Aplícate el cuento

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Creo, sin miedo a equivocarme, que a todos nosotros en algún momento de nuestra vida nos han dicho esa frase que hoy reza por título de este post:

Aplícate el cuento

Eso que, dicho de otra manera, tan solo viene a aconsejarnos que tomemos para nosotros mismos la experiencia de otra persona, aprendiendo la lección sufrida en otras carnes y sirviéndonos para no repetir la historia vivida por aquella. Algo así como:

Ándate espabilado y aprende andes de que te pase

Más allá de esta breve introducción, no es de lecciones o de cuentos, sobre lo que hoy escribo, pero he querido utilizar esa expresión para hacer un juego de palabras con el que llegar al quid de la cuestión, ya que desde no hace mucho tiempo hasta ahora son cientos, miles, las aplicaciones que se han instalado en nuestras vidas para hacer precisamente que cambie y mucho el cuento de nuestro día a día.

Sí, me estoy refiriendo a la telefonía móvil, que se ha nutrido en los últimos veinte años del avance imparable de la tecnología, dotándola de un abanico casi interminable de aplicaciones, gracias a las cuales somos capaces de disfrutar no solo de cualquier tipo de información, sino que también nos permiten realizar una tarea determinada, nos facilitan la comunicación, nos entretienen e incluso nos ofrecen un servicio.

Cualquier parcela que imaginemos tiene su aplicación que se precie, pero siendo este un punto de encuentro de corredores empedernidos, nada como comenzar haciendo referencia a esas aplicaciones gracias a las cuales un runner es capaz de conocer, más allá de los kilómetros y el tiempo que ha estado gastando suela, los lugares exactos por los que ha pasado, la velocidad, el desnivel acumulado, las calorías y la cadencia de su zancada; todo ello representado en un plano con visión satélite, en el que destaca los lugares de interés por lo que ha pasado y lo vuelca a la nube donde puede compartirlo y comentarlo con otros corredores.

Información toda esa que se va acumulando en un histórico que permite extraer información adicional, con carácter estadístico y analista de la evolución deportiva del usuario, sin olvidar que también es posible que ofrezca la posibilidad de crear desafíos con otros runners que se midan entre ellos realizando la misma ruta, compitiendo de manera virtual por ver quién es el más rápido. Ahí es nada… yo, que no soy de los más veteranos, pero que ya he cumplido la mayoría de edad atándome las zapatillas, puedo decir eso con tranquilidad de:

Cómo ha cambiado el cuento

Un cuento en el que las aplicaciones, ya sin llevar las zapatillas puestas, nos ofrecen un mundo infinito de posibilidades como…

la de estar en contacto permanente con quien deseemos, hacer operaciones bancarias, comprar todo lo que imaginemos, reservar entradas para restaurantes, cines, teatros y museos, tener toda la información que necesitemos, organizar nuestra agenda diaria, mantener al día la lista de la compra, evitar que se nos pase la hora de nuestro aparcamiento, encontrar pareja, contratar seguros, escuchar música a la carta, ver todo el cine que imaginemos, controlar en la distancia los dispositivos eléctricos de nuestra vivienda, ser nuestro navegador, etcétera, etcétera, etcétera.

Sin embargo y por mucho que nuestro joven siglo XXI nos haya inundado de tantas aplicaciones con las que hacernos la vida indudablemente más fácil, aún no han desarrollado ninguna que nos ayude a otras cosas que cada día parecen ignorarse más, pero deberían estar muy por encima de esas que nos han cambiado nuestro cuento, para bien, sí, es cierto, pero sin percatarse de otras necesidades que, sin verlas, están ahí.

Hablo de las emociones, de los sentimientos, de las necesidades de aquello que nos alimenta el alma, de eso que no se ve, pero sin lo que no podríamos vivir… o al menos, vivir siendo un poquito más felices. Hasta la fecha, no conozco aplicaciones que hablen de…

la necesidad de un abrazo, de la falta de alegría, de los días que llevas sin sonreír o del porqué lloras tan a menudo, aplicaciones que nos digan quién necesita un “¿Cómo estás?” o “Te invito a un café”, que digan que te has equivocado, que hace tiempo que no miras a los ojos, que mañana será tarde o que debes quererte un poquito más.

No, aún no se han creado aplicaciones que sirvan para algo de eso, pero todos sabemos que jamás existirán, porque por mucho que pueda avanzar la inteligencia artificial nunca supliremos con tecnología la carencia de alma. Vivimos en mundo cada vez más perfecto en apariencia, pero en el que se da la espalda con alarmante frecuencia a nuestro lado más humano, ese que en teoría nos hace diferente al resto de los animales.

Llamadme anticuado, llamadme caduco, pero ojalá todos seamos capaces de abrir bien los ojos, mirar a nuestro alrededor y hacer buena esa frase que pone el título a este post, antes de que sea demasiado tarde…

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Aplícate el cuento

La aplicación más completa del mercado para correr te dice todo lo relacionado con tu sesión de entrenamiento, pero no habla, no transmite tus sentimientos, tus emociones al hacerlo, ¿verdad? Ese es solo un ejemplo, pero seguro que tú tienes muchos más; anímate y deja tu punto de vista y si te ha gustado este post, compártelo. Muchas gracias.

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