El Día de la Madre (Cincuenta)

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Este próximo domingo es el Día de la Madre, sin embargo, en esta ocasión no estamos siendo martilleados a diario en prensa, radio o televisión por la tradicional campaña comercial, esa destinada a fomentar el consumismo y a que sucumbamos, como siempre, ante ese regalo con el que acompañar nuestro beso y abrazo en ese día tan especial. Curioso pues, como si de repente ellas hubieran dejado de ser importantes… curioso.

Sí, este próximo domingo es el Día de la Madre, pero en esta ocasión no habrá regalo, al menos de esos que hacen los más pequeños en sus aulas, ni de los que compramos en cualquier establecimiento abierto, quizá sí los haya de los otros, de esos que podamos comprar de manera virtual a través de la Web y que un eficaz y fugaz mensajero nos deje en la puerta de nuestra casa.

Con regalo o sin él, este próximo domingo es el Día de la Madre y los más pequeños, al despertar, se echarán al cuello de sus progenitoras, colmándolas de besos y caricias, quizá entregándoles un dibujo garabateado en un papel antes blanco o quizá diciéndoles un tan solo y tan único Te quiero, mami.

Será un día distinto, cierto, pero madres e hijos disfrutarán de ese día; un día que tal vez hace muchos años se inventara unos grandes almacenes, por puro afán comercial o lo mismo este ya existía en el calendario desde hace mucho tiempo atrás, como reconocimiento y gratitud para todas las mujeres que un día, más o menos lejano, nos dieron la vida aun a riesgo de perder la suya.

Y será un domingo distinto porque habrá cientos, miles de esas madres que, a pesar de ser su día, no recibirán ese abrazo, ni ese beso; tal vez llame un mensajero a su puerta algún día antes para dejarle su regalo y puede incluso que reciban la visita a distancia de sus hijos, pero no habrá nada más. En esta ocasión, no.

Sí, el próximo domingo es el Día de la Madre, de todas las madres, desde esas que alumbraron a sus retoños hace apenas unos días, hasta esas otras madres que miran con nostalgia y distancia en el tiempo, mucha distancia, aquellos días en los que su vida cambió para siempre. Es el Día de la Madre, el de esas inexpertas y temerosas que preparan un biberón casi con la minuciosidad y el cuidado de quién realiza un experimento de laboratorio, hasta el de esas madres, catedráticas culinarias, que cocinan a fuego lento, con esmero y cariño, ese plato cuya receta solo guardan en su memoria.

Es el Día de la Madre, de todas ellas, sí, de todas las madres, pero quiero que, por encima de todas, el próximo domingo sea el de esas madres que hace años dejaron de pelear con sus hijos para empezar a disfrutar de sus nietos, aquellas que se miraban decididas y valientes en el espejo con toda una vida por delante y que ahora, temerosas, se asoman a él con el miedo de quien se acerca a un precipicio que, tarde o temprano, se las llevará para siempre.

Ellas, nuestras madres, las madres de quienes recogimos el testigo del ciclo imparable de la vida, ese que hoy nos ha convertido a nosotros en padresen padres e hijos al mismo tiempo. Hijos de esas madres, que dieron todo por nosotros y no dejarán de hacerlo, enseñándonos con su sabiduría y discreción todo lo que en esta vida han aprendido y sin querer nos han contagiado. Ellas, las madres de hijos y de nietos, las madres de su familia y de todas las que se han creado bajo el paraguas de su protectora mirada.

El próximo domingo no podrán recibir nuestro abrazo, ni nuestro beso, de la misma manera que llevan sin hacerlo tantos días como dice esa cuenta que llega ya a cincuenta, que son los días que se cumplirán ese domingo… el Día de la Madre. Cincuenta días, como cincuenta vidas

[…

Cincuenta

Cincuenta…

Tú me enseñaste a contar,

como también me ayudaste a leer;

Tuyo fue el primer beso que recibí,

el primer abrazo que sentí,

y de quien aprendí a querer;

Tú me enseñaste a mirar.

Cincuenta…

De ti aprendí a perdonar,

a saber qué cosas debía dejar correr,

y aquellas que no podía permitir;

Siempre con ganas de vivir,

sin importar ganar o perder;

De ti aprendí a esperar.

Cincuenta…

Contigo vi la valentía de llorar,

la fortaleza que otorga el caer,

y la bajeza que cometes al mentir;

Comprendí que uno se puede arrepentir,

y no por ello dejar de crecer;

Todo eso me ha empujado a caminar.

Cincuenta…

…]

Confío, solo confío, que poco a poco todo vuelva a la normalidad, o cuanto menos, que quede atrás esta excepcionalidad; espero entonces que de nuevo podamos acercarnos a nuestras madres, esa que son madres y abuelas, incondicionales, únicas y eternas y por fin, serenos y calmados, como quien lleva esperando toda una vida, nos aferremos a ellas en un abrazo infinito, de esos que pare el tiempo y concentre en un solo instante todas las miradas que durante este tiempo nos hemos cruzado, contiendo las ganas de rodearlas entre nuestros brazos.

Hoy mis palabras van para todas las madres, en muestra de agradecimiento por tanto recibido, por tanto aprendido… y por supuesto, va por ti, mamá… yo, que tan solo soy un aprendiz y que desde que nací no he dejado de mirarme en ti. Gracias, impagables gracias.

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El Día de la Madre (50)

Anímate, deja tus palabras para ese día, que en esta ocasión será un poquito más especial y si te ha gustado este post, compártelo. Muchas gracias.

Feliz (anticipado) Día de la Madre.

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