Algunos comportamientos de una cuarentena

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Hoy alcanzamos los cuarenta días de confinamiento, ni más ni menos… a partir de ahora ya podemos afirmar que hemos superado una cuarentena en toda regla (y lo que queda) y hay comportamientos de nuestro día a día que hemos ido cambiando de nuestra rutina habitual, la de antes, a nuestra nueva rutina, esta que se limita a las que encierran las paredes de nuestro hogar y poco más, salvo que seamos de los que nuestro puesto de trabajo se mantiene vivo y debemos salir a la calle para desarrollarlo, no siendo posible aplicarle eso del teletrabajo.

Comportamientos, en la mayoría de los casos, que se repiten de manera generalizada y es que, salvo excepciones, estamos cortados casi, casi, por el mismo patrón. De ahí que no resulte extraño que repitamos de manera natural o por imitación, lo mismo que vemos hacer en el resto de quienes tenemos alrededor o con quien mantenemos contacto. Así, pasamos de tirarnos con una voracidad casi enfermiza a la compra de papel higiénico, en aquellos primeros días, como si este maldito virus además de limitar nuestros pulmones provocara un efecto desatado en nuestro esfínter.

Superado ese pavor de echar mano y no tener papel con el que limpiar nuestras vergüenzas, la atención, como una nave en medio de alta mar, ha virado hacia nuestra cocina y por extensión a ciertos alimentos que, en algunos casos, jamás habíamos incluido en nuestra lista de la compra normal. Me refiero a la harina, pero no solo a la habitual, sino también a la de fuerza, me refiero a la levadura, pero no a la del sobrecito en polvo, sino también a la fresca y me refiero también a la cerveza, a las patatas fritas de aperitivo, a las aceitunas, a los snacks en general.

Sí, creo que el no poder disfrutar de ese placer que nos gusta a los españoles de tomarnos unas cañas en nuestro bar de siempre, nos ha llevado a montarnos en casa el picoteo que tanto echamos de menos, ¿verdad? Algo lógico, a todas luces, y es que sino no seríamos quienes somos. Sin embargo, hemos ido un paso más allá y no solo nos conformamos con eso, ahora también nos hemos hecho maestros panaderos y confiteros, imitando así a tantos de nuestros abuelos acostumbrados a hacer en sus casas pan, bizcochos, roscones, buñuelos y otros ricos manjares que compramos fuera, sin más.

Pero no es solo en el aspecto culinario donde este confinamiento nos ha provocado cambios, también, lógicamente, en nuestra actividad deportiva, esa que hasta hace poco más de un mes practicábamos con total naturalidad, como una parte más de nuestro día a día, donde las obligaciones laborales y familiares danzaban al unísono con nuestro ejercicio rutinario. Corríamos, nadábamos, montábamos en bicicleta, íbamos al gimnasio para hacer yoga, pilates, zumba, aquagym, crossfit, bodycombat, gap, spinning y no sé cuántas cosas más, hasta que de repente, ¡zas! Todo se paró en seco.

Una parada que apenas duró unos días (en algunos casos ni un día) y que motivó que los salones de nuestras casas se hayan convertido a partir de entonces en improvisadas salas deportivas, donde la visualización de vídeos y tutoriales impartidos por monitores y entrenadores personales son la mejor manera para seguir manteniendo de manera activa nuestro body.

Cierto es que, para la práctica de otros deportes, el arresto domiciliario parecía que sería una inevitable condena que impediría su actividad, pero nada más lejos de la realidad ya que cuando la actividad deportiva es una necesidad, no solo para el cuerpo, sino más aún para la mente, no hay nada que nos haga parar, saliendo entonces a flote ese espíritu tenaz y combativo que caracteriza a todo buen deportista.

De esa manera, ponerse las zapatillas y correr kilómetros dentro de casa se ha convertido en una realidad antes inimaginable para cualquier runner, que ahora es capaz de marcarse un medio maratón e incluso un maratón, en casos más excepcionales, todo hay que decirlo, recorriendo la casas de punta a punta, pasando por el salón, el pasillo y la habitación de matrimonio, o tan solo dando vueltas al patio, terraza o parcela, cual roedor enjaulado en su incasable rueda, si es de los afortunados que disponen de algo de espacio abierto al exterior.

Pero no solo los pisos se han visto convertidos en circuitos para correr, también las zonas comunes de nuestros edificios, esas que normalmente no eran más que un paso efímero por el zaguán de la entrada, el ascensor, el garaje o el rellano de su planta. Cualquier lugar es bueno para ello y así que no resulte extraño ver como las azoteas de los edificios se han convertido en un lugar ideal para ponerse las zapatillas y echar a correr, dándoles un protagonismo que antes no iba más allá que el de ser un simple tendedero. Los garajes también se han puesto en el punto de mira de corredores, e incluso la subida y bajada de escaleras se ha vuelto una práctica hasta ahora nunca contemplada.

Vaya por delante, como no podía ser de otra manera, que la práctica de cualquier deporte en dichas zonas comunes aparece recogida como sancionable dentro del Real Decreto del Estado de Alarma en el que nos encontramos, pero también coincidiréis conmigo que llevado con cordura y siempre que la misma se haga sin poner en riesgo, ni molestar al resto de vecinos, tal vez puede ser aceptable y permitida, aunque eso suponga tomarse una cierta licencia.

Más allá de esas zonas comunes, son días estos también en los que aquellos que tengan la suerte de disponer de una cinta de correr, una bicicleta estática, un rodillo o una elíptica, se han convertido en los más envidiados, siendo mucho más sencillo para ellos mantenerse activos en su deporte favorito… ya, ya, sin ser lo mismo que salir a la calle y hacerlo como siempre, pero suertudos y privilegiados, eso no cabe duda.

Estos son solo algunos de los comportamientos que hemos cambiado o alterado por esta temporal manera de vivir, por este tiempo de cuarentena, sobre todo relacionados con nuestra actividad deportiva, pero está claro que todo lo demás que forma nuestro día a día también se ha visto modificado. Para todo eso, nada como nuestra capacidad de adaptación y el convencimiento de que por muchos cambios que suframos o por mucho tiempo que transcurra, volveremos a ser como éramos… o casi.

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Comportamientos de una cuarentena

Y este confinamiento, ¿cuántos de tus comportamientos se han visto cambiados? Y de ellos, ¿cuántos de los que tienen que ver con tu actividad deportiva? Anímate y cuenta cómo llevas tu día a día y si te ha gustado este post, compártelo. Muchas gracias.

2 comentarios a Algunos comportamientos de una cuarentena

  • Alfonso Cayuela  dice:

    Me hace mucha gracia lo de las zonas comunes, llevado con cordura y sin poner en riesgo, simplemente por utilizarlas ya estamos poniendo en riesgo a los demás. Por lesión hemos estado parados más de un mes y hemos vuelto, si no se puede correr en casa, afortunados los que tienen cinta, se pueden hacer otro tipo de ejercicios para mantenernos activos.

    • Paco Molina  dice:

      ¡Hola, Alfonso! Gracias por tu visita y por dejar tu comentario, encantado de ello. Correcto, visto escrito desde fuera, llevas toda la razón, claro que el sentido que quería otorgar al decir eso, era el de intentar mantener la forma, pero siempre que al utilizar las zonas comunes se haga con cierto tipo de coordinación y respetando al resto; pero cierto es que si ya de base es complicado, por nuestro propio carácter se convierte en algo casi imposible, sin embargo, son numerosas las azoteas de los edificios que me rodean en las que veo a vecinos de esas fincas hacer sus ejercicios y turnarse, casi de manera coordinada, para no coincidir y permitir al resto echar su rato de ejercicio… a eso me refería. Sea como fuere, todo parece indicar que ya nos queda poco de este encierro, desde el punto de vista deportivo y en unos días podremos volver a salir a practicar nuestro deporte favorito al aire libre. Solo espero entonces, que eso se haga con sensatez, sin olvidar que aún seguimos en Estado de Alarma y que el virus sigue entre nosotros.

      Muchas gracias, de nuevo, por tu comentario Alfonso y aquí tienes tu rincón para cada vez que decidas asomarte a él.
      Saludos.

      Paco.-

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