Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis… sin parar de contar, sin parar de sumar

post contar

Una de las primeras cosas que aprendemos a hacer, antes incluso que hablar, es a contar. Seamos de ciencias o de letras, algo de lo que carece de importancia, contar es uno de los primeros verbos que llevamos a la práctica, casi sin tener una conciencia clara de lo que representa, ni de tantas y tantas veces como lo utilizaremos o de lo importante que será a lo largo de nuestra vida. Contar, contar

Contar, más allá de numerar o computar cosas que consideramos como unidades homogéneas, también se puede definir, junto a un buen puñado de definiciones, como la referencia que se hace a un suceso, es decir, relatar. Así, pasamos de contar números a contar hechos o historias, sin más o, dicho de otra manera, partimos del área de las matemáticas y llegamos al área de la lengua, básicamente. Claro que también puede suceder al revés y que esas mismas palabras nos lleven a los números, ¿no creéis?

En esta ocasión, estamos más cerca del segundo caso que del primero y son las palabras, esas con las que llevo alimentando este blog (a veces creo que tan solo coleccionando), las que me permiten decir hoy que han transcurrido seis años desde que empezara a hacerlo por primera vez… sí, media docena ya y no se trata de huevos. Seis años sin parar de contar, sin parar de sumar

Así, puedo referirme a estos seis años como aquellos en los que no he parado de contar los días que quedaban cada semana para mi cita puntual de los jueves a las 20:20 horas; no he parado de contar relatos, que han ido dejándose ver de manera caprichosa, cuando estos han llegado a mi cabeza; no he parado de contar tantos pensamientos que han decidido acompañarme cada vez que he atado mis zapatillas y he salido a correr; no he parado de contar mi punto de vista o mi particular modo de ver la similitud que existe entre nuestro deporte y esas leyes o razones que rigen nuestra vida, nuestro día a día; no he parado de contar crónicas de las carreras en las que he participado; y no he parado de contar los kilómetros que mis piernas han corrido en cada una de las salidas que he hecho casi a diario… sí, no he parado de contar, no he parado de sumar.

Por eso, por lo de contar y por extensión, por lo de sumar, yo, que siempre tengo la mirada puesta en el horizonte, en busca o en el camino de alcanzar esa meta que incluso aparece en el propio nombre de este blog, no he dejado de sumar, porque creo que solo así, sumando, podemos seguir avanzando. Y es en ese contar, en ese sumar, donde sin darnos cuenta también evolucionamos, cambiamos… nos vamos moldeando, mutando, sin dejar de perder nuestra esencia, pero avanzando hacia un sentido que, puesto frente a frente con el inicial, se percibe distinto, transformado.

El origen, la esencia que me movió a dar forma y me hizo poner en marcha este rincón, sigue siendo el mismo que hoy, seis años después, me domina y me motiva: correr. Sin embargo, la evolución y la transformación como corredor no solo han cambiado mi físico, sino también mi psíquico y por extensión, como no podía ser de otra manera, el contenido de lo que escribir, de lo que contar cada semana.

Soy el reflejo de mis palabras y de mis kilómetros, esos que no han dejado de mezclarse desde muchos años antes de comenzar esta andadura y el motor o el sentido de las primeras parten de los segundos, tal vez por eso, la alteración o la ausencia de estos afectan de manera irremediable en aquellas. Dicho de otra manera: mi mentalidad como corredor ha actuado como filtro en mi afición por escribir y el estado físico ha influido desde el primer día en mis textos. Fruto de ello, puede apreciarse claramente en el contenido cronológico de cuanto he contado, de cuanto he escrito a lo largo de estos seis años…

El comienzo, con la interminable evolución como corredor, con una mejora continua e imparable, dejó textos cargados de consejos, de optimismo, algo así como el aire fresco de la mañana, que te despeja y te activa para todo el día. La cumbre alcanzada como corredor, la madurez deportiva, me regaló textos serenos, más próximos a análisis que a consejos, con la confianza conseguida gracias a la experiencia y el conocimiento adquirido a lo largo del tiempo y de los kilómetros. Tras esa etapa se abrió, sin tener conciencia, una tercera en la que el físico se ha visto herido y por extensión los kilómetros se han convertido en un bien escaso, muy escaso que, sin lugar a dudas, ha contribuido a la aparición de textos más abstractos, más profundos o incluso me atrevería a decir más retorcidos, sin la frescura de antaño, pero con el tinte de una madurez herida por la merma física.

Como dijera en una de los cientos de frases que colecciono, no solo somos lo que comemos, también somos lo que corremos y cuando las lesiones se conjuran para hacerte la vida deportiva más difícil, resulta inevitable que todo cuanto fluye a partir de ese eje se vea afectado. Una afirmación muy simple, tan simple que basta con asomarse a la fecha de la última entrada de mis denominadas Crónicas, para comprobar que han transcurrido dieciséis meses desde que la última vez que me puse un dorsal, desde la última vez que crucé las líneas de salida y de meta, en una misma mañana.

Pero hoy no es momento de dar protagonismo a esas lesiones, ni lamentarme por el árido peregrinaje en el que me siento, ni mucho menos, es momento de mirar atrás y ver la estela dibujada por tantas palabras y tantos kilómetroscontar y sumar. Y así pretendo seguir, buscando el refugio que mis palabras encuentran entre las zancadas de mis piernas, sin preocuparme si esta nueva etapa se parecerá en algo a las vividas o simplemente será una más, diferente, sí, distinta tal vez, pero con una misma ilusión y una misma satisfacción: correr y escribir.

Si decides acompañarme estaré encantado de seguir compartiendo contigo eso que guardo aquí cada semana: historias, pensamientos y razonamientos, unidos a las zapatillas con las que salgo a correr. No prometo más de lo que he dado hasta ahora, no ofrezco nada más allá, tan solo esto que, hasta el día de hoy, y ya han pasado seis años, escribo cada semana… con un único deseo:

no dejar de contar, no dejar de suma

post contar

Sin parar de contar, sin parar de sumar

r.

Gracias por estar ahí a cuantos me leéis, gracias por haberos asomado en alguna ocasión y gracias por compartir parte de lo que aquí queda guardado, que no escondido. Por un año más… y si te ha gustado ese post, compártelo. Muchas gracias.

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