El fuste de las cosas

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Recuerdo, siendo niño, una expresión que solía decir mi abuela:

Eso no tiene fuste.

Frase que podía ir referida, en ocasiones, hacia alguna persona, cuando esta en cuestión se caracterizaba por no ser muy cabal a la hora de sus comportamientos o razonamientos, acompañándose con frecuencia de argumentos vacíos o sin sentido, que evidenciaban una acusada falta de seso, como si viniese de serie en el individuo. Claro que también lo utilizaba cuando alguien era falto de brío, de sustancia o de presencia, algo así como ser de poca energía.

Decía mi abuela también, que la falta de sentido, de cordura, era algo así como andar por ahí sin ropa interior… eso no es algo que se aprecie a primera vista, pero en cuanto llega el momento de despojarse de la ropa quedan tus vergüenzas al descubierto, evidenciando las carencias… algo así, como abrir la boca y cagarla. Era mi abuela mujer de hablar poco y escuchar mucho, de ahí que sus palabras y consejos fueran siempre un valioso e invisible legado.

Pero no son las personas, el motivo por el que ese fuste me lleva hoy a escribir sobre ello, sino más bien va referido al fundamento que tiene algo no material, como por ejemplo un discurso, una oración, un escrito o una decisión. Un fundamento que en verdad también podría referirme a él como el sentido o no que tiene todo lo que hacemos o todo lo que vemos.

¿Y por qué o a cuento de qué de ese fuste? Sencillamente por las ideas o propuestas que, surgidas al abrigo de este confinamiento (confinamiento que poco a poco parece ir tocando a su fin, aunque sea por fases, por franjas horarias y por edades… cuando no se ponga en nuestra contra y tengamos que volver a desandar el camino recorrido) han ido colándose en nuestro día, como algo paliativo o remendón de cuanto hemos perdido en este camino de pandemia. Camino, por cierto, que me parece mucho más largo de las cerca de ocho semanas que nos contemplan ya.

Supongo que muchos recordaréis las diferentes propuestas surgidas a la sombra de los eventos o fiestas que este virus ha obligado a suspender, llevándose por delante y arruinando la economía y el carácter popular/cultural de señaladas celebraciones como las Fallas de Valencia, la Semana Santa de toda España, nuestras Fiestas de Primavera o la reciente Feria de Abril, que debería haber inundado las calles de la ciudad del Guadalquivir, por poner algunos ejemplos.

Que si volver a plantar los ninots obligados al destierro aprovechando la fecha de las Hogueras de San Juan, que si nuestro Bando de Huerta sacarlo a la calle el martes antes de la Romería de septiembre de la Virgen de la Fuensanta, que si la Feria de Abril para la segunda quincena de septiembre, que si Sanfermines para mediados de julioque si, que si.

Está claro que el Covid-19 se está cobrando un alto precio en lo que víctimas mortales se refiere, pero no es menos cierto que el agujero económico y social que está dejando va a costar mucho tiempo en superarse. Lejos de ser un aprendiz en economía, ni lo soy, ni lo pretendo, no hacen falta muchas luces para saber que costará salir del agujero en el que hemos caído.

Quizá se deba a ello, el afán por dar al pueblo las fiestas perdidas, potenciando e intentando mejorar la maltrecha salud de sectores como el turismo y el comercio, fomentando el gasto e incentivando la dinamización de la economía y al mismo tiempo intentar recuperar esa pérdida de parte de la tradición y el costumbrismo de una tierra. Puedo entenderlo, pero aun así no le veo el fuste, lo siento, pero no se lo veo.

Como tampoco le veo el fuste al obstinado empeño por volver a poner en marcha las competiciones deportivas cuyo largo parón bien podrían haber dejado en suspenso hasta la próxima temporada. Sí, me refiero por ejemplo a las ligas de fútbol europeas de carácter nacional (ciertas ligas, no todas, ya que algunas han dado por concluido el año 2019-2020) e internacional.

¿Por qué ha sido posible suspender nuestra liga femenina y no así la masculina? Está claro, el negocio del fútbol (el de Madrid, Barcelona y demás) mueve mucho dinero y son tantos los intereses que pararlo no entra en los planes. Quizá por eso la disponibilidad de test (sí, de esos para saber si uno está contagiado o no) para estos profesionales sea algo normal, mientras que para aquellos que se juegan la vida en sanatorios y hospitales sea casi una quimera.

¿Por qué no aceptar y pasar por alto la celebración de las rondas ciclistas italiana y gala este año, de la misma manera que otras citas deportivas se han visto obligadas a posponer su celebración hasta el próximo año (como los Juegos Olímpico de Tokio, por ejemplo)? Sí, de nuevo el negocio, los intereses económicos, vuelven a estar sobre la mesa y cuando estos son poderosos no importa nada más.

Perdonadme por no verlo como los que así lo entendáis, pero yo no le veo el fuste por ningún lado. Quizá porque soy de los que piensan que cada cosa tiene su momento y cada momento tiene su cosa, por eso de la misma manera que no veo Fallas por San Juan, refajos de huertana en la Feria de Murcia, ni señoritos sevillanos en septiembre, no veo La Liga en junio, la Champions en agosto, ni el Giro en otoño.

Explicadle ahora ese fuste a todos aquellos negocios que esta crisis se ha llevado por delante, a todos esos trabajadores que se han quedado sin empleo, a todas esas familias que ven peligrar su salud económica, dando gracias a pesar de todo de seguir teniendo perfectamente la otra salud, la que no está pagada. ¿Les decimos que, en julio, en agosto o septiembre volverán a recuperar lo que han perdido y que esto solo ha sido un contratiempo que no ha llevado nada más que un simple cambio de fecha?

Quizá esté mezclando churras con merinas, es muy posible, pero perdonadme que no le vea el fuste a todo eso, pero creo que más allá del pan y el circo hay cosas mucho más importantes. Me pregunto qué diría de todo esto si mi abuela estuviera a mi lado, tal vez movería lentamente su cabeza en señal de desacuerdo y con las manos reposadas sobre su regazo, como solía tenerlas y esa media sonrisa que le caracterizaba, me diría:

Vaya un fuste que tiene la cosa.

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El fuste de la cosas

Con fuste o sin él, ¿crees que el cambio de fecha de lo que este virus ha impedido celebrar está justificado? Anímate y deja tu opinión y si te ha parecido interesante este post, compártelo. Muchas gracias.

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