Al natural

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Lo sano es natural… creo que decía el eslogan publicitario de un producto, que no consigo recordar con exactitud, la verdad. Sano y natural, son dos términos que, desde un punto de vista comercial, de puro marketing, venden por sí solos. Desde hace años, la tendencia hacia la que nos movemos, como sociedad de consumo, es aquella en la que prima precisamente eso, lo natural.

No importa de qué productos estemos hablando, porque en todos ellos lo mejor siempre será lo que más se acerque a lo natural. Refirámonos al sector de la alimentación, a la industria textil o al mundo de la cosmetología, por ejemplo; en los tres se aprecia, desde hace años, un uso creciente en el uso de aditivos, colorantes, conservantes todos de origen natural, para el caso de la alimentación; tejidos con menos compuestos sintéticos y más tintes naturales, desplazan a las antiguas prendas que tan de moda se pusieron en décadas pasadas; incluso las cremas, lociones, geles y demás soluciones corporales incorporan componentes con una fórmula más natural posible, evitando el uso de sustancias de origen químico.

Basta con sentarse delante del nuestro televisor durante una velada nocturna y contemplar los interminables anuncios publicitarios en los que ese componente natural prima sobre el resto de argumentos, aireados a los cuatro vientos con el objeto de convencernos que el consumo de productos cada vez más naturales no solo serán más beneficiosos para nuestro organismo, sino también para el estado de salud de nuestro, cada vez más, maltrecho medioambiente.

Sí, una Perogrullada que está de moda, pero a la se empeñan en hacernos volver nuevamente, gracias a Dios, empujados de manera indirecta por aquella estúpida creencia que nos vendían entonces cuando lo nuevo, lo moderno, lo sofisticado y cuanto más transgresor fuera, más debíamos perseguir.

Actualmente el turismo rural, ese que nos acerca a nuestros años pasados, está en auge, el consumo de las energías naturales, las llamadas renovables, tienen cada vez una mayor presencia e importancia e incluso desde hace unos años se ha iniciado una campaña contra productos altamente contaminantes que, más temprano que tarde, terminarán por desaparecer.

Estamos en una era indiscutiblemente tecnológica, donde el crecimiento de ese sector y los avances son vertiginosos, así como las aplicaciones y usos que están modificando la fisionomía y hábitos de vida tal y como la teníamos concebida hasta ahora. Y junto a esa explosión está esta otra, la de lo natural, que hoy sirve como argumento para este post.

Pese a esta larga introducción, no tengo intención de quedarme en esa mera comparativa entre lo de ayer y lo de hoy, no quiero postularme entre si es mejor una moda con un mayor o menor protagonismo de lo natural y simplemente quiero quedarme precisamente en eso, en aquello que es natural y que, sin embargo, por el estúpido y frenético ritmo de vida que llevamos, nos hace olvidarnos por completo de lo que simplemente es… natural, sin más.

Fue ese natural lo que me asaltó la mañana del pasado domingo, temprano, como es habitual, mientras me hallaba nadando, con la única intención de ir tras de mí. Fue allí, en medio de esa porción de agua de mar confinado, de ese mar menor, cuando me sentí afortunado de estar disfrutando de un instante como ese. Algo tan natural, como nadar, nada más. Tan acostumbrado a hacerlo, a lo largo de todo el año, en un vaso de poco más de veinticinco metros de longitud, dentro de una calle de apenas un metro de anchura y que en momentos como ese saboreo con cada brazada, por todas esas otras mañanas en la que la sal del agua en mi piel es un simple recuerdo.

Y pensé también, como no, en instantes parecidos a ese, burdos momentos alimentados de un regusto de artificial naturalidad, como son: la carrera en cinta, la bicicleta en estático o el remo sobre un banco mecánico, por ejemplo. Magníficos inventos que nos permiten hacer y ejercitar, en cualquier momento, nuestro cuerpo de la misma manera que lo haríamos al aire libre. Todo estupendamente conseguido, pero enlatado como si de un tomate en conserva se tratara.

El ser humano es capaz de poner a nuestro alcance todo aquello que necesitamos y lo que no, capaz de recrear cualquier cosa para la que sería necesario medios naturales o la compañía de otros semejantes y que sin embargo somos capaces de hacer en solitario. Tenemos lo que queremos y también lo que queremos, pero no podemos, somos incansables, incombustibles, inagotables, aunque en el camino perdamos el sentido y el placer de lo que verdaderamente y sencillamente es natural.

Natural como… caminar bajo la lluvia, sin paraguas que nos proteja o tumbarse bajo las estrellas, sin luces que las oculten… natural como… el olor a tierra mojada, la humedad de la noche, el escalofrío que hace erizar la piel, el sonido de un trueno o el destello de un relámpago… natural como… un trago de agua bien fría, el sabor de una naranja recién cogida del árbol, la espina de una rosa clavada en la yema de un dedo, el calor de una hoguera o la sombra bajo la luz de la luna… natural como… dejar escapar el impulso de un abrazo, robar un beso sin temor a ser detenido o hacer el amor como respuesta a una mirada… natural.

Sí, creo que como a cualquier hijo de vecino, a todos nos gusta disfrutar de lo natural y encontrar en ello el verdadero placer de saborear y empaparnos de lo que nos rodea y de quienes nos rodean, dando el protagonismo a nuestros sentidos y a nuestras emocionessin aditivos, sin colorantes, ni conservantes, sin artificios y sin adornos innecesarios, tan solo…

al natural.

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Lejos de campañas publicitarias y modas, lo natural, se mire como se mire, siempre tendrá el atractivo añadido de ser original y sencillamente genuino. Dime, ¿qué es eso que para ti no tiene nada que ver cuando lo disfrutas al natural? Cuéntalo y si te ha gustado este post, compártelo. Muchas gracias.

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