Mar Menor… mal mayor

Los Alcázares, a orillas del Mar Menor.

La vida quiso que no fuera hijo suyo, un hijo del Mar Menor; siempre fui más del Mediterráneo, como dice la canción, de Mazarrón concretamente, pero los casi 30 años que llevo bañándome en él me han servido para sentirme un refugiado de sus aguas y poco a poco me han convertido en un enamorado más de este pequeño mar… de nuestro mar. En silencio lo observo, mientras se mece adelante y atrás, y mis dedos acarician el teclado de mi portátil. El cielo, sin luna, parece vestirse de luto y la humedad de la noche se impregna sobre el suelo del paseo marítimo. Se huele a sal.

Aquí me hallo, sentando frente a él, contemplando su quietud y ese lento y monótono vaivén de unas olas que parecen no madurar nunca. El verano, pese a restarle aún tres semanas para decir adiós, languidece y es que no hay nada como la llegada de septiembre para ahuyentar a todo el mundo de la costa y hacednos volver a la ciudad, corriendo, casi despavoridos, como si en ella se encontrase nuestra salvación.

Atrás queda mi mirada furtiva tras la ventana, nada más despertar, para ver cómo estaba él, cómo me esperaba. Atrás quedan estas semanas viendo amanecer sobre él, mientras he salido a correr o me he zambullido para nadar acariciándome en sus aguas. Su atracción me ha ido calando con el paso de los años y hoy, sin saber desde cuándo, me confieso que soy un fiel e incondicional admirador. Uno más, de los miles que profesan ese afecto por él.

Levanto mi vista para observarlo y callado, pienso… pienso y me entristezco, me enfurezco y me desespero por verlo, por sentirlo herido, casi muerto. Este mar, único, exclusivo, de una biodiversidad única y una historia longeva, parece morirse y todos nos miramos unos a otros, buscando culpables sin darnos cuenta que lo realmente importante es tomar conciencia de una vez por todas del dolor de este mar, de nuestro mar, de encontrar soluciones y poner medios. El Mar Menor lucha por sobrevivir, pero sus gritos, tan débiles como sus mareas, parecen no calar en la razón de quienes tienen la capacidad y la autoridad necesarias para actuar.

Quizá haya llegado ya el momento definitivo de hablar, de hacerlo alto y claro para que todo el mundo se entere, pero esta noche tan solo lo hago yo y lo hago para él, solos, los dos, en esta noche enlutada

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Tú no tienes la culpa, querido mar, tú no tienes la culpa. Solo la inconsciencia, la falta de educación y el egoísmo de nuestra sociedad te está matando. Pero tú no entiendes de colores, ni de fronteras, ni falta que hace. Tu color es el azul de tus aguas, el verde de tus fondos y tu confín ese que te encierra en esta pequeña pero inmensa porción de agua.

No, tú no eres una laguna salda, soberana estupidez lo de denominarte de esa manera. Tú eres un mar, único, casi diminuto de extensión, pero infinito para los sentidos, para mis sentidos. Me pregunto si esos que hablan de ti, esos que se refieren a tu turbidez, a tu grado de transparencia y a esas otras variables que se han sacado de la manga (no de la tuya) para hablar de tu salud, se han bañado de verdad sintiéndote, me pregunto si han visto tu amanecer o si se han enamorado de tu atardecer.

¿Sabes?, no, creo que no, porque si de verdad lo hubiesen hecho les importaría un bledo el color de su chaqueta y se sentarían junto a sus semejantes, sin programas de gobierno y estúpidas medidas pensadas solo para tirar por tierra las de su oposición. Si te quisieran de verdad se habrían unido de una jodida vez para poner fin a todo el daño que te estamos haciendo. Pero no, todo me demuestra que aún no se ha llegado a ese grado de desarrollo evolutivo que nos permita, de verdad, curarte… o más bien, creo que hemos retrocedido en el tiempo y de nada nos sirven los conocimientos sufridos a lo largo de los siglos y las catástrofes naturales vividas como para darnos cuenta de que tú necesitas salvar tu vida YA o de lo contrario en nada estaremos hablando de ti en pasado.

Ahora llega septiembre y con él las noticias del éxito de ocupación hotelera y de los excelentes números unidos al turismo que ha visitado nuestras costas, omitiendo de manera bochornosa que la gente que te elegía como destino de su descanso estival ha descendido de manera alarmante, sin nombrar el gran número de inmuebles en situación de venta y alquiler permanente en los pueblos de tu costa, porque ya casi nadie quiere venir a ti.

Pero ahora toca cerrar la puerta, echarle la llave a este verano y olvidarnos de ti hasta el año que viene; volveremos tras diez largos meses y todo me hace pensar que seguirás en tu estado agónico, con un débil equilibrio en tus aguas, capaz de verse alterado por una semana de calor excesivo, por dos días de lluvias torrenciales, por el viento de tres levantes, por los vertidos que no cesan o por las cuatro ventosidades de mi tía Vicenta, de Alpedrete, mientras se bañe una tarde de domingo en ti… vete tú a saber… callas en silencio, pero mientras te he nadado, durante algunos de tus despertares, me has susurrado que estás cansado de mentiras, de excusas, de esa incapacidad para ver la realidad, mientras tú, sigues muriendo un poquito más cada día.

Son muchas las décadas durante las que has sufrido de manera estoica los residuos de la sierra minera que te vigila, los vertidos de depuradoras unidas al crecimiento de un turismo desaforado y el aumento exponencial de la superficie agrícola del campo de Cartagena, décadas en las que has pasado de la vida a la muerte, del azul al marrón de tus fondos. Fondos en los que tu visibilidad apenas va más allá de lo que da un brazo, por muchas falacias que publiquen sobre ti.

Te escribo y te miro, siento que me sientes… pese a todo sé que aún no estás muerto, lo sé, he visto bajo tu superficie mucha vida, animal y vegetal; vida nacida en ti que no debe morir, que no debemos dejar morir. Quizá fuera el destino o quizá fue un regalo que me quisiste conceder, diciéndome así que sigues aferrado a la lucha por esa vida: un pequeño ejemplar de caballito de mar nadaba en tus aguas ante mi incrédula y sorprendida mirada. Fue el pasado 12 de agosto, lunes, para más señas y fue entonces cuando sentí que te debía escribir.

Tu callado, yo callado… ya has dado demasiadas señales de atención, pero la incapacidad sigue presente, por eso, desde este minúsculo balcón al mundo dejo mi sentimiento hacia a ti y comparto tres simples medidas que ojalá, en un futuro ideal, se lleguen a cumplir, solo así volverás a tu pasado y solo así podremos decir con orgullo, con satisfacción y con éxito que tú, querido Mar Menor, por fin te has regenerado. Medidas que pasan por:

– El cese inmediato por completo de los vertidos provenientes de depuradoras y explotaciones agrícolas. Que los llamados filtros verdes, lilas o multicolor, sean de una vez una medida real y se evite la continua entrada de fertilizantes, nitratos y demás agentes contaminantes.

– Instalación de un sistema de saneamiento perimetral que evite la llegada de las aguas de lluvia a tus fondos en aquellas zonas de arrastre, posándose sobre ellos y aportando más suciedad y contaminación.

– La completa eliminación de las embarcaciones de recreo a motor, con la excepción de los barcos turísticos de transporte de pasajeros, junto a aquellos dedicados al arte de la pesca y los servicios de salvamento. Tan solo barcos de vela, dotados de motor únicamente para la salida y entrada a puerto. Sí, los aceites y gasóleos son otra lacra.

Me miras incrédulo, me escuchas, pero lo haces con poca fe… ¿acaso son esas, unas medidas de ciencia ficción?, ¿son actuaciones imposibles de realizar? Antes de que alguien me conteste, nos conteste, lo diré yo: NO. Es sentido común, es interés por salvar la joya de la naturaleza que tú eres. No hay límites para el ser humano, ni dinero con el que no se hayan podido acometer cuantas ideas han salido de su cabeza durante los años de historia, por eso tan solo hace falta ganas y personas con un nivel de competencia y concienciación suficiente para atender esta cruda realidad.

A pesar de tu melancolía, de tu resignación, me has contagiado tu fuerza y tu coraje, por eso espero, confiado, que las palabras que salen de este pequeño rincón se hagan eco más allá de esta realidad virtual y que de una vez por todas se unan y se pongan de acuerdo competencias nacionales, autonómicas y municipales, junto a los sectores empresariales afectados y una representación ciudadana con un único fin, con un único objetivo: ¡SALVARTE!

SALVAR AL MAR MENOR

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La noche continuó apagada, las olas del mar siguieron regalando el pequeño de rumor de su armónico compás y yo quedé pensativo, mientras miraba al cielo en busca de una estrella a la que pedirle un deseo… la madrugaba avanzaba, la humedad ya casi empapaba todo el suelo del paseo marítimo y sí, seguía oliendo a sal.

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Querido Mar Menor…

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Y como conclusión a estas líneas, que no como punto final porque aún no está todo dicho, quiero compartir un vídeo de un buen amigo, de un genio a la hora de transmitir y contagiar sentimientos gracias a la imagen. Un trabajo realizado para promocionar el turismo de nuestro Mar Menor en el que se respira una realidad que ojalá  vuelva a ser precisamente eso, una realidad en unos años. Gracias Salva Pitera por esta auténtica perla.

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Esta ha sido mi vuelta de vacaciones y durante ellas sí, he corrido y he me sentido vivo de nuevo, pero en esta ocasión quiero que sea él, el Mar Menor, el protagonista. Por este motivo te pido un favor, tan solo quiero que ayudes a difundir esta carta que he dejado para él, que he dejado para todos. Que llegue lejos y arriba, muy arriba. Esta vez, SÍ: ¡COMPARTE! Muchas gracias.

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