Bienvenida, normalidad

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Si hay una palabra que se ha puesto de moda más que ninguna, en estas últimas semanas, es ella: normalidad. Podemos disfrazarla como vuelta a la normalidad, nueva normalidad o simplemente normalidad a secas, pero lo cierto es que, de una manera u otra, ahora toca hablar de ella y, por lo tanto, hacerla protagonista.

Después de 98 días o, lo que es lo mismo, después de 14 semanas en Estado de Alarma y con la cabeza hecha un lío entre fases, desescaladas, horarios, restricciones y recomendaciones que hoy decían una cosa y mañana otra, parece que ahora sí, todo vuelve a la normalidad o casi. El poder de gestión y control vuelve a estar en mano de los gobiernos autonómicos y a partir de ahora no solo se nos permite la libre circulación de los ciudadanos por todo el territorio, sino que si nos descuidamos parece que todo aquello que nos limitaba y condicionaba ha pasado a la historia, como parte de un sueño.

Recuerdo, allá por la segunda quincena de marzo, cuando eso de quedarnos en casa parecía algo momentáneo, efímero, hasta divertido y que lo de volver a salir a la calle sería como continuar un partido de fútbol después del descanso reglamentario, en el que el árbitro hace sonar su silbato y todo sigue en el mismo punto donde se había quedado. Pero no, vaya que no, nada más lejos de la realidad.

Todos o la gran mayoría subestimamos el poder del virus (del bicho, como algunos se refieren) e incluso asistimos a una pésima gestión por parte de quienes pilotan esta nave llamada España, no solo por su falta de capacidad durante los peores momentos, sino por su falta de honestidad y autocrítica cuando transparencia y sinceridad se volvieron unas cualidades que habrían ayudado a reforzar la confianza maltrecha entre la población.

Disparidad de criterios en la contabilización de fallecidos, falta de rigor en las medidas que se adoptaban, falta de consenso entre ministerios, desprotección de sanitarios, sangría de una economía que ha visto engordar la lista de desempleados por días, piedras lanzadas sobre sectores fundamentales como el turismo y el comercio, y un devenir de acontecimientos que más bien servían para alimentar el desconcierto que otra cosa.

Sin embargo y pese a todo, con jirones más o menos grandes y heridas más o menos profundas, fuimos tachando días del calendario, mientras que ese contador de días iba avanzando… llego entonces esa gran frase de: La vuelta a la nueva normalidad y en el horizonte se asomó con resplandecientes letras áureas el maná que hacía albergar la esperanza entre una población que, por momentos, me parecía narcotizada, soportando de manera estoica, semana tras semana, las homilías sabatinas o dominicales de un presidente ávido de protagonismo y popularidad, que alimentaba aún más si cabe su propio ego con cada comparecencia.

Perdonadme esta pequeña licencia que me acabo de tomar, pero no estoy aquí para hablar de política, aunque me haya resultado inevitable dejar esas breves pinceladas, con las que espero no ahuyentar a amigos y conocidos a los que eso de ser una voz crítica quizá lo consideren cercano a colores o ideologías distintas a las que hoy nos gobiernan… nada más lejos de la realidad, no se trata de estar contra nadie, sino de estar en favor de. Hecho ese inciso, prosigo…

Y llegó o, mejor dicho, ha llegado la normalidad, y todo me dice que volvemos a subestimar a un virus que creemos derrotado o controlado. La continua advertencia del mantenimiento de la distancia de seguridad, el uso obligatorio de mascarillas y de gel hidroalcohólico chocan de manera frontal con la falsa seguridad que se ha instalado entre nosotros, al creernos inmunizados por habernos mantenido encerrados en casa durante casi cien días o bien porque la llegada de la anhelada vacuna parece más cerca que nunca.

Por tanto, es ahora, cuando me inclino a un lado y a otro de la balanza, intentando imaginar si ganará la batalla la normalidad de antes o esta, en la que la experiencia de lo vivido y de lo aprendido, tal vez nos sirva para poner tierra de por medio con esta pandemia. De ahí que mi condición de espectador diario se debata:

entre playas parceladas en cuadrículas de cuatro por cuatro, en contraposición de otras en las que no cabe un alfiler; entre aulas improvisadas en pabellones de colegio, contra jardines atestados de criaturas; entre restaurantes con mesas ubicadas a base de escuadra y cartabón, frente a comensales en las barras codo con codo; entre coches particulares con todos sus ocupantes con mascarilla, en contraposición con viajeros que tienen que ser reducidos por pretender subirse a un autobús sin protección; entre graderíos de estadios de fútbol vacíos, frente a plazas repletas de hinchas con bandera en mano…

Contradicciones, extremos de una misma realidad, presentes y distantes… ¿cuál es esa normalidad?, ¿con cuál me quedo?, ¿me aferro a la que conozco, a la de antes o me agarro a la de ahora, a esa que parece llegada no para quedarse, pero sí para convivir un tiempo entre nosotros? Mi sentido de la razón me dice que ahora toca ser prudente, responsable y tomar las precauciones consabidas, mientras me tambaleo viendo la disparidad de criterios para las mismas situaciones y como las medidas globales de protección nos avocan al error, provocándome un mareo parecido al vértigo que nos produce el asomarnos a un precipicio al que no queremos mirar.

En cualquier caso, ya tenemos de nuevo la normalidad entre nosotros, esa que ansiábamos, la que queríamos, la que esperábamos, aunque sea una engañosa y traicionera normalidad, que ojalá no nos pase factura a la vuelta de unos meses… o sí. Aun así, seamos positivos, miremos con optimismo hacia adelante y démosle, pese a todo, el recibimiento que se merece, que nos merecemos:

Bienvenida, normalidad

post_normalidad

Bienvenida…

Nunca la normalidad tuvo tantas miradas puestas sobre ella, pocas veces dejó de ocupar el puesto de lo cotidiano, para ser portada de informativos y periódicos. Y tú, ¿confías que seremos capaces de aceptar y comportarnos como se espera de nosotros o saltará todo por los aires de nuevo? Anímate, deja tu comentario y si te ha gustado este post, compártelo. Muchas gracias.

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