Lo que pienso mientras corro (XL): Tetris de vida

post tetris

Anoche soñé con piezas de Tetris cayendo al vacío.

Casi las ocho y media de la mañana, apenas cinco grados de temperatura y un monte con el guapo subido, debido a la lluvia del martes anterior. Domingo, febrero, azul y sol. Siete días desde mi anterior salida por el mismo escenario. Zapatillas, música, cronómetro y a correr.

Anoche soñé con piezas de Tetris cayendo al vacío.

La respiración comenzó a entrecortarse, tras los primeros minutos de zancadas, como siempre sucede en cuanto empiezas a trotar y con esa fatiga hizo su aparición la sensación de cansancio, que enseguida quiso adueñarse de unas piernas que aún no habían empezado a sudar – Dale su tiempo, dame mi tiempo –pensé.

El camino se empinaba de manera interminable, manteniéndose con una pendiente casi constante durante los cerca de seis kilómetros que duraba el trayecto hasta el primer punto del recorrido. El sudor hizo acto de presencia, la respiración se volvió estable, acelerada, pero estable y mis piernas, que habían dado la espalda al cansancio, con una cadencia suave buscaban el camino que les precedía.

Anoche soñé con piezas de Tetris cayendo al vacío.

Era mi rutina dominical, es mi rutina semanal, el único instante de la semana en el que vuelvo a correr y mi cuerpo, mi mente, vuelven a sentirse corredor. Es el momento reservado, el momento esperado desde que el lunes, culpable sin haber querido ser lunes, ya no es ni un recuerdo y el resto de días son tan solo una sucesión de amaneceres que dejan el paso al final de la semana.

Atrás, como si de un pasado soñado se tratase, ha quedado un tiempo en el que en cinco o seis de los siete días contaba kilómetros y correr formaba parte del día a día. Era cuando todo encajaba a la perfección y cuando todo giraba en torno a él, a correr. Era cuando deseo y realidad se daban la mano, cuando el paso del tiempo había permitido ir encajando las piezas de manera que formaba un conjunto homogéneo, compacto y cuando familia, trabajo y deporte (correr, siempre él) se mezclaban de manera armónica, perfecta.

Anoche soñé con piezas de Tetris cayendo al vacío.

El presente es una sucesión de acontecimientos, de rutinas, que a lo largo del tiempo debemos ir encajando como fichas de un puzle, de modo que encuentren el equilibrio sobre el tablero de la vida. No existe más partida que una y más jugadores que nosotros, y no tenemos más remedio que aprender a mezclar sus piezas, con la maestría del jugador que sabe que no puede dejar de hacerlo.

Y así, como piezas de aquel famoso juego de hace treinta años, nos volvemos malabaristas diarios, buscando un equilibrio que nos conceda el orden que perseguimos, el orden que necesitamos. Orden que nos otorgue seguridad y confianza.

Confianza que busco como náufrago que necesita asirse a un trozo de madera para no hundirse en el fondo del mar. Ahora no hay carreras en el horizonte, marcas o tiempos que batir, no hay entrenamientos de calidad, ni tiradas largas, hace tiempo que eso ya pasó.

Anoche soñé con piezas de Tetris cayendo al vacío.

Ahora tan solo busco cómo encajar mi espíritu de corredor alejado de todo aquello, cómo situar la balanza en una posición que me permita respirar de vez en cuando esa sensación, sin forzar mi cuerpo hasta el punto de perjudicar una lesión con la que estoy aprendiendo a vivir. No busco ser el que fui, pero sí persigo la firme intención de no dejar de atarme mis zapatillas, aunque sea una vez por semana.

Toca resetear el modo runner, pero sin dejar de serlo, buscar alternativas para no perder el tono muscular y evitar un exceso de peso, toca mentalizarse, perseguir esa sensación de cansancio y de agotamiento que deja correr, pero precisamente sin ello, sin correr. Toca hacer malabares con las piezas que caen al vacío y ordenarlo todo de nuevo, sin dejar de mirar el horizonte, sin dejar de perseguir metas, porque ellas son la razón para continuar.

Somos entrópicos, como el universo, pero sabemos que nuestro equilibrio está más cercano cuando somos capaces de encajar los golpes que recibimos, los imprevistos que nos descolocan o las sorpresas que nos atrapan. Por eso, no dejamos de perseguir ese propósito, seguimos encajando piezas, como si de un Tetris se tratara.

Anoche soñé con piezas de Tetris cayendo al vacío.

Completaba mi sesión de felicidad, ciento veinte minutos perdido entre pinos, en plena naturaleza, por caminos de tierra, de piedra… corría el final de los ochenta cuando un nuevo y sencillo videojuego se ponía de moda. La mecánica del juego tan solo consistía… me detuve, paré mi cronómetro y por un momento me imaginé allí cada semana, sudado, cansado… piezas de diversas formas se precipitaban sin poder impedir su caída, siempre de manera individual, giradas sobre sí mismas… con deseos de jugar con piezas imaginarias de manera que todo vuelva encajar.

Anoche soñé con piezas de Tetris cayendo al vacío.

post tetris

Tetris de vida

Somos meros jugadores de un tablero donde tan solo debemos cuadrar lo que acontece a nuestro alrededor, de manera que el orden se mantenga como en una partida de Tetris. Y tú, ¿llegaste a jugar tanto a ese juego que también has soñado con piezas cayendo al vacío? Si te ha gustado este post, compártelo. Muchas gracias.

Deja una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.