, comencé a mover mis brazos de arriba abajo, las palmas de mis manos se movían sin parar pidiendo esos gritos y el público, entregado y generoso se vaciaba en su ánimos: “Vamos, Paco… vamos campeón… lo tienes hecho… olé tus cojones… Paco… ya está”.

El último kilómetro fueron los mil metros más cortos de mi vida y en tres zancadas me vi pisando esa plataforma flotante que conducía a meta. No sabía realmente qué tiempo llevaba, puesto que durante toda la carrera fui con parciales y no tuve constancia del tiempo acumulado, aunque mi cabeza me decía que debía estar con posibilidad de bajar mi mejor tiempo en un maratón. Mis ojos buscaron el marcador y lo vi, vi que iba a mejorar mi tiempo… miré al cielo, abrí los brazos una y otra vez, formé un corazón con mis manos y di un salto de alegría, de rabia, de satisfacción, de coraje, de felicidad, justo en el momento de cruzar la línea de llegada: lo había conseguido, .

Ese momento, el de mi llegada en meta, se produjo cuando el cronómetro marcaba un tiempo oficial de 2h:57′:36” y un tiempo real de 2h:57′:10” ocupando el puesto 464º de la general y el 111º de mi categoría (veterano B), de un total de 11.323 corredores que terminamos la prueba, con un ritmo medio de carrera de 4:13 min/Km. Por segunda vez había bajado del umbral de las tres horas y ese tiempo que acababa de conseguir mejoraba en 59’’ mi mejor marca personal, conseguida en Sevilla el pasado mes de febrero.

Y sí, lloré, de nuevo rompí a llorar, mientras mi mente sonreía y serena me decía:

“Disfrútalo, sólo tú sabes lo que has trabajado por llegar aquí y esta vez lo has conseguido, así que disfruta, llora y saboréalo”.

Una chica colgó la medalla que acreditaba el haber terminado la prueba y tras coger la bolsa con los obsequios emprendí el camino de regreso al hotel. Poco a poco me fui alejando, los sonidos se iban haciendo cada vez menos perceptibles y en mi cabeza mi mente volvía a hablarme:

“Hoy has conseguido tu meta, todo ha salido bien, pero sabes por experiencia que no siempre se consigue. Sin embargo, en ambos casos la ilusión, las ganas y el trabajo son los mismos, aunque el resultado no lo sea. Por eso, celebra lo que has conseguido, pero celebra aún más el que cada día seas capaz de dar esos pasos que te llevan en busca de tu meta y recuerda que es ahí, en ese camino hacia ella, donde se encuentra la verdadera felicidad”

… y volví a llorar.

Gracias Valencia, gracias por ofrecer una carrera inolvidable, gracias por tener ese público tan generoso, gracias por tu cariño y gracias por contagiarme con tu luz y tu belleza.

Por cierto, el aire creo que despertó cuando aún restaban más de sesenta minutos para terminar mi carrera, pero a decir verdad, ni me percaté de ello: estaba claro que esta vez nada iba a impedir que alcanzara mi meta… #marcandolameta.

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Un dorsal para recordar

Ahora toca descansar unos días y de nuevo vuelta a los entrenamientos y a seguir buscando nuevos objetivos, nuevas marcas, nuevas metas. La próxima, para el 14 de diciembre, en Torre Pacheco: de nuevo un medio maratón, con el que deseo volver a estar dentro de mi tiempo en esta distancia; un tiempo que se resiste desde marzo y me hace tener muy claro que…

Siempre hay una nueva meta y sólo debemos marcarla

Y tú, ¿participaste también en esta carrera o has participado en ella en alguna otra edición?, si es así ¿qué te pareció? Tal vez corriste este fin de semana en otra prueba diferente a ésta, si quieres puedes compartir tu experiencia, anímate, con tu comentario nos enriquecemos todos. Muchas gracias.

(Aquí puedes consultar la clasificación completa: XXXIV Maratón Valencia)

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7 comentarios a XXXIV Maratón de Valencia

  • Sergio  dice:

    Hola Paco, triple enhorabuena, por terminarla la prueba, por mejorar tu tiempo y por dejarnos saborerar esta experiencia como la viviste tú. Emotivo relato. Gracias por compartirlo. Un abrazo

    • Paco Molina  dice:

      ¡Hola, Sergio! Triple agradecimiento el mío por volver a contar con tu presencia y tu comentario. La verdad es que las circunstancias fueron favorables y todo se conjugó de manera que pude tener la gran suerte de vivir la carrera que viví. Sin duda no la olvidaré jamás y es que VALENCIA es mucho Valencia y pueden presumir a boca llena de tener una carrera INCREÍBLE, con un público INCREÍBLE, un recorrido INCREÍBLE y una llegada a META de PELÍCULA.

      Un fuerte abrazo y como siempre, encantado de compartir mis experiencias con todos vosotros.

      Paco.-

    • Cristina  dice:

      Hola Paco:
      Te mereces un : aúpa txapeldun ze Txapeldun..,
      Decir? Q mas decir? Solo Q eres un campeón y Q gracias por compartir esa carrera con todos los demás y sigue Marcandolameta, yujuuii…
      Abrazoooos.

  • @achorunners  dice:

    Ole tus huevos paco….enhorabuena

    • Paco Molina  dice:

      ¡Hola, Achorunners! Alegrón de veros por aquí y muy agradecido por vuestro breve y contundente comentario, sois unos crack!!

      Un fuerte abrazo y espero compartir kilómetros juntos muy pronto.

      Paco.-

  • Jacinto  dice:

    Enhorabuena Paquico.

    • Paco Molina  dice:

      ¡Muchas gracias, Jacinto!

      Saludos.

      Paco.-

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