Tocando techo… o no

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Cuando escuchamos la expresión tocar techo asociada a alguna tendencia, negocio, fama, o vaya usted a saber qué, entendemos de sobra que equivale a decir que se ha llegado a lo más alto, a la cima, al punto máximo de ascensión y que ya no hay una cota mayor por encima de ella. En esos casos ya solo existen dos posibilidades: mantenerse o descender.

Si ese techo representa un punto álgido, pero no el máximo, esa cumbre puede mantenerse en la misma línea del tiempo, sin verse afectado de lo que se conoce, en ingeniería financiera o económica, como la irremediable muerte por éxito. Una muerte que se produce de manera inevitable cuando, vulgarmente, nos pasamos de revoluciones. Sobrepasado ese punto ya no existe posibilidad de mejora o continuidad, sino de una caída paulatina, hasta perecer.

Ese tocar techo me vino a la cabeza el pasado fin de semana, mientras leía un interesante artículo relacionado con nuestro querido running. Artículo con datos que arrojaban conclusiones tan variopintas como que ha aumentado la participación en carreras populares, como que los españoles somos los más rápidos en completar un maratón, como que los maratonianos actuales son más lentos que los de años atrás o como que las mujeres han adelantado a los hombres en participación global runnera.

Y junto a esos datos curiosos, hubo uno que vino a confirmar la sensación que vengo percibiendo en los últimos años, a pesar de estar más apartado de lo que desearía de este mundo con el que me identifico, producto sin duda del largo período de lesiones que arrastro durante casi veinticuatro meses ya. Me estoy refiriendo al decrecimiento que el running ha experimentado desde 2016 hasta hoy, donde se habla de un porcentaje próximo al 15% de disminución. Dicho de otra manera:

Correr ha tocado techo.

Dudo seriamente que ese descenso venga infectado de la letal muerte por éxito, citada anteriormente, y que tan solo responda a una disminución propia del conocido deporte de las zapatillas y la camiseta de tirantes, fruto de la reorganización de un mercado que en la última década ha crecido de forma exponencial.

Tal vez sea un simple reajuste global de un deporte que ha pasado a convertirse en algo más, llevando aparejado no solo la actividad física en sí, sino también la inclusión como actividad social y la concepción de un estilo de vida, marcando hábitos, mentalidad e habiéndose convertido incluso en un vehículo reivindicativo y solidario de causas necesitadas, gracias a la capacidad de mover masas que correr tiene entre la población.

Sí, correr cuenta con un estado de salud envidiable, pero es innegable que el auge desaforado de antaño se ha visto frenado; como también se ha visto ralentizado la mejora y la evolución de todos los artículos y complementos que giran en torno a nuestro querido deporte. Siguen apareciendo nuevas prendas, pero la tecnología de la industria textil y del calzado ya no va a sufrir una transformación radical como la experimentada años atrás. La alimentación, los suplementos deportivos, los planes de entrenamiento, también han llegado a un grado de mejora con una mejor capacidad de revolución.

Todos los sectores satélites, esos que giran en torno a correr, necesitaban alcanzar la mayoría de edad, necesitaban crecer, madurar, desarrollarse y así los han hecho, de manera paralela al incremento de adeptos que se han ido sumando al bendito hábito de correr. Era como si hiciese falta que las aguas volviesen a su cauce tras el tsunami provocado por un deporte que jamás morirá de éxito, de manera que el techo alcanzado pueda ser superado de nuevo o tan solo visto desde una posición inferior.

Correr, como cualquier deporte, pero sobre todo como cualquier tendencia, se ha visto nutrido de un incontable número de aficionados, alguno de los cuales es muy probable que con el paso del tiempo dejen aparcada para siempre la afición por hacer kilómetros. Quién sabe, quizá es posible que sean aficionados que han alcanzado su propio techo dentro de esta disciplina deportiva y ese paso del tiempo los termine alejando de una pasión otrora inseparable.

En realidad, no me pregunto los motivos que conducen a dejar de correr, como tampoco me pregunto si el techo de este deporte seguirá estando cada vez más lejos o no, porque correr está por encima de modas, de tendencias y no entiende de máximos o de mínimos. Correr tan solo sabe una cosa:

La libertad que concede el simple gesto de dar zancadas, una tras otra. No hay nada más allá, no importan cuántos kilómetros hagas, ni lo rápido que seas haciéndolo, si correr es parte de ti, si correr anidó dentro de ti, siempre buscarás un motivo para hacerlo y siempre comprenderás que para ti no hay, ni habrá, nada que te aleje de él.

Por todo ello, lo que la pasada tarde de sábado comenzó siendo una simple lectura curiosa relacionada con el mundo del running, me llevó a pensar dónde estaba el techo de esta pasión llamada correr y finalmente me bajó al suelo, para poner mis pies en él y animarme a escribir, una vez más, una semana más, sobre él, sobre correr. Dejándome, como final de todo este soliloquio, la siguiente conclusión, si de correr hablamos…

El techo puede esperar.

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Tocando techo… o no

¿Crees que también se ha alcanzado ya el techo del running o por el contrario este es un deporte al que todavía le queda mucho recorrido ascendente? ¿Cuántos años llevas tú practicando este deporte y cuál es tu punto de vista? Anímate, comparte tu experiencia y si te ha gustado este post, compártelo. Muchas gracias.

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