Resurrección

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En un día como hoy, víspera del Día de Todos los Santos, en los que la muerte y el más allá se hacen más cercanos, hablar de resurrección parece casi lo más apropiado, si tomamos esa resurrección como el renacer de la carne y, por lo tanto, el volver a la vida. Sin embargo, no es ese el sentido que quiero darle a mi resurrección, por muchos muertos vivientes que parezcan cobrar vida en una noche como esta. Noche, por cierto, en la que hemos pasado de comer tostones con azúcar, boniatos asados y panochas de maíz, a disfrazarnos como cadáveres, asesinos en serie y en la que hemos cambiado el solemne cirio de plástico rojo por decenas de velas y telarañas de coña… pero esa es otra historia, más relacionada con el costumbrismo puro y duro, al que me referiré en otra ocasión (no muy lejana, por cierto).

Mi resurrección, tal y como me he expresado, tiene que ver más con el restablecer o resurgir que con el regreso del otro barrio, del que, hasta la fecha y todo sea dicho de paso, aún no me he encontrado con nadie que haya hecho ese viaje. Nos quedamos, por lo tanto, en el mundo de los vivos, en este en el que despertamos cada día, y dejo de lado las calabazas, las cruces, los ataúdes, los camposantos repletos de flores y las fiestas varias, con los espíritus como protagonistas.

Hoy, como otras tantas veces, el protagonista eres tú… tú y yo, somos nosotros y con esta resurrección que llevo de mi mano tan solo quiero mirar lo importante, lo realmente importante que es nuestra fe en nosotros mismos, nuestra confianza, para saber detenernos, mirar a nuestro alrededor y ser capaces de salir, que no llegar, de donde nos hallamos. Esta sí que es la resurrección a la que me refiero y para llegar a ella, nada como cultivar y desarrollarla a ella: la confianza.

Dos han sido las veces en las que me he referido a la misma, dos veces las que he escrito sobre la confianza; la primera vez cuando apenas llevaba cuatro meses de andadura de este blog y la segunda vez, hace tan solo medio año. Quizá, por eso, pueda resultar innecesario volver a hacerlo, ¿no creéis?, sin embargo, en esta ocasión el sentido es otro y creo, a todas luces, que complementario. Por ese motivo, os lanzo esta pregunta:

¿Acaso alguien es capaz de afirmar que para resucitar no es necesaria una buena dosis de confianza?

Cuando emprendemos un camino, cuando tenemos una meta marcada en nuestro horizonte, debemos creer y confiar en nosotros, como base necesaria para caminar y seguir adelante. Es la visión de esa meta, a lo lejos, lo que marca nuestros pasos y es nuestra fe en nosotros lo que nos mueve para seguir tras esa especie de faro en la lejanía, que nos alumbra y nos enseña el camino. Llegados a ese destino, nada como volver a repetir el método: volver a marcarse una nueva meta y sin dejar de lado esa creencia en nosotros seguir progresando, seguir avanzando, seguir ascendiendo.

Sin embargo, nadie nos garantiza que ese tránsito hasta nuestro destino sea un auténtico camino de rosas, de igual manera que nadie es capaz de asegurar que estaremos libres de retroceder en nuestros pasos, no por voluntad propia, sino por reveses que nos tenga preparado el destino, caprichoso en ocasiones, como si pareciese que todo se pone en contra para llegar a alcanzar nuestra meta.

Si nos referimos a nuestro mundo de corredores, las lesiones son un buen ejemplo de las trabas en el camino de los deportistas que nos entrenamos y trabajamos por alcanzar un objetivo. Son interrupciones momentáneas, esporádicas, que tan solo suponen un pequeño retraso en el momento de la llegada, que además ayudan para fortalecer el ánimo y esa confianza, imprescindibles para no cejar en el empeño. Sin embargo, en ocasiones, ese destino caprichoso al que he aludido antes, puede empeñarse en ponernos a prueba de una manera aún más dura.

Me refiero a la situación de aquel que alcanza, no sin dificultad, todo aquello que se ha propuesto, ascendiendo poco a poco en sus objetivos, hacia sus metas, hasta ese día, imprevisto, impensable, en el que todo parece ponerse en contra y nota, sin poder hacer nada, como desciende de manera paulatina, sin vértigos, pero constantemente, de esa atalaya en la que se había instalado. Y así, de repente, se encuentra más abajo de lo que jamás hubiera imaginado, más incluso de lo que lo ha estado nunca. Un agujero en el que no basta con mirar hacia arriba, porque desde allí no hay un horizonte para ver, ni por lo tanto tiene sentido una meta que imaginar.

Ese es momento para la resurrección, es entones cuando toca mirar el interior y echar la vista atrás…

No se trata de querer volver allá donde estuvimos, pero sí de comprender que si llegamos hasta allí sencillamente fue porque nos lo ganamos. Por eso y por muy caprichoso que sea el destino o por los imprevistos que nos depare el camino, debemos creer más que nunca en nuestra confianza, dejadla hablar, escucharla y comprender que solo ella será capaz de hacernos resucitar.

Sin confianza no hay resurrección que valga, no hay luz que seguir, no hay meta que imaginar, ni sueño que alcanzar…

Que nunca te importe dónde llegaste, porque siempre podrás llegar un poquito más allá y si un día te encuentras tan lejos de ti que no eres capaz de reconocerte, no desistas, no creas lo que ves, tan solo es una realidad pasajera, reflejo de un espejismo malvado que solo quiere jugarte una mala pasada.

Levanta tu vista, siempre sin dejar de mirar a tu alrededor, para saber dónde te encuentras y quién eres, para saber quién fuiste y quién puedes volver a llegar a ser. Nacemos y morimos una sola vez, son dos acontecimientos incapaces de repetir, pero en el devenir de nuestra vida tendremos la sensación de nacer y morir tantas veces como creamos haber tocado el cielo o pisado el infierno… pero nada más lejos de la realidad o ¿quizá más cerca de ella? En esta vida de subidas y bajadas no me atrevo a decir cuál es la realidad, cuál es la verdad, pero sí puedo afirmar algo que he aprendido de ella:

Muere el que se deja morir y alcanza la resurrección aquel que cree en él; todo es cuestión de confianza y de ganas por seguir… ¿resucitamos?

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Resurrección

Quizá en alguna ocasión te has sentido así o has visto a un conocido para el que la resurrección era la única salida. Anímate y deja tu punto de vista, y si te ha parecido interesante este post, compártelo. Muchas gracias.

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