Al refugio de dificultades e imprevistos

refugio

Entre las varias acepciones de la palabra refugio, figura esa que viene a referirse a ella como un lugar adecuado para refugiarse. A esa definición, encontrada en el diccionario de nuestra querida lengua española, la añado o complemento, diciendo que ese lugar nos ayuda a situarnos al amparo de las adversidades que nos acechan, físicas o no, manteniéndonos a salvo de las mismas.

Son las adversidades climatológicas las primeras que nos vienen a la mente; adversidades como tormentas de lluvia, nieve o viento, son mitigadas con un refugio donde esconderse, donde resguardarse. Un lugar donde esperar el tiempo suficiente hasta que todo amaine y volver a salir del cobijo de ese refugio salvador.

Pero existen esas otras adversidades, las no físicas, las que no se ven a simple vista o al menos, cuestan más detectar. Me refiero a esas que se presentan de manera imprevista, alterando el orden de nuestro día a día y para las que un refugio tan solo representa un lugar en el que esconderse para evitar el chaparrón del momento, pero del que debemos salir cuanto antes si realmente queremos despejar esas nubes que, inesperadamente, nos acechan y hacer que el mal tiempo quede atrás.

Muchas son las piedras del camino, muchas las dificultades que nos encontramos y son, además, tan variopintas que no hacen distinción, ya que afectan de manera indistinta a temas personales, laborales, familiares; unas serán grandes, otras apenas si las notaremos bajo nuestros pies y también estarán esas otras a las que baste con darles un pequeño puntapié, para sacarlas del sendero. En cualquier caso, ninguna puede hacernos abandonar de manera definitiva el camino, aunque salgamos momentáneamente de él en busca de un refugio, a la espera de que tras una estancia allí salgamos para seguir nuestros pasos, esperando que ese camino se haya despejado.

No importa el carácter de aquello que nos altere, qué más da a lo que nos enfrentemos, nuestra fortaleza no se medirá por lo lejos que lleguemos o por lo rápido que lo hagamos, sino por las veces que seamos capaces de volver a caminar, sorteando y afrontando las dificultades. Para ello, nada como nuestra confianza y también para ello, fundamental, resulta la capacidad de buscar refugio en aquello que nos aporte esa fuerza interior.

Refugios en los que escondernos, como si fuéramos ese diestro que se parapeta tras la barrera del coso taurino, para escapar de las astas del morlaco. De nada vale darle la espalda, de nada sirve esconderse tras las tablas de madera, porque ese toro no se marchará de la arena del albero que pisa. No importa que una multitud llene el graderío o que la plaza esté completamente vacía, porque nada cambiará el momento y nada nos librará de tener que plantarle cara a nuestra res.

Lejos de las artes taurinas, sin capotes, banderillas, muletas, ni estoques, echemos mano de nuestra gallardía y afrontemos nuestros problemas. No importa la metáfora que emplee para ello, no tiene más relevancia un toro que una piedra de aquel camino, en ambos casos son dificultades que debemos superar y en ambos casos tendremos que continuar. Es ahí donde debe salir nuestra capacidad de adaptación, nuestra ausencia de conformismo y como dijera aquel:

Tirar pa’lante

Y para ello nada como buscar refugio en aquello que nos ayude en ese caminar. Es el refugio que yo denomino de tránsito, el vehículo para superar nuestras dificultades y adversidades, completamente distinto de aquel otro refugio que nos protege de inclemencias hasta que todo pasa.

Refugio es…

coger la mano tendida de quien nos ofrece ayuda, es buscar una salida alternativa como refuerzo de nuestras convicciones. Refugio son también la religión, la esperanza de que todo va salir bien, el entusiasmo del optimista, la seguridad del valiente o la confianza en nosotros mismos. Un refugio es una muleta de la que valerse para caminar, para precisamente eso, no dejar de avanzar.

Cuando parezca que todo se complica para alcanzar lo que persigues o que resulta más difícil de lo habías imaginado, no desfallezcas, no te quedes parado, recuerda que en la selección natural desaparecen solo aquellos que se quedan inmóviles, incapaces de reaccionar y de adaptarse al medio que le rodea. Utiliza tu ingenio, abre los ojos, agárrate a lo que te ayude a salir a flote y sé reconocer los peligros que a veces nos acechan cuando tomamos decisiones en momentos de debilidad. Utiliza tu sentido común, ese que en ocasiones se puede volver el menos común de nuestros sentidos y déjate ayudar, aconsejar o acompañar, si en tu refugio precisas de una persona amiga que te guíe.

Tómalo como quieras, entiéndelo como desees, pero no olvides nunca que nosotros somos nuestro mejor refugio, el mejor aliado para superarnos y seguir adelante, por eso, nunca dejes de creer en ti, con cordura, pero sin locura y nunca dejes de caminar hacia adelante, aunque en ocasiones sea necesario dar un pequeño rodeo para continuar hacia donde nos dirigimos…

nunca te olvides de ti

refugio

Refugio…

Solo en los momentos de dificultad es cuando ponemos a prueba nuestra capacidad de adaptación y superación, es entonces cuando buscamos el refugio o el amparo de aquello que nos ayude a superarlo. Hoy he querido dejar un canto a esos momentos, dejar tan solo un motivo para seguir. Y para ti, ¿cuáles son esos refugios para situaciones en los todo parece ponerse en contra? Anímate y deja tu punto de vista y si te ha gustado este post, compártelo. Muchas gracias.

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