Motivos de un rebelde de pescadería

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– Lleva una temporada que está muy rebelde. Yo le he dicho que así no puede estar, pero él nada, erre que erre… me tiene harta –le contaba una amiga a otra, mientras esperábamos pacientemente que nos tocase a cada cual nuestro turno, en la cola de la pescadería.

Yo aprovechaba para ojear el género y hacerme mentalmente la composición de las comidas y las cenas del fin de semana.

– Un asado de sepia para hoy, merluza al cava para mañana y una pescadilla rebozada para cenar el domingo –pensaba, mientras se me iban los ojos mirando de un lado a otro del puesto.

– Me llevaba un gallopedro para hacerlo frito, unos filetes de salmón para adobarlos con soja y pasarlos a la plancha, una lubina de estero a la espalda, unas almejas al ajillo, unos boquerones –me decía, cuando no pude evitar seguir escuchando parte de la conversación.

– No se habla con sus padres, ni con su hermano. Yo se lo he dicho muchas veces: si tienes un problema, si algo te molesta, díselo, no te calles, pero no puedes dar la espalda a alguien así porque sí. Pero oye, no hay manera, él está enfurruñao, con los huevos hinchaos y no hay manera –seguía contando.

Era de mediana edad, debía estar rondando los cincuenta o los cuarenta, mal llevados. Baja de estatura, ropa deportiva, preparada como si después fuese a clase de Pilates y pelo corto, de color castaño. Probablemente dos o tres hijos, de una posición económica acomodada, por la ropa, por los complementos que llevaba y por las llaves del BMW con las que jugaba entre sus manos, mientras hablaba. Su amiga le comentó.

– Pero si tu Antonio siempre ha sido un bendito, no me lo imagino yo como tú dices. Rebelde él, ¿de qué? –le preguntó la amiga sin rodeos.

– Pues hija sí, no te lo imaginas. Hasta conmigo está fatal, me contesta de malas maneras y está siempre de un humor de mil demonios y con los críos ni te digo, no aguanta nada. Todo le molesta, oye… y ya ves, que luego no es nadie, pero está de un rebelde –continuaba el diálogo.

Yo a esas alturas estaba más atento a la rebeldía de Antonio que al precio de la merluza o de si las gambas eran de Santa Pola o de Huelva. Intentaba imaginarme cómo sería el involuntario protagonista de aquella conversación, que había despertado toda mi curiosidad. Así, cruzado de brazos y con la mirada perdida entre salmonetes y boquerones seguí atento, pero con disimulo, claro está…

– Habla poco, bueno eso como siempre, no es nuevo, pero cuando lo hace suelta una de tonterías… que está harto del trabajo, que no cuente con él para el cumpleaños de mi madre, ¿¡qué culpa tendrá la pobre, también!?, que se va a dejar la piscina porque se ha hecho runner y que los calzoncillos, a partir de ahora, se los compra él –concluyó casi a modo de susurro.

– Nena, a ver si va a tener algún lío por ahí, que a esta edad es lo que más se lleva. El otro día, sin ir más lejos, otra compañera del trabajo que se separa. No sé qué es lo que pasa, pero está de moda… –le apuntó la amiga.

– ¿Una mujer?, ¿quién?, ¿mi Antonio? Naaaaaa, ya te digo yo que no, seguro, a este lo que le pasa es que lo de ser rebelde nunca le llegó y me parece que le está tocando un poco tarde… siempre ha sido un poco retrasado –quedó a medio hablar, interrumpida por aquella.

– ¡Hija, qué cosas dices! –exclamó la amiga.

– En el buen sentido, en el buen sentido –corrigió entre risas.

– Jajajajajaja, qué mala eres, nena –le soltó.

La pescadera cantó mi número y eso me obligó a salirme de aquella interesante conversación de mujeres. Era mi turno. No creo que hubiese llegado a averiguar, por mucho que durase la tertulia, los motivos por los que el amigo Antonio estaba pasando por aquella tardía época de rebeldía, pero lo que sí me hizo pensar fue precisamente en eso de ser rebelde, con causa o sin ella, pero rebelde. Allí empezó mi soliloquio

La rebeldía representa un modo de manifestación de desacuerdo contra todo aquello que no comulgamos o no aceptamos y desde un punto de vista, llamémosle histórico, siempre ha sido el motor de arranque de los grandes cambios sociales. La historia, sin rebeldes, no sería como la conocemos y hoy, con toda seguridad, no estaríamos donde estamos.

Solo un rebelde es capaz de levantar su voz, de modo real o figurado, y enfrentarse a lo que no está de acuerdo, claro que tampoco es preciso hacerlo de esa manera, ni traspasar fronteras para serlo. Creo que todos tenemos en nuestra memoria a rebeldes de pincel o pluma, por ejemplo, que rompieron en su época con las tendencias de entonces, creando géneros o estilos hasta entonces desconocidos. El arte, en general, siempre ha sido y será un nido de rebeldes.

Otro tipo de rebelde es ese que fácilmente asociamos a la edad y que todos, en mayor o menor medida, hemos sido. Sí, me refiero a la rebeldía de la adolescencia y a ese continuo comportamiento por ir en contra de todo o casi. Una fiebre que suele pasar con esos agitados años, claro que siempre están los que son rebeldes por naturaleza, como cantaba Janet en su famosa canción, y los que nunca han experimentado cambio o revolución alguna.

Dentro de ese último grupo encuadré al bueno de Antonio, imaginándolo como un pusilánime de toda la vida, que entrado en la edad madura intenta rebelarse, de manera incomprensible, contra todo lo que ahora le incomoda. Un juicio que seguro estaría haciendo de manera equivocada, pero es lo que tiene cuando uno piensa o imagina en solitario, que nadie le contesta, ni le lleva la contraria, ¿verdad?

Sea como fuere y con razón o sin ella, lo que sí me quedó clara es una premisa válida en este caso y para tantos otros; es esa que viene a decir aquello de que en esta vida:

Cada cosa tiene su tiempo y siempre hay un tiempo para cada cosa.

Dicho de otro modo y llevándolo al plano de hoy, no se trata de tener una causa o no, porque hasta para eso el rebelde puede errar, sino simplemente de serlo de por vida o de lo contrario haber aprovechado el momento para ello, ya que serlo después queda a deshora, algo así como fuera de lugar, tan incompresible, como inoportuno.

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Motivos de un rebelde

Y tú, ¿eres de los de rebelde con carné, de los que pasaron por su época y la dejaron atrás o tal vez aún estás a la espera de esa etapa por descubrir? Anímate y deja tu punto de vista, y si te ha gustado este post, compártelo. Muchas gracias.

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