Y tú, ¿de qué tribu eres?

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Hoy la cosa va de tribus, pero no esperéis que aparezcan en ellas hombres en taparrabos bajando de árboles, como tampoco leeréis sonidos guturales más o menos inteligibles, ni descripción de reuniones ancestrales en torno a una lumbre, ni mucho menos, nada de eso. La tribu a la que voy a referirme es una de tantas con las que convivimos a diario, casi sin darnos cuenta y que forman parte del paisaje urbano y humano en el que nos encontramos inmersos, como si de un océano infinito se tratase.

Como seres sociales que somos y con una clara tendencia a asociarnos en grupo, no es de extrañar que existan cientos, miles de tribus, creadas bajo los prismas más diversos y siempre con un nexo en común:

Todos los miembros de una misma tribu abrazaremos con mayor o menor vehemencia las reglas, signos, normas o leyes que, estando escritas o sin necesidad de ello, nos permitirán ostentar la etiqueta de miembro de ese grupo del que formamos parte.

En ocasiones, formar parte de una tribu puede ser fácilmente identificable, sobre todo cuando ello queda latente en el vestuario de quienes forman parte de él. Ahí están por ejemplo cualquiera de las tribus urbanas, que tras la misma base filosófica suelen presentar una vestimenta específica, un tipo de peinado o unos complementos característicos, dejando señales que evidencian claramente a qué tribu forman parte.

De esta manera, podemos estar ante tribus nacidas en torno a mil y un motivos, que pueden ir entre otros desde lo ideológicos, pasando por culturales, de consumo, contraculturales, religiosos, ecologistas, sexuales, hasta cómo no, por supuesto que sí, también deportivos. Y dentro de los deportivos, sin lugar a dudas, está el de nuestro querido y amado running, como no podía ser de otra manera, no en vano somos conocidos por todo el mundo por runners y a mucha honra, ¿verdad?

En cualquier caso, seamos de la tribu que seamos, lo cierto es que no podemos evitar cierta empatía con cualquier extraño con el que nos crucemos o coincidamos solo por el hecho de saber que forma parte de ese mismo colectivo al que pertenecemos. Es este aspecto, el de coincidir con un colega de nuestra misma tribu, el que nos produce una mayor satisfacción, sobre todo cuando dicho encuentro tiene lugar lejos del entorno en el que lo practicamos.

Así, centrándome ya en nuestra tribu, para un runner encontrarse con otro miembro de la familia sin que medie kilómetro alguno, ni nada que haga pensar en el deporte de las zapatillas y la camiseta de tirantes por excelencia, siempre es un motivo que invita al diálogo y cómo no da pie a establecer un vínculo de amistad, que surge de una manera casi espontánea y es que ser un corredor, hoy por hoy, no solo te convierte en un practicante del deporte que está más de moda, sino que además te confiere cierto aura de importancia o algo así como un caché social que está muy bien visto

– Perdona, ¿eres corredor verdad?

– Sí, ¿tú también?, ¿cómo lo has sabido?

– Por tu pulsera del Maratón de Andaquenocorresná que llevas en tu muñeca derecha.

– Ah, sí, lo hice el mes pasado, pero después he corrido el Medio Maratón Villa de Sancronómetro, el del Puerto de la Virgen de la Compresión y un par de 10K que organizaron en el cole de mis hijos y en la comunidad de vecinos en la que vivo.

– Vaya, ¿vives en una comunidad grande?

– No, que va, apenas somos doce vecinos, pero hicimos trofeos y todo… mira, mira, llevo como fondo de pantalla la foto de mi podio… ese es mi vecino Raúl (era su primera carrera) y Don José, el jubilado que vive justo debajo de mí. Y tú, ¿corres mucho?

– Bueno, no tanto como tú, pero me defiendo… salgo seis veces por semana, mi umbral aeróbico he conseguido fijarlo en torno a las 130 pulsaciones por minuto y mi ritmo medio por kilómetro en tiradas por encima de los 120 minutos está en 3’50”; bueno, y las series de 1.000 metros las meto por debajo de 3’20”… a todo esto, ¿qué necesitas?

– Eeeessssstoooo… necesito hacer un cambio de empadronamiento.

– Eso lo lleva mi compañera, pero deja, deja, que te lo hago yo en un periquete; saca número otra vez en la maquinita, pero esta vez como Solicitud de Loqueyotediga y te cuelo ahora mismo.

Sí, exagerada y esperpéntica representación de dos runners fuera de su hábitat natural, pero cuya pertenencia a la misma tribu no sólo les permite establecer una cercanía entre ambos, sino posibilitar también una predisposición al agrado y a la ayuda, porque muy diferente habría sido esa situación si…

– ¿Qué desea? – (otro con pulseritas y cronómetro, como si fuera entrenando todo el día… ¡cuánto flipao!)

– Quería hacer un cambio de empadronamiento y no sé qué es lo que hace falta.

– Pues por lo pronto algún recibo domiciliado de agua, luz o gas, una fotocopia de su DNI y que me rellene el formulario E5 que podrá recoger en mostrador del fondo.

– ¿Cuál?

– Aquel que hay detrás del último biombo a mano derecha… el que pone el número 8 bien grande – (tanto kilómetro le ha atrofiado la vista, al menda.)

– Ok, voy haciendo un progresivo y vuelvo soltando piernas.

– ¿Perdone?

– Que vengo ahora mismo.

– No, ahora mismo no, vaya usted, recoja el impreso, lo cumplimenta y cuando lo tenga todo vuelva a sacar número y le llamarán nuevamente.

– Perfecto, con mis Saucony Kinvara soy capaz de dar tres vueltas a la delegación en menos de cero coma y sin que le haya dado tiempo a bostezar ni dos veces – (vaya una falta de “kilómetros” que tiene esta.)

– ¿Perdone?

– Que la he entendido perfectamente.

Sí, otra exagerada y esperpéntica representación de un runner fuera de su hábitat natural, en una situación más o menos cotidiana, pero con un resultado bastante diferente al del primer ejemplo.

Lejos de cualquier escena más o menos real y tratada con más o menos ironía, lo cierto, lo verdaderamente cierto, es que para un runner como nosotros, cualquier atisbo que nos haga pensar que frente a nosotros tenemos a otro miembro de nuestra tribu nos hará sentirnos cómodos, cercanos y afables. Quizá por eso, miramos con buenos ojos, con muy buenos ojos cuando alguien a nuestro lado lleva un pulsómetro de esos que se llevan puestos hasta durmiendo, o luce una camiseta técnica de alguna prueba donde aparece alguna K, precedida de un dígito como por ejemplo 5-10-21-42-50-100 ó vete tú a saber.

De igual manera, no solo con los complementos o prendas de vestir nos sentimos más atraídos hacia esa otra persona, porque ya el mismo hecho en sí de ser otro miembro de tu tribu runnera ya es motivo más que suficiente para congeniar con él:

– Mañana van a venir a cenar con nosotros una pareja de amigos… no hay problema, ¿no?

– Por mí no, ¿los conocemos de algo?, ¿hemos coincidido alguna vez?

– No sé, no creo… son runners, de mi mismo club de running del centro deportivo.

– ¡Anda!, ¿son runners?

– Sí, los dos… aunque ella le pega más que él; pero vamos, están fuertes.

– Coño, claro que sí y si se animan se pueden venir a la quedada que hemos organizado el próximo domingo con los del Club Corremosxtoslaos.

– Dabuten, seguro que se apuntan.

– Mola, ya me caen bien y todo…

Sí, de nuevo otra situación llevada al extremo pero que sirve como ejemplo para reflejar cómo los seres humanos somos animales a los que nos gusta juntarnos en grupo, por lo general (aunque también están los que prefieren el ostracismo y la soledad más absoluta), empatizando con todo aquel que muestre unos hábitos, tendencias o costumbres que sintamos como propias o muy familiares. En ese caso podremos considerarnos, conscientes o no, miembros de una misma tribu y como tal así lo demostraremos.

En resumen y sin llegar a ningún sitio en concreto, lo cierto y verdadero es que aunque hayan pasado cientos, miles de años, en el fondo seguimos manteniendo esa inclinación a asociarnos en grupo y además nos sentimos a gusto de ello y muy identificados con cualquier otro miembro que forme parte de nuestra misma tribu.

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Tribus, tribus, tribus…

Y tú, ¿formas parte también de la extensa tribu que componemos los runners o perteneces a alguna otra? En cualquier caso, ¿crees que exagero al conceder tanta importancia a eso de ser un miembro de un mismo colectivo? Anímate, deja tu punto de vista y si te ha gustado este post, compártelo. Muchas gracias.

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