Un cuerpo para cuidar, un cuerpo para disfrutar

Nuestro cuerpo, nuestro querido cuerpo, esa parte física en la que habitamos, la manifestación mundana de nuestra alma, que convierte en material, ese soplo que vida que un día el destino quiso concedernos, para pasar del mundo irreal al real, para pasar del mundo de los espíritus al mundo de los seres vivos. Si, hoy él es el protagonista, hoy manda el cuerpo.

Lejos de creencias religiosas o científicas, a mucha distancia de dogmas de fe o leyes físicas, y dejando a un lado la increíble historia de la manzana y la serpiente o las evidencias de los milenarios restos de homínidos, lo que nadie podrá discutir es que cuerpo, lo que se dice cuerpo, tenemos solamente uno y este, queramos o no, nos pertenece y allá de nosotros cómo lo cuidemos, porque en función de la atención y los mimos que le dediquemos, este no solo nos durará en las mejores condiciones durante más tiempo, sino que el aspecto que muestre de nosotros estará dotado de un mayor o menor atractivo. Dicho de otra manera:

Cuida tu cuerpo y te cuidarás a ti mismo.

La gran mayoría pensaréis que acabo de poner el Huevo de Colón y es que por todos es sobradamente conocido que todo, absolutamente todo lo que hagamos, repercutirá en mayor o menor medida en nuestro cuerpo. En unos casos, tendrá consecuencias a medio o largo plazo, mientras que en otras ocasiones sentiremos sus efectos de manera más inmediata. En cualquier caso, estemos hablando de un intervalo de tiempo mayor o menor, lo que no presenta ninguna duda es que nuestro cuerpo será consecuencia directa de nuestros hábitos, más allá de esa carga genética que, de partida, lo marcará para toda la vida.

Hábitos, como los de la alimentación, el descanso, el equilibrio emocional y por supuesto, el ejercicio físico. Todos ellos son elegidos de manera voluntaria por nosotros mismos, en función del estilo de vida que practiquemos. De esa manera, si concentro esos hábitos en tres grupos o familias, se entiende que:

– El efecto de una dieta equilibrada choca de pleno contra la ingesta descontrolada de alimentos que pueden provocar el desequilibrio en los niveles de proteínas, vitaminas, azúcares, grasas y demás indicadores en sangre que reflejen un estado óptimo del organismo;

– El descanso y el equilibrio emocional no solo ayudan a la recuperación física del cuerpo, sino que también favorecen al reseteo de la parte mental, ayudando a que la simbiosis de esas dos partes sea perfecta;

– El ejercicio físico, por su parte, favorece la liberación de hormonas que ayudan a sentirse mejor anímicamente, como sucede con las archifamosas endorfinas, y con él además también se consigue una mejora física del organismo, con el efecto que sobre el componente estético supone eso. Es decir, hacer deporte ayuda a sentirse y a verse mejor.

Si nos preocupamos por mantener el rigor de cuidar esos hábitos y perseguimos la idea de hacer de nuestro cuerpo el mejor refugio, estaremos en la senda adecuada y a buen seguro estaremos favoreciendo que esa longevidad de la que hacemos gala se viva en un estado de salud envidiable. Sin embargo, no basta con tener buenos principios, no debemos quedarnos en preocuparnos por seguir al pie de la letra las reglas fundamentales de la vida sana, también debemos llevar un control periódico del estado de nuestra máquina y pasarle, de manera periódica las revisiones pertinentes que nos garanticen no solo que estamos estupendos por fuera, sino también por dentro.

Al escribir sobre revisiones me estoy refiriendo, claro está, a los necesarios análisis de sangre y para quienes además practicamos ejercicios de tipo anaeróbico la realización de la imprescindible prueba de esfuerzo, aconsejablemente acompañada de su correspondiente ecocardiograma. Con esta prueba conoceremos cómo está el órgano que nos permite tener en marcha nuestro motor: el corazón. Y es que no debemos olvidar que, quienes corremos, realizamos un deporte en el que nuestro organismo se somete a un continuado ejercicio, generalmente a altas pulsaciones, que podrían ser perjudiciales en el caso de alguna insuficiencia de tipo cardíaca.

En definitiva, se trata de ser sensatos, de mantener sanas costumbres, sin descuidar en todo momento nuestro organismo, escuchando cada manifestación, atendiendo sus demandas, evitando los sobreesfuerzos y los excesos innecesarios que tan solo pueden tener consecuencias no deseadas. Nuestro cuerpo no solo es sabio, también es agradecido y si nuestra actitud hacia él es de respeto, atención y cuidado, recibiremos lo mejor de él.

Por eso, algo tan repetido como aquello de:

Mens sana in corpore sano.

No solo es el mejor resumen para concluir este post, dedicado a algo sobradamente sabido como el cuidado del cuerpo, de nuestro cuerpo, sino que además espero que sirva como recordatorio de la importancia que tiene la actitud en todo lo que hacemos, nuestra salud incluida. Por eso, haz deporte, mucho deporte, ejercita tu cuerpo cuanto desees, pero sin dejar de mimarlo, atenderlo y escucharlo. Y recuerda:

Tu cuerpo eres tú y tú eres tu cuerpo.

Cuidémoslo, cuidémonos

El culto al cuerpo, cuidarse, parece estar más de moda que nunca, pero lejos de tendencias recuerda que nuestro cuerpo es lo más importante que tenemos. Anímate y deja tu punto de vista sobre este tema tan conocido y si te ha parecido interesante este post, compártelo. Muchas gracias.

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