Me, mi, conmigo… amiga y compañera: la radio

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Me pregunto si cuando el popero y mítico Video killed the radio star, de The Buggles, sonaba con fuerza allá por el final de los años 70 alguien pudo preguntarse si quizá aquel título sería una premonición de lo que la nueva década dejaría. Tal vez, el vetusto invento del italiano Marconi se vería abocado al precipicio de su desaparición empujado por la modernidad, abanderada por la fuerza y la rotundidad que encarnaba la imagen, que desde hacía décadas luchaba por colarse, poco a poco, en todos y cada uno de los hogares.

Aquello de una imagen vale más que mil palabras sonaba lapidario y más de uno debió temblar al creer que la hegemonía que hasta entonces había mantenido la radio se vería no solo destronada, sino pisoteada, por el arrollador poder de convocatoria de una pequeña ventana, capaz de acercar al espectador todo un mundo de programas, información, espectáculos y cómo no, películas; en definitiva: entretenimiento con mayúsculas y sin comparación alguna.

Atrás quedaba, en nuestra querida España, la fructífera y larga trayectoria de cuatro décadas haciendo compañía a una sociedad que había hecho de la radio su mejor aliada, su amiga fiel y con la que sin darse cuenta había ido haciéndose mayor, con el sueño de encontrar una libertad que algunos eran incapaces de reconocer. El eco de aquella radio parecía un sonido en blanco y negro, apegado a programas para amas de casa, seriales radiofónicos, partes de noticias y partidos de fútbol… eran años de transistor.

Pero sucede con todo, el cambio también llegó a ella y demostró que su madurez no era sinónimo de vejez, sino de sabiduría, de experiencia y de fuerza. La radio demostró que ni la llegada de la imagen, en blanco y negro primero y en color después, la irrupción del vídeo, la creación de cadenas privadas, ni la aparición de plataformas digitales, podría con ella. El viejo Marconi no tenía ni idea de lo que había descubierto… o quizá sí.

Sí, lo confieso abiertamente y con júbilo, soy un enamorado de la radio; tal vez porque nací y crecí escuchando su sonido en casa. Porque nunca faltó una de ellas en la cocina, haciendo compañía mientras la casa se perfumaba a mediodía con el olor al sofrito de ñoras, ajos secos y pimiento rojo; porque las meriendas sabían a deberes de colegio y a mona con chocolate; porque las tardes de los domingos eran del Carrusel Deportivo y de gol en Las Gaunas, en Los Cármenes o en La Condomina.

En mi memoria, en mi fonoteca imaginaria, guardo el recuerdo de horas y horas de radio, de programas y voces inconfundibles, de profesionales de las ondas pasados, presentes y otros que vendránJoaquín Luki, José Antonio Abellán, José María García, Pepe Domingo Castaño, Gaspar Rosety, Manolo Moler, Juan Antonio Cebrián, Carlos Pumares, Gemma Nierga, Javier Sardá, Isabel Gemio, Iñaki Gabilondo, Luis del Olmo, Antonio Herrero, Carlos Alsina, Melchor Miralles, Julia Otero, Carlos Herrera, Ángel Expósito, Javier Ares, Alfredo Martínez, Paco González, Juan Ignacio de Ibarra… son algunas de esas voces compañeras, hijos de ella, de la radio.

¿Y por qué la radio?, ¿por qué ella?, ¿por qué hoy? Porque en estos días tan rarunos en los que vivimos días de recogimiento, de calles vacías o casi, de balcones al atardecer, de vídeo-conferencias, de mensajes de ánimo, de historias de superación, de pérdidas, de lágrimas y sonrisas, de juegos de mesa, de tardes de sofá y manta, de hastag y cientos de mensajes de WhatsApp, no puede faltar ella, claro que no.

La radio no para, no descansa y son muchos, la mayoría de los profesionales que se dedican a ella, los que también se ven afectados de la situación que vivimos, trabajando así desde sus casas, organizando y repartiéndose las tareas de producción, edición, documentación, sonido y presentación, entre otros, para hacernos llegar a todos los que estamos al otro lado nuestro programa favorito, para informarnos y entretenernos puntualmente, haciendo que las señales horarias suenen inalterables, como siempre, invariables. Gracias.

Que me perdonen los influencers, los youtubers o los instagramers, tan de moda, en cuyos perfiles cuentan con centenares de miles de seguidores, pero donde se halle un locutor de radio no encuentro hueco alguno para ellos. Quizá porque soy un romántico de las ondas, un nostálgico de la palabra por la palabra o simplemente un enamorado de ella.

Larga vida a la radio, capaz de sumar años con la fuerza arrolladora de siempre, eternamente joven y con capacidad para adaptarse a las nuevas tecnologías, pero sin perder su esencia y su fuerza. Ahí sigue, en FM, en AM y ahora también en la realidad virtual de la Red, ya sea en directo o enlatada en los socorridos podcasts… la radio.

Me lo pregunté entonces y ahora lo sé, por qué una pequeña radio se convirtió en uno de los regalos que más ilusión me hicieron de mi 1ª Comunión. Una SANYO planteada, con olor metálico y una pequeña antena desplegable que ayudaba a mejorar la señal.

Por todo eso, intento imaginar cómo serían mis recuerdos sin ella y tan solo escucho el silencio, siendo inevitable sentir el vacío de quien pierde al amor de su vida. La imagen, esa que vale más que las palabras, será incapaz de ganarle la partida, sencillamente porque sin la palabra no habrá jamás imagen que hable, ni oídos que escuchen.

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Amiga y compañera: la RADIO

Esto no llega siquiera a ser un burdo homenaje a la radio, tan solo es mi confesión y mi agradecimiento a ella y a todo el mundo que gira a su alrededor y la hace posible. Y tú, ¿también eres un hijo de la radio? Cuéntalo y si te ha gustado este post, compártelo. Muchas gracias.

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