Entre apuestas, juegos y suerte…

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¿Qué te apuestas?

¿Cuántas veces no habremos dicho o escuchado esa frase, siendo niños? Muchas, seguro que muchas veces, debido sin duda a ese carácter competitivo y ese afán por ganar, por vencer, cuando de enfrentarnos a otros o incluso a nosotros mismos se trataba. Era la manera de poner nuestro orgullo sobre la mesa y dejar bien claro que éramos capaces de hacer esto o aquello. Apuestas por ver quién era capaz de llegar antes en una carrera de patio, apuestas por ver quién marcaba más tantos en el metegol antes de entrar a clase, apuestas por ver quién colaba más canastas seguidas en clase de gimnasia, apuestas incluso hasta por ver quién era capaz de pegarse más pedos durante la clase de sociales, aprovechando que el profe estaba más sordo que una tapia.

Apuestas inocentes, que únicamente valían para coronarnos como ganadores de disciplinas colegiales cuya efímera gloria no nos duraban más allá de una jornada, hasta que al día siguiente nuevas apuestas borraban y hacían olvidar las de los días anteriores. Apuestas en las que la suerte jugaba su papel, siempre presente, pero de escasa importancia, siendo fundamental la destreza y la pericia que cada cual tenía en las disciplinas en las que se medía; de ahí que la mayoría de veces se repitiesen los mismos ganadores una y otra vez, salvo cuando sonaba la flauta y el menos esperado conseguía llevarse el gato al agua. Era entonces cuando escuchábamos decir aquello de:

Vaya potra has tenido, macho.

Y al macho en cuestión le brillaban los ojos casi tanto como las mejillas, como clara señal de lo exultante que estaba… más contento que unas castañuelas, oye. Aquellas sí que eran apuestas de verdad y emocionantes como ningunas, allá donde las hubiese.

Con el paso del tiempo y por aquello de crecer y dejar de lado, de manera errónea, a ese niño que todos deberíamos mantener dentro, nos olvidamos de ese tipo de apuestas y si ellas volvían a surgir, en algún momento, parecían ser un acto más propio de alguna fanfarronada varonil que de otra cosa. Son las apuestas del tipo “a que no tienes huevos a…”, que con toda seguridad habremos escuchado o incluso dicho en más de una ocasión.

En esta segunda familia de apuestas, la probabilidad de que la suerte tuviera o no un mayor peso en la consecución de las mismas era más alta, ya que en muchas ocasiones lanzarse al abismo con la esperanza de conseguir el motivo de esa apuesta era simplemente más un acto de confianza ciega, no siempre fundamentada, que de una realidad en sí misma y por lo tanto la suerte hacía que esa balanza se inclinase casi con la misma probabilidad en un sentido u otro.

Más allá de unas y otras apuestas, y entrando ya en la parte seria del post de hoy, quiero recoger la simbiosis a la que desde hace unos años nos hemos acostumbrado. Me estoy refiriendo a algo tan incompresible, al menos para mí, como bien visto y que no es otra cosa que la comunión entre dos mundos:

Las apuestas y el deporte.

Todos, absolutamente todos, somos capaces de citar el nombre de alguna de las decenas de casas de apuestas deportivas que vemos anunciadas en prensa, radio o televisión, casi de la misma manera que somos capaces de reconocer a famosos deportistas que prestan su imagen para algunas de esas casas, también de la misma manera que sabemos de prestigiosos clubes de fútbol, con una legión de millones de aficionados, en cuya camiseta encontramos publicidad de algún portal de esas apuestas deportivas, ¿verdad?

Sin embargo y pese a lo que pudiera pensarse, los tentáculos de las apuestas deportivas no solo parecen estar unidas a un deporte de masas como es el fútbol, no, puesto que existen más deportes donde esta publicidad también está encontrando el abono para seguir teniendo una mayor visibilidad. Fruto de esa visibilidad y de mi pasión por este deporte llamado correr, en torno al cual gira este blog, me he encontrado días atrás la presencia de este tipo de publicidad en la equipación de un buen puñado de amigos y conocidos, unidos bajo la misma afición y en cuyos pechos lucen el reclamo de esas apuestas.

Perdonad mi incomprensión y vaya por delante si peco de una falta de mentalidad más abierta, pero de la misma manera que productos como el alcohol o el tabaco hace años que dejaron de anunciarse, resulta inconcebible que exista ese matrimonio con el mundo del deporte. ¿Por qué existe entonces esa permisibilidad con las casas de apuestas?, parece como si no se quisiese ver o no tuviese importancia la repercusión que las apuestas, la suerte, el juego, tienen.

Como en el caso de los mencionados y archiconocidos alcohol y tabaco, estamos ante una adicción más, un problema más, al que sin embargo parece que se le está dando la espalda, hasta que un día sea demasiado tarde. La legislación, a pesar de haberse endurecido durante los últimos años, sigue siendo permisiva, muy permisiva y la proliferación de garitos convertidos en templos de apuestas, así como el número de páginas webs análogas aumenta de manera vertiginosa. Nos hemos familiarizado con ello hasta el punto de verlo sin ser percibido. Es una marea silenciosa que crece, que se extiende y que llega cada vez más lejos, por eso y aunque para algunos pueda sonaros exagerado, no concibo deporte y apuestas deportivas y mucho menos aún:

Apuestas y correr… lo siento, pero no.

Por todo eso, me pregunto en voz alta, por qué en un modelo de sociedad que cada día parece más concienciada con defender un modelo de vida saludable y todo lo que tiene que ver con ella, no vemos que la publicidad de esas camisetas deportivas a las que me he referido muestren alimentos naturales o mensajes que inviten a la actividad física, al juego limpio o a la simple superación personal… la respuesta, está clara y todos lo sabemos. Donde hay negocio, donde hay mercado, está el dinero y tras él los intereses económicos de quienes se lucran a cambio de lo que sea necesario o casi.

Hace años, muchos años, que dejamos de ser niños, por ello esa inocente frase con la que he comenzado este post puede tornarse menos inofensiva si atendemos a todo lo que se mueve y se genera detrás de las apuestas, detrás del juego

¿Qué te apuestas?

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Apuestas y deporte… apuestas y correr

Esta es mi reflexión de esta semana, quizá exagerada, quizá dramatizada, pero para mí, correr es un deporte tan limpio, tan puro, que me cuesta verlo unido al mundo de las apuestas, aunque tan solo sea de mano de la publicidad. Anímate, deja tu punto de vista en este polémico tema y si te ha parecido interesante, compártelo. Muchas gracias.

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