A ciegas [5ª y última parte]

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– ¡Hummmm, huele a churros! Me he quedado dormida…a Laura se le olvidó pedirte el número del móvil. ¿Vais a ir a algún sitio?

– Le pedí que me avisara cuando vaya de senderismo…

-Oye, ¡que se enfrían!

Saber que Laura podía estar interesada en él lo dejó de buen humor.

Pasó casi todo el día fuera. Comió con antiguos amigos de la universidad. Hacía años que no se reunían y volvió tarde. Habían tenido suerte. Eran un grupo grande, se entendían bien. Fue una pena que se alejara de ellos.

– ¡Qué cosas! –se le escapó en alto. ¿Hubiera sido igual de haber existido los móviles cuando se conocieron? Ellos dejaban el móvil en silencio cada vez que se reunían. Por cierto…

Cogió el móvil. Un vistazo rápido para ver si alguno era urgente. Ningún WhatsApp del trabajo, ningún mensaje de Sandra…

– ¡Tres llamadas perdidas! Número desconocido. ¡Los churros! ¡No había anotado su número! ¿Sería el de Laura?

Añadió el número a la lista de contactos. Abrió WhatsApp para iniciar un nuevo chat y escribió:

Buenas tardes, tenía el móvil en silencio –y esperó al segundo tic, que no llegaba, para ver si aparecía la foto de perfil.

Mientras aguardaba si alguien atendía su mensaje al otro lado de la pantalla del móvil, se dio una ducha rápida y se puso cómodo. El móvil emitió el sonido de una breve vibración doble, como reflejo de un par de mensajes que acaba de entrar.

Antes de responder, antes incluso de leer los mensajes recién llegados fisgoneó en la foto de perfil de ese contacto desconocido. En él se veía una chica de espaldas, sentada en la orilla de una playa, al amanecer y con el pelo suelto. Sin duda, era ella, era Laura. Respiró aliviado. Entonces sí, leyó los mensajes.

– Hola, Julián, soy Laura, perdona que te haya llamado en reiteradas ocasiones… no he pensado que podías estar ocupado, lo siento –decía el primer mensaje.

– No me preguntes por qué, pero estoy preocupada. No sé si esto tendrá algo que ver contigo o es sólo una paranoia mía, pero quiero hablar contigo –concluyó el segundo mensaje.

Julián quedó muy sorprendido, desconcertado. No era el tipo de mensaje que esperaba leer de ella y no lo dudó un segundo. Escribió:

– ¿Puedes habar?, ¿te llamo? –aquella incertidumbre no era para desvelarla a golpe de mensaje y no se veía, ni mucho menos, como un tímido adolescente, incapaz de hacer frente a una situación inesperada.

– Sí, por favor. Pero deja, te llamo yo… voy.

Tras ponerse al tanto del anónimo y de la foto recibida decidieron reunirse. Algo en la cabeza de Julián hizo clic y relacionó el turista de la cámara que parecía seguirle.

– ¿Te fijaste si te siguió algún turista?

– No. La verdad es que iba en mis cosas. Lo pasé muy bien pero también me acordé de mi marido y me sentía confusa. Iba paseando, pero apenas me fijé en el exterior. Siento no ser de ayuda. No pierdas a Sandra de vista. Me asusta que puedan hacerle daño. Al menos hasta que sepamos algo más.

– Tengo un amigo que trabaja en comisaría. Voy a llamarlo.

– No pierdas a Sandra de vista. Me asusta que puedan hacerle daño. Al menos hasta que sepamos algo más. ¿Crees que estarán relacionados?

– No creo que sea casualidad que nos hayan dado a la vez semejante broma, por llamarlo de alguna manera. Aunque el último proyecto dela empresa…Tuvimos que pujar muy alto para quedarnos con la instalación de ledes de la Estación. Hay una empresa nueva que peleó mucho para quedársela. Pero los conozco poco. No quiero pensar mal.

– Llama a tu amigo. Tal vez mi caso sea otra cosa, tal vez sea una nueva forma de publicidad o de timo. Por cierto, ¿te apetece un vino? –le preguntó con decisión.

– Ostras, me has pillado desprevenido, no lo esperaba, jajajaja… claro que sí. Seguro que así este mal trago lo pasamos mejor. Tinto, ¿no?

– Por supuesto, abrí una botella anoche de la zona del Priorato y creo que ahora puede ser un compañero ideal; además, tengo también unos quesos y unos colines…

– ¿Sabes?, creo que la compañía ideal eres tú –dijo Julián con un inesperado descaro y sin pensar, fruto de la tensión y el desconcierto que la situación había generado, junto a la atracción que sentía por ella.

Laura quedó tan sorprendida como halagada y como si se hallara en otro mundo o en otro planeta, se dejó llevar. Se acercó hasta Julián y sintió cómo este le pasaba el brazo por su talle y ella pasó su mano por la nuca. Se besaron, despacio… al abrir sus ojos, era como si hubiera amanecido.

Entretanto, Sandra tomaba unas cervezas y charlaba con amigos en una taberna en el centro de la ciudad; sentado, a su lado, Ting Ying y ella guardaban en silencio la complicidad de una trama urdida tan sólo para unir a dos almas y brindaban.

– Por una cita a ciegas –dijo Sandra.

– ¡Salud!, Sandrita –dijo el joven de ojos rasgados.

[Fin… o no]

* * * * *

Cinco semanas de una cita “A ciegas” con un final inesperado, pero quién sabe, quizá sólo sea el inicio de una historia con mucho más de fondo que el inicio de una relación entre dos personas… ¿cuál es tu opinión? Anímate y deja tu punto de vista sobre lo que te ha parecido este relato por entregas. Muchas gracias.

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A ciegas (5ª parte)

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